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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2017

Construir otra geometra del poder

Isabel Rauber
Socialismo 21

Captulo del prximo libro de Isabel Rauber: Una asignatura pendiente de los gobiernos populares latinoamericanos


Desmontar el neoliberalismo requiere modificar de raz la interrelacin Gobierno-Estado-Pueblo

Las contradicciones, crisis, amenazas y situaciones crecientes de reversibilidad de los procesos democrticos populares en Latinoamrica colocan nuevamente en el centro de las reflexiones una interrogante histrica: Es posible transformar-superar la sociedad capitalista desde adentro, o es necesaria una ruptura drstica mediante la toma del poder?

La pregunta ‑como las respuestas-, condensa un largo debate presente en el pensamiento y la accin socio-transformadoras desde antes de los tiempos de Marx hasta la actualidad. Pero cualquiera sea el posicionamiento poltico, las respuestas no pueden obviar reconceptualizar lo que significa hoy capitalismo, socialismo, revolucin social, toma del poder, cul poder?, construccin de poder desde abajo, democracia, hegemona, lucha de clases, entre otros.

En dependencia de las respuestas, el mundo poltico de la izquierda del siglo XX se divida grosso modo‑, entre reformistas (cambios graduales) y revolucionarios (toma del poder). Eran centralmente diferencias poltico-ideolgicas que, invisibilizadas tras una supuesta cuestin de mtodos, planteaban en sntesis‑ dos concepciones estratgicas:

-Hacer reformas para mejorar el capitalismo (desarrollarlo, para lograr que maduren las premisas sealadas por Marx)[1], y luego pasar al socialismo (reformistas).

-Hacer la revolucin con un acto de ruptura ‑toma del poder‑, para luego implementar los cambios propios de la transicin al socialismo dirigiendo la administracin del Estado (leninismo: estatizacin como medio de control total del metabolismo social).

Ambas concepciones coincidan en un punto: tanto las reformas sociales como la revolucin se produciran desde la superestructura poltico-institucional (arriba).

Marcando un punto de inflexin respecto de tal posicionamiento poltico-cultural, los sujetos populares que protagonizaron y protagonizan las resistencias y luchas sociales enfrentando los embates neoliberales a fines del siglo XX e inicios del siglo XXI, fueron construyendo otras respuestas a las anteriores interrogantes acerca de la transformacin del poder del capital y del cambio social, incorporaron tambin otras preguntas y, de conjunto, germinaron una concepcin integral del poder, recuperando en gran medida la mirada marxiano-gramsciana: social, econmica, poltica y cultural.

La vieja disyuntiva reforma o revolucin ‑aunque est presente transversalmente en todas las propuestas y acciones polticas de los procesos populares en el continente‑, hoy resulta insuficiente para analizarlos y aportar a los temas puestos en debate: Sujetos, poder, independencia, desarrollo, conduccin poltica

Resignificando el concepto marxiano de revolucin social, los movimientos sociales develan otras dimensiones, aristas e intersecciones de los procesos de transformacin de la sociedad capitalista encaminados a su superacin civilizatoria: en vez de apostar a la desgastada y derrotada concepcin de una revolucin superestructural, partidista y jerrquica (desde arriba, propia del siglo XX), apuestan a la creacin y construccin del poder popular, participativo, comunitario, a partir de su protagonismo, reconocindose sujetos sociopolticos del campo popular.

As, desde sus prcticas concretas, en procesos como los de Bolivia y Venezuela ha venido germinando un nuevo poder popular desde abajo, comunitario y comunal que, en tanto tal, es a la vez‑ un proceso de empoderamiento (conciencia, organizacin, gestin) de sus protagonistas. Lo mismo ocurre tambin en las luchas y construcciones de movimientos sociales en Brasil, en Uruguay, en Mxico, en El Salvador

La perspectiva revolucionaria de los procesos polticos populares en curso y est ntimamente ligada a la accin de los pueblos y a la posibilidad de reflexionar crticamente acerca de sus experiencias, recuperando sus luchas y empeos en crear y construir poder popular. Se trata de un poder diferente a todo lo existente-heredado, que es a la vez: destituyente del viejo Estado (Gramsci), y constituyente e instituyente de un nuevo Estado en marcha hacia una nueva civilizacin. En caso contrario, por mucho que se pregone la revolucin, esta quedar aprisionada y anulada por las tenazas de la legalidad e institucionalidad del poder constituido‑heredado, por sus normas (el saber hacer) y por hbitos (el dejar hacer).

Reformas hay y habr en cualquier posicionamiento estratgico, pero cmo se definen?: mediante la participacin protagnica de los pueblos o dictadas desde arriba y anunciadas luego como logros de benefactores revolucionarios (ddivas asistencialistas)? Al ganar las elecciones y llegar al gobierno de un pas, las fuerzas progresistas o de izquierda se hallan ante la tarea de recuperar el Estado, sacarlo de la esfera neoliberal; la interrogante es: Se busca que el Estado est al servicio del pueblo o convertirlo en una herramienta del pueblo para transformar la sociedad y transformarse a s mismo en ese proceso, en sujeto protagonista de su historia?

