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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2017

La izquierda despus de la victoria de Trump

Pablo Contreras y Luis Thielemann
Viento Sur


El triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos fue sorpresivo, incluso para las fuerzas de izquierda. En este artculo, se proponen algunas reflexiones para intentar comprender su triunfo en contexto y las lecciones que se pueden sacar de l. Se sostiene que la victoria de Trump se da en medio del agotamiento de un pacto social que subyace a la poltica norteamericana de las ltimas dcadas, y con una clara apelacin populista al sentido comn de los trabajadores blancos estadounidenses. Este sentido comn es parte de lo que mantiene a los grupos subalternos bajo una situacin de dominio. Por ello, si bien la tctica que utiliza Trump podra ser tentadora en primera instancia para las fuerzas de izquierda, se debe reconocer que su efecto no es subvertir la correlacin de fuerzas, sino expresarla y restaurarla.

1. La construccin del Estados Unidos de Trump: la descomposicin del pacto social industrial y la crisis de los grandes partidos

Se ha sostenido que el origen de la votacin popular de Trump estara en el malestar de los sectores obreros blancos con el sistema poltico y su reaccin ante la crisis econmica que comenz en 2008. Si bien esto es cierto, ilustra bastante poco de la complejidad histrica que ha permitido un triunfo electoral tan difcil de caracterizar. Aunque este escrito no busca analizar las razones de la victoria de Donald Trump sino abordar un debate sobre tal hecho desde el pensamiento crtico, se hace necesario una contextualizacin til a dicho fin.

La descomposicin de la poltica bipartidista en Estados Unidos es la descomposicin tambin del pacto social que le dio soporte. Si, a decir de varios autores que han revisado la decadencia econmica de los Estados Unidos en el ltimo perodo, la articulacin capitalista del pas del norte pierde ventaja frente a los polos productivos del sudeste asitico /1, adems en su campo hegemnico se desgasta en intentar controlar un territorio inmenso al este del Mediterrneo, territorio en situacin de guerra permanente desde que el mismo Estados Unidos barri con cualquier actor estable que no fuera de su inters, como, por ejemplo, en Irak desde 2003 y desde 2011 en Siria.

Pero este desgaste, como ha sostenido Arrighi en debate con Robert Brenner y otros, se produjo tambin a partir de problemas internos. Para Arrighi, el origen de la descomposicin del New Deal fundado en los aos treinta del siglo pasado bajo la direccin del Presidente Franklin D. Roosevelt, no slo se encuentra a nivel de la competencia entre grupos empresariales, sino que, dentro del pas, en la resistencia de los trabajadores de los aos sesenta y setenta a cargar, como lo haban hecho en otras dcadas, con el peso de una nueva expansin capitalista. De esta forma, la contraccin de la tasa de ganancia en Estados Unidos y su decadencia frente a China y otros actores asiticos es parte de un paulatino derrumbe de la hegemona norteamericana, y, por ende, del pacto social entre trabajadores industriales, el gran capital nacional y los sectores medios que sostenan el Estado. Para Arrighi, una crisis como la que vive Estados Unidos es una: situacin en la que el Estado hegemnico vigente carece de los medios o de la voluntad para seguir impulsando el sistema interestatal en una direccin que sea ampliamente percibida como favorable, no slo para su propio poder sino para el poder colectivo de los grupos dominantes del sistema /2.

Este proceso se ha vivido en Estados Unidos como un intento tras otro de recomponer el orden hegemnico en decadencia. Primero fue el fin del acuerdo, en 1971, de Bretton Woods, segn el cual el dlar era el respaldo universal del dinero del mundo capitalista, a la vez que el mismo dlar se sostena en oro. Con ello la especulacin se desat y los capitalistas norteamericanos se lanzaron vorazmente sobre los mercados de capital, aumentando sus ganancias, pero volviendo fuertemente voltil el sistema econmico mundial, mientras creca la concentracin de la riqueza. Con Ronald Reagan (19811989) a la cabeza, el New Deal comenz a descomponerse: los trabajadores vieron sus salarios estancarse y los contratos debilitarse, a la vez que las industrias pesadas cerraban para instalarse lejos de las fronteras, donde el trabajo fuese ms barato /3. A la vez y desde los aos setenta, los sectores medios encontraron en el mercado la solucin (privada) a sus problemas, abandonando la poltica -por esencia pblica- o comportndose frente a ella como grupos de presin en base a identidades particulares que demandan al Estado la recientemente controvertida identity politics /4.

