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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2017

Chile, potencia forestal y alimentaria?

Alejandro Kirk
Politika


"El que siembra trigo por aqu es un idealista o nostlgico", me dijo el alcalde de Pumanque, Francisco Castro, parado en el medio de un "bosque" calcinado de eucaliptus; "no sale a cuenta".

Estamos parados en el valle de Colchagua, la cuna de la oligarqua agraria de Chile, el antiguo granero del pas. Hoy se ven slo los famosos "bosques" para la celulosa, y monocultivos vitivincolas, paltas y otros de exportacin. Plantas exticas, llamadas as por lo ajenas al clima y al suelo de secano del lado occidental de la cordillera de la costa. Nada de trigo, maz o legumbres, los verdaderos alimentos.

Aqu los bosques no son bosques, ni el vino o las paltas soberana alimentaria, como reza el slogan oficial que Chile marquetea por el mundo. Entre todas, se chupan toda el agua, resecan y acidifican el suelo, matan la biodiversidad y el ecosistema, y dejan al pas dependiendo de las importaciones para los alimentos.

Todo eso contribuy decisivamente a los incendios, pero de la Presidente para abajo nadie ha siquiera mencionado el tema del modelo forestal y agrcola como un elemento que merezca ser al menos considerado para la "reconstruccin".

De qu hablan, entonces, cuando hablan de reconstruccin? Sospecho que de casas. Punto. Para el alcalde Castro, un hombre de derechas, se trata en cambio de una oportunidad de recuperar un modo de vida, una cultura y un territorio golpeados por el neoliberalismo (Castro no usa esa palabra, pero es lo que significa).

"Esto es seguridad nacional", exclama frente a las cmaras del programa "Continentes" de HispanTV, mostrando los rboles quemados a su alrededor, cuando se le pregunta por los gastos militares. "Hay que pensar el territorio de otra manera", agrega, cuando es consultado sobre las plantaciones de pinos y eucaliptus.

Invitamos a Castro a un debate en medio de la quemazn con un hombre de izquierda de la regin, el historiador Edison Ortiz, quien s usa el trmino "neoliberalismo". La idea era que en el debate, y en ese ambiente desolado, se enfrentaran dos posiciones antagnicas sobre el modelo de desarrollo, pero no fue as: el pico incendio de 2017 los condujo a terreno comn: Chile toc fondo.

"Aqu estall el modelo extractivista y del monocultivo propiciado desde el Estado a travs de los subsidios", dice Esteban Valenzuela, el desencantado ex alcalde de Rancagua, ex diputado PPD y ex jefe de una comisin presidencial para la descentralizacin (cuyas propuestas han sido interpretadas por el Gobierno en sentido inverso, o sea, como lo que no hay que hacer).

Valenzuela, dedicado a la academia en la Universidad Alberto Hurtado, parece no creer ya en nada, y menos en volver a la poltica, pero igual sostiene que la hecatombe del agua y los recursos se puede revertir terminando con el modelo forestal de la dictadura para diseminar en cambio "comarcas verdes" de cultivos diversificados, incluidas plantaciones forestales, para asegurar el agua, la productividad del suelo, la alimentacin, y la agricultura campesina que proporciona los alimentos.

Una a una explosionan las bases del modelo econmico neoliberal chileno, y las instituciones siguen "funcionando" como si nada. Evidencia de ellos es la entrada en vigor de la ley de estacionamientos, que equivale a un inmenso dedo inserto en el culo de los ciudadanos, a quienes nos haban prometido terminar con los abusos de los estacionamientos. En lugar de eso, los aumentaron. O no les importa nada de lo que pensemos, o no se dan cuenta.

Valenzuela recuerda que en los aos 60 del siglo pasado el gobierno de Eduardo Frei Montalva comenz a subsidiar las plantaciones de pinos en los territorios erosionados o en peligro de erosin. Con Pinochet ya instalado sobre los cadveres de Chile, su yerno, Julio Ponce Lerou, recibi de regalo la Corporacin Nacional Forestal, y propici desde all el fatdico decreto que est acabando con el bosque nativo y el agua.

Alguien habr pensado en un tribunal tipo Nremberg para estos traidores a la patria?

El ex ro Maule

Para un reportaje televisivo nos tomamos el trabajo de viajar a Constitucin por donde nadie va, por el abandonado territorio al norte del ro Maule. Es la ruta del agnico ramal Talca-Constitucin de los Ferrocarriles del Estado (antes FFCC del E, rebautizado como "EFE" por los modernistas).

A Carlos Ziga, dirigente del Partido Comunista de Constitucin, ex concejal, le brillan los ojos cuando recuerda sus viajes infantiles en ese tren: "En cada parada del tren se suban los campesinos a vender sus frutas, todas variadas. Y la uva rosada de Toconey Era tan rica, dulcecita!". Y dicho esto se le apagan los ojos: Toconey ya no existe, all ya no hay uvas ni cultivos de ningn tipo, y menos queda vestigio de los robles que bordeaban la lnea frrea, robles que Ziga vio ya de adulto.

