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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2017

Claves del anticapitalismo y el antimperialismo hoy
Las visiones de Fidel en los nuevos escenarios de lucha

Fernando Martnez Heredia
La Tiza

Palabras ntegras del autror en la segunda sesin de 12 Paradigmas Emancipatorios.


El primer homenaje que recibi Fidel al morir fue una consigna de hoy, una invencin de jvenes que hizo suya todo el pueblo de Cuba: yo soy Fidel. As se demostr que Fidel es del siglo XXI, y que cuando el pueblo entero se moviliza con conciencia revolucionaria es invencible. En esos das del duelo Fidel libr su primera batalla pstuma, y volvi a mostrarle a todos, como en 1953, el camino verdadero.

Hoy, cuando vamos a compartir acerca de los caminos de las luchas  porque lo verdadero son las luchas  , es natural comenzar con la ayuda de Fidel, y emular con sus ideas y sus actos para sacarles provecho, no imitndolos, sino traducindolos a nuestras necesidades, situaciones y acciones.

Para sacarle provecho a Fidel, tenemos que evitar repetir una y otra vez lugares comunes y consignas. Conocer ms las creaciones y las razones que lo condujeron a sus victorias, las dificultades y los reveses que Fidel enfrent, lo que pens sobre los problemas, sus acciones concretas, puede aportarnos mucho, y de esa manera ser ms grande su legado.

En el tiempo de su vida pueden distinguirse tres aspectos: Fidel, joven revolucionario; el lder de la Revolucin cubana y el lder latinoamericano, del Tercer Mundo y mundial

Fidel brinda un gran nmero de enseanzas, tanto para el individuo como para las luchas polticas y sociales. Quisiera enumerar muy brevemente algunas de las caractersticas de su legado que me parecen importantes para nuestros objetivos:

1-Partir de lo imposible y de lo impensable, para convertirlos en posibilidades mediante la prctica consciente y organizada y el pensamiento crtico, conducir esas posibilidades actuantes hacia la victoria al mismo tiempo que se forman y educan factores humanos y sociales para poder enfrentar situaciones futuras, y mediante las luchas, los triunfos y las consolidaciones convertir las posibilidades en nuevas realidades.

2- No aceptar jams la derrota. Fidel nunca se qued conviviendo con la derrota, sino que pele sin cesar contra ella. Me detengo en cinco casos importantes en su vida en que esto sucedi: 1953, 1956, 1970, el proceso de rectificacin y la batalla de ideas. En 1953 respondi a la derrota del Moncada con un anlisis acertado de la situacin para guiar la accin. Cuando todos crean que era un iluso, se revel como un verdadero visionario. En 1956, cuando el desastre del Granma, respondi con una formidable determinacin personal y una fe inextinguible en mantener siempre la lucha elegida, por saber que era la acertada.

En 1970, comprob que lograr el despegue econmico del pas era extremadamente difcil, pero entonces apel a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: el poder del pueblo, ese s es poder. En1985, fue prcticamente el primero que se dio cuenta de lo que iba a hacer la URSS, que le traera a Cuba soledad, desastre econmico y ms grave peligro de ser vctima del imperialismo, pero su respuesta fue ratificar que el socialismo es la nica solucin para los pueblos, la nica va eficaz y la nica bandera popular, que lo necesario es asumirlo bien y profundizarlo. Entonces moviliz al pueblo y acendr su conciencia, y sostuvo firmemente el poder revolucionario. En el 2000, ante la ofensiva mundial capitalista y los retrocesos internos de la Revolucin cubana en la lucha para sobrevivir, lanz y protagoniz la batalla de ideas, con sus acciones en defensa de la justicia social, su movilizacin popular permanente y su exaltacin del papel de la conciencia.

No me va a dar tiempo a exponer cada punto, aunque fuera brevemente, as es que me limitar a mencionarlos, con la intencin de estimular el inters en el estudio de Fidel.

3- La determinacin de luchar en todas las situaciones. Sera muy conveniente considerar como concepto a la determinacin personal, en el estudio de los que se lanzan a lograr transformaciones sociales. La praxis es decisiva.

4- Organizar, fue una constante, una fiebre de Fidel. Ojal que este sea uno de los temas principales de este taller.