La vieja alianza del Partido Demcrata (PD) entre sectores medios progresistas, trabajadores organizados y comunidades afroamericanas, se descompuso por arriba: los sectores medios dejaron de necesitar la poltica y a un ejrcito de clases populares para conseguir sus fines individuales, abandonando a su suerte a los segundos. La antigua agenda progresista y liberal de estos grupos, que articulaba en programas de gobierno el avance de la clase trabajadora y con ella los derechos de las mujeres y de las minoras raciales e inmigrantes, se descompuso en una pesada negociacin entre las identidades de estos grupos, pues el PD ya no tena un programa en dnde coordinarlas en prioridades y reformas ms amplias.

Sus principales cuadros dirigentes no fueron ajenos a la cooptacin de otros partidos socialdemcratas, como el laborismo ingls o el socialismo obrero espaol, y rpidamente comenzaron a ser los mejores agentes del gran capital industrial (por ejemplo, del automotriz) y financiero. Con Bill Clinton como Presidente desde 1992, redujeron la seguridad social a los trabajadores y tambin a otros grupos empobrecidos, apoyaron tratados de libre comercio como el NAFTA y, en general, polticas que fueron destruyendo tanto la economa industrial norteamericana como el pacto de clases que en ella se sostena.

El triunfo de G. W. Bush (2001-2009) en 2000, en que se notara cmo el PD pierde el apoyo de parte de los sectores trabajadores, y la oportunidad conseguida con los atentados de septiembre de 2001 en Washington y New York, permiti a los republicanos construir sin grandes resistencias populares una poltica militarista, autoritaria y de claras concesiones, especialmente en impuestos, al gran empresariado. Posteriormente, con Barak Obama (20092017) en 2008, a pesar de que su eleccin se impuls desde un amplio movimiento de masas con un discurso progresista y de cambio, realmente el proceso de descomposicin del pacto social no se detuvo. Por el contrario, se agudiz: su reaccin ante la crisis de 2008 y sus responsables -la clase financiera de Wall Street y la voracidad especuladora desatada en los aos setenta- complet el giro pro empresarial de los demcratas, que se haba iniciado con Clinton.

El PD no era un partido de izquierda (no, por lo menos, desde los aos setenta del siglo pasado), pero algo de esa aura reivindicativa y obrerista mantena, y la movilizacin que llev a Obama a la Casa Blanca demostr cunto de esa idea an impregnaba en franjas importantes del electorado norteamericano. Aquello comenz a desmoronarse con Clinton y con Obama, pues se liquid lo ltimo que quedaba de ese capital poltico. Si a mediados del siglo XX los demcratas eran el partido de los pequeos frente a los gigantes propietarios y banqueros organizados en el Partido Republicano, en 2016 esa diferencia era indistinguible en la prctica y hasta en el discurso para la mayora de las clases populares estadounidenses /5.

En Estados Unidos adems se debe convivir desde 2008 con una permanente crisis econmica que ya va por una dcada de duracin y, ms an, una situacin de guerra irregular y confusa en Medio Oriente que mantiene desde hace quince aos. La permanencia de la crisis corroe las relaciones sociales, convirtiendo en regularidad lo que pareca ser emergencia. As, la precariedad laboral, la pobreza y la exclusin de amplias capas de norteamericanos hace imposible hoy un nuevo pacto que se base en la defensa de una repblica que poco o nada les da a esos ciudadanos. De la misma manera, la guerra permanente ha ido vaciando el sentido patritico que permite sostenerla, estando casi diluida en la memoria el fervor nacionalista que surgi tras los ataques de 2001. Si muchos trabajadores norteamericanos votan hoy por Trump, y con l contra los valores republicanos y democrticos, es porque para ellos poco o ningn significado real tienen esos valores en sus vidas.

Por este camino, adems, se banaliz la democracia y la poltica. La historia reciente de los Estados Unidos permite abordar dos procesos en marcha en los sistemas polticos de Occidente: la descomposicin de las democracias liberales y la neoliberalizacin de la ciudadana. Ambas tienen explicacin histrica concreta, no son fenmenos ideolgicos, sino que respuestas racionales de sujetos que viven cotidianamente contradicciones capitalistas para las que no fueron educados. De lo que se trata es de entender cmo el ascenso de Trump, y todo el movimiento de masas e intereses sociales que lo apoya, es ms el sntoma que la causa de una crisis de las formas democrticas liberales.

Esta crisis, en constante profundizacin, se ha basado en la descomposicin de los principios ciudadanos que la fundaron y en la instalacin, en su lugar y a nivel de masas, de las formas del mercado capitalista. A decir de Wolfgang Streeck, la reorganizacin de la participacin poltica como consumo y la remodelacin de los ciudadanos como consumidores refleja el declive en un mundo mercantilizado de las comunidades de destino nacionalmente constituidas /6. La promesa de que era posible un cambio desde el PD y en las formas democrticas tradicionales, se destruy en el estancamiento reformista de Obama y su gobierno de continuidad neoliberal y progresista nicamente en las polticas de identidad para las lites blancas.

2. El sentido comn, la izquierda y el triunfo de Trump

Entonces, la eleccin de Trump parece responder a un mpetu de restauracin del control del gran empresariado norteamericano del siglo XX, por sobre una inestable situacin del pas tanto en el interior como en sus relaciones exteriores, tanto militares como diplomticas y comerciales. En el interior, los profesionales de las grandes ciudades costeras del pas del norte, representados por un Partido Demcrata tomado por una agenda progresista neoliberal, han ido abandonando su tradicional rol de mediadores entre las clases propietarias industriales y los trabajadores obreros, articulacin que era la base del pacto New Deal. Lo hacen, adems, retirando su histrica lealtad a las formas republicanas y democrticas, as como al predominio institucional del Estado. As, la elite norteamericana y parte importante del pas se siente dejada a su suerte por los intelectuales y dirigentes, en una pelea ante el resto del mundo que quiere sacarlos de su sitial hegemnico.

Este momento de crisis y subsecuente intento de estabilizacin ha sido caracterizado como uno en que las turbas enardecidas, afectadas por las consecuencias del funcionamiento del actual sistema, deliberadamente genrico, se encuentran a la espera de algn discurso que dote de sentido a sus reclamos y los dirija contra algo: un momento populista. El apelativo de populista, en este caso, tiene el uso dado por la formulacin hecha por Ernesto Laclau, en que el concepto se reduce a una frmula electoral o de formas polticas y no a las experiencias concretas de populismo latinoamericano del siglo pasado, en que se trat de alianzas entre sectores populares organizados y movilizados y un dirigente de importante peso carismtico que lograba oficiar de mediador y representante de esos sectores populares, frente a las clases dominantes y en el marco de una agenda reformista /7.

El populismo como tipo de alianza reformista basada en lo popular, se reduce a frmula multiuso aplicable a cualquiera de las democracias actualmente existentes. Desde esa perspectiva frmula de lo que es el populismo, ese descontento masivo acumulado -tambin genrico- podra ser, en palabras de Pablo Iglesias /8, aprovechado, o, de Chantal Mouffe /9, captado por distintas agrupaciones polticas que as lo decidan (ambos lo proponen utilizando la conceptualizacin de Laclau). Siguiendo la terminologa de los mismos autores, estas agrupaciones podran tener diferentes fines: de derecha o de izquierda, segn Iglesias, y progresistas o conservadores, segn Mouffe. Trump, y todo lo que rodea a su eleccin, sera simplemente un aprovechamiento desde la derecha del momento, que articula a este descontento en torno a un clivaje nosotros-ellos determinado por el sexismo, el racismo y la xenofobia.

Sin embargo -y este es el punto crucial de la hiptesis del momento populista-, de igual manera la situacin podra haber sido aprovechada por un candidato de izquierda que, apelando a exactamente el mismo descontento que Trump, hara el bien en vez del mal. As, desde el punto de vista de Mouffe y otros, si tan slo la anquilosada burocracia neoliberal del Partido Demcrata no hubiera destruido la campaa de Bernie Sanders, tal vez habra sido posible un desenlace progresista en las elecciones en Estados Unidos. De este modo, el desenlace de derecha del momento populista de nuestro universo se habra decidi en el Super Tuesday del 7 de junio del 2016, cuando Trump y Hillary Clinton definieron las respectivas primarias presidenciales a su favor /10.

La hiptesis del momento populista -y sus familiares cercanos en contextos con crisis menos transparentes y sostenidas- no tiene slo un carcter descriptivo, sino tambin uno normativo. Su propsito es delinear un camino para la victoria de la izquierda, el que implicara, a grandes rasgos, una estrategia paralela a la seguida por Trump y lo que se asume haca Bernie Sanders: el levantamiento de un referente, personal o partidario, que tome los elementos disgregados y carentes de sentido que conforman las ideas bsicas de la ciudadana, y ponga sobre ellos un manto de sentido que los haga adherentes de quienes lo elaboraron. As, la tarea de la izquierda sera elaborar una narrativa que articule de manera progresiva estos elementos, y encontrar alguna forma con la cual transmitir esta narrativa a la ciudadana para activarla en su favor. De ah los numerosos llamados a conectar con el sentido comn de la gente, y a aunar conflictos que aparecen diversos sin intentar su unificacin /11, sino, ms bien, su articulacin en el discurso de un referente poltico particular. En fin: en un momento populista, donde el malestar genrico parece marcar la agenda, las fuerzas polticas deben constituirse como representantes de quienes lo poseen para emerger victoriosas.

No es difcil ver esta tctica en el caso de la victoria de Trump. Trump logra posicionarse como un representante del malestar con el llamado establishment de Washington y aquellos a quienes ste ha beneficiado mayormente el ltimo tiempo, particularmente durante el gobierno de Obama: los sectores medios y profesionales de los grandes centros urbanos de las costas.

