Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-02-2017

Trump y el Papa

Sandra Russo
Pgina/12


La carta firmada por treinta y cinco prestigiosos psiquiatras norteamericanos y enviada al New York Times caus estupor en estos das,porque es escozor lo que est viviendo el mundo con la irascibilidad de las declaraciones del presidente Trump, quien parece desconocer que la poltica es, entre otras cosas, algo que requiere de la simbolizacin, de la negociacin y de la tolerancia. No es el nico Presidente que parece desconocerlo. Quisiera extenderme sobre el ncleo de las observaciones de esos expertos en salud mental, que se han saltado un cdigo interno sobre la evaluacin profesional de personalidades pblicas, y lo han hecho, segn explican, porque este silencio ha resultado en un fracaso para prestar nuestra experiencia a periodistas preocupados y miembros del Congreso en este momento crtico. Tememos que est en juego demasiado para permanecer en silencio. Qu pena que hablen tan tarde, qu pena que el propio Trump sea una burla a sus pruritos en materia de neutralidad profesional.

Pero antes, me permito detenerme en otra noticia de esta semana, cuya fuente fue la portavoz de la cancillera rusa, Mara Zajrova, quien llamo la atencin sobre la informacin que ahora confirma el Mando Central de EE.UU. (CENTCOM), admitiendo el uso de proyectiles con municin de uranio empobrecido contra la poblacin civil siria e iraqu. Zajrova record que Rusia denunci ese hecho violatorio de todas las convenciones al respecto en octubre del ao pasado, pero que la diferencia es que entonces estaba al mando un equipo encabezado por un Premio Nobel de la Paz. Vaya esta digresin para tener en cuenta que Trump, con toda su aliengena carga negativa, al mismo tiempo revela lo que los buenos modales demcratas no slo callaban, sino lo que hacan. Esa es la basura que el capitalismo norteamericano ya naturaliz, y no s qu opinarn esos psiquiatras sobre un Nobel de la Paz que invade pases y aplasta a poblaciones civiles con armas prohibidas, es decir: si no consideran a los sirios y a los iraques tambin como personas que piensan diferente a un presidente norteamericano.

El ncleo al que me refera antes es el que seala, en el curso de la carta, que el discurso y las acciones del seor Trump demuestran una incapacidad para tolerar opiniones diferentes a las suyas, lo que le lleva a reacciones de rabia. Sus palabras y conductas sugieren una profunda incapacidad para sentir empata. Los individuos con estos rasgos distorsionan la realidad para adaptarla a su estado psicolgico, atacando a los hechos y a quienes los transmiten. Terminaban diciendo Creemos que la grave inestabilidad emocional indicada por el discurso y las acciones del seor Trump lo hacen incapaz de servir con seguridad como presidente. La carta fue tambin publicada en el blog personal de uno de los firmantes, el doctor Lance Dodes, analista emrito del Instituto de Boston y antiguo profesor de psiquiatra de Harvard. Es decir, hay algo ms de fundamento que cuando tenamos por ac que escuchar las peroratas del sndrome de hubris.

Es interesante que se comience a hablar en trminos de empata o de hostilidad para explicar fenmenos polticos basados en mecanismos que se hunden en la psiquis de millones de personas y que hacen palanca sobre la necesidad de deshacerse del otro a cualquier precio y a localizar en el otro una amenaza. Para lograr sus objetivos, y lo hacen, deben quebrar cualquier impulso de empata en sus audiencias. Con sus grandes dispositivos, logran clausurar un aspecto vital en quienes dejan que les destruyan sus posibilidades de empatizar con quienes los rodean. La empata es precisamente la emocin bsica que abre la grieta mundial. La fascinacin que despierta Trump en amplios nichos racistas, homofbicos, patriarcales, violentos, es precisamente la exhibicin obscena de su falta de empata. No es que su electorado no se dio cuenta. Lo vot por eso.

Ms all de creer, como dije al principio, que el anlisis que se hace en esa carta sobre Trump es un acto valiente pero tardo, tambin es polticamente corto. Por eso di el ejemplo de los misiles con uranio empobrecido usado contra civiles que Obama negaba y ahora Estados Unidos confirma. Porque si hablamos de la empata, hay que ir al hueso. Precisemos. Empata siente el amigo por el amigo, los amantes entre s, los miembros de una familia. Pero de lo que se trata es que ese sustrato emocional de contencin y de acercamiento hospitalario sea el pulso de las relaciones sociales. Necesitamos como el aire sociedades ms empticas, y gente que sea capaz de ponerse no slo en el lugar de alguien que conoce, sino de alguien que sufre lejos, en el de cualquiera que sufra. La empata es una resistencia al dolor ajeno, y un impulso para modificarlo y hacerlo cesar.

No es solamente Trump, ese sntoma extrao, ese grano visible el que carece de empata. Ah hay un sistema entero fracasando. Un sistema capaz de hacer lo que sea necesario para mantenerse hegemnico. Un sistema complejo, porque en l tambin suceden cosas que nos hablan de la fuerza contraria, de la imperiosa necesidad de empata que necesitamos las criaturas humanas para que la supervivencia del planeta contine y para que nuestras propias vidas sean mejores. Decenas de veteranos de todas las guerras norteamericanas han decidido unirse como escudo de proteccin para los sioux de la Reserva Standing Rock, en Dakota, y defender a ese pueblo de los guardias armados de las empresas petroleras que ya tienen el visto bueno de Trump. Algunos de esos ex soldados que combatieron en Irak o Afganistn, dijeron que esta decisin es una especie de sanacin, porque por fin hay militares estadounidenses que llegan al territorio de los sioux para ayudarlos, y no para atacarlos.

Hoy hay dos voces que portan los discursos dominantes y en pugna en este momento crucial de la historia, porque un rapto enloquecido podra acabar con todo y con todos muy pronto. Una es la de ese inestable emocional que no soporta que lo contradigan, y que quiere que los mexicanos se paguen su propia exclusin. La otra es la del Papa, que de una y mil maneras aboga diariamente a favor de la empata, con los refugiados, con los indgenas, con las mujeres, con los pobres, con las vctimas de la trata, con los abusados, con los descartados. Un discurso expulsa y el otro invita a la hospitalidad. Qu hacemos con el otro, que quiere negociar, que quiere algo de lo que tenemos porque a l se lo sacaron, que habla en un idioma que no entendemos, que tiene costumbres que no nos gustan? Lo eliminamos o lo conocemos? Incluso desde el punto de vista de la seguridad, de los sistemas econmicos, del diseo del mundo, qu hacemos? Lo perseguimos, lo bombardeamos, lo espiamos, lo acribillamos, o intentamos abrirnos a una asociacin? Respetamos la vida o invadimos Yemen o Irak? Se puede creer que alguien respeta la vida porque es antiabortista pero apoya polticas de exterminio en pases lejanos? Concebimos un mundo para todos o le tiramos a la cabeza al que ponga un pie cerca de nuestra propiedad privada? Es la pregunta del principio de los tiempos.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/20950-trump-y-el-papa


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter