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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2017

Acaso tenemos patria?
El regreso a Espaa

Vocesenlucha
Rebelin


Despus de dos aos recorriendo, cmara y pluma en mano, algunas de las tierras de Amrica Latina y el Caribe descubriendo rostros, caminando pueblos y recopilando experiencias para el trabajo de comunicacin social Vocesenlucha [i] , llega el momento de regresar, como Ulises, a nuestra patria. A qu patria?, nos preguntamos. Acaso tenemos patria?

Podemos considerar a Espaa como nuestra patria? Nos podemos identificar realmente con esta construccin de patria? En un pas donde las clases dirigentes han manejado el carro por los rieles que mejor se acomodaban a sus intereses, no podemos dejar de preguntarnos si no sern dichas clases dirigentes las que han creado los smbolos, las referencias y los significados de aquello a lo que hoy llamamos patria. Y nos preguntamos por tanto si identificarse con esta idea de patria no supone validar esa patria construida por y para aquellos que manejan los hilos del poder. Un poder en disputa. Siempre se avanza bajo el manto de la disputa. Disputa entre las lites por el trozo del pastel y disputa entre estas lites opresoras y las clases oprimidas.

El conflicto siempre determina caminos, construye posibilidades, arma el presente y dispara incondicionalmente hacia el futuro. La poltica es conflicto. Y dado que todo lo que determina las condiciones de vida de una sociedad pasa por la poltica, toda construccin social pasa por el conflicto. Todo proceso histrico es conflicto. Quien pretenda evitar el conflicto, necesariamente est desentendindose de la poltica, y necesariamente se sita del lado de los vencedores, aun sin saberlo.

Son muchos los conflictos que en este pas se han dado entre las clases oprimidas y las opresoras. Desde la guerra de los comuneros de Castilla hasta la guerra de guerrillas que libr el pueblo contra la Francia invasora de Napolen en la conocida como Guerra de Independencia Espaola. Y son muchos los pueblos a los cuales este pas, bajo el signo ideolgico de todo un imperio, someti en el pasado y sigue sometiendo en el presente con diferentes mtodos pero el mismo objetivo: la ganancia econmica de unos pocos. Comenzando por la vergenza histrica del sometimiento de los pueblos y las gentes en la invasin a Amrica y finalizando por el expolio sistemtico que de aquellas y otras tierras las empresas multinacionales espaolas siguen realizando. Todo esto tiene muchsimo que ver con la construccin de idea de patria que aqu se ha hecho, as como con aquellos que han construido y siguen alimentando una idea de patria basada en la exclusin y en un sistema que privilegia el capital financiero por encima de las condiciones de vida de los pueblos. Sin olvidar este hecho colonizador hacia otras regiones del mundo, que ha generado heroicas resistencias emancipadoras, hoy, en nuestro regreso, queremos detenernos en los conflictos internos, en el mapa de la historia adentro de nuestras fronteras.

Hay un conflicto en Espaa que ha marcado a fuego la vida de varias generaciones y determina lo que ha ocurrido poltica, y por ende social y culturalmente, las ltimas ocho dcadas, y cuyas luces y sombras llegan hasta el presente. Hablamos de la Guerra Civil espaola. Dos bandos en liza. Variadas posiciones polticas. A un lado, el fascismo encarnado en el bando nacional, los nacionales; parte del ejrcito con Francisco Franco y Bahamontes a la cabeza, burguesa terrateniente e industrial e Iglesia, todos a una para dar un golpe de Estado militar contra el rgimen democrtico y republicano vigente. Al otro lado, los republicanos, con diferentes pticas polticas. Todas ellas, a priori, encaminadas a construir una sociedad ms justa, sin opresores ni oprimidos. La lucha por la sociedad socialista, comunista o anarquista. La izquierda, en todo su abanico, con sus reformistas incluidos, que intent obviar las diferencias, sin conseguirlo siempre, y luchar contra el principal enemigo, el fascismo europeo en su expresin espaolsima. Con todas las particularidades asociadas a tan insigne categora. El fascismo, cuyo ideal se basa en la perpetuacin y profundizacin de la opresin. Una doctrina que ensalza y privilegia razas, condiciones y raleas por encima de la de otros hombres y pueblos del mundo. El fascismo en estado puro, sin las expresiones edulcoradas propias del presente.