5- La comunicacin siempre, con cada ser humano y con las masas, en lo cotidiano y en lo trascendente, es una de las dimensiones fundamentales de su grandeza y es uno de los requisitos bsicos del liderazgo.

6- Utilizar tcticas muy creativas, y estrategias impensables, y sin embargo factibles.

7- Luchar por el poder y conquistarlo. Mantener, defender y expandir el poder. Se puede discutir casi eternamente acerca el poder en trminos abstractos, pero solo las prcticas revolucionarias logran convertir al poder en un problema que pueda resolverse.

8- Crear los instrumentos y los protagonistas. Tomar las instituciones para ponerlas a nuestro servicio, no para ponernos al servicio de ellas.

9- Ser ms decidido, ms consciente y organizado, y ms agresivo que los enemigos.

10- Ensear y aprender al mismo tiempo con los sectores del pueblo que participan o que simpatizan, y despus con todo el pueblo. Avanzar hacia formas de poder popular.

11- El gran logro cubano, unir la liberacin nacional a la revolucin socialista.

12- Ser siempre un educador. Hacer educacin a escala del pueblo. Que el pueblo se levante espiritualmente y moralmente, para que se vuelva participante consciente y capaz de todo, complejice sus ideas y sus sentimientos y enriquezca sus vidas.

13- Que la concientizacin est en el centro del trabajo poltico, no solo para avanzar y ser mejores, sino para que la poltica llegue a convertirse en una propiedad de todos.

Siento que la mayor leccin que le brinda Fidel a los luchadores de Amrica Latina actual es lo que pens y lo que hizo entre 1953 y 1962. Puede ser muy valioso ponernos de acuerdo para estudiar, discutir y socializar ese perodo.

Desde hace un ao estamos oyendo decir que la situacin en nuestro continente se ha vuelto cada vez ms difcil, por que acontecen hechos adversos a los pueblos, y por la ofensiva del imperialismo y sus cmplices de clases que son a la vez dominadas por l y dominantes en sus pases. Aunque parezca que empiezo por el final, quisiera comenzar con un comentario acerca de las relaciones que existen entre dificultades y revolucin.

Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolucin, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fciles. Cuando puedan parecernos fciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades. Y es as porque estas revoluciones, a las que amamos y por las que estamos dispuestos a todo, son las iniciativas ms audaces y arriesgadas de los seres humanos, que emprenden transformaciones prodigiosas liberadoras de las personas y de las relaciones sociales, a tal grado que nunca ms quieran, ni puedan, volver a vivir en vidas y sociedades de dominacin y de violencias y daos de unos contra otros, de individualismo y afn de lucro. Son revoluciones que pretenden ir creando personas cada vez ms plenas y capaces, y realidades que contengan cada vez ms libertad y justicia, donde entre todos se logre cambiar el mundo y la vida. Es decir, crear personas y realidades nuevas.