La respuesta a esta interrogante es medular. Define las tareas, los actores sociopolticos y los horizontes en disputa de los gobiernos populares, las posibilidades de profundizacin de sus tendencias revolucionarias, o su anulacin reformista socialdemcrata que ‑atenuada tras una retrica de cambios‑, hace que gobernantes y funcionarios pblicos se limiten a cumplir las normas propias de la gobernabilidad establecida por el poder hegemnico del capital, allanando el camino hacia la restauracin.

En virtud de ello, lo que constituye el parteaguas real de la respuesta a la pregunta reforma o revolucin es: Si las decisiones se toman desde arriba (superestructuralmente) por un grupo iluminado de vanguardia (lite), o si se toman colectivamente convocando a la participacin e iniciativa populares, informando, formando y promoviendo la autoorganizacin y el empoderamiento de los pueblos, estimulando procesos formativos-educativos, potenciando su voluntad de crear, construir y constituir(se) en un nuevo poder, el poder comunal, comunitario, popular, construido desde abajo.[2]

En los procesos de cambio social abiertos por los gobiernos populares, progresistas o revolucionarios esta cualidad ha estado presente, pero no siempre con la centralidad poltica que estos requieren para ser irreversibles. Este desplazamiento o secundarizacin del eje poltico del protagonismo popular se torn debilidad poltico-social y se expres, por ejemplo, en el revs que obtuvo la propuesta popular-gubernamental en las elecciones, en Argentina; en la movida reaccionaria contra Dilma, en Brasil; en los resultados del referendo, en Bolivia; en la desestabilizacin desatada virulentamente en Venezuela ‑para solo nombrar algunos ejemplos.

Voceros del poder rpidamente trataron de calificar y clasificar tales acontecimientos como propios de un fin de ciclo progresista en el continente; afirmando con ello la idea de que no es posible construir procesos polticos populares irreversibles, ni hacer sostenibles sus proyectos de justicia social, equidad, derechos para todos y poner fin a la exclusin: fin del hambre, del analfabetismo, de las enfermedades curables

Simultneamente, los voceros del poder histrico de las oligarquas introdujeron el concepto de alternancia como una cualidad sine qua non de las democracias. Es decir, si no hay cambio de gobierno, no hay democracia. Enfilaron directamente sus caoneras para revertir las conquistas y logros obtenidos con los gobiernos populares, siendo, un objetivo central, para ello, poner fin a tales gobiernos: impulsando proyectos desestabilizadores, guerra econmica, poltica, cultural y meditica; destruyendo a los principales referentes polticos, por vas de su desacreditacin, esgrimiendo impedimentos jurdicos a reelecciones, o combinadamente‑, levantando acusaciones de delitos que viabilicen la realizacin de golpes suaves, parlamentarios o constitucionales, sin descartar la eliminacin fsica si fuera necesario‑, de quienes consideran ‑no su adversario, como dicen, sino‑ su enemigo.

Es vital entonces, hacer una alto en el camino, aprender de lo realizado y compartir en apretada sntesis‑, algunas reflexiones a modo de enseanzas de este tiempo de atrevimiento colectivo de los pueblos, capaces de desafiar al poder hegemnico del capital para crear y construir sus destinos.

Me referir aqu a un grupo de pasos diferenciados de este proceso, pero ello solo responde a los rigores de la exposicin analtica, pues en la vida social no existen pasos lineales secuencialmente organizados. La conquista de un paso posibilita otro a la vez que lo define, condiciona y habilita, y viceversa interdefinindose todos en la movediza realidad social, en tanto todo proceso creativo de lo nuevo es parte de otros de adecuacin-transformacin de lo existente. Una suerte de todo mezclado contradictorio con el que hay que aprender a convivir, construyendo en cada momento la direccin poltica colectiva en sintona con las dinmicas de los procesos sociales y la direccionalidad del horizonte civilizatorio buscado.

De la recuperacin del Estado a las democracias populares

Entre tantas situaciones, problemticas y propuestas a procesar en tiempos de la arremetida revanchista restauradora, se abren paso aquellos planteamientos y prcticas polticas que centran las fortalezas de los procesos de cambios y su irreversibilidad, es decir, la continuidad de gobiernos populares revolucionarios, en la participacin popular: en el gobierno, el Estado, la economa y las dimensiones poltico-culturales de los procesos.

Es la participacin de los pueblos la que impulsa procesos de creacin colectiva de lo nuevo y, a la vez, sienta las bases para la superacin de lo establecido (Estado neoliberal, democracia burguesa). Sobre esa base, se van abriendo compuertas institucionales poltico-sociales que van transformando la caracterstica posneoliberal inicial de los gobiernos populares hacia gobiernos de democracias populares (revolucionarias). Vale desgranar a continuacin‑, aspectos claves de esas tareas, sus tiempos poltico-sociales y sus actores.