El golpe de Estado de Franco de julio de 1936, auspiciado por la oligarqua agraria e industrial, y llevado a cabo por el ejrcito, cont, por poner un ejemplo, con la imprescindible ayuda financiera del banquero Juan March. Su fortuna se multiplic al calor del rgimen y hoy la familia March tiene puestos en consejos de administracin de empresas espaolas como ACS, Prosegur o Acerinox.

Una parte del ejrcito, el gobierno legtimo y gran parte del pueblo no estuvieron de acuerdo con un golpe que tena su espejo ideolgico en Mussolini y Hitler, resistindose a los rebeldes. Esto propici el conflicto armado al que conocemos como Guerra Civil Espaola.

Tres aos de dura contienda que, ms all de filiaciones de parentesco, enfrent a hermanos de un mismo pueblo. Pero no nos olvidemos, estos hermanos defendan ideales de categora no slo diferentes sino en esencia opuestos. Unos defendan el orden vigente y democrtico de la II Repblica espaola. Otros, los rebeldes, queran atentar contra esa democracia para implementar una dictadura militar y fascista. Pero ms all de esto, unos luchaban por los ideales de justicia social, humanidad, igualdad, fraternidad. Otros luchaban por ideales que justifican la exclusin, el racismo, la segregacin, el despojo; la opresin, al fin y al cabo. Unos defendan los intereses del pueblo, y por lo tanto a s mismos. Otros defendan los intereses de unos poquitos, luchando contra los intereses de todo un pueblo. Cmo parte de este pueblo se convierte en defensor de una minora que no lo representa y por ende lucha contra s mismo y los suyos es parte de otro anlisis, aunque por desgracia la historia est plagada de ejemplos similares.

Burguesa agraria, bancaria y empresarial afn al rgimen y altos mandos del ejrcito, la Iglesia y el partido fascista Falange Espaola, fueron los impulsores y a la vez mximos beneficiados del franquismo. Desde ah, se construye un nacionalcatolicismo inspirado en el modelo de Estado de las potencias fascistas. El fascismo nacionalcatlico espaol. Toda una doctrina ideolgica al servicio de las lites de Espaa, que se hicieron definitivamente con el poder. Un poder que convirtieron en desptico, autoritario, dogmtico y por ende represivo, asesino y genocida. Y no nos olvidemos, un poder basado en una ideologa de carcter fascista y nacionalcatlica que finalmente sirvi de base para implantar un tipo de capitalismo aliado y servil a los intereses de la potencia mundial cuya principal preocupacin ideolgica consisti en combatir el comunismo: EEUU. El mismo EEUU que sigui la poltica de no intervencin impulsada por Gran Bretaa y Francia durante la Guerra Civil Espaola.

Muy esclarecedoras son las palabras de Francisco Franco all por 1942: Nuestra Cruzada es la nica lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron ms ricos . Segn cuenta el historiador ngel Vias, Franco comenz la Guerra sin un duro y con el sueldo congelado y la acab con 32 millones de pesetas de la poca (el equivalente a 388 millones de euros actuales). Grandes obras como los famosos pantanos, canales de riego o el Valle de los Cados se hicieron con concesiones a empresas adictas al rgimen que usaban mano de obra esclava de presos polticos republicanos. Muchas de estas empresas hoy cotizan en el IBEX 35.

