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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2017

Henning Mankell, los residuos radiactivos y el muy oscuro legado de la humanidad

Eduard Rodrguez Farr y Salvador Lpez Arnal
Papeles de relaciones ecosociales y del cambio global


La voz del poder atmico dominante no ha cambiado sustantivamente en estas ltimas dcadas al hablar y "reflexionar" sobre los residuos radiactivos, uno de los puntos ms peligrosos del ciclo completo de la industria nuclear. En una entrevista con Manuel Planelles [1], Juan Carlos Lentijo, responsable del rea de Seguridad de la Organizacin Internacional de la Energa Atmica (OIEA) desde 2012 tras desarrollar una carrera de casi tres dcadas en el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de Espaa , se expresaba del siguiente modo al ser preguntado si con los residuos, la asignatura pendiente de una industria que con tanto entusiasmo defenda, se estaba caminando hacia "una solucin definitiva":

Para los de alta actividad, los que se derivan del combustible nuclear gastado, hay soluciones transitorias para mantenerlos en situaciones de seguridad durante plazos cortos, medios e incluso largos. Y se est trabajando en formular una solucin definitiva, que pasa por el almacenamiento geolgico profundo.

Existan, sealaba Lentijo, varios proyectos en el mundo, iniciados haca varias dcadas, para analizar cules eran las mejores formaciones geolgicas.

A partir de estos muchos proyectos, por ejemplo en Europa o Estados Unidos, hay varios que estn en proceso de licenciamiento y construccin. Hubo algn ejemplo previo en EE UU y ah se aprendi mucho. Pero hay tres pases con proyectos muy ambiciosos y slidos: Finlandia, Suecia y Francia. En todos estos casos, se ha avanzado mucho desde el punto de vista tecnolgico y en los aspectos polticos y sociales, que son esenciales en todo el uso de la energa nuclear. El consenso social es fundamental. Y todava ms cuando se habla de almacenamientos definitivos de residuos radiactivos.

Efectivamente, el consenso -o disenso crtico e informado- social es fundamental cuando hablamos de un tema que tiene su historia. Brevemente.

El gran economista, matemtico y filsofo de las ciencias sociales Nicholas Georgescu Roegen [NGR] ya habl del papel central de los residuos radiactivos (no fue la nica voz por supuesto) hace unos 40 aos, en 1977, en un artculo titulado "Bioeconoma: una nueva mirada a la naturaleza de la actividad econmica" [2]. Arga aqu NGR que, en principio, otra posible alternativa energtica abierta a la humanidad, frente a los combustibles fsiles, era la energa nuclear. Aunque se admita que el stock de esta energa, si se utilizaba en los reactores ordinarios, no sumaba una cantidad mucho mayor que la entonces existente de combustibles fsiles, si se usaba "en el reactor-reproductor, algunos opinan que podra proporcionar abundante energa para una poblacin de veinte mil millones de personas durante, quizs, un milln de aos". Problema resuelto, gritaban y publicitaban entusiasmados. Pero este plan a gran escala, esta nueva (aunque vieja) ensoacin tecnolgica, nos adverta el bioeconomista rumano, estaba llena de problemas por las consecuencias no previstas para la Humanidad y, tal vez, para toda la vida terrestre. "Los defensores de este pacto fustico no nos dicen cmo almacenar de manera segura los residuos nucleares". Ni tampoco sugieren qu hacer "con las montaas de residuos mineros resultado de la extraccin del uranio, del granito de New Hampshire o de la pizarra bituminosa de Chattanooga". Era una preocupacin, tan o ms grave que la anterior, el que slo fueran necesarias "unas ocho libras de plutonio 239 para fabricar una simple bomba atmica". No exista forma de asegurar, ni entonces ni ahora, que esa cantidad de plutonio no fuera a parar "a manos que no estn controladas por mentes sensatas". Slo en Estados Unidos [3], cientos de libras de material nuclear se encontraban ya en aquellos aos sin contabilizar. Las contabilizadas, por otra parte, no estaban tampoco en manos muy sensatas. Parece evidente, conclua NGR, que la humanidad estaba en una de las encrucijadas ms fatdicas de su historia. En el mismo abismo en el que seguimos estando.

Francisco Fernndez Buey tambin habl hace muchos aos de graneros y basureros nucleares en una nota editoria [4] de una revista, mientras tanto, que siempre tuvo una fuerte arista antinuclear.

Mientras en las ciudades y en las universidades todava se discute sobre la identidad de esta vieja comunidad [Castilla-Len] de la que ahora paradjicamente no puede hablarse ni escribirse sin guin, mientras se lamenta la falta de conciencia regional y se riega cada da la memoria de los comuneros con el contenido de las litronas, mientras las instituciones se preparan para vendimiar las migadas de ese gran negocio amado 1992, renovando as las nostalgias por las gestas del dorado siglo, resulta que Castilla-Len an tiene que ver con a Europa, con la Europa de la postmodernidad y del mercado en comn.

La noticia haba saltado a los medios de comunicacin en Espaa, a principios de 1987, al conocerse que entonces se proyectaba construir en la comarca de Arribes de Duero un cementerio nuclear. Segn los expertos, recordaba el autor de Leyendo a Gramsci, "la pureza y bondad de los granitos salmantinos hacen de esta regin firme candidata a pasar a la historia" por algo casi tan importante, apuntaba irnicamente el filsofo y activista del CANC (Comit Antinuclear de Catalua), "como el Descubrimiento y la Colonizacin: convertirse en sede de nuevas experiencias europeas sobre almacenamiento de residuos radiactivos de alta actividad".

Pues bien, tambin nosotros, salvadas todas las distancias, hemos hablado de estas encrucijadas en algunas de nuestros trabajos [5]. Tomamos pie en ellos y en artculos ms recientes. Recordemos lo ms esencial del tema.

Pensando en el funcionamiento "normal" de una central nuclear, sin tener en cuenta posibles accidentes que son ms que "accidentes", autnticas hecatombes en algunos casos (Chernbil, Fukushima... tambin Tres Millas o Vandells si no hubiera habido suerte), puede afirmarse que el principal riesgo para la salud humana y el medio ambiente es el proveniente de la generacin de residuos, una "externalidad" (en jerga economista) inherente a la propia tecnologa nuclear. Queramos o no queremos no podemos evitarlos si apostamos por esa industria.

La primera fuente de contaminacin radiactiva de la biosfera han sido, hasta el momento, las explosiones realizadas por las potencias atmicas. Ms de mil hasta el momento. Adems de contaminar la biosfera con un variado repertorio de radionclidos artificiales -particularmente los tan biolgicamente peligrosos cesio 137 y estroncio 90-, esas explosiones han creado enormes cantidades de nclidos radiactivos "naturales" -en especial tritio (hidrgeno 3), y carbono 14- que anteriormente existan en cantidades nfimas. El incremento de la fraccin radiactiva de estos elementos constituyentes de la vida ha quedado reflejado en todos los medios naturales y en la biomasa. As, en las aguas superficiales marinas, donde la concentracin de tritio natural era en 1950 de 0,01-0,03 Bq/l (becquerelios/litro), se alcanzaron en 1964, tras las explosiones, cifras superiores a los 2 Bq/l en el hemisferio norte, una cantidad 200 veces superior a las cifras preatmicas.

En estos ltimos aos el funcionamiento normal -o accidental por supuesto- de la tecnologa nuclear se ha convertido en la principal fuente de contaminacin radiactiva, superando en determinados casos y reas geogrficas la originada por esas explosiones. Todas las centrales nucleares difunden radionclidos en el aire y las aguas. Las centrales de produccin elctrica son menos sucias que las plantas de reprocesamiento (que pueden representar una contaminacin entre 100 y 1.000 veces mayor segn los radionclidos que consideremos). Entre los radionclidos arrojados al medio por la industria, el criptn 85 y el tritio ocupan un lugar destacado en razn de su cantidad, su diseminacin y su perodo de actividad. Los radionclidos evacuados rutinariamente con el agua de refrigeracin que procede de los reactores pueden recorrer grandes distancias o acumularse en zonas concretas de los sistemas acuticos.