►Desmontar el modelo neoliberal y recuperar el Estado como agente de accin social

Marcados por la necesidad de superar la herencia neoliberal, una tarea comn e ineludible‑ de los gobiernos populares, progresistas o revolucionarios ha sido, inicialmente, la de desmontar el andamiaje neoliberal, y buscar vas para recuperar-recomponer el Estado en virtud de ponerlo en funcin de polticas pblicas que se hagan cargo de los derechos sociales del pueblo, en toda la diversidad en que ellos existan o se presenten. En tal sentido, en el perodo posneoliberal, la tendencia predominante de estos gobiernos ha sido: reconstruir al Estado como actor sociopoltico central, administrado por la fuerza poltica gobernante y sus funcionarios de cabecera. Esto puede reconocerse como un punto de partida ineludible, pero es suficiente?, es el horizonte del cambio?

En tanto el Estado-nacin es ‑en el sentido gramnsciano del concepto‑, un sistema social integral, la recuperacin de la centralidad del Estado como agente impulsor de polticas pblicas populares se anud con una suerte de neodesarrollismo keynesiano de izquierda que concentr el eje de los cambios sociales en el accionar econmicosocial del Estado y el gobierno. De ah que, en ese tiempo, en la mayora de estos procesos, la apuesta productiva predominante no estuviera encaminada a estimular la creacin y desarrollo de alternativas econmicas superadoras del modelo propuesto por el orden global del capital, que conmin a nuestras economas a ser proveedoras de materias primas, apostando por diversas modalidades de extractivismo y rentismo.

Cabe pensar que, tal vez, el taresmo contingente que emergi de las coyunturas de crisis del neoliberalismo, nubl la visin de la importancia de impulsar simultneamente con la bsqueda de soluciones a problemas urgentes‑, procesos de creacin y construccin de caminos de transformacin productiva que sentaran bases para un nuevo modo de produccin y reproduccin en el continente, sustrato de un horizonte comn sostenible de integracin, diferente al del capital.

Esto qued de hecho‑ fuera de agenda. Y tambin el protagonismo popular (de movimientos indgenas, movimientos sociales, de mujeres). Ambos factores pasaron a una dimensin secundaria, consideradas de poco peso ante las cuestiones urgentes de Estado. En algunos casos se trat de buscar el apoyo poltico de los movimientos populares otorgando a algunos de sus referentes determinados cargos pblicos en aras de sumarlos a las tareas del momento, pero ‑en lo fundamental‑ el protagonismo popular fue desplazado y suplantarlo por el funcionariado, considerando de hecho‑, que si el Estado es administrado por militantes revolucionarios, es automticamente‑ revolucionario.

Confundidos tal vez por el hecho de asumir cargos y responsabilidades hasta ahora vedados para el campo popular, algunos sectores de la izquierda gobernante olvidaron o subestimaron el origen clasista del Estado y sus tentculos de subordinacin y sujecin por diversas vas‑, de los ciudadanos al mbito de la hegemona del capital y su estatus quo.

Al dejar de poner esto en el centro de los debates y el quehacer poltico cotidiano, fomentaron un posicionamiento acrtico de los pueblos y sus organizaciones sociales respecto de los procesos gubernamentales en los que participaban. Esto evidencia que se pueden ganar elecciones, administrar el Estado y tener un gran discurso revolucionario, pero sostener ‑en la prctica‑, un programa reformista, socialdemcrata, que contribuye quirase o no‑, a la restauracin del viejo poder.

Qu significa en este sentido, ser socialdemcrata?: Que se renuncia al cuestionamiento raizal del poder; que se plantea en los hechos‑ ser la izquierda del capital y, en tanto tal, solo se proponen reformas de coloretes buscando instalar un ilusorio capitalismo bueno, populista, de bienestar

Esta situacin no podra calificarse, en principio, como positiva ni negativa porque:

  1. A) Podra encaminarse a la consolidacin de una opcin reformista, con la esperanza de recuperar un capitalismo de bienestar, sin poner en cuestin el contenido y el papel de clase del Estado, ni las bases jurdicas que configuran su institucionalidad.
  2. B) Podra convertirse en una puerta de acceso a procesos de cambios sociales profundos, reconvirtiendo al aparto estatal a partir de anclarlo en la participacin popular‑, en un instrumento poltico-institucional para apoyar (y promover) procesos de cambios revolucionarios protagonizados por movimientos y organizaciones sociales, apostando a transformar las bases, el carcter, los contenidos y el papel social de dicha institucin e institucionalidad (proyectos de entrada)[3].

No cabe pretender que cada paso est previamente definido y clarificado. Pero tener un horizonte clarificado es una referencia importante porque, hacia dnde se encaminan los gobiernos populares luego del empeo de los primeros aos de su agenda posneoliberal? Tienen los pueblos posibilidades reales de construir una alternativa sostenible de justicia y derechos sociales hacia la equidad, o son solo un oasis, un parntesis, en la historia de la dominacin global del capital?

►Abrir las compuertas del Estado a la participacin popular

Recuperar el papel social del Estado es apenas un primer paso en el inmenso ocano de las transformaciones sociales. La ms dura y contundente prueba de ello ha sido el socialismo del siglo XX. Mayor estatizacin que aquella resulta difcil de imaginar, sin embargo, no logr resolver temas medulares como: participacin y empoderamiento popular, desalienacin, liberacin, plenitud humana

Es lcito pensar entonces que fue precisamente por centrar los ejes del cambio social en el quehacer del Estado y su aparato burocrtico de funcionarios, por concebir al Estado como un actor social central y no como una herramienta poltico-institucional en manos del pueblo, que aquel proyecto socialista derrap de sus objetivos estratgicos iniciales y un grupo de burcratas, suplantando el protagonismo popular, termin anulando al sujeto revolucionario. Y as el horizonte revolucionario termin desdibujado, aprisionado por la lgica del poder al que a la postre‑ tributa.