Toconey es otra estacin triste del ramal. A su alrededor hay dos paisajes: al norte, pinos, pinos y pinos, ahora quemados adems. Y al sur, un mar de piedras redondas, de unos 500 metros de ancho. Tras las piedras, un charco verde, estancado: lo que queda del ro Maule. El mar de piedras era el ro Maule antes de los pinos. Al otro lado del charco, los pinos quemados. Quien no se conmueva al ver eso, no tiene corazn.

En la "estacin", una casa amarilla pegada a los rieles de trocha angosta, un viejo mira el suelo con las manos en los bolsillos a media tarde. Ah estaba cuando pasamos hacia el ro, y tambin cuando volvimos, ms de una hora despus. No hay una escuela, un negocio, nada en Toconey. Buscamos donde comprar agua; tampoco hay: solo Coca Cola y Fanta. Y cerveza Cristal.

Antes de Toconey est Curtidura. El sitio oficial de los FFCC del E dice: "La estacin, construida entre los aos 1890-1892, tiene el estilo de las antiguas viviendas rurales, con muros gruesos de adobe y corredor semi-exterior, y presencia de maderas nativas en puertas y ventanas".

No dice que est clausurada porque en el terremoto de febrero de 2010 se cay el techo y todo el interior, y nunca ms ha sido reparada. Hace poco se cay una rama (gancho) de un pino, y derrib el letrero blanco y celeste, que qued detrs del tronco. Nosotros lo pusimos adelante. Que se vea, por lo menos.

Mara Brown cuida la estacin. Vive en una casa al lado, porque tuvo que dejar la vivienda institucional tras el terremoto de 2010. Dice que todo cambi con el terremoto, que antes el ro se desbordaba y ahora la noria est seca. Antes tena un huerto, y ahora no puede regar. Antes tena agua, ahora no. "Yo no s de eso, pero por lo que veo en las noticias, los pinos tragan toda el agua", dice, cuidadosa.

En Curtidura se sigue cultivando la apreciada cepa Pas, trada por los espaoles y ahora extinguida en Espaa. El sitio de los ferrocarriles invita a conocer las viejas y nobles edificaciones de adobe y roble. No les crea: son ruinas abandonadas y a punto de caer.

De Toconey, confiando en el GPS, enfilamos a la montaa en el bravo Volkswagen Gol, orgullo brasilero. A pocos kilmetros ya no haba GPS pero s muchos pinos y caminos madereros sin sealtica alguna. La quemazn inflama los ojos y los pulmones, se extiende hasta donde alcanza la vista. Sin la vieja y confiable brjula no sabramos cual es el norte y el sur: fue nuestra oportunidad de perdernos y asimilar mejor el desastre tanto del incendio como de la industria forestal.

Santa Olga

Llegamos tarde a una cita con el alcalde de Constitucin, pero no as con los sobrevivientes de Santa Olga. Uno escribe Santa Olga en el Google Maps y no aparece, pero s aparece ante tus ojos, en la carretera, ese impresionante paisaje de territorio arrasado, que deja perplejo. Muy parecido al que encontramos junto al ro ah cerca, en Constitucin, el 28 de febrero de 2010. O sea, unos cuadrados de losas de lo que fueron casas. Aqu, con el agravante de la ceniza y los rboles quemados, pegados al poblado.

Santa Olga es difcil de definir, salvo la descripcin de Carlos Ziga: un poblado para que los explotados por las empresas forestales "los tres dueos de los bosques" estn cerca del lugar donde los explotan.

Haba alcantarillado en Santa Olga, pero no agua. Los vecinos cuentan que a los que vivan en la parte baja, cerca de la cancha de futbol, les llegaba por ese alcantarillado toda la mierda de Santa Olga, que brotaba generosa y hedionda por retretes y lavamanos.

Como en el terremoto, o los incendios de Valparaso, nos topamos con elegantes militares, bien armados, custodiando el recinto. En la cancha de futbol, en una inmensa carpa-comedor del Ejrcito, se alimenta a la poblacin remanente con los vveres que han donado de todo Chile. En diagonal, y detrs de una cerca, un grupo de slidas tiendas con forma de chalet alberga a los militares. Del lado de ac de la cerca, slvese quien pueda: el Ejrcito de Chile no est para compartir sus tiendas con pinches paisanos.

En lo que fue la casa de Celinda Arvalo no hay tienda del Ejrcito, sino trapos de todo tipo para tapar el viento. Un colchn de espuma, nuevo, en el piso, y lo poco que qued de su casa alrededor. Celinda y su esposo estn sumergidos en profundas cavilaciones: hay una oferta de casas de "Levantemos Chile" y otra del Gobierno, ambas "de regalo".

Las casas de "Levantemos Chile" (los empresarios) estaran listas en marzo, pero sern pequeas y de material ligero. Las del Gobierno son ms grandes y slidas, pero tomarn meses en ser construidas.