Otro hecho muy significativo tiene que ver con las ayudas internacionales recibidas por unos y otros. Unos utilizaron mercenarios a sueldo trados de Marruecos bajo las rdenes de Franco. F undamental fue el apoyo material traducido en armas, tropas y aviones del fascismo italiano de Mussolini, el nazismo alemn de Hitler, y el salazarismo portugus. Tratos de los cuales se encarg el citado banquero Juan March, que negoci los apoyos con el fascismo europeo. Italianos y alemanes eran los aviones que bombardearon pueblos enteros como el conocido desastre de Guernica, retratado en el famoso cuadro de Picasso (masacre que en estos das el PP se ha negado a condenar en el Senado). Otros recibieron oleadas de voluntarios internacionalistas de todo el mundo que llegaron a territorio espaol para luchar por ideales humanistas de justicia social en contra de la destruccin del fascismo. Las conocidas Brigadas Internacionales. Un captulo pico y heroico en la historia de la humanidad, donde muchos de estos hermanos perdieron la vida. Los primeros pases a los cuales el gobierno republicano pide ayuda son Francia, Gran Bretaa y EEUU. Ante la negativa de stos, recurrieron desesperados a Mosc. Pero la Unin Sovitica, interesada fundamentalmente en la alianza con Gran Bretaa y Francia, no ayud a la Repblica desde el principio, sino que fue el apoyo de las potencias fascistas -que apoyaron desde el inicio la sublevacin- lo que hizo, casi tres meses despus de comenzado el conflicto, decidirse a prestar ayuda con asesores militares, material de guerra, alimentos o materias primas. Este apoyo fue clave para aumentar la capacidad de resistencia de la Repblica hasta 1939 pero demasiado tibio como para ganar la guerra, habiendo constancia de recortes en el envo de armamento desde noviembre de 1937. Toda la ayuda fue pagada por el Gobierno de la Repblica con buena parte de las reservas de oro del Banco de Espaa, el famoso oro de Mosc.

Una guerra da para mucho. Las brutalidades a veces, en ciertas ocasiones de ambos bandos, por qu no decirlo, son muchas, pero un anlisis detallado hace ver que de diferente rango y condicin. Siempre se achaca a los republicanos las limpias que hicieron de seoritos en muchos pueblos. Ese captulo es cierto, y Hemingway lo retrata magistralmente en su obra Por quin doblan las campanas. No obstante, a diferencia de los asesinatos perpetrados por el bando fascista, estos crmenes no fueron rdenes ni lneas oficiales republicanas, sino venganzas personales o de grupos particulares que se tomaron la justica por su mano en algunos pueblos. Segn afirma Gonzalo vila, de la Plataforma contra la Impunidad del Franquismo [ii] , Existen documentos originales que demuestran que desde el Gobierno de la Repblica se ordena que el comportamiento del ejrcito republicano no sea como el de sus oponentes. En la toma de pueblos, por ejemplo. Incluso se amenaza con castigos ejemplares a los militares que acten de forma brutal contra los prisioneros enemigos o contra la poblacin. Es mucho el odio acumulado cuando los seoritos de este pas han tratado como esclavos a gran parte de la poblacin en pueblos y aldeas. Cuando esa gente humillada tuvo una oportunidad de desquite, hizo lo que hizo. No es justificable, pero no es difcil entender.

No vamos a hablar de los crmenes del bando franquista durante la guerra. Hablemos del comportamiento de aquellos que la ganaron. Exilio, muertes, fusilamientos judiciales y extrajudiciales, desapariciones forzadas, tortura, depuraciones administrativas, persecucin a maestras y maestros, represin lingstica y cultural, falsas amnistas que se convertan en trampas donde los supuestos amnistiados eran fusilados, robo de bebs en crceles femeninas a las presas polticas republicanas mediante una macabra trama que involucra a altos aparatos del Estado. Todo ello hoy sin resolver. Muchos afirman que si el bando republicano hubiera ganado se habra comportado de manera similar y con ese argumento creen liberar la culpa. No podemos estar de acuerdo. De haber ganado los defensores de tan altos ideales, habra sido imposible, siendo fiel a los mismos, establecer un rgimen ni remotamente parecido. Precisamente por eso se luchaba y se lucha, por la posibilidad de construir una sociedad ms justa.

Una vez dejado claro la naturaleza de ambos frentes en disputa, y qu representaban cada uno de ellos, podemos entender que las posturas oficialistas que afirman que ambos bandos fueron iguales, que tenemos que reconciliarnos, que no podemos alimentar odios del pasado, no hacen sino alimentar ya no el odio, sino la impotencia de los perdedores de aquella guerra, y por lo tanto, de los ideales que defendan. Enaltecen por ende la vanidad y los ideales de los ganadores: aquellos que justifican y promueven la opresin, la exclusin y el clasismo. Un error histrico e interesado es habernos credo el cuento de que desde la transicin la historia comienza de cero, sin vencedores ni vencidos. Esta visin no tiene en cuenta que los vencedores, el rgimen franquista y todo su aparataje, estaba en condiciones prioritarias de poder para negociar las bases constitucionales y estructurales del rgimen actual. Tal y como anunci Franco antes de morir, estaba todo atado y bien atado. Los vencidos fueron representados por partidos que, o bien traicionaron a cambio de privilegios o bien aceptaron lo que otros haban pactado como un mal menor ante la amenaza de regresar a los recientes tiempos oscuros. En 1978, se firma una propuesta de Constitucin de hermosa fachada democrtica que el pueblo valida en un referndum con menos del 60% de participacin, bajo una atmsfera de miedo al retorno de la dictadura y una poblacin que haba perdido la costumbre democrtica. La lite franquista controla desde mucho antes de la muerte de Franco el proceso de reforma y el nuevo aparato del Estado. Ninguno de los grupos econmicos del franquismo se ven afectados. La Iglesia sigue manteniendo sus privilegios. Las instituciones son controladas por las mismas lites. Bajo el dogma de que partimos de cero, de que las nuevas instituciones y los nuevos poderes polticos, judiciales y econmicos son una tabla rasa sobre la cual escribir la nueva historia democrtica, la del destape, las drogas, el rock and roll y el dios de la fiesta consumista, cualquiera puede creer que efectivamente hay que olvidar el turbio pasado.

La ley de Amnista espaola de 1977 impide juzgar cualquier delito cometido durante la Guerra Civil y el rgimen franquista. Han sido numerosos los intentos de hacer justicia por parte de los familiares y la sociedad civil y muchos los intentos y denuncias internacionales de organismos de derechos humanos que han intentado derogar esta ley. A da de hoy sigue habiendo 140.000 asesinados y sepultados en ms de 2.000 fosas. No se ha realizado oficialmente una mirada a la historia ms reciente, no se ha investigado abiertamente lo que pas, no se ha podido recuperar colectivamente la memoria, no se ha podido dignificar a los que cayeron en defensa de la humanidad porque literalmente se han utilizado todos los recursos del poder para impedirlo.

Ante estos hechos no resulta difcil llegar a una conclusin clave en todo este asunto: hoy en Espaa siguen mandando los mismos: los vencedores de aquella guerra, y por tanto, los defensores de valores que justifican la exclusin, la segregacin y la injusticia. Los ideales humanistas de justicia social, igualdad y dignidad siguen lapidados, enterrados en una fosa comn que interesa mantener oculta, bajo la oscuridad de la historia, bajo el miedo a nuestro pasado, bajo el temor a nuestros fantasmas.

Algunos se preguntarn qu tiene que ver nuestro regreso de Latinoamrica con la patria y mucho menos con la Guerra Civil y con el franquismo. Al regresar resulta inevitable mirar la propia realidad con ojos algo extraos, menos subjetivos, despojados de gran parte de los rboles eurocntricos que no te dejan ver el bosque de la realidad, un ejercicio de necesaria distancia que a priori te da ms elementos para entender tu lugar de origen.

Una de las cosas que ms nos sorprende es el circo de la publicidad, los anuncios televisivos, ese mecanismo de propaganda del modelo de consumo para bombardear nuestra inteligencia, un esperpento que atenta contra el sistema cerebral y que uno, viviendo aqu, normaliza, pero llegando de Cuba, un lugar donde esto sencillamente no existe, no se puede dejar de mirar con estupefaccin.

Pues bien, hay un anuncio publicitario que nos ha sorprendido y nos ha generado la preocupacin suficiente para lanzarnos a escribir esta reflexin. Se trata de la publicidad de una conocida empresa de salchichones, han odo bien, en el cual se hace un curioso ejercicio de conciliacin mediante la presentacin de diferentes parejas: una espaolista casada con un independentista; un antidisturbios con una manifestante; una taurina con un antitaurino; un btico con una sevillista; un carnvoro con una vegetariana; un hombre de Podemos con una mujer del PP; una ateo con una creyente. Al final del anuncio, un entraable hombre mayor, hijo de una madre del bando fascista y de un padre luchador republicano, ejemplifica la reconciliacin, invitando a dejar a un lado las diferencias.