Lo que define y diferencia a una propuesta reformista restauradora de una perspectiva raizalmente democratizadora, revolucionaria, lo que posibilita tornar irreversibles los procesos de cambio, radica en la participacin popular: Abrir el Estado a la participacin de los movimientos sociales populares en la toma de decisiones, en la realizacin y la fiscalizacin de las polticas pblicas y de todo el proceso de gestin de lo pblico, abriendo cauces a la pluralidad que demande y defina la diversidad de sectores y actores sociales populares participantes.

Abrir las compuertas del Estado, las polticas pblicas y la gestin de lo pblico a la participacin de los movimientos populares, indgenas, sindicales, campesinos es tambin, habilitar una dimensin de articulacin colectiva que posibilita a esos actores asumirse como protagonistas con derecho ‑y obligacin‑ de participar en la toma de decisiones polticas que marcan el rumbo, el ritmo y la intensidad de los procesos poltico-sociales de cambio. En este sentido, hay yuxtaposicin de tareas y procesos.

Es as que, simultneamente con las tareas propias del desmontaje neoliberal propio del tiempo posneoliberal, pueden habilitarse canales, formatos e instancias que posibiliten a los pueblos ser parte del quehacer de recuperacin social del Estado o del Estado herramienta social. Esto, siempre y cuando no se conciba a la recuperacin como una vuelta atrs, algo as como recuperar un terreno (y un tiempo) que se ha perdido. Se trata de una recuperacin-ocupacin para disputar un territorio creado y ocupado histricamente por el mercado, en aras de arrancarlo de su hegemona y transformarlo mediante la participacin de los pueblos en la toma de decisiones del quehacer estatal.

Instalar e impulsar este protagonismo, raizalmente democratizador, constituye o debera constituir‑ una de las tareas distintivas de los gobiernos populares o progresistas desde sus primeros pasos. Y marca o marcara‑, desde el vamos, la instalacin de un camino de superacin del tiempo posneoliberal hacia la construccin de democracias populares, cuya cualidad central es la participacin protagnica de los pueblos. A ella se articula el control popular y la transparencia en la gestin de lo pblico.

La participacin tiene interpretaciones diversas, pero aqu se refiere a participar en la toma de decisiones. Y ello reclama organizacin de la sociedad, acceso a la informacin, debates, conclusiones y construir procesos para la toma de decisiones colectivas. Implica una relacin biunvoca, no solo recibir informacin y responder Si o No.

No es una encuesta, aunque ciertamente las encuestas son tambin parte de las consultas a la ciudadana que constituyen formas de participacin. Modalidades y mtodos hay muchos; lo que se busca definir ac es que se trata de una participacin poltica popular en la toma de decisiones; un paso hacia el cogobierno y un factor esencialmente democratizador del poder.

Control popular y transparencia

Igualmente democratizador resultan el control popular y la transparencia en la gestin de lo pblico; ambos muy interconectados. La transparencia es fundamental para decidir qu, cmo y quines. Es la base para el control popular y la participacin. Garantiza que la participacin en la toma de decisiones siga el curso acordado o se modifique si varan algunos factores intervinientes en el proceso‑; que la ciudadana, particularmente la de los sectores populares, cuente con toda la informacin necesaria antes y durante todo el proceso; que tenga participacin tambin en el proceso de ejecucin de las decisiones.

La transparencia se da, en tales casos de hecho, como fundamento y alimento informativo en todo el proceso; sin ella es imposible decidir, ejercer instancias de control, ser parte de la ejecucin. Pero adems de esto, que podra considerase dentro de lo tcnico, sobresale su alta incidencia poltica. No solo es democratizadora, sino que abre caminos hacia el empoderamiento popular respecto de lo pblico y las polticas pblicas, desarmando las intrigas palaciegas y mediticas acerca de hechos de corrupcin adems de impedirla‑, de prebendas, clientelismo, etc.

No hay posibilidad de engao cuando se tiene la informacin para decidir y se decide a conciencia; no hay posibilidad de que las campaas difamatorias de gobernantes tengan xito cuando es el pueblo el que decide y gobierna conjuntamente con sus gobernantes elegidos. Pueden hacerse obviamente las campaas, desatarse intrigas e intentos desestabilizadores. Est claro que cada solucin destapa nuevas contradicciones y abre nuevos camino para buscar defectos y huecos negros a la legitimidad popular. Pero estos se irn minimizando a partir de la propia participacin popular, en un camino de empoderamiento-aprendizaje crtico respecto del poder y de construccin de la hegemona popular.

La lucha poltico-ideolgico-meditica, la batalla de ideas, tienen en la transparencia, la participacin y el control populares un anclaje social popular clave. Las ideas, en este caso, no son algo etreo flotante, sino certezas que emanan de las prcticas. De conjunto fortalecen la conciencia popular colectiva y construyen una coraza frente al ataque constante de los adversarios de la democracia y, particularmente, de las democracias populares con rumbos revolucionarios.

Se trata de una modalidad democrtica transicional

Las democracias populares constituyen una base sociopoltica indispensable para promover el empoderamiento popular. Y son tambin parte de un proceso de aprendizaje colectivo, en primer lugar, encaminado a desaprender lo viejo, a superar las barreras excluyentes propias del elitismo de clase de la democracia burguesa, conviviendo con la creacin de nuevas modalidades de participacin, de gestin y control populares, aprendiendo lo nuevo en la misma medida que se va creando y construyendo el nuevo poder popular, la nueva democracia, el nuevo mundo Ello no se producir de golpe. Se requiere de procesos jurdicos que la habiliten y de procesos poltico-educativos de los funcionarios pblicos, de los movimientos sociales, de los partidos polticos de izquierda y de la ciudadana popular en general.

En ese proceso los sujetos van cuestionando-reconceptualizando las polticas pblicas, la gestin de lo pblico y el quehacer de los funcionarios, en funcin de sus realidades, identidades y modos de vida, sus cosmovisiones, sabiduras y conocimientos, y articulado a ello‑, van redefiniendo el alcance de lo estatal y lo propio de la ciudadana, particularmente de las ciudadanas populares.

En las experiencias concretas de construccin de poder comunal o comunitario, como las que se desarrollan en Venezuela y Bolivia, se observa lo contradictorio de los procesos vivos de cambios Emergen en ellos soluciones y contradicciones nuevas, entre lo que el pueblo crea y aprende transformado su viejo saber hacer, y sus viejos fantasmas culturales; entre nuevas modalidades de representacin del pueblo organizado en sus territorios y algunos funcionarios estatales y /o partidarios que ‑en vez de estimular estos procesos‑, sintindose tal vez amenazados por el protagonismo popular autnomo pujante, tienden a frenarlo, acorralarlo, acotarlo, subordinarlo o asfixiarlo. La disyuntiva es, en este sentido, ocupar o transformar el Estado?

La tarea revolucionaria no la hacen sujetos subordinados, dependientes o prebendarios de las estructuras institucionales tradicionales, ni de los partidos polticos gobernantes y sus lderes. La realizan sujetos autnomos del campo popular: movimientos sociales, movimientos indgenas, partidos de izquierda, organizaciones territoriales, referentes de comunas y comunidades A ellos corresponde crear, construir, sostener y profundizar otro poder, el poder popular.

Esto como parte de un macro proceso integral de transformacin del Estado, entendiendo que el Estado no se reduce al aparato estatal, sino que es parte del sistema social en permanente movimiento e interdefiniciones. Esta interdefinicin alcanza tambin a la rearticulacin de todos los factores concurrentes. En este sentido, el tipo de interaccin‑articulacin marca y define tambin el tipo de ciudadana, el tipo de democracia y sus horizontes.

Limitarse a hacer una buena administracin abona el camino de restauracin de la hegemona del poder

La proyeccin revolucionaria de los gobernantes no puede evaluarse a partir de los cnones tradicionales de calidad de su gestin institucional; es poltica. Se relaciona directamente con sus capacidades para poner los espacios de poder en funcin de la transformacin revolucionaria.

La tarea titnica de los gobernantes revolucionarios no consiste en sustituir al pueblo, ni en sacar de sus cabezas buenas leyes, mucho menos intentar demostrar que son ms inteligentes que todos, que tienen razn y que, por ello, saben gobernar. Impulsar procesos revolucionarios desde los gobiernos pasa por hacer de estos una herramienta poltica revolucionaria: desarrollar la conciencia poltica, abrir la gestin a la participacin de los movimientos indgenas, de los movimientos sociales y sindicales, de los sectores populares, construyendo mecanismos colectivos y estableciendo nuevos roles y responsabilidades para cogobernar el pas.

Se trata de abrir las puertas del gobierno y el Estado a la participacin de las mayoras populares en la toma de decisiones, en la ejecucin de las mismas y en el control de los resultados, para construir colectivamente un nuevo tipo de institucionalidad, de legalidad y legitimidad, conjuntamente con procesos de articulacin y constitucin del pueblo en sujeto poltico. De ah el papel central de las asambleas constituyentes en estos procesos (en cada momento en que sea necesario).

Las asambleas constituyentes son una herramienta indispensable de los pueblos

En este sentido, vale destacar que en los procesos de Venezuela y Bolivia, entre las primeras decisiones polticas gubernamentales, estuvo la convocatoria y realizacin de asambleas constituyentes. Son sntomas que indican voluntad de trasgresin del stablishment y definen el arribo de un tiempo de democracias populares.

Cada momento-dimensin-accin de profundizacin de las transformaciones raizales de un proceso revolucionario genera y generar nuevas articulaciones e interdefiniciones sociales que reclaman y reclamarn nuevas bases constitucionales, nuevas asambleas constituyentes, o el nuevo poder que va siendo creado y construido ir quedando en los mrgenes del poder instituido (funcional al capital).

Sin asambleas constituyentes poco puede modificarse de modo sostenible, pero su sola realizacin resulta insuficiente; necesitan estar articuladas con procesos de cambios raizales en curso, legalizando las creaciones y construcciones populares preexistentes y las nuevas, afianzando lo hecho y orientando el camino hacia un horizonte superador; es decir, abriendo paso a las transformaciones en curso que los pueblos van sedimentando da a da desde abajo, en sus comunas y consejos comunales, con su organizacin autnoma territorial y sus parlamentos; en las fbricas recuperadas; en las empresas con control obrero; en las comunidades indgenas con sus histricas modalidades democrticas (no modernas) de existencia y funcionamiento; etctera.

Es en el proceso de las fuerzas sociales vivas, en movimiento, con todas sus contradicciones, donde toma cuerpo la pulseada con el poder: el histrico concentrado en sus personificaciones e instituciones, y el que sobrevive en las mentalidades colectivas producto de siglos de colonizacin y dependencia cultural.

Salir de ese cerco, proponerse crear y construir modalidades y caminos diferentes en rumbo hacia una nueva civilizacin, es lo que da cuerpo en apretadsima sntesis‑, a procesos de descolonizacin. Esta es parte intrnseca‑ del proceso de cambio revolucionario que aspira a superar, a salir, de las redes de la hegemona milenaria de mercado y el capital (en lo econmico, poltico, cultural, social, identitario), construyendo un modo de vida nuevo, basado en el buen vivir y convivir para la plenitud humana.

De la participacin en las instituciones al empoderamiento popular territorial

El empoderamiento de los pueblos constituye el tercer signo, factor o componente, que indica la existencia de un proceso revolucionario encaminado a fortalecer las democracias populares (segundo signo), a la vez que va sembrando, buscando y abriendo caminos que posibiliten ir mas all de la administracin del viejo Estado o de la participacin del pueblo en las instituciones existentes, creando nuevas institucionalidades y afianzando el nuevo poder popular que va siendo creado y construido desde abajo.[4] En estos procesos los pueblos desarrollan sus capacidades de gestin y administracin de lo propio (autogobernarse).

Aprendiendo de sus prcticas y en sus prcticas van construyendo poder propio y lo van ejerciendo. Es decir, hay una dialctica permanente entre construir, ejercer y apropiarse del poder.[5] Es una va concreta de empoderamiento[6] creciente de los diversos actores sociopolticos reflexin crtica de su realidad mediante‑, respecto del curso y los destinos de sus vidas. Sus lgicas marchas y contramarchas e van conformando una interdialctica constante entre nuevo poder popular construido, el nuevo poder popular ejercido conscientemente (empoderamiento) y el nuevo poder popular en desarrollo. Por ello afirmo que se toma (apropia) lo que se construye. Porque hacer una revolucin no significa tomar el poder que existe, salvo que se pretenda seguir sus reglas.

Dar vuelta la tortilla no es el camino

El poder de lo nuevo que emerge, el poder popular revolucionario, no es el resultado de un acto de toma del poder del capital, que expulsa a los capitalistas de las empresas y a sus representantes en el Estado, para colocar en su lugar a funcionarios revolucionarios. Dar vuelta la tortilla no resuelve los problemas, por el contrario, garantiza la continuidad del dominio de la lgica del capital enmascarada tras nuevas fachadas polticas.

Formar una nueva cultura, crear y construir una nueva civilizacin, anclada en los modos de vida comunitario y comunal autogestionarios, implica no solo luchar contra el capitalismo anterior, contra los rezagos y lastres del pasado, sino tambin dar cuenta de la influencia del capitalismo contemporneo y sus modos de accin mundialmente contaminantes y contagiosos, as como tambin de las enseanzas de las experiencias socialistas del siglo XX.

La construccin de hombres y mujeres nuevos, la construccin de una nueva civilizacin, de un nuevo modo de vida (humanidad-naturaleza), es a la vez que un empeo local‑ parte de un proceso transformador universal, que tiene su centro en la conformacin de un sujeto revolucionario global, expresin de una humanidad que conscientemente‑, quiera vivir de un modo diferente al hasta ahora creado e impuesto por el capital, y se decida a construirlo y sostenerlo.

En las comunidades indgenas originarias o indgenas campesinas de Bolivia, por ejemplo, el empoderamiento comunitario, histrico, se ha desarrollado y consolidado al fragor de las luchas para poner fina a las relaciones excluyentes del poder del capital propio de la modernidad.[7] Estas comunidades tienen identidad, cultura, modo de vida, modalidades productivas, sabidura, saberes, pensamiento, historia, cosmovisin y cosmopercepcin propias, que sobrevivieron a la avalancha de la modernidad llegada con la colonia ‑conquista, crimen, exclusin y colonizacin mediante‑.

Tienen formas, que pueden denominarse democrticas para facilitar la comprensin, pero que en realidad son formas comunitarias de convivencia colectiva, ancladas en la consulta, la toma de decisiones horizontal (en el sentido que se decide en comn), y la sistemtica devolucin a la poblacin por parte de las autoridades de turno. La rotatividad de los cargos, por ejemplo, garantiza la preparacin de la mayora para ejercer funciones de organizacin y conduccin de la comunidad. Tal vez fue por una necesidad de sobrevivencia, pero lo cierto es que la rotacin en los cargos de responsabilidades, que en la sociedad contempornea resulta traumtica, en las comunidades indgenas es parte del proceso natural de la vida.