Si lo que acabo de decir le parece imposible al mundo existente y las creencias vigentes en la prehistoria de la humanidad, al sentido comn y al consenso con lo esencial que mantiene a las sociedades sujetas al capitalismo, cmo no va a ser sumamente difcil todo lo que hagamos y proyectemos? Si jams las clases dominantes estarn dispuestas a admitir que se levante el pueblo y adquiera dignidad, orgullo de s mismo y dominio de la situacin, conciencia y organizaciones suyas, a su servicio y eficaces, que est en el poder y que lo convierta en un poder popular, entonces hay que convenir en que en esas pocas todo se vuelve muy difcil para la causa del pueblo. El joven Carlos Marx avizoraba bien cuando escribi que solamente mediante la revolucin podrn los dominados salir del fango en que viven metidos toda su vida, porque los cambios y la creacin de nuevas sociedades exigen tambin liberaciones colosales de los enemigos ntimos que todos albergamos dentro. Cmo no van ser tan difciles las revoluciones de liberacin? Pero, si miramos bien y no nos dejamos desanimar, constataremos que el campo popular ya tiene mucho a su favor. Entremos con esas armas en un problema inmediato, que no es pequeo. La coyuntura actual expresa de manera escandalosa una carencia del campo popular que se ha ido acumulando en las ltimas dcadas, al mismo tiempo que esa carencia dejaba de ser percibida como una grave debilidad: la de un pensamiento verdaderamente propio, capaz de fundamentar su identidad en relacin con su conflicto irremediable con la dominacin del capitalismo, y capaz de servir para comprender las cuestiones esenciales de la poca, las coyunturas, los campos sociales implicados y las fuerzas en pugna. Un pensamiento, por consiguiente, fuerte, convincente y atractivo, al mismo tiempo que til como instrumento movilizador y unificante de lo diverso, y como herramienta eficaz para guiar anlisis y polticas acertadas que contribuyan a la actuacin y a la formulacin de proyectos. Esa ausencia del desarrollo de un pensamiento poderoso del campo popular, crtico y creador, puede constatarse ante el estupor y la falta de explicaciones vlidas que han abundado frente a los acontecimientos en curso en varios pases latinoamericanos, que han registrado diferentes quebrantos, derrotas o retrocesos de procesos que han sido favorables a sus poblaciones y a su autonoma frente al imperialismo en lo que va de este siglo. En lugar de anlisis coherentes, profundos y orientadores hemos escuchado o ledo ms de una vez comentarios superficiales revestidos con palabras que quisieran ser conceptos, o dogmas que quisieran cumplir funciones de interpretacin.

Nada se avanza cuando se tilda de malagradecidos a sectores pobres o pauprrimos que mejoraron su alimentacin y sus ingresos, y tuvieron ms oportunidades de ascender uno o dos peldaos desde el fondo del terrible orden social, porque no han sido activos en defender a gobiernos que los han favorecido, o hasta les han vuelto la espalda en determinados eventos que les aportan triunfos a los reaccionarios. Y hasta se intenta explicar esos sucesos con retazos de una supuesta teora de las clases sociales, como cuando se repite la proposicin absurda de que se convirtieron en clase media, y ahora actan como tales. Es preferible comenzar por ser precisos ante los hechos y partir siempre de ellos, como cuando el dirigente del Movimiento de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stedile, dice: Tenemos muchos retos de corto plazo para poder enfrentar a los golpistas. La clase trabajadora sigue en casa, no se moviliz. Se movilizaron los militantes, los sectores ms organizados. Pero el 85 por ciento de la clase sigue viendo novelas en la televisin.

Tampoco se va lejos cuando se elaboran y discuten explicaciones de los eventos y las situaciones polticas e ideolgicas candentes de la coyuntura a base de menciones acerca del fin de ciclos de altos precios de las materias primas, ni siquiera cuando economistas capaces ofrecen datos serios y aaden el descenso de la dinmica de la economa mundial y otros factores y procesos adversos.

Simplificando un poco ms, habramos tenido unos quince aos de victorias electorales, gobiernos llamados progresistas y notables logros por medidas sociales, una fuerte autonomizacin de gran parte del continente respecto a los dictados de Estados Unidos y avances en las relaciones bilaterales y las coordinaciones de los pases de la regin hacia una futura integracin, solamente porque tuvimos un largo ciclo de altos precios de exportacin de las materias primas, algo que es explicable por los avatares de la economa mundial. Y como ahora esta se mueve en otro sentido y bajan los precios, debe terminar el ciclo poltico y social, y la derecha debe avanzar y recuperar sin remedio la posicin dominante que haba perdido.

Una persona con buena memoria y escasa credulidad se preguntara enseguida cmo fue posible que a inicios de los aos setenta del siglo pasado no sucediera en la regin lo mismo que a inicios de este siglo, en cuanto a elecciones victoriosas, buenas polticas sociales y ms autonoma de los Estados y horizontes integracionistas. Porque en aquella coyuntura subieron mucho los precios de las materias primas y, adems, en buena parte de la regin se vivan aumentos ms o menos grandes del sector industrial, con ayuda de aquellos redesplazamientos jubilosos del gran capital en busca de maximizacin de ganancias que hoy tanto disgustan a Donald Trump.

Lo que sucedi entonces fue totalmente diferente: dictaduras, represiones que llegaron hasta el genocidio, conservatizacin de las sociedades y otros males, que no deben ser olvidados. Por consiguiente, hay que concluir, no es verdad que a determinada situacin econmica le correspondan necesariamente ciertos hechos polticos y sociales, y no otros.

