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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2017

Tnez, un pas cada vez ms europeo

Santiago Alba Rico
Gara


El pasado 15 de febrero el primer ministro tunecino, Youssef Chahed, visit Alemania y mantuvo una tensa reunin con su homloga Angela Merkel. La fuente del litigio? La escasa diligencia de las autoridades tunecinas en repatriar a 1500 inmigrantes clandestinos que el atentado de Berln de diciembre de 2016 -cuyo autor, Anis Amri, proceda de Tnez- ha vuelto potencialmente amenazadores, al menos en trminos electorales. Alemania, que pisa los talones a Italia por sus inversiones en el pas norteafricano, quiere seguir tambin sus pasos a la hora de establecer un acuerdo migratorio bilateral y presiona adems para que el gobierno de Cartago abra campos de refugiados en su territorio. El rechazo de Chahed tiene poco que ver con la defensa de la soberana. Como es sabido, Tnez es el mximo exportador mundial de yihadistas (entre 3.000 y 5.000 segn las fuentes) y los retrocesos militares de Daech en Siria e Iraq hacen temer ahora su retorno.

Este retorno se ha convertido en una verdadera obsesin, alimentada por los medios de comunicacin y por la propia izquierda erradicadora (cuya islamofobia, muy europea, nada tiene que envidiar a Le Pen). Hace un mes, por ejemplo, unos pocos millares de personas se manifestaron en la Avenida Bourguiba de la capital -algunos claramente partidarios del rgimen de Assad- exigiendo al gobierno medidas de excepcin, entre ellas la retirada de la nacionalidad a los yihadistas tunecinos, demanda que va ganando apoyo y que el propio presidente de la Repblica, el reaccionario Caid Essebsi, ha tenido que recordar que es incompatible con la Constitucin. Ahora bien, si a un amplio sector de la opinin pblica le inquieta cada vez ms el retorno de los yihadistas, a Amnista Internacional le preocupa ms el uso que se est haciendo de la lucha anti-terrorista y de la psicosis general para suspender o hacer recular las conquistas formales de la revolucin de 2011: bajo el Estado de urgencia, denuncia la organizacin internacional, se vuelve al ancien rgime y se multiplican los arrestos arbitrarios, los allanamientos policiales y los casos de tortura. Este terror a los retornados no slo justifica las violaciones del Derecho sino que adems alimenta -como bien advierte el periodista Seif Soudani- una criminalizacin de la revolucin, fuente original de todos los males a los ojos de esos sectores laicos -de derechas o de izquierdas- que no distinguen entre Daech y Ennahda o que, en todo caso, con una muy corta memoria, hacen responsable al gobierno de la Troika (diciembre 2011-enero 2014) del yihadismo terrorista.

El nico plan que tiene el gobierno tunecino para los retornados es la crcel. Hay en ellas ya unas 1500 personas condenadas o pendientes de proceso por sus relaciones, probadas o no, con el yihadismo. Son muchas ms, sin embargo, las que estn all por consumo de drogas, especialmente de zatla (cannabis): unas 6.700, segn el ministerio de Justicia. Unos y otros, presuntos yihadistas y consumidores de hachich, son jvenes entre 18 y 35 aos que de algn modo, como sugiere el socilogo Hamza Meddeb, mezclan sus destinos en prisin. Segn el artculo 52 del cdigo penal basta fumar un porro para pasar entre uno y cinco aos encarcelado. Ese artculo fue introducido por Ben Ali en 1992 con el objeto de perseguir a los opositores polticos y hoy se sigue usando con propsitos semejantes para criminalizar y controlar a los ms jvenes, potenciales rebeldes o terroristas. Ocho policas se abalanzaron dentro de casa en uniforme antidisturbios para una operacin antiterrorista, cuenta Slim. Al no encontrar ninguna prueba nos obligaron a hacer el test de orina y nos arrestaron por consumo de droga. La historia de Slim, dice Debora del Pistoia, que ha recogido ste y otros testimonios, es la cotidianidad de la rutinaria represin juvenil. Las presiones del movimiento Al-Sajin 52 y las crticas de organizaciones de Derechos Humanos lograron que el Parlamento se plantease en 2014 la revisin de la ley; pero, tras dilaciones y tropiezos, el nuevo proyecto presentado en enero de 2017 por el gobierno de Chahed no slo mantiene la pena de crcel para los consumidores sin antecedentes sino que aumenta a 5000 dinares la pena econmica. Curiosamente una de las pocas voces que ha pedido la despenalizacin total del consumo ha sido Lotfi Zitoun, diputado del partido islamista Ennahda.