Les seala a los pobladores de los peyorativamente llamados flyover states (literalmente los estados por encima de los cuales las elites costeras vuelan para viajar de un lado a otro del pas) que el avance material de las elites y de los estados ms ricos se ha dado gracias a la globalizacin, y que lo hizo enviando sus puestos de trabajo en las manufacturas industriales a lugares como China o Mxico, y permitiendo que inmigrantes indocumentados ocupen los que quedan en sus propias ciudades.

Les promete a los trabajadores blancos una liberacin del pesado yugo de la correccin poltica y un retorno a una poca pasada de integridad nacional que proporcionara bienestar y progreso /12. Al resto, expresando con una pureza inaudita el malestar genrico que asume la hiptesis del momento populista (que, como ya se dijo, debe leerse como diferente de la tradicin populista continental), les dice simplemente: nadie los ha ayudado hasta ahora, as que, qu tienen que perder? /13. Es transparente que esta tctica electoral le sirvi a Trump para obtener un triunfo en las elecciones. Algunas voces en la izquierda (tanto en EEUU como en otros lugares) invitan a tomar una tctica paralela para llegar al polo inverso como resultado -cambio, en vez de restauracin-. Esta conclusin, si bien aparentemente simple y plausible, puede resultar del todo inadecuada tanto a la hora de describir el proceso poltico en marcha como en producir un trazado estratgico basado en dicha descripcin.

A nivel descriptivo, las formas en que lo que llamamos la hiptesis populista ha entendido la irrupcin popular de Trump, asume una imagen irreal del sentido comn y sus dinmicas, y luego una descripcin ingenua y cmoda del alcance y potencia de la dominacin. En el primer punto, se asume que hay algo, llmese malestar en tiempos de crisis o sentido comn en todo momento, que gobierna en alguna medida el comportamiento de los subalternos. El sentido comn es aquello a lo que una tctica dota de sentido, pues no lo tendra de antemano. Es en este punto donde los supuestos de esta propuesta comienzan a hacerse inestables. Debe asumirse que el sentido comn gobierna la conducta a lo largo del tiempo, y no slo en tiempos de elecciones o, ms generosamente, en el momento en que el estratega populista decide comenzar a utilizarlo. En concreto, los estadounidenses que votaron por Trump tienen un sentido comn, sea cual sea, desde antes de junio del 2015, cuando anunci su candidatura.

El sentido comn es histrico, tambin el de esos grupos obreros norteamericanos que votaron por un millonario demagogo y ultraderechista, y los principios que los asociaron con Trump estaban all desde mucho antes que ste haya anunciado su candidatura a la presidencia. Los sectores dominantes en Estados Unidos han estado construyendo el sentido comn norteamericano desde hace ms de un siglo, y es este sentido comn -y no la disgregacin neutral que asume el populismo- el que posee la ciudadana estadounidense cuando Trump irrumpe en el escenario.

La simple idea de que el gran empresariado estadounidense ha construido y ejercido su poder poltico desde antes de la aparicin del populismo de Trump, impide considerar que l se enfrenta a un sentido comn carente de sentido. Si algo se ha aprendido de Gramsci es que lo que caracteriza a las democracias burguesas es justamente que la dominacin no es puramente coercitiva o violenta: a grandes rasgos, los sectores dominantes son capaces de construir y mantener una mediacin sobre la realidad -discursos, valores, conceptos, mitos, etc.- que definen la conducta social de tal manera que los subalternos acten de acuerdo a los intereses de quienes los dominan. En simple, no se hace necesario que la dominacin se exhiba, pues los dominados ya redundan en su existencia dominada. En el esquema de Perry Anderson /14, la hegemona de la clase dominante es preponderantemente consenso, y fundamentalmente coercin. Y el sentido comn, lejos de ser polticamente neutro, es justamente la forma concreta (tal vez la ms concreta) del consenso.

En la medida en se asume que el carcter del sentido comn es fruto del ejercicio de la dominacin poltica, cambiar el sentido comn a uno que no favorezca a los dominantes implica un enfrentamiento con ellos por el carcter del sentido comn: asaltar sus trincheras, la base de la sociedad civil, dira el pensamiento de matriz gramsciana. Este enfrentamiento es largo, es una guerra de posiciones que son valores y principios que definen los lmites del comportamiento. La mera representacin de ese sentido comn no le sirve a la izquierda, as como le sirvi a Trump.

No sirvi cuando la alternativa de Bernie Sanders fue derrotada por la burocracia interna del Partido Demcrata aun cuando apel a las mismas bases que Trump /15. El entusiasmo espontneo que el candidato suscit en los denominados millenials /16 no tiene el poder suficiente para enfrentarse a los embistes que terminan por darle la nominacin a Clinton.