En este caso estamos ante una de las deformaciones y reduccionismos principales que ha sufrido el pensamiento revolucionario, quizs la ms extendida y persistente de todas: la de atribuir una supuesta causa econmica a todos los procesos sociales. Detrs de su aparente lgica est la cosificacin de la vida espiritual y de las ideas sociales que produjo el triunfo del capitalismo, que es aceptada por aquellos que pretenden oponerse al sistema sin lograr salir de la prisin de su cultura, y la consiguiente incapacidad de comprender que son los seres humanos los protagonistas de todos los hechos sociales.

Tres procesos sucedidos dentro las ltimas cuatro dcadas han tenido un gran impacto y muy duraderas consecuencias para nuestro continente. El estrepitoso final del sistema que llamaban del socialismo real y sus constelaciones polticas en el mundo, con consecuencias tan negativas en numerosos terrenos. El de la imposibilidad para la mayora de los pases del planeta de lograr el desarrollo econmico autnomo de un pas sin que necesariamente saliera del sistema del capitalismo. La terrible realidad fue la continuacin de regmenes de explotacin, opresiones y neocolonialismo, sin que fuera posible desplegar economas nacionales autnomas y capaces de crecer en beneficio del pleno empleo, ms produccin y productividad, servicios sociales suficientes para todos y una riqueza propia que repartir. El tercer proceso fue el de la consumacin del dominio de Estados Unidos sobre casi todo nuestro continente. El capitalismo en Amrica Latina transit un largo camino de evoluciones neocolonializadas, sobredeterminadas por el poder de Estados Unidos, que lo dej mucho ms dbil y subalterno.

Las lecciones que nos brindan esos tres procesos estn claras y son sumamente valiosas. Una, todos los avances de las sociedades son reversibles, aun los que se proclamaban eternos; es imprescindible conocer qu es realmente socialismo y qu no lo es. Hay que comprender y organizar la lucha por el socialismo desde las complejidades, dificultades e insuficiencias reales, sin hacer concesiones, como procesos de liberaciones y de creaciones culturales que se vayan unificando. Dos, el capitalismo es un sistema mundial, actualmente hipercentralizado, financiarizado, parasitario y depredador, que solo puede vivir si sigue sindolo, por lo que no va a cambiar. Las clases dominantes de la mayora de los pases necesitan subordinarse y ser cmplices de los centros imperialistas, porque no existe espacio ni tienen suficiente poder para pretender ser autnomos. La actividad consciente y organizada del pueblo, conducida por proyectos liberadores, es la nica fuerza suficiente y eficaz para cambiar la situacin. Para la mayora de los pases del planeta, sern los poderes y los procesos socialistas la condicin necesaria para plantearse el desarrollo, y no el desarrollo la condicin para plantearse el socialismo, como dijo Fidel en 1969.

Tres, Estados Unidos hace vctima a este continente tanto de su podero como de sus debilidades, como una sobredeterminacin en contra de la autonoma de los Estados, el crecimiento sano de las economas nacionales y los intentos de liberacin de los pueblos. La explotacin y el dominio sobre Amrica Latina es un aspecto necesario de su sistema imperialista, y siempre acta para impedir que esa situacin cambie. Por tanto, es imprescindible que el antimperialismo forme parte inalienable de todas las polticas del campo popular y de todos los procesos sociales de cambio.

Como era de esperar, el capitalismo pas a una ofensiva general para sacarle todo el provecho posible a aquellos eventos y procesos, y establecer el predominio planetario e incontrastado de su rgimen y su cultura. El objetivo era, ms all de las represiones y las polticas antisubversivas, consolidar una nueva hegemona que desmontara las enormes conquistas del siglo XX, manipulara las disidencias y protestas inevitables, y las identidades, impusiera el olvido de la historia de resistencias y rebeldas, y lograra generalizar el consumo de sus productos culturales y el consenso con su sistema de dominacin.

