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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2017

Al Banco de Espaa tampoco le habl nadie del endeudamiento privado

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


Varios acontecimientos concatenados han puesto nuevamente de plena actualidad al Banco de Espaa (BE) y al papel que ha representado en la crisis financiera.

Por una parte, la cuantificacin provisional realizada por el Tribunal de Cuentas del coste que para el erario pblico ha significado el saneamiento (hasta la fecha) de las entidades financieras, seguido de un editorial del diario El Pas de 4 de febrero pasado en el que se preocupaba por el prestigio de nuestro banco central. Los editoriales del diario El Pas siempre tienen impacto (antes ms que ahora), especialmente en el establishment poltico, econmico y financiero. Tan es as que el editorial al que nos referimos ha originado que el actual gobernador del BE se viese obligado a salir a la palestra el pasado 10 de febrero con un artculo en ese mismo diario ofreciendo unas vagas aclaraciones, pero reconociendo sobre todo que se cometieron errores y que quizs haya llegado el momento de ofrecer una explicacin de conjunto.

El BE ha gozado siempre de un gran prestigio, prestigio en mi opinin inmerecido pero elaborado en razn de los intereses que defenda. Durante muchos aos ha sido el centro ms importante de emisin de pensamiento neoliberal. Se ha comportado de manera permanente como patronal bancaria y como sindicato orientado a la defensa de las entidades financieras y del poder econmico. No se le puede negar el mrito de haber colaborado de manera sustancial en el establecimiento en Espaa de un sistema estadstico de primer orden, especialmente en el rea financiera, pero el juicio tiene que ser muy diferente en lo referente a sus dos principales funciones, la instrumentacin de la poltica monetaria y el control de los bancos.

Hasta el establecimiento del euro, la poltica monetaria practicada por el BE se orient siempre en la lnea ms restrictiva, lo que conden a menudo a la economa espaola a un crecimiento inferior al potencial y a que las tasas de desempleo fueran ms elevadas de lo que era previsible. Esa fuerte disciplina, tan daina para la economa real, vena marcada con frecuencia por errores y fallos en las estimaciones y en los instrumentos de la propia poltica monetaria, y en la actuacin deficiente de la institucin. Los das 10 y 11 de febrero de 1988 publiqu dos artculos en el diario El Pas titulados Nos perdimos en los ALPES. Los activos lquidos en manos del pblico (ALPs) constituan la variable utilizada por el BE para controlar la poltica monetaria. Pues bien, en los artculos sealaba cmo el BE no haba dado ni una, y las muchas equivocaciones y desviaciones sobre las que se haba asentado su actuacin. Y, lo que es an peor, el enorme margen de inseguridad que presida toda la poltica monetaria. Ello, sin embargo, no era bice para que se sometiera la economa a rgidos ajustes enormemente perjudiciales.

Tampoco su actuacin como supervisor de las entidades financieras a lo largo del tiempo ha sido excesivamente brillante. Desde principios de los ochenta las crisis bancarias se han sucedido peridicamente sin que el BE haya hecho nada para evitarlas; tan solo intervena una vez que el problema se haba presentado y siempre para solucionarlo con dinero pblico. La responsabilidad no puede, desde luego, predicarse de los funcionarios, cuya preparacin y competencia est fuera de toda duda, sino del rgimen autocrtico de la institucin y del sistema de supervisin, cuyas decisiones se tomaban con fuerte sentido jerrquico obviando a menudo la opinin de los inspectores.

El editorial de El Pas sealaba con razn las dudas que crea el comportamiento practicado por el BE a lo largo de la crisis. En 2008 modific las normas contables con el objetivo ms que probable de disfrazar el grado excesivo de morosidad que iba surgiendo. El cambio de criterio, especialmente en el caso de la refinanciacin de los crditos, colabor sustancialmente a que los balances ocultasen el estado de deterioro que presentaban las entidades. Todo ello explica cul fue el discurso oficial en aquellos instantes. Desde todos los ngulos se afirmaba que, a diferencia de las extranjeras, nuestras entidades financieras gozaban de muy buena salud, y precisamente gracias a la pericia y buen hacer de nuestro banco emisor, que supo adelantarse -de acuerdo siempre con la posicin oficial- a la crisis y obligar a los bancos a realizar la provisiones adecuadas.

El discurso era tanto ms extrao cuanto que haba mltiples seales que indicaban precisamente lo contrario. Linde las indica ahora con acierto en su artculo: El crdito a hogares y empresas haba pasado de representar el 81% del PIB a finales de 1999 a suponer el 166% al cierre de 2008. Algunas partidas crediticias, como la hipotecaria o la destinada a la promocin inmobiliaria aumentaron su peso durante ese periodo desde el 35% del PIB, en el primer caso, hasta el 95%; y desde el 4% hasta el 28%, en el caso del crdito a promotor. Lo curioso es que estos datos no los quisiera ver nadie entonces y que el BE los ignorase.