Celinda y su esposo no saben qu hacer: quisieran, como el chanchito Prctico, un casa slida, pero no consiguen donde arrendar porque la sacrosanta ley del mercado establece que los solidarios vecinos que donan vveres tambin especulan con las viviendas, y los 200 mil pesos que da el Gobierno para arrendar vivienda ya no alcanzan. Tampoco tienen donde ir como allegados.

Ni "Levantemos Chile" ni el Gobierno han consultado a nadie sobre el diseo de las casas que van a "regalar". Las empresas forestales y de celulosa se dedican a despedir o relocalizar gente pero no "regalan" nada, menos casas.

Tampoco hay all organizacin vecinal alguna para presionar por un tratamiento digno, de iguales: cada familia o persona hace lo que puede "por s y ante s" con los que aparecen por ah prometiendo la construccin de una aldea de nuevo tipo, ejemplo mundial. Muchos ya son adversarios de sus vecinos, en la pelea por bonos de esto y del otro, y por probar que vivan ah para obtener algo de quien sea.

El ramal Parral-Cauquenes

Ms al sur, en Pelluhue y Curanipe, la gente se olvid del maremoto que arras los mismos lugares donde hoy se baila, se va al circo, se bebe cerveza y se juega bingo. Es verano, hay que gozar o hacer como se goza en los lugares de moda.

Aqu es donde el borracho Martn, hijo de Carlos el ricachn jerarca de la derecha, atropell y dej morir a un pobretn de la zona. Una hora cuesta atravesar esos pueblitos porque las dos cuadras que separan el bingo de las casas se debe transitar en auto. Para eso vinimos en auto, no para caminar.

Por ah cerca vive Gustavo Gonzlez, veterano periodista de la agencia IPS, ex director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile.

A la maana siguiente nos lleva a ver la ruta del antiguo ramal Parral-Cauquenes. Gonzlez es otro que recuerda de nio su carita tiznada por el carbn de la locomotora mientras atravesaban campos sembrados camino a Cauquenes.

En Cauquenes una seora nos vende miel. La ltima, dice, porque a su hijo se le quemaron las cajas con los panales. Se salvaron tres, pero cuando las fue a rescatar, encontr que las haban devorado las hormigas. El hijo est bajoneado, informa el pap.

Gustavo Gonzlez tambin recuerda las compuertas municipales que contenan el agua del ro Cauquenes para que la gente se baara y paseara en bote. De las compuertas se tiraban piqueros, cuenta, parado en el basural debajo del puente del lecho de lo que fue el ro.

Hay dos puentes, el viejo y el nuevo. Este ltimo se llama "Presidente Sebastin Piera Echeique" (No era Evo Morales el del culto a la personalidad?).

Alguien taladr un hoyo en el moderno puente para hacer pasar un cable, que se adhiere a unos ganchos del antiguo mediante la tecnologa verncula del alambrito. El puente viejo est ah en desuso, al lado del otro. Ni sirve ni molesta. Se qued ah no ms. Todo recuerda Memorias del Subdesarrollo, la pelcula de Toms Gutirrez Alea.

Las estaciones del ramal Parral-Cauquenes han sido privatizadas. Seguro que "EFE" ni se entera ni le importa. Los poblados tienen nombre, pero no existen. El Roble, que tiene letrero y todo, esta cerrado por un portn con cadenas. No hay pueblo. En Hualve la vieja escuela est abandonada, destruida primero por el terremoto y ms tarde incendiada. La casa, en ruinas, de la estacin, est habitada por una familia comandada por una mujer agresiva que no quiere preguntones por ah.

Gonzlez dice que el tren haca vivir estas poblaciones, y ya no hay tren. Un escrito de Gonzlez, que gatill nuestro reportaje, habla de la nostalgia no como el sentimiento vano de aorar el pasado, sino como instrumento necesario para salvar el territorio de la depredacin en marcha.

En una esquinita, frente a la escuela, hay una capilla de madera. Est todo quemado a su alrededor pero la capilla qued intacta. Prueba, segn el cura Juan Retamal, de que dios existe. En autos y a pie se acerca un grupo de vecinos a una misa a las 14:30 de un sbado con 35 grados de temperatura. Retamal va en su camioneta blanca de poblado en poblado, de misa en misa, llevando la palabra de dios, fardos y ayuda a los damnificados que no ha reporteado la TV chilena.

Dice a los feligreses que las autoridades polticas debieran reflexionar sobre las plantaciones de pinos, para que todo cambie. "Ojal sea as".

Jaime Espinoza cuenta que l asisti a la escuela derruida, cuando la enseanza bsica era de primero a sexto grado. Usa sombrero de paja, se ve ms joven de lo que narra. Tambin viaj en el tren, comi las frutillas y las uvas y los dulces en las estaciones. Cuando la dictadura elimin el tren, elimin a Hualve, dice. Y llegaron los pinos. "Los que tienen la plata plantan bosques.

Yo cultivaba aqu garbanzos, trigo, maz. Ahora no hay nios aqu, ni jvenes". Pero s hay pinos. Quemados.

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