Aisladas de las dinmicas centrales del poder dominante hegemnico, las formas democrticas comunitarias de organizacin y convivencia, el modo de vida de las comunidades, no representaban una amenaza al poder constituido. Pero, qu ocurre cuando los pueblos de las comunidades se constituyen en gobierno o en parte de un gobierno que los representa, que los reconoce y promueve el reconocimiento poltico, econmico y cultural de la diversidad que estas comunidades representan, que reconoce su justicia comunitaria, los cdigos de convivencia y todo lo que ellas representan como baluarte civilizatorio?

La asamblea constituyente, reconoci 36 nacionalidades indgenas originarias. No tiene caso ahora entrar en que si realmente son 36, si son ms o son menos, lo central es que a partir de entonces Bolivia se reconoce como un Estado Plurinacional.

La plurinacionalidad es, desde los cimientos, un reto al poder uninacional y monocultural implantado a sangre y fuego por la colonia todos los rdenes de la vida social, particularmente, en las subjetividades. Su reconocimiento poltico, jurdico, econmico y cultural implica la apertura de un tiempo en el que se visibiliza la pugna de poderes histricamente invisibilizados por el abigarramiento social, como defini sobresalientemente Zabaleta Mercado. Ese abigarramiento permita disimular capas geolgicas sociales y mostraba engaosamente una Bolivia nica, pero en tiempos de crisis esas capas afloraban y la desigualdad se manifestaba en toda su diversidad, plenitud y contradicciones.

La pulseada con el poder se da en todos los rdenes, en todas las dimensiones

El tiempo de cambios revolucionario es por excelencia‑ un tiempo de debate entre los poderes constituidos del capital y el nuevo poder popular naciente, instituyente. Ahora bien, qu significa esta afirmacin para la accin poltica?

Que las contradicciones pululan. No solo entre los polos sociales histricamente enfrentados (pueblo-oligarqua), sino tambin en el seno de la multiplicidad de sectores y actores sociales que componen la diversidad del pueblo. Esta diversidad, es tambin cultural, identitaria, econmica, de modos de vida y se expresa en las percepciones, el diagnstico, las propuestas, creaciones y construcciones.

Cmo imaginar, por ejemplo, que en la nueva situacin poltica que viven los pueblos de Bolivia, que pone en cuestin (crisis) los valores hasta hace poco considerados universales y reconoce el poder (saberes, normas de convivencia, culturas, identidades), de aquellos /as a los/as que siempre les fue negado, no acarrear roces, disputas y hasta batallas encarnizadas aunque sordas‑ por conservar el predominio y uso exclusivo del poder y el saber ‑de una parte-, y por otra‑, para visibilizar, afianzar y ampliar el poder ancestral ahora amplificado hacia un poder compartido en convivencia con mltiples culturas e identidades, que pretende llegar a ser intercultural?

Se trata de una interculturalidad anudada con procesos de descolonizacin para la construccin de un horizonte comn que contribuya a organizar y traccionar las luchas hacia la convergencia colectiva de un objetivo estratgico compartido (conduccin sociopoltica y cultural de las luchas).

La descolonizacin intercultural articulada con la batalla poltico-cultural devienen en cualidad constituta del ncleo central de los procesos de cambio sociales y creacin del nuevo poder popular. En virtud de ello, Bolivia ha definido a su proceso revolucionario como democrtico intercultural en descolonizacin. En Venezuela, ello es parte de lo que el Presidente Hugo Chvez conceptualiz como socialismo del siglo 21.

La descolonizacin es un enfoque, una perspectiva, un posicionamiento colectivo omnipresente. No se propone como revancha contra los conquistadores europeos, ni contra los blancos aunque, ciertamente, estos sectores son los que mayores beneficios han extrado de los estados monoculturales.

Habr intensidades diferentes en los procesos descolonizadores, de ah que la interculturalidad caracteriza, atraviesa y alimenta el proceso. Pero no basta con enunciarla; ella misma est bajo la gida de la colonizacin del capital y sus modalidades de existencia y por tanto es parte tambin de la descolonizacin.

Alejndose de cualquier intento fundamentalista al respecto, la propuesta de descolonizacin e interculturalidad se enriquece y se retroalimenta en todo momento histrico a partir de las experiencias y proyecciones de los sujetos propios de cada tiempo, interactuando mutuamente para abrir nuevos horizontes a los actores sociales que protagonizan el proceso vivo de cambios raizales.

Del empoderamiento popular a un nuevo tipo de Estado, comunal o comunitario

El poder popular que germina en los territorios, en las comunas, en las comunidades indgenas, campesinas, urbanas, en los sindicatos de nuevo tipo, en las empresas recuperadas es la base de la existencia y posibilidad de constituir otra geometra del poder. Ese poder que, en el caso de las democracias populares, nace de ciertos mbitos de cogobierno, pero ‑poco a poco o a saltos‑, va asumiendo autnomamente responsabilidades de autogobierno en sus territorios, modificando las tradicionales funciones de lo estatal nacional, a la vez que va constituyendo las bases de una nueva institucionalidad anclada en el poder popular. Este sera el signo caracterstico de las democracias revolucionarias.