Los satlites con generadores nucleares principalmente de plutonio 238- representan tambin un sistema de diseminacin radioactiva a escala mundial cuando se disgregan al reingresar en la atmsfera

Qu entendemos por residuo radiactivo? La Ley 54/1997 del Sector Elctrico espaol define residuo radiactivo como cualquier material o producto de desecho, para el que no est previsto ningn uso, que contiene o est contaminado con radionclidos en concentraciones o niveles de actividad superiores a los establecidos por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, previo informe del Consejo de Seguridad Nuclear.

La generacin de estos residuos tiene orgenes diversos: la produccin de energa elctrica de origen nuclear, el desmantelamiento de las instalaciones nucleares, la utilizacin de radioistopos en mltiples actividades de la industria, la medicina o la investigacin, etc. Los residuos ms peligrosos generados en la fisin nuclear se producen en las barras de combustible, donde se generan elementos transurnicos [6] como el el n eptunio , el plutonio, el a mericio , o el curio que pueden permanecer radiactivos a lo largo de miles y miles de aos. Tambin se generan, desde luego, residuos de elevada actividad que tienen vidas medias cortas. Lo que suele llamarse gestin de los residuos radiactivos es el conjunto de actividades administrativas y tcnicas necesarias para la manipulacin, tratamiento, acondicionamiento, transporte y almacenamiento de estos residuos, teniendo en cuenta, se afirma oficialmente, "los mejores factores econmicos y de seguridad disponibles".

Como decamos, una central nuclear, funcionando con normalidad, genera gran cantidad de residuos. Un reactor de 1.000 MW produce anualmente unas 33 toneladas de residuos que emiten radiactividad durante perodos muy diversos (desde unos pocos segundos hasta miles de aos). Las centrales nucleares de Catalua, por ejemplo, generaron ms de 25.374.800.000 kWh en el ao 2003 ( 3,6 mg de residuos radiactivos por cada kWh), es decir, del orden de 15 gramos de residuos per capita, resultantes de distribuir entre la poblacin las aproximadamente 100 Tm de residuos producidos anualmente.

En Espaa, los planes de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA) incluyen la construccin de un cementerio nuclear denominado Almacn Temporal Centralizado (ATC) para ubicar los residuos de alta actividad de todas las centrales nucleares, un proyecto que cuenta con la marcada y documentada oposicin de cientficos y de los grupos ecologistas antinucleares de todas las comunidades espaolas.

Cuando se reprocesa el combustible, que no es siempre, es necesario gestionar como residuos de alta actividad, los derivados de dicho tratamiento son introducidos en contenedores de acero inoxidable en cmaras de hormign refrigeradas por aire en las propias instalaciones de reproceso, a la espera de su evacuacin final. Existen plantas industriales de reprocesamiento funcionando desde hace muchos aos como la de Sellafield en el Reino Unido o la de La Hague en Francia. En ambos casos, es necesario disponer de un almacenamiento temporal durante un tiempo ms o menos prolongado. Tras la separacin del uranio 235 del plutonio, el resto de residuos deben ser almacenados en recipientes hermticos, bidones y contenedores de seguridad que, a su vez, se disponen en almacenes vigilados. Los residuos deben estar acondicionados en estado slido, e inmovilizados en un material aglomerante (como el asfalto o el cemento). Los materiales radiactivos circulan internacionalmente a travs de medios de transporte como buques o trenes especiales vigilados. Un aspecto clave en el transporte de estos materiales lo constituye el tipo de embalaje, que debe impedir cualquier fuga de material al medio as como proteger de las radiaciones al personal manipulador y a la poblacin en general. Dada su alto nivel de radiactividad, los combustibles irradiados requieren contenedores especiales, plomados y estancos, que protejan del calor, la radiacin y las autorreacciones. Deben ser adems resistentes a los choques, al incendio y a la inmersin. Existen diversos tipos de 50 a 100 Tm, segn la forma de transporte: 2-4 Tm de combustible irradiado necesitan, generalmente, un castillo plomado de 50 Tm.

La usual gestin que se practica con los residuos es depositarlos en piscinas de refrigeracin que estn ubicadas en el interior de las centrales nucleares. Se guardan all para refrigerarlos, porque en toda emisin de radiactividad la energa se disipa en forma de calor. Cada tres o cuatro meses se cambian alrededor de un tercio de las barras de combustible irradiado de los reactores -que pesan varias toneladas- por otras nuevas. De entrada, se ponen en las piscinas de las centrales para que se vaya disipando el calor. Las piscinas se siguen manteniendo activas y en muchas centrales espaolas estn muy saturadas. Qu soluciones se han intentado ante este problema en absoluto secundario del almacenamiento de residuos?