Esa ofensiva no termin, sino que se consolid como una actividad sistematica, que sigue sindolo hasta hoy. Es dentro de ese marco general que en cierto nmero de pases de Amrica Latina y el Caribe, que es la regin del mundo con mayor potencial de contradicciones que pueden convertirse en acciones contra el sistema, movimientos populares combativos y victorias electorales produjeron cambios muy importantes de la situacin general, a favor de sectores muy amplios de la poblacin y de la capacidad de actuacin independiente de una parte de los Estados.

La institucionalidad y las reglas polticas del juego cvico no fueron violadas para acceder y mantenerse en el gobierno, pero dentro de ese orden se han logrado reales avances, que sintetizo en seis aspectos: polticas sociales que benefician a amplios sectores necesitados; ejercicios de la ciudadana mucho ms amplios y mejores; cambios muy positivos en la institucionalidad en algunos de esos pases; un rango apreciable de autonoma en el accionar internacional; ms relaciones bilaterales latinoamericanas; y adelantos en las relaciones y coordinaciones de los pases de la regin, bajo la advocacin de la necesidad de una integracin continental.

No me detengo en esas nuevas realidades, que han alentado muchas motivaciones y esperanzas de avanzar hacia cambios ms profundos, y han recuperado la nocin del socialismo como el horizonte a conquistar, pocos aos despus de aquel colapso europeo que el capitalismo pretendi que fuera definitivo a escala mundial. Pero si quiero enfatizar dos cuestiones que el militante social y poltico debe analizar, conocer y manejar en sus prcticas. Primera, cada pas tiene caractersticas, dificultades, acumulaciones histricas y condicionamientos que son especficos de l y resultan decisivos, al mismo tiempo que existen rasgos y necesidades comunes a la regin que pueden ser fuente de aumento de la fuerza y el potencial de cada pas, si somos capaces de desarrollar la cooperacin y el internacionalismo. Segunda, los poderes establecidos en estos pases confrontan enormes limitaciones, porque tienen muy poco control de la actividad econmica, y padecen la hostilidad de una parte de los propios poderes del Estado y de los medios de comunicacin.

Al hacer un balance de 2016, podemos constatar lo especfico de cada pas. La gran victoria electoral legislativa de la reaccin venezolana no consigui deponer a Maduro, y ahora se encuentra sin fuerza, unidad ni lderes suficientes para intentarlo. Pero en Brasil una pandilla de delincuentes logr todo lo que quiso, sin que haya fuerzas populares organizadas para resistir con alguna eficacia. Los procesos de Bolivia y Ecuador se mantienen fuertes y estables ante sus situaciones especficas, y en Nicaragua el FSLN acaba de ganar otra vez las elecciones muy holgadamente. En Mxico no es probable un triunfo de partidos opositores en 2 018, aunque el prestigio del equipo gobernante est muy deteriorado y existen manifestaciones de protesta y resistencia no articuladas.

Estas especificidades, y muchos otras de tamao y sentido diferentes, podran irse enumerando, pero seguira en pie un problema de gran envergadura: Estados Unidos contina su ofensiva general dirigida a recuperar todo el control neocolonial sobre Amrica Latina incluida una ofensiva de paz contra Cuba  , y el bloque que forma con los sectores reaccionarios y entreguistas de cada pas contina tratando de cancelar o ir debilitando los procesos de los ltimos quince aos de la regin.

Ser suficiente el voto, la voluntad popular expresada en las urnas, al menos para defender con xito las polticas sociales, los funcionarios electos y la legalidad existente, y que ellos no sean burlados, quebrantados o eliminados por la reaccin? Podrn seguir existiendo los procesos basados en una institucionalidad sin cambios en el suelo social y poltico para lograr transformaciones que beneficien a la poblacin y abran paso a sociedades ms justas y mejor gobernadas? O, en unos casos, esa va solo franquear una forma intermedia de reconstitucin a mediano plazo del poder del capitalismo en la regin, en apariencia ms avanzada que las formas previas, pero que en realidad habra sido solamente su puesta al da, sin afectar a lo esencial del sistema de dominacin? Mientras que en otros pases del continente se ha permanecido bajo el control del sistema y de camarillas que detentan o administran el poder.