Si no recaemos en la rebuscada interpretacin meditica del anuncio y en la trampa y confusin ideolgica que genera, cualquiera podra estar de acuerdo con esa visin, e incluso emocionarse ante tal muestra de amor vital. Si recordamos el origen de la guerra civil, la desigualdad histrica y canalla de un bando sobre otro, de un ideal sobre otro, solo podemos manifestar nuestro profundo desacuerdo con esa supuesta visin buenista de paso de pgina de la historia, pues no hace ms que legitimar la opresin de los vencedores, los mismos que hoy siguen manejando todas las instituciones de este pas, desde el poder judicial hasta el poder poltico pasando por el meditico. Las miserias y los fantasmas histricos de una sociedad no se resuelven con la unin vital de dos personas de ideologas diferentes, tal y como el citado anuncio ejemplifica. Estos casos representan excepciones personales de convivencia, pero no necesariamente revisiones reparadoras de la memoria histrica de un pueblo.

De modo que volvemos al tema de la patria. Cul es nuestra patria?, nos preguntamos. La que result de este sometimiento histrico an hoy no solo no superado sino absolutamente presente en todos los estratos de nuestra sociedad?

Lamentablemente, las personas que creemos en los ideales que dignifican al ser humano, no podemos identificarnos con esta patria. Nos sentimos despatriados en nuestra propia tierra. Necesariamente, sin haber vivido aquello directamente, como muchos arguyen para desvincularnos de nuestra historia, s vivimos sus consecuencias. Eso es lo que mucha gente no ve. Que las condiciones de vida actuales son la consecuencia directa de esa derrota para la humanidad.

Un pas en el cual la gente ha crecido sufriendo una enseanza nacionalcatlica y patriarcal. Un pas que ha vivido casi 40 aos bajo un sistema opresor que no respetaba las diferencias ni polticas, ni ideolgicas, ni idiomticas, ni culturales. Un pas donde se fusilaba a gente simplemente por pensar diferente. Ese slo puede ser un pas mutilado, como bien seal Unamuno. Un pas que a da de hoy sigue mutilado, donde la violencia machista es una lacra, donde la Iglesia Catlica sigue gozando de un poder que atraviesa instituciones pblicas y mentalidades perversas, donde la exclusin y el racismo estn a la orden del da, donde unos brindan con champn de mil euros y otros luchan por recuperar la luz o el agua de sus viviendas, donde cada vez es ms la gente que busca su comida en la basura, donde defender consecuentemente los ideales de justicia social sigue estando perseguido y criminalizado. Un pas donde hoy sigue habiendo presos polticos como Andrs Bdalo, Alfon o Nahuel. Un pas donde se encierra a inmigrantes en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Donde se ensalzan los valores de competitividad y el acceso al consumo es la panacea que ofrece la felicidad. Donde todo lo que amenaza al poder poltico y econmico es satanizado y comparado con Venezuela o Cuba, representantes mediticos del caos y el comunismo, sin que la mayora de la poblacin tenga la ms remota idea de lo que all sucede. Un pas donde la corrupcin poltica es norma. Un pas que ha perdido la soberana, entregado a una Unin Europea neoliberal y excluyente a su vez entregada a EEUU a travs de mecanismos de dominacin como el FMI, el Banco Mundial o esa maquinaria militar y genocida que es la OTAN. Un pas que decide rescatar a los bancos de sus propios excesos endeudndose injustamente con esta Unin Europea del capital mientras desahucia a personas de sus casas o pone en la calle a personal educativo y de salud deteriorando los sistemas pblicos en favor del negocio privado. Donde las vergonzantes cifras del desempleo se maquillan con contratos basura que condenan a la precarizacin. Donde se sube la factura elctrica mientras la gente muere de fro en sus casas. Donde en los ltimos cinco aos ha habido ms de 35.000 suicidios por motivos econmicos. Donde uno de cada tres nios vive en riesgo de pobreza y exclusin.

Este pas no puede ser nuestra patria. Esta es la patria de las lites polticas y dominantes. Para tener patria es imprescindible emprender una construccin colectiva, popular, no elitista. Hay que sentirse orgulloso de ella, hay que identificarse con sus smbolos y amar lo que representan, sabiendo que representan los ms altos ideales de la humanidad.