La primera opcin es seguir mantenindolos en las propias centrales, en las piscinas. Uno de los problemas que presenta esta alternativa, no es el nico, es que al final ya no caben ms residuos. Lo que est sucediendo en muchas centrales espaolas. Otra aproximacin, de la que antes hablbamos y que slo han practicado hasta el momento franceses y britnicos, es reciclar este material. Estados Unidos, gran potencia atmico-nuclear, nunca ha reprocesado. Tienen depsitos en las centrales y tienen varios depsitos militares. El ms importante es el de Savannah River (Carolina del Sur, en terrenos adyacentes al ro Savannah cerca de Augusta, Georgia) y los otros reactores, los que producan plutonio para las bombas atmicas, estn en Hanford, en Benton, en el Estado de Washington, ubicados a lo largo del rio Columbia . Del depsito de Savannah River se ocupa el Departamento de Energa de Estados Unidos. Pero la gestin, tambin en un caso as, est en manos de la Washington Savannah River Company, una corporacin subsidiaria de Washington International que posee todo su capital.

Lo que se ha intentado investigar, y se sigue ahora investigando por la industria, es conseguir un sistema que gestione los residuos de forma definitiva. Aqu tambin han irrumpido conjeturas alocadas. Alguna vez se ha hablado de lanzarlos al espacio, sin ms. Un gran cohete se llena de productos radiactivos y arriba con l! Disuelto el problema. Contaminemos el espacio, el programa de nuestra alocada hora atmica!

Las soluciones ms serias intentan vitrificar, incluir los residuos radiactivos dentro de una masa vitrificada para depositarlos en sitios que sean realmente hermticos. Se ha hablado normalmente de minas de sal. La industria alemana, por ejemplo, tienen depsitos en Gorleben y Asse, en la Baja Sajonia. En Asse se empezaron a depositar los residuos en los aos sesenta y no hace mucho tiempo las mismas autoridades alemanas responsables reconocieron que existen riesgos muy reales porque estas minas han resultado geolgicamente inestables y han empezado a llenarse de agua. No existen conocimientos ni predicciones seguros al cien por cien.

Dos son los problemas principales de este procedimiento. En primer lugar, lo ideal sera que la mina escogida fuera un lugar en el que aunque la radiactividad se escapase de los contenedores no pudiera difundirse, permaneciendo a una profundidad de 600, de 1.000 metros. Pero es imposible, por profunda que sea. Simple quimera, pensamiento desiderativo. En una mina siempre habr corrientes de agua, estar llena de capas freticas, siempre habr lixiviacin,.. Puede acabar finalmente aflorando a la superficie.

El segundo problema: pretender que el contenedor donde se guardan los residuos sea permanente. Ha habido aqu hasta el momento sonoros fracasos. En Nature se habl de ello hace pocos aos. Esta solucin, lograr vitrificar toda la masa de residuos radiactivos, se ha trabajado mucho en Estados Unidos y en Alemania. Se ha de tener en cuenta que estamos hablando de cantidades muy importantes de materiales altamente radiactivos. Abultan mucho aunque no tanto como sera de esperar dado el peso del uranio. Un ladrillo urnico, de tamao normal, no podramos levantarlo. Si fuera de plomo necesitaramos las dos manos; si fuera de uranio no tendramos fuerza suficiente. Su masa atmica, como sabemos, es de 235.

Lo que se vio con estas vitrificaciones, en el estudio que realizaron, es que estbamos aqu ante un grave problema. Si hacemos una masa de cermica, en el fondo una vitrificacin, cuando mejor sea la cermica ms hermtica ser. Existen cermicas chinas de hace 2.000 aos que se han conservado muy bien. Ocurre aqu que si incluimos en esta cermica, en esta vitrificacin, elementos radiactivos, estos elementos se van desintegrando y toda desintegracin, por definicin, es una radiacin ionizante (la interaccin de la radiacin con la materia determina ionizacin). La trayectoria de la radiacin alfa, la beta, la gamma, dentro de la masa de cermica, la ioniza y hace que, poco a poco, se vaya alterando su estructura y acabe destruyndose. Una estructura de cermica es una organizacin cristalina vitrificada y las radiaciones ionizantes la van rompiendo hasta que, finalmente, se acaba perdiendo. Se ha observado que en poco tiempo, al cabo de diez aos -diez aos tan solo!-, un contenedor que tena que durar miles de aos estaba perdiendo su contenido porque se haba alterado la composicin del material con el que haba sido construido debido a la misma radiacin que deba contener, por las caractersticas de lo que es por definicin una radiacin ionizante.