En aquellos momentos, con cierta modestia, escrib varios artculos en los que sealaba mi sorpresa por la visin tan optimista que mostraban las autoridades econmicas y el propio BE. Porque si bien era evidente que nuestras entidades financieras no podan estar contaminadas por las hipotecas subprime, que provenan del otro lado del Atlntico -mal que infectaba a muchos de los bancos europeos (nuestras entidades financieras no haban salido al extranjero a invertir sino a endeudarse)- no era menos cierto que la banca espaola tena sus propias hipotecas basura. Eran esos crditos fciles conseguidos en el extranjero al amparo del euro los que se canalizaron a nuestra economa de forma irresponsable y amenazaban en esos momentos como impagados.

El BE estaba demasiado ocupado pontificando acerca de la reforma laboral, del incremento de los salarios y del dficit pblico como para percatarse de lo que estaba ocurriendo. Segn parece, Zapatero afirm aos despus que nadie le haba hablado del endeudamiento privado. Pues bien, al BE tampoco le debi de hablar nadie del endeudamiento privado, de que este era tanto o ms importante que el pblico y de que ambos eran peligrosos si se realizaban en el exterior y en cantidades desorbitadas. Bien es verdad que esta amnesia se extenda a toda la UE, que solo se preocup del dficit pblico (Pacto de Estabilidad) y descuid el dficit exterior.

Podemos y Ciudadanos exigen ahora la constitucin de una comisin parlamentaria para analizar las responsabilidades en la crisis financiera. Comisin que difcilmente se va a constituir ya que los dos partidos mayoritarios se sienten implicados en los errores cometidos. No es demasiado arriesgado suponer que en la presunta ocultacin en que se quisieron mantener los problemas por los que pasaban nuestras entidades financieras no era ajeno el hecho de que las cajas de ahorro estuviesen controladas por representantes de los dos principales partidos. En el mundo financiero no era ningn secreto desde el principio que el mayor problema estaba situado en Caixa Catalua, cuyo saneamiento ha sido hasta ahora el ms gravoso para el erario pblico y cuya presidencia ocupaba Narcis Serra, a la sazn prohombre del PSC, ministro de defensa y vicepresidente con Felipe Gonzlez.

Tiene razn Pedro Saura, portavoz de Economa del Grupo Socialista, al discrepar de la etapa elegida por Linde para la investigacin, 2008-2012, que coincide bsicamente con la segunda legislatura de Zapatero. Para analizar con profundidad lo que ha ocurrido -seala- hay que ir a la gnesis de la burbuja y, por lo tanto, el perodo a considerar debe ir entre el 2000 y el 2016. Est en lo cierto, porque nada de lo que ha ocurrido puede explicarse sin tener en cuenta la creacin de la moneda nica.

Fue el euro el que hizo perder competitividad a unos pases (entre ellos Espaa) al no poder compensar las diferencias en las tasas de inflacin con ajustes en los tipos de cambio. Fue el euro el que permiti que algunos Estados (por ejemplo, Alemania) incrementasen enormemente su excedente comercial mientras que otros (por ejemplo, Espaa) incurran en dficits exteriores gigantescos. Fue el euro el que en primer lugar puso en manos de los banqueros alemanes ingentes cantidades de recursos y les lanz, en segundo lugar, a prestar a los bancos de los pases deficitarios de forma irresponsable. Creyeron ingenuamente que la ausencia de riesgo cambiario converta estos crditos en inversiones seguras. Fue esta misma creencia la que alent a los bancos espaoles a endeudarse en el exterior de manera imprudente y a prestar los recursos obtenidos a las familias y empresas sin medir mnimamente el riesgo. Cuando el endeudamiento alcanz niveles desmesurados y estall el pnico fue el euro el que no permiti que el ajuste se realizase mediante un realineamiento de los tipos de cambio, forzando a nuestro pas a una devaluacin interna extremadamente dolorosa. Y es el euro en definitiva el que mantiene a la economa espaola en una ratonera de difcil salida. Pero es precisamente por ello por lo que el anlisis no debera partir del ao 2000, tal como afirma Pedro Saura, sino que en sentido riguroso hay que remontarse a los orgenes, al ao 1992, cuando se firm el Tratado de Maastricht.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/al-banco-espana-tampoco-le-hablo-nadie-del-endeudamiento-privado/



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