Por la otra, el populismo de Trump se enfrenta, en cierto grado, a un Partido Republicano que inicialmente se muestra reticente a aceptarlo. Sin embargo, a diferencia de Sanders, Trump no se enfrenta desnudo a la eleccin primaria: est armado de millones de dlares propios y una presencia meditica importante aadidos a la ventaja de estar apelando a una versin que, en el peor de los casos, es slo ligeramente diferente al sentido comn que el gran empresariado haba construido hasta entonces. Despus de la primaria, y utilizando an esta posicin de poder, Trump apela al sentido comn para destruir polticamente al Partido Republicano, tomarse su agencia y subordinar a sus lderes. Pero el contraste con Sanders demuestra que el populismo no es la condicin de posibilidad de su victoria. En definitiva, lo que ms explica la victoria de Trump en este respecto es que se enfrenta a la batalla desde el poder y a favor de l, en un momento en que las dems alternativas estaban deslegitimadas, y no slo la tctica populista que implementa.

Donald Trump acta no como un reformador del sentido comn, un utilizador del momento para darle un nuevo sentido, sino como una invitacin a retornar a los valores que lo caracterizan. Desde la consigna Make America Great Again hasta su propia identificacin como un conservador con sentido comn /17, es claro que la tctica de Trump es ms transparentemente populista de lo que se podra concluir inicialmente. El candidato dedica su campaa a reforzar la capa de dominacin cultural que ya se encontraba ah, y la hace cumplir el objetivo que siempre tuvo: mantener a los sectores subalternos actuando a favor de los intereses de los sectores dominantes. Esta tctica tuvo un xito inesperado: tanto en las elecciones primarias del Partido Republicano /18 como en la eleccin general /19, las cifras apuntan a que Trump moviliza a su favor los sectores menos educados y relativamente menos ricos -aunque no a los pobres, quienes no votaron o se alinearon con el Partido Demcrata- de los trabajadores blancos norteamericanos.

El sentido comn al que apela Trump y que le entrega la victoria es, como se dijo ms arriba, una mezcla entre xenofobia, racismo y sexismo, por una parte, y una reaccin ante las consecuencias de una economa globalizada, el estado permanente de guerra y la banalizacin de la democracia. Una vez ms, siguiendo el esquema de Mouffe /20 para entender el momento populista, se podra creer que los primeros elementos son la narrativa de derecha que Trump pone a los segundos elementos. La innovacin de Trump sera dar una salida racista y xenfoba a las percepciones de los problemas econmicos legtimos que tienen quienes votaron por l.

Esta alternativa es tentadora tambin como explicacin para parte de la izquierda estadounidense: Sanders afirma que la retrica de la campaa de Trump accedi a una rabia muy real y justificada contra el status quo econmico, poltico y meditico /21, idea que encuentra eco, por ejemplo, en la editorial de la revista norteamericana Jacobin publicada inmediatamente despus de la eleccin /22. Pero incluso una revisin superficial del sentido comn estadounidense a travs de la historia muestra que esta mezcla est lejos de ser novedosa en el imaginario poltico de las elites de aquel pas. La utilizacin del racismo para impedir una alianza entre blancos y negros pobres, por ejemplo, es parte de lo que caracteriza el perodo de reconstruccin despus de la Guerra Civil /23, y se extiende tambin durante el siglo XX en la poca del New Deal /24, del movimiento de derechos civiles en los aos sesenta /25 y la respuesta al racismo estructural denunciado por Black Lives Matter /26.

El caso del racismo es slo un ejemplo parcial, pero ilustrativo, de que el sentido comn al que apela Trump en su campaa no es construido ni inventado por l, y la divisin de los diversos sectores subalternos para que los trabajadores blancos lo apoyen tampoco es una narrativa que haya tenido que poner por sobre materia prima sin esa connotacin. El populismo de Trump apela, simplemente, al sentido comn construido por los sectores dominantes estadounidenses muy previamente. La victoria de Trump, lejos de ilustrar cmo una tctica populista puede subvertir el poder, muestra su papel expresivo, en el mejor de los casos, y restaurador, en el peor, del consenso construido por la dominacin.

Desde el punto de vista normativo, la situacin anterior puede atrapar a las fuerzas de izquierda en un dilema que parecera insalvable. Por una parte, se ha propuesto que el camino a seguir es apelar a los trabajadores blancos que votaron por Trump por razones diferentes al puro racismo, dando una narrativa alternativa a su malestar que logre formar una coalicin en torno a los elementos positivos del sentido comn.