Nada est decidido, ni nuestros enemigos ni nosotros tenemos la victoria al alcance de la mano. Pero albergo la certeza de que las batallas ideolgicas y polticas sern las que determinarn la decisin en el enfrentamiento general. Destaco tres direcciones principales para el trabajo de anlisis: a) buscar con rigor y sin omisiones todos los datos y todas las percepciones y formulaciones ideolgicas que tengan alguna importancia porque tanto unos como las otras constituyen las realidades que existen  , analizarlas por partes e integralmente, encontrar y formular lo esencial y describir al menos lo secundario; b) examinar y valorar los condicionamientos que sean relevantes para nuestra actuacin, institucionales, econmicos, ideolgicos, polticos o de otro tipo; c) analizar y conocer las identidades, motivaciones, demandas, capacidad movilizativa y grado de organizacin con que contamos, y lo que est a favor de nuestros adversarios en esos mismos campos, es decir, la correlacin de fuerzas. E insisto en que son las actuaciones de los seres humanos la materia principal de los eventos que maana sern histricos.

La reaccin no est proponiendo ideas, est produciendo acciones. No maneja fundamentaciones acerca de la centralidad que debe tener el mercado, la reduccin de las funciones del Estado, la apologa de la empresa privada y la conveniencia de subordinarse a Estados Unidos. No es a travs del debate de ideas que pretende fortalecer y generalizar su dominio ideolgico y cultural. El anticomunismo y la defensa de los viejos valores tradicionales ya no son sus caballos de batalla, ni los viejos organismos polticos son sus instrumentos principales.

Desde hace veinte aos vengo planteando que el esfuerzo principal del capitalismo actual est puesto en la guerra cultural por el dominio de la vida cotidiana, lograr que todos acepten que la nica cultura posible en esa vida cotidiana es la del capitalismo, y que el sistema controle una vida cvica despojada de trascendencia y organicidad. Lamento decir que todava no hemos logrado derrotar esa guerra cultural.

Obvio aqu la mayor parte de lo que he expuesto acerca de sus rasgos, los factores a su favor y en contra suya, y sus condicionamientos, y comento solo lo ms cercano a nuestro tema. El consumo amplio y sofisticado, que est presente en todas las reas urbanas del mundo, pero al alcance solamente de minoras, es complementado por un complejo espiritual democratizado que es consumido por amplsimos sectores de poblacin. Se tiende as a unificar en su identidad a un nmero de personas muy superior al de las que consumen materialmente, y lograr que acepten la hegemona capitalista. La mayora de los incorporados al modo de vida mercantil capitalista son ms virtuales que reales. Pero, formarn ellos parte de la base social del bloque de la contrarrevolucin preventiva actual? El capitalismo alcanzara ese objetivo si consigue que la lnea divisoria principal en las sociedades se tienda entre los incorporados y los excluidos. Los primeros  los reales y los potenciales, los dueos y los servidores, los vividores y los ilusos  se alejaran de los segundos y los despreciaran, y haran causa comn contra ellos cada vez que fuera necesario.

La reproduccin cultural universal de su dominio le es bsica al capitalismo para suplir los grados crecientes y contradictorios  en que se ha desentendido de la reproduccin de la vida de miles de millones de personas a escala mundial, y se apodera de los recursos naturales y los valores creados, a esa misma escala. Para ganar su guerra cultural, le es preciso eliminar la rebelda y prevenir las rebeliones, homogeneizar los sentimientos y las ideas, igualar los sueos. Si las mayoras del mundo, oprimidas, explotadas o supeditadas a su dominacin, no elaboran su alternativa diferente y opuesta a l, llegaremos a un consenso suicida, porque el capitalismo no dispone de un lugar futuro para nosotros.