No se ha alcanzado hasta el momento ninguna solucin definitiva. Se sigue hablando de las minas de sal, pero, al fin y al cabo, en esas minas, por ms sal vitrificada que haya, siempre puede haber algn movimiento geolgico. Pueden entrar agua en lugares donde llueve con frecuencia; por pequeo que sea el movimiento geolgico se puede resquebrajar el contenedor; puede llover fuertemente y, si se inunda, por vitrificada que est la sal, se acaba disolviendo. En Catalua, tenemos un buen ejemplo de ello en el del ro Cardoner (comarca del Bages, en Barcelona): el suelo de este ro es sal. En una mina prxima hicieron mal un agujero y tocaron el fondo del ro. Qu ocurri? Que el agua empez a entrar en gran cantidad, la mina se inund y la sal vitrificada acab disolvindose.

El procedimiento de la transmutacin es ciencia ficcin. Carlo Rubbia, premio Nobel de Fsica en 1984, habl de ello, lleg a defenderlo, en algn momento; luego se desdijo. La fsica, en teora, puede hacerlo. Si bombardeamos con neutrones, podemos transformar cualquier elemento en otro. La transmutacin de un metal en oro, el viejo sueo alquimista, se consigui hace tiempo. El problema es el coste inmenso de la transformacin y, por otra parte, que tan solo puede hacerse con cantidades muy pequeas, con porciones nfimas de materia. En un acelerador lineal se vaporizan unas cantidades nfimas, inferiores a miligramos, nanogramos ms bien, y despus se obtiene oro. Aqu, en cambio, estamos hablando de montaas de materiales. No podemos introducir toneladas y toneladas de estas sustancias en una mquina gigantesca que vaya bombardeando con neutrones.

Desde la perspectiva de la industria atmica existente, mientras no tengamos otra solucin, los residuos no van a caber en las centrales y se van a tener que guardar en almacenes. En este punto entran en accin dos alternativas: ubiqumoslos en subterrneos o mantengmoslos a vista. El criterio ms sensato, sin ningn atisbo de duda, es el segundo, tener este material a la vista. Enterrarlos en algn sitio y olvidarnos de todo tiene el riesgo de lo que all pueda pasar dentro de un tiempo, que nunca podremos determinar exactamente, lo que queramos pensar, lo que alcancemos a imaginar en base a nuestros datos iniciales (incluso otros escenarios no imaginados). La solucin que se est tomando es tener guardado el material en almacenes, centralizados y temporales (recordemos la enorme vida media de muchos elementos radiactivos). En lugar de tener radiactividad diseminada por todas las centrales de un pas, guardar todos los residuos en un sitio que est controlado y preparado para ello. As se ha hecho en Holanda. No son muchos los pases que han construido almacenes para residuos pero el momento est llegando. El cartero nuclear est a punto de llamar a nuestra puerta con insistencia y tal vez no llame dos veces. Ya no puede tardar mucho y no podemos responder con demora teniendo en cuenta la edad de las centrales ms viejas. En Espaa y en muchos otros pases.

Hasta aqu una aproximacin, digamos tcnica y al mismo tiempo poltica, al tema de los residuos. Pero cabe una mirada ms penetrante, ms profunda, ms filosfica si se quiere. Tomamos pie en el ltimo libro de Henning Mankell: "Arenas movedizas" [7]. El autor de La falsa pista habla insistentemente del tema en este libro, especialmente en la primera parte.

El olvido, afirma, es oscuridad. Queremos extinguir toda la luz de la memoria que nos puede recordar lo que, quienes hoy estamos vivos, "enterramos -o olvidamos- un da en el corazn de la montaa; aquello de cuya existencia no queramos que supieran nada las generaciones venideras, mucho menos que pudieran detectarlo y, finalmente, encontrarlo".