As, los editores de Jacobin deslizan que la eleccin fue perdida por los demcratas porque desecharon el mensaje de Sanders que lograba hablar al bullente sentido de alienacin y rabia de clase /27, de lo que se desprende que, para ganar, la izquierda debe tener el mensaje correcto dirigido a la gente correcta. Este punto es reforzado por Haijer al afirmar que la tarea es encontrar una estrategia que una a la clase trabajadora /28, articulando sus intereses y creando la narrativa que tienen en comn.

La unin como una solucin al problema Trump es enfatizada an ms por Barry Eidlin /29 y Timothy Shenk /30, quienes proponen a la izquierda ganar de vuelta a los trabajadores blancos apelando no slo a su malestar econmico, sino tambin a la necesidad de oponerse al gobierno de Trump. Eidlin expresa esta idea claramente al decir que conectar identidades con problemas, y forjar con ello coaliciones polticas es cmo pudo ganar Trump, pero tambin es la clave para hacerlo perder /31. Matt Yglesias incluso afirma que el Partido Demcrata debe mejorar sus apelaciones a la identidad, y enfrentar las elecciones del 2020 con candidatos que puedan hablar directamente acerca de las experiencias de trabajo de la clase trabajadora /32, lo que permitira crear una coalicin diversa en la que los trabajadores seran una identidad ms.

La poltica vista as, como un ejercicio electoral en que las masas son consumidores caprichosos e inescrutables a las que se debe convencer con herramientas neutras, utilizables por cualquiera, ha ido no slo banalizando la poltica, sino que banalizando el proyecto de izquierda y tirando por la borda la compleja teora de la praxis desarrollada por el pensamiento crtico sobre la poltica, en que la asimetra de las condiciones de lucha entre los grupos sociales en conflicto fue siempre una clave central de comprensin de las batallas por el poder.

Sin embargo, como desarrollamos anteriormente, esta propuesta asume que el sentido comn al que apela Trump es, o neutro, o separable en partes positivas y negativas. Pero el sentido comn no puede ser simplemente parcializado por la aparicin de una narrativa nueva. Como en el caso del racismo, los elementos del sentido comn ya tienen una unidad, otorgada no por quienes resisten al mismo, sino por quienes lo construyen y fortalecen. Pero si la izquierda, en lugar de separar los elementos positivos, intentara unir de otra forma los elementos del sentido comn, entonces tendra que enfrentarse con quienes estn interesados en que la forma actual del sentido comn se mantenga como est. Y en esta batalla, sin haber cambiado el sentido comn al que apelan las fuerzas de cambio, no tendra de su parte a quienes siguen dominados mediante el consenso, aquellos que no desean emanciparse y son la base de sustento popular del orden. Es decir, una propuesta as permite copar la institucionalidad poltica, pero cierra cualquier posibilidad de alterar el carcter social de la misma.

Esta es una de las lecciones que se puede sacar de la victoria de Trump /33: la apelacin o articulacin del sentido comn como tctica poltica asume que quien intenta realizarlo se encuentra ya en una posicin de poder, y est intentando expresar o enfatizar lo que ya exista. Ganarse, atraer o llamar a los trabajadores apelando a su malestar en su estado actual slo beneficia a quien construy su sentido comn en primer lugar. Y esa, por hiptesis, no fue la izquierda.

Esto parece ser lo que proponen algunos de los comentaristas liberales de los medios asociados, justamente, a los sectores medios de las grandes urbes costeras. De esta manera, Fran Lebowitz, de Vanity Fair, asuma, en octubre, que la victoria de Trump era imposible porque no hay tantos imbciles /34. Jamelle Bouie, de Slate, afirma que los votantes de Trump no merecen empata, ni entendimiento, ni nada por el estilo, dadas sus inclinaciones racistas /35. Por ltimo, en un extremo casi caricaturesco, Ruy Teixeira de Vox /36 propone que los demcratas no tienen ms que esperar a que el cambio demogrfico que los beneficia -literalmente, la muerte de los adherentes ms viejos de Trump sumado a la diversificacin del pas y el aumento del porcentaje de personas educadas- siga ocurriendo para volver, eventualmente, a tomar el control.

Pero la respuesta de los comentaristas liberales asume que la nica salida para la izquierda es su transformacin en un movimiento que represente a los intereses de los sectores medios profesionales y a las minoras raciales y sexuales, dejando de lado a los sectores populares. Esto, adems de que ya es la forma social del PD y no parece sino empujar cada vez ms el neoliberalismo, es la capitulacin de la izquierda en que su nico proyecto es hacer real la eterna ilusin de un PD que por fin es de izquierda. Para quienes desean construir un proyecto de izquierda, es una idea pragmticamente inaceptable: como expusimos anteriormente, esto es justamente lo que lleva haciendo el Partido Demcrata /37 y que permite a Trump su victoria. Una nueva alternativa poltica, sin pensar en utpicas recuperaciones o refundaciones del PD (basta mirar el actual estancamiento de Corbyn al interior del laborismo ingls), se sostendr slo en la alianza de fuerzas sociales populares y una poltica decididamente transformadora, vale decir, en un proyecto social y poltico de izquierda.