En arduo trnsito hacia ella se encuentra hoy, por ejemplo, el proceso bolivariano de Venezuela, donde el pueblo ha venido creando y construyendo con el impulso inicial de las ideas y el apoyo institucional y moral del Presidente Hugo Chvez‑, las bases del nuevo poder popular, el poder comunal (rural y urbano).

La construccin de nuevas relaciones de poder, en el caso de las comunas bolivarianas, son las simientes de un nuevo poder popular en proceso estratgico instituyente de un nuevo Estado, el Estado Comunal. Esto replantea las relaciones preexistentes establecidas con el Estado instituido y sus aparatos estaduales, municipales, etc. Se replantean tambin las relaciones con otras personificaciones polticas, ya que el crecimiento del poder popular territorial reclama relaciones de horizontalidad en la toma de decisiones que hacen a su vida en las comunas y consejos comunales y esto genera resistencias en algunos sectores del funcionariado estatal, provincial (estadual), departamental, incluso en las filas del partido gobernante en algunas instancias de su representacin en los mbitos territoriales.

La lucha de poderes en el seno del pueblo entre lo nuevo que germina y crece y remueve a su vez las anquilosadas estructuras de lo viejo que se resiste a ser desplazado, se hace evidente.

Nacen nuevas contradicciones entre poderes y se plantean encarnizadas disputas entro lo viejo y lo nuevo. Esto, lejos de ser una debilidad es un signo de vitalidad revolucionaria de los procesos de cambio y sus sujetos.

Es parte de una batalla poltica, ideolgica y cultural entre poderes en pugna. De ah que, apoyar los procesos de empoderamiento popular que germinan desde abajo est o debera estar‑ entre las tareas polticas de quienes se posicionan como conduccin poltica de los procesos revolucionarios: no sustituir al pueblo organizado, sino convocarlo y escucharlo, apoyar sus iniciativas para construir el presente y el futuro conjuntamente, contribuyendo a consolidar y potenciar el protagonismo y empoderamiento creciente de los pueblos.

No se trata de un camino gradualista

Al abordar este nudo problmico he recorrido varias dimensiones de la relacin Estado-participacin ciudadana-empoderamiento popular. Para ello he seguido un orden lgico expositivo que podra sugerir que se asume una perspectiva lineal-gradualista: primero un paso, luego el otro

Pero no es as; al contrario. Se trata de una secuencia interarticulada y yuxtapuesta de procesos y factores concurrentes que hace que cada uno de ellos sea posible por ‑y en‑ su interaccin con otros.

Se puede distinguir analticamente tal vez un tiempo de inicio, pero en realidad todos los signos que caracterizan uno u otro momento del proceso, se auto-gestan uno en el otro, potencindose entre s. Es as como algunas de sus caractersticas que, en un inicio, parecan secundarias o intrascendentes van adquiriendo predominio ‑entre contradicciones, tiranteces y dudas‑, y van alterado su relevancia, su centralidad aunque sin desaparecer.

Notas:

 

[1] Ver: Rauber Isabel (2012). Revoluciones desde abajo. Gobiernos populares y cambio social en Latinoamrica. Ediciones Continente-Pea Lillo, Buenos Aires; pp. 56-62.

[2] Desde abajo=desde la raz. Reitero el significado de este concepto dada la difundida interpretacin vulgar que lo simplifica e identifica con un indicativo de lugar: lo que est abajo y, consiguientemente, lo contrapone a lo que est arriba. La construccin de poder popular desde abajo expresa una lgica de transformacin raizal protagonizada por los sujetos sociopolticos del campo popular en proceso histrico social de reconstruccin de su poder y no un lugar para hacerlo.

[3] Ver: Isabel Rauber (2006). Sujetos Polticos. Ediciones Desde Abajo, Bogot; pp. 101-106.

[4] Estos signos, entre otros, no constituyen pasos ni etapas; son parte de procesos continuos y yuxtapuestos de empoderamiento popular que se van abriendo cauces en el contradictorio y sinuoso proceso de luchas contra el orden establecido y la creacin-construccin de un nuevo orden social.

[5] Esto fortalece la toma de conciencia acerca de que la capacidad de poder es inherente al ser humano para luchar por su vida, y acerca del poder (propio) construido.

[6] Apropiacin consciente, con sentido de pertenencia.

[7] Las categoras de modernidad, lo moderno, premoderno o posmoderno, tiles en el plano analtico, no suponen la existencia de compartimentos estancos entre actores sociales diversos. Todos interactan y se interrelacionan; llevan siglos conviviendo bajo el dominio del capital y su lgica de mercado y todos, en diferentes intensidades, magnitudes, etc., han sido permeados por su hegemona y su lgica.

Isabel Rauber, filsofa y activista social Argentina

Fuente: http://socialismo21.net/america-latina-construir-otra-geometria-del-poder/



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