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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2017

Uruguay
Honores de clase

Rodrigo Alonso
Brecha


La clase obrera no va al paraso. Distinta es la suerte de los elencos polticos que administran exitosamente (?) los ajustes en las crisis.

Que la salida de la crisis del 2002 fue un xito nacional se ha ido transformando de a poco en esos lugares comunes y unanimidades que de repetir aportan membresa a un club exclusivo. La gestin de la crisis del 2002, el Maracan del sistema poltico uruguayo, es evocada resaltando la fortaleza institucional, la responsabilidad interpartidaria y la suerte de haber contado con estadistas de fuste. Una nueva pincelada al agrietado mito de la excepcionalidad uruguaya y la prueba concreta de que en Uruguay todava es posible administrar un brutal ajuste contra la poblacin sin que salten las costuras del orden. Lo exitoso de la salida (habra que preguntarse desde qu decil del ingreso se estn sacando las cuentas), hace ya al aire de familia de la institucionalidad oriental.

Dejando de lado las causas y responsabilidades de la crisis, la salida a la uruguaya consisti bsicamente en una brutal confiscacin de los ingresos de los sectores trabajadores. Una cada del salario real de ms del 20% y una disminucin del gasto pblico social de ms de un 22%1 entre 2001 y 2004, ambos superando la cada del PBI y retrotrayendo sus niveles reales a 1984 y 1993 respectivamente, atestiguan lo dicho. La masa salarial en relacin al PBI pasa de un 34% a cerca de 26% entre 2001 y 2005, los peores aos fueron 2003, 2004 y 2005.2 La distribucin social del ajuste tuvo poco de fraterna y equitativa. En ese mismo perodo los retornos del capital ascendieron de 50% a casi 60% del PBI. Este es el punto ciego de la relectura versallesca de la crisis del 2002.

Con estos nmeros a la vista habra que preguntarse qu quiere decir eso de la lealtad institucional del sistema poltico uruguayo en esos das. En los cuellos de botella a los que suelen llegar las economas sudamericanas no hay una nica forma de responder. Una hubiera sido trazar una lnea en la arena en defensa de los derechos ms bsicos vinculados con la subsistencia de la poblacin y las necesidades mnimas, lo que hubiera obligado a confiscar ingresos y propiedades en las franjas superiores de renta. Quin hubiese estado dispuesto a resistir presiones y enfrentar poderosos para preservar derechos bsicos s podra ser considerado un hroe nacional. Ac, como vimos, ocurri lo contrario.

La resignificacin de la crisis del 2002 como el climax de la concordia nacional no coincide con los nmeros de aquel perodo, y mucho menos, con la vivencia de la mayor parte de la poblacin. Solo en un elenco poltico y meditico cada vez ms lejano del terreno puede arraigar y tener sentido semejante relato.

La derecha orgnica no da puntada sin hilo. Canoniza a los suyos y oculta los hechos incmodos. Hasta ah todo en su lugar: una clase con consciencia de s misma y mirada estratgica. La pregunta es quin hace el contrapunto.

Notas:

1 Mides-UdelaR, 2007. Identificacin y anlisis del Gasto Pblico Social en Uruguay 1910-2006.

2 Instituto Cuesta Duarte, 2011. La masa salarial entre 1998 y 2010.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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