3. Optimismo de la voluntad

Esta idea -que la apelacin al sentido comn no es una alternativa para quienes quieren subvertir el orden establecido- no es nueva para la izquierda en general, y, sorpresivamente, lo es incluso menos para la izquierda norteamericana. El histrico lder del desaparecido Partido Socialista de Estados Unidos, Eugene V. Debs, ya afirmaba en 1905 que: "por mucho tiempo los trabajadores del mundo han esperado a un Moiss que los gue para salir de su servidumbre. No ha venido; nunca vendr. Yo no los guiara a ustedes si pudiera; puesto que, si fuera posible guiarlos para salir, tambin podran guiarlos de vuelta". /38.

La apelacin subordinada a un sentido comn caprichoso e inescrutable, para as obtener victorias polticas, es una prctica que por s misma mantiene una de las herramientas que haca posible que la dominacin fuese tal: justamente, el sentido comn. Su fetichizacin impide a parte de la izquierda ver el origen y la funcin del sentido comn, e invisibiliza el ejercicio de reforzamiento del status quo que implica su situacin acrtica como centro inalterable de la accin poltica. La izquierda que comete este error asume que, porque Trump pudo guiar a los trabajadores a las urnas para votar en favor de los intereses del gran empresariado, sta podra guiarlos de vuelta. Pero esta propuesta olvida la asimetra de poder con quienes dominan: nuestra tarea fundamental es arrebatarle el poder de construir lmites, valores e ideas que estos ltimos tienen sobre nosotros, justamente porque an no tenemos dicho poder.

Significa lo anterior que la izquierda estadounidense (aquella que busca construir una alternativa nueva, distinta del PD) debe resignarse ante el sentido comn derechista de los trabajadores blancos? El camino, ciertamente, es ms difcil para las fuerzas de cambio de lo que, aparentemente, lo es para la dominacin. Pero ello no significa que sea imposible: slo implica que la tarea ser ms dura y de largo aliento de lo que los diferentes chispazos de organizacin y movilizacin parecen sugerir superficialmente (en el caso de Estados Unidos, la reciente experiencia de Occupy y la campaa de Bernie Sanders por fuera del PD).

La crisis que para los sectores dominantes se presenta como una oportunidad de restauracin populista, para la izquierda es una oportunidad de construir una nueva poltica que asuma que la hegemona existe concretamente en el sentido comn, y que la combata all para eliminar su control sobre las posibilidades de la clase trabajadora para organizarse en funcin de sus propios intereses. Esos intereses llevan demasiadas dcadas sin ser considerados en el PD, y durante los ltimos ocho aos fueron postergados por Obama mientras se protega a los responsables de la crisis econmica /39. La alternativa de izquierda est todava por construirse.

Esto no es slo la posibilidad de emergencia de un partido o partidos de izquierda, sino la posibilidad de construir, en palabras de Nancy Fraser, los cimientos de una nueva y poderosa coalicin dispuesta a pelear por todos /40, por supuesto, autnoma del duopolio poltico norteamericano. Esos cimientos no son slo de corte orgnico /41, sino tambin culturales, al tener que luchar contra un sentido comn reaccionario presente tanto en las bases populares como en la propia militancia /42.

Implica, sobre todo, construir una nueva poltica que enfrente los desafos de trabajar desde los dominados: no se puede hacer poltica de la misma forma que los dominantes porque la situacin de los subalternos en la lucha es asimtrica respecto de la de los poderosos. Victorias y derrotas, avances y retrocesos, deben ser ledos diferentes a los que el sentido comn aconseja, en la forma exclusiva de elecciones y cargos pblicos, pues para ello el movimiento popular desarroll perspectivas de anlisis propias, por ejemplo, el marxismo /43. De forma resumida, se puede plantear sin temor a equivocarse, que una izquierda nueva debe medir sus avances segn la medida en que crece la capacidad de los subalternos para recuperar el poder y la soberana sobre sus vidas, segn cunto hace retroceder el control capitalista sobre las mismas y cun bien puede asegurar dichos avances en posiciones firmes desde donde continuar el avance. En definitiva, la izquierda estadounidense no puede triunfar con una tctica similar a la de Trump, sino todo lo contrario: debe hacerlo con conquistas que vayan destruyendo en la sociedad norteamericana todo aquello que hizo posible su victoria.

11/01/2017

Notas:

1/ Entre muchos, destacan Wallerstein, I. (2005). La decadencia del Imperio. Estados Unidos en un mundo catico. Santiago de Chile: Lom Ediciones; Arrighi, G. (2007). Adam Smith en Pekn. Orgenes y fundamentos del siglo XXI.