Les he aclarado a compaeros que aprecio mucho que el capitalismo no intenta imponer un pensamiento nico, como ellos afirman, sino inducir que no haya ningn pensamiento. Est en marcha un colosal proceso de desarmar los instrumentos de pensar y la costumbre humana de hacerlo, de ir erradicando las inferencias mediatas, hasta alcanzar una especie de idiotizacin de masas. La situacin est exigiendo revisar y analizar con profundidad y con espritu autocrtico todos los aspectos relevantes de los procesos en curso, todas las polticas y todas las opciones. Esa actitud y las actuaciones consecuentes con ella son factibles, porque el campo popular latinoamericano posee ideales, convicciones, fuerzas reales organizadas y una cultura acumulada. Una enseanza est muy clara: distribuir mejor la renta, aumentar la calidad de la vida de las mayoras, repartir servicios y prestaciones a los inermes es indispensable, pero no es suficiente. Alcanzar victorias electorales populares dentro del sistema capitalista, administrar mejor que sus pandillas de gobernantes, e incluso gobernar a favor del pueblo a contracorriente de su orden explotador y despiadado, es un gran avance, pero es insuficiente. Vuelve a demostrar su acierto una proposicin fundamental de Carlos Marx: la centralidad de una nueva poltica en la actividad del movimiento de los oprimidos, para lograr vencer y para consolidar la victoria.

Estamos abocndonos a una nueva etapa de acontecimientos que pueden ser decisivos, de grandes retos y enfrentamientos, y de posibilidades de cambios sociales radicales. Es decir, una etapa en la que predominarn la praxis y el movimiento histrico, en la que los actores podran imponerse a las circunstancias y modificarlas a fondo, una etapa en la que habr victorias o derrotas.

Comprender las deficiencias de cada proceso es realmente importante. Pero ms an lo es actuar. Concientizar, organizar, movilizar, utilizar las fuerzas con que se cuenta, son las palabras de orden. No se pueden aceptar expresiones de aceptacin resignada o de protesta timorata: hay que revisar las vas y los medios utilizados y su alcance, sus lmites y sus condicionamientos. Y hacer todo lo que sea preciso para que no sea derrotado el campo popular. La eficiencia para garantizar los derechos del pueblo y defender y guiar su camino de liberaciones debe ser la nica legitimidad que se les exija a las vas y a los instrumentos. Las instituciones y las actuaciones tendrn su razn de ser en servir a las necesidades y los intereses supremos de los pueblos, a la obligacin de defender lo logrado y la confianza y la esperanza de tantos millones de personas. Esa debe ser la brjula de los pueblos y de sus activistas, representantes y conductores.

En la poca que comienza se est levantando una concurrencia de fuerzas muy diferentes e incluso divergentes, a quienes unirn necesidades, enemigos comunes y factores estratgicos que van ms all de sus identidades, sus demandas y sus proyectos. Y solamente tendr probabilidades de triunfar una praxis intencionada, organizada, capaz de manejar los datos fundamentales, las valoraciones, las opciones, la pluralidad de situaciones, posiciones y objetivos, las condicionantes y las polticas que estn en juego.

La radicalizacin de los procesos deber ser la tendencia imprescindible para su propia sobrevivencia. Seran suicidas los retrocesos y las concesiones desarmantes frente a un enemigo que sabe ser implacable, pero lo principal es que  dado el nivel que han alcanzado la cultura poltica de los pueblos y las esperanzas de libertad, justicia social y bienestar para todos  los movimientos, los poderes y los lderes prestigiosos y audaces solo podrn multiplicar las fuerzas populares y tener opcin de vencer si ponen la liberacin efectiva de los yugos del capitalismo en la balanza de sus convocatorias a luchar.

La poltica revolucionaria no puede conformarse con ser alternativa. La naturaleza del sistema lo ha situado en un callejn sin salida en general, pero su poder y sus recursos actuales le permiten un amplio arco de respuestas contra los procesos en curso, y tambin puede dejarle un nicho de tolerancia a algunas alternativas mientras combina la induccin y la espera hasta que se desgasten. En la medida en que vayamos obteniendo triunfos y cambios de nosotros mismos, convertiremos las alternativas en procesos de emancipacin humana y social.

Mientras exista la opresin, la explotacin y la dominacin capitalista, no habr soluciones ni regmenes polticos y sociales satisfactorios para las mayoras, ni sern duraderos. La liberacin de los seres humanos y las sociedades es lo que abrir las puertas a la creacin de un mundo nuevo. Parece demasiada ambicin? S, naturalmente. Pero es lo nico factible.

Fuente: https://medium.com/la-tiza/claves-del-anticapitalismo-y-el-antimperialismo-hoy-las-visiones-de-fidel-en-los-nuevos-escenarios-ee3c180af05#.rrjn12a6p



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