Seis aos despus de las revoluciones rabes, Tnez constituye, como vemos, una curiosa excepcin. Lo es, sin embargo, en el sentido de que su situacin es menos comparable a la de otros pases de la regin -Libia o Egipto, pero tambin Argelia- que a la de Francia y los pases europeos. Tnez no est experimentando un proceso de radicalizacin islmica sino de des-democratizacin general tras una revolucin triunfante y en el marco de una transicin democrtica muy frgil y muy limitada. Este proceso de des-democratizacin, parecido al que experimentan Francia, Blgica o Espaa, alimenta sin duda la radicalizacin islmica de un sector juvenil, social y econmicamente desamparado y privado de voz en las instituciones, pero es mucho ms peligroso que la propia radicalizacin, como lo es tambin en Europa, entre otras razones porque -al igual que en Europa- no va acompaado de ninguna alternativa por la izquierda. Tnez parte de condiciones ms frgiles y est mucho ms expuesto a retrocesos rpidos e impunes. Su proceso de des-democratizacin, que ilumina su excepcin regional al tiempo que su vocacin europea, tiene a su vez causas especficas.

La primera es, sin duda, geopoltica: en medio de las expresiones ms caticas de la derrota de las revoluciones rabes, mal asentada entre Libia y Argelia, que la fragilizan y de las que depende econmicamente, Tnez depende cada vez ms tambin de la UE y de los EEUU en la lucha contra el terrorismo, una lucha cada vez ms asociada, como veamos al principio, a la guerra contra la inmigracin. Sobre esa misma combinacin (la confusin interesada entre el anti-terrorismo y las polticas migratorias) se sostuvo la dictadura de Ben Ali durante 24 aos.

La segunda causa es poltica e interna: el derrocamiento de Ben Ali no trajo aparejada una ruptura sino una recomposicin del sistema. Esa recomposicin, que ha ampliado el consenso de lites, como en la Espaa de 1978, para incluir en este caso a las familias de Ennahda, impone lmites muy claros a cualquier tentativa de profundizacin democrtica que choque con el Estado profundo, enquistado en el ministerio del Interior, o con los intereses de la clase empresarial. En un pas donde la corrupcin, causa de la revuelta de 2011, no ha dejado de aumentar al mismo tiempo que el paro y la pobreza, las protestas sociales crecientes son respondidas con represin y criminalizacin. Digamos que la recomposicin del rgimen es buena porque ampla el nmero de socios, obliga a negociar y abre un margen democrtico a la accin poltica, pero al mismo tiempo deslegitima todo forma de oposicin. Fuera de juego la izquierda, el rgimen tiene ahora tres patas: el ancien rgime , el sindicato UGTT y el partido Ennahda. La renuncia de los dos ltimos a toda voluntad rupturista deja el descontento social expedito -como en Europa- a los nostlgicos de la dictadura y a los yihadistas, que se cortejan y solicitan recprocamente. El descontento social criminalizado acelera los procesos de des-democratizacin y de yihadizacin alternativa.

En medio de estos retrocesos muy europeos, la excepcin tunecina tiene sin embargo un asidero local muy esperanzador. Me refiero a los trabajos de la Instancia Verdad y Dignidad, la nica institucin del Estado que prolonga el aliento rupturista de la revolucin y que, por eso mismo, ha encontrado toda clase de obstculos en su camino. Segn Sihen Ben Sedrine, la instancia que ella dirige ha conseguido fotocopiar 13.000 cajas de documentos guardadas en los archivos del Palacio Presidencial, pero el conjunto de los archivos relativos a la seguridad nacional siguen en manos del ministerio del Interior. Documentos destruidos tras la fuga del dictador, documentos purgados, documentos retenidos, la Instancia Verdad y Dignidad ha logrado, no obstante todo, contra viento y marea, contra la derecha y contra la izquierda, reunir miles de testimonios que revelan los crmenes de las dictaduras de Bourguiba y Ben Al. An ms: ha conseguido hacer pblicos los testimonios de muchas de las vctimas a travs de sesiones abiertas, retransmitidas por televisin, que estn sacudiendo las conciencias de los tunecinos y recordando las razones por las que tantos jvenes, hoy de nuevo perseguidos o criminalizados, dieron su vida en 2011. La instancia Verdad y Dignidad y sus dolorosos testimonios constituyen la grieta luminosa -el nico desgarrn de luz- en un marco democrtico apenas abierto y que, como en el resto del mundo, est ms cerca de cerrarse del todo que de ampliar su holgura.


Fuente original: http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2017-02-24/hemeroteca_articles/tunez-un-pais-cada-vez-mas-europeo



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