La Humanidad, los pases "ms desarrollados", han encerrado un peligroso trol de la montaa que va a vivir miles y miles de aos. Cien mil indica Mankell. "Pero no hemos escrito ningn cuento sobre l, sino que hacemos lo posible para que se olvide", tratamos de crear un "Cantar de los Cantares del olvido". Es posible? Podemos engaar, pregunta, "a las futuras generaciones con la ilusin de que no hay nada ah enterrado"? La curiosidad humana y la bsqueda de nuevas verdades, "no terminarn por descubrir el trol que hay en la roca?". No lo sabemos responde Mankell prudentemente. "Lo nico que podemos hacer es confiar en que no ocurra antes de que haya transcurrido el plazo". Esos cien mil aos terribles.

Para el malogrado autor sueco, la situacin encierra una paradoja. "Siempre hemos vivido para crear buenos recuerdos, no para olvidar". Toda cultura se basa en la conservacin y la bsqueda de recuerdos del pasado y, al mismo tiempo, en la creacin de nuevos recuerdos. El arte mira hacia atrs... y hacia delante por supuesto. Para que no olvidemos lo que ha sido y para hablar de nuestro tiempo a quienes vendrn detrs". Por lo dems, el mundo del arte suele encerrar advertencias de lo que hemos vivido y sufrido para que no se repita. "Qu son los grabados de Goya sobre la horrenda realidad de la guerra sino advertencias para que esas atrocidades no se repitan?". Se repiten, por supuesto, pero la advertencia del gran pintor aragons sigue viva, muy viva.

Los recuerdos, nos recuerda Mankell, son relatos. "Puede que troceados y divididos en fragmentos pero relatos al fin. Yo me imagino el olvido como una habitacin vaca. Nuestro universo interior, vaco y helado como el otro universo. En el olvido, el hombre queda indiferente ante s mismo, ante los dems ante lo que ha sido y ante lo que vendr".

Para manipular los residuos nucleares, advierte y denuncia Mankell a un tiempo, hemos construido un palacio para el olvido. "Lo que quedar despus de nuestra civilizacin ser, pues, olvido y silencio. Y un veneno escondido en las profundidades de una catedral donde nunca podr entrar la luz".

Los primeros dioses a los que suplic el hombre al principio de su historia estaban casi siempre ligados al sol. El mayor prodigio era, a la sazn, que el sol saliese cada maana. En culturas que nunca tuvieron contacto entre s existen por lo general relatos similares de cmo surgi el ser humano. En todos est presente el sol. Pero, lamenta Mankell, "en esta civilizacin nuestra, que he llegado ms lejos que ninguna otra sociedad anterior, por avanzada que fuera, el ltimo recuerdo que dejamos es slo oscuridad",

Slo oscuridad? Vamos a permitir que ese sea nuestro legado? Podemos hacer algo para evitar que este legado ya existente adquiera dimensiones inconmensurables? Vamos a apostar alocadamente por una solucin tecnolgica futura que disolver nuestros temores como un azucarillo? Dnde se ubica nuestra necesaria racionalidad temperada?

 

Notas

1) http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/26/estados_unidos/1464277338_697553.html

2) N. Georgescu Roegen, Ensayos bioeconmicos, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2006 (edicin de Oscar Carpintero).

3) Nosotros podemos pensar en lo sucedido en los antiguos pases que formaban la Unin Sovitica.

4) Francisco Fernndez Buey, "Castilla-Len: granero y basurero nuclear de Espaa", mientras tanto n. 32, octubre de 1987, pp. 3-9.

5) ERF y SLA, Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energa nuclear en la salud y el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2008. Tambin, ERF y SLA, Ciencia en el gora, El Viejo Topo, Barcelona, 2012.

6) Elementos transurnicos o transurnidos son aquellos de nmero atmico mayor que el del uranio (Z = 92). No tienen existencia natural en la Tierra y son todos ellos radiactivos.

7) Henning Mankell, Arenas movedizas, Barcelona, Tusquets, 2015 (traduccin de Carmen Montes Cano), pp. 76-78

 

Fuente: Papeles de relaciones ecosociales y cambio global N 135, 2016, pp. 127-137

 



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