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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2017

Sin sorpresa

Eric Nepomuceno
La Jornada


En sus nueve meses  como presidente, desde la instauracin del golpe institucional que destituy a la mandataria Dilma Rousseff, Michel Temer perdi ocho ministros. Seis de ellos fueron fulminados por denuncias de corrupcin. Otro, acusado de cobrar diez millones de dlares sucios. Todos ellos alegaron razones de salud al salir, y uno ms se fue tras denunciar maniobras ilegales de un colega.

Ahora, la pregunta es: quin ser el prximo?

El ms reciente abandono ocurri la noche del mircoles, cuando Jos Serra dej de ser ministro de Relaciones Exteriores.

Hipocondriaco radical, Serra dijo que sala por cuestiones relacionadas con su columna cervical. Parece que se trata de algo real: con sus problemas en la espalda, la secuencia de viajes indispensables para un ministro de Relaciones Exteriores se haba transformado en un tormento.

Cuando el golpe se consum, en mayo del ao pasado, Serra quiso ser nombrado ministro de Hacienda. Al verse preterido, intent serlo de Planificacin, ministerio que Temer opt por extinguir. Al final, Serra tuvo que contentarse con el de Relaciones Exteriores, de baja visibilidad electoral y escassimo peso poltico.

Se esperaba que a la primera oportunidad saltara del barco. Insinu en varias ocasiones que lo hara. Los problemas en la columna cervical permitieron que saliese del gobierno sin demostrar su malestar por sentirse relegado a un puesto que no le dej mucho espacio para priorizar sus desmesuradas ambiciones.

Los nueve meses como canciller del gobierno de Temer, en todo caso, le permitieron destartalar toda la poltica externa diseada e implantada durante las dos presidencias de Lula da Silva y mantenida, mal que bien, por Dilma Rousseff. Si Lula llev a cabo, mediante su canciller Celso Amorim, diplomtico de frtil y slida carrera, una poltica externa activa y altiva, Jos Serra no perdi un solo instante a la hora de destrozarla.

El balance de sus nueve meses al frente de la cancillera es claro: paraliz, con el claro respaldo del gobierno de Mauricio Macri, el Mercosur, y de paso expuls, literalmente, a Venezuela, un socio incmodo para Brasil y Argentina. En un primer momento, y lo dej claro con palabras y acciones, la idea era abandonar bloques y uniones regionales y sumarse a Washington, siguiendo lo que hacan Chile, Per, Mxico y Colombia. La llegada de Donald Trump y su abandono de la nonata Alianza del Pacfico lo dejaron sin norte ni rumbo.

En su periodo de canciller Michel Temer lo acompa en algunos viajes internacionales. La experiencia le sirvi para confirmar que, con excepcin de Mauricio Macri, ningn otro mandatario dio al presidente brasileo la legitimidad tan aspirada.

Ah!, s, claro: de paso, quit casi totalmente la relevancia de Brasil en el BRICS, el grupo integrado por pases que no supo identificar al asumir la cancillera. Fue necesario que el reportero le aclarase que se trataba de Brasil, Rusia, India, China y Sudfrica.

En todo caso, con su renuncia, Serra le hizo a Temer un favor especial. Involucrado en denuncias de haber sido beneficiado con dinero de la corrupcin, al abandonar el gobierno cambia el foco de las investigaciones: ya no se trata de otro ministro ms acusado de corrupcin, sino de un senador ms, entre tantos.

No se sabe quin ser el indicado por el presidente para sucederlo. En la cancillera existe la firme expectativa de que, luego de tantos desastres creados por la voluntariosa e incontenible torpeza del que sale, se nombre a un diplomtico de carrera.

Tratndose de Michel Temer, sin embargo, lo nico seguro es que nada es seguro: podr tranquilamente subastar la cartera de relaciones exteriores a cambio de las interiores de su gobierno con el Congreso, el de peor nivel poltico, moral y tico desde la retomada de la tenue democracia en Brasil.

A propsito del gobierno de Temer, esta semana se conoci el sucesor del truculento Alexandre de Moraes en el Ministerio de Justicia: el diputado Omar Serraglio, de expresin casi nula en la Cmara, pero que trae en su exiguo currculo haber sido un esforzadsimo defensor de Eduardo Cunha.

El flamante ministro de Justicia de Justicia! luch bravamente hasta el final para que sus pares no expulsasen a Cunha de su escao. Hay que reconocer que hizo lo que pudo para impedir que su lder fuese a parar en donde est: una celda en Curitiba, capital de Paran, el mismo estado de donde sali alguna vez el obscuro Serraglio para ocupar un ministerio en un gobierno nacido de un golpe que cont con su discreta (por insignificante) colaboracin.

De una cosa nadie podr acusar a Temer: ser imprevisible.

Nada ms fcil de prever que, entre las peores alternativas, elegir siempre la ms mala.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/02/26/opinion/016a1pol



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