Algunos se preguntarn por la necesidad de revivir un concepto como el de patria, que en este pas ha sido el escudo simblico bajo el cual se han escondido los peores sentimientos de pertenencia, aquellos a los cuales nos hemos referido a lo largo de este texto. La necesidad de tener Patria viene de la necesidad de contar con una identidad nacional. El contenido de dicha Patria es lo que hay que disputar. Y si no logramos construir esta nueva Patria de forma colectiva, otros lo harn por nosotros. Y si ese concepto de Patria no representa los valores del conjunto mayoritario de la sociedad, de todas y todos nosotros, la fuerza potencialmente trabajadora, ocupada o desempleada, es decir, los de abajo, esa Patria no nos representa.

Debemos por ello enfrentarnos a nuestros fantasmas, resignificar nuestra historia, nuestras bases, todo aquello que nos han contado para construir un ideario que pueda servir a los ms lindos ideales de todo un pueblo. Sin odios, sin rencor, puede ser, pero s con justicia histrica y social. S aprendiendo de la historia, sacando del olvido de esa fosa comn a la que unos pocos relegaron los ms altos valores de la humanidad para, juntos, reconstruirnos y darnos la Patria que nos merecemos. Para afrontar una regeneracin democrtica lo primero que debemos revisar son los smbolos y los aparatos del Estado que nos conectan con nuestro pasado y presente imperialista y con nuestro pasado y presente franquista. Comenzando por la corona espaola, la monarqua, aquella que, regresando a Amrica, inici la invasin y colonizacin tutelada por los Reyes Catlicos en 1492, aquella que Carlos V quiso convertir en imperio universal por la gracia de dios. Conseguir eliminar la corona y restaurar una repblica es lo primero que le debemos a los pueblos latinoamericanos, a todas aquellas personas que murieron defendiendo la justica social en la Guerra Civil espaola, a aquellas que llevan toda una vida luchando por verdad, reparacin y justicia y a nosotros mismos, a todo el pueblo espaol, como constructores de una nueva identidad colectiva.

Esa Patria con maysculas que representa a la gran mayora y no a una minora enriquecida a costa de todo un pueblo y de otros pueblos hermanos del mundo hay que construirla. Y slo se puede construir mediante la transformacin social y poltica de las estructuras de la actual patria con minsculas, la que representa a unos poquitos. Y como para construir social y polticamente es obligatorio, necesario y hasta saludable el conflicto, esa Patria slo se construye luchando por aquellos valores de justicia social que devuelvan la dignidad a la Patria que muchos nos atrevemos a soar, una Patria despojada de chovinismos en la que quepan muchos pueblos y naciones, y que genere relaciones de hermandad con otros pueblos del mundo, desde el mismo sentimiento internacionalista que impuls a llegar y morir en estas tierras a los Brigadistas Internacionales. Una Patria plurinacional. Una Patria de contenido emancipador, que recoja la mejor tradicin comunitaria y socialista, adaptndola a nuestro contexto y necesidades histricas. Una Patria que para construirla vamos a tener que trabajar duro. Van a seguir intentando dividirnos, atomizndonos, criminalizndonos, pero si somos capaces de cumplir las tres palabras clave que formulara aquel sabio: Unidad, Unidad y Unidad, lograremos forjar esa Patria o, como dijo Gabriel Celaya, esa Matria que tanto necesitamos, de la cual sentirse orgullosas y orgullosos y a la cual, como Ulises, desear siempre regresar.



[i] Vocesenlucha. Un viaje por Amrica Latina y el Caribe es un espacio de comunicacin social sobre las experiencias y luchas por la dignidad y la justicia social en Amrica Latina: www.vocesenlucha.com

[ii] La Plataforma contra la Impunidad del Franquismo se concentra y ronda todos los jueves desde hace casi siete aos a las 19:00 horas en la puerta del Sol de Madrid. Los documentos oficiales a los cuales se refiere Gonzalo vila se pueden encontrar en la Fundacin Juan Negrn de Las Palmas de Gran Canaria

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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