2/ Ibid., p. 160.

3/ Harvey, D. (2007). Breve historia del neoliberalismo. Madrid: Akal.

4/ Ver, por ejemplo, Sanders, B. (2016, 22 de noviembre). How Democrats Go Forward. Medium.com. Recuperado de: https://medium.com/senator-bernie-sanders/how-democrats-go-forward-31c11955e61a. Ver, tambin Goldberg, M. Democratic politics have to be identity politics. Slate.com. Recuperado de: http://www.slate.com/articles/news_and_politics/politics/2016/11/democratic_politics_have_to_be_identity_politics.html

5/ Rosemberg, P. (2016, 13 de noviembre). How did we get here? Largely by way of Bill Clinton, Barack Obama and the big GOP victories of 1994 and 2010. Salon. Recuperado de: http://www.salon.com/2016/11/13/how-did-we-get-here-largely-by-way-of-bill-clinton-barack-obama-and-the-big-gop-victories-of-1994-and-2010/). Ver, tambin, Karp, M. (2016, 8 de noviembre). Fairfax County, USA. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/clinton-election-polls-white-workers-firewall/

6/ Streeck, W. (2012). Los ciudadanos como clientes. Consideraciones sobre la nueva poltica de consumo. New Left Review, (76), pp. 23-41.

7/ Sobre esta definicin de populismo, aplicada a los gobiernos y movimientos as denominados que existieron en el continente en el siglo XX, ver Boccardo, G. (2016). Crisis poltica en Amrica Latina: agotamiento de los populismos?. Cuadernos de Coyuntura, (14), pp. 42-51. Boccardo concluye que el populismo sera una variante especfica de dominio asociada a un proyecto de desarrollo nacional y popular, en que confluyen fuerzas sociales heterogneas que, precisamente por su debilidad clasista, deben pactar para alcanzar el desarrollo industrial y la redistribucin del excedente. Pero, justamente, es por esa misma razn que se dificulta la posibilidad de que esos intereses subalternos se constituyan social y polticamente de forma autnoma.

8/ Iglesias, P. (2016, 9 de noviembre). Trump y el momento populista. Publico.es. Recuperado de: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/1091/trump-y-el-momento-populista/

9/ Mouffe, Ch. (2016, 10 de junio). El momento populista. El Pas. Recuperado de: http://elpais.com/elpais/2016/06/06/opinion/1465228236_594864.html

10/ Bassets, M. (2016, 3 de marzo). Donald Trump y Hillary Clinton se acercan a la nominacin. El Pas. Recuperado de: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/03/02/estados_unidos/1456883939_782280.html

11/ Unificacin denunciada como esencialista, por ejemplo, en Laclau, E. y Mouffe, Ch. (1987). Hegemona y estrategia socialista. Madrid: Siglo XXI Editores.

12/ Weigel, M. (2016, 30 de noviembre). Political correctness: how the right invented a phantom enemy. The Guardian. Recuperado de: https://www.theguardian.com/us-news/2016/nov/30/political-correctness-how-the-right-invented-phantom-enemy-donald-trump

13/ Johnson, B. (2016, 22 de agosto). Donald Trump to African American and Hispanic voters: What do you have to lose?. The Washington Post. Recuperado de: https://www.washingtonpost.com/news/post-politics/wp/2016/08/22/donald-trump-to-african-american-and-hispanic-voters-what-do-you-have-to-lose/

14/ Anderson, P. (1976, noviembre diciembre). The antinomies of Antonio Gramsci. New Left Review 1(100).

15/ OBrien, K. (2016, 24 de junio). Uprising in the Rust Belt. Politico Magazine. Recuperado de: http://www.politico.com/magazine/story/2016/06/coal-country-democrats-donald-trump-2016-213988.

16/ Este concepto se refiere a los jvenes (20-35) de sectores medios y altos de los pases del primer mundo, de tendencias liberales y relacionados al esplendor econmico previo a la crisis de 2007.

17/ Gass, N. (2016, 17 de febrero). Trumps new catchphrase: Im a common-sense conservative. Politico.com. Recuperado de: http://www.politico.com/story/2016/02/donald-trump-catchphrase-219367

18/ Hafner, J. (2016, 24 de febrero). Donald Trump loves the poor educated and they love him. USA Today. Recuperado de: http://www.usatoday.com/story/news/politics/onpolitics/2016/02/24/donald-trump-nevada-poorly-educated/80860078/

19/ Cohn, N. (2016, 9 de noviembre). Why Trump Won: Working-Class Whites. The New York Times. Recuperado de: http://www.nytimes.com/2016/11/10/upshot/why-trump-won-working-class-whites.html

20/ Op. Cit., 9.

21/ Sanders, B. (2016, 11 de noviembre). Where the Democrats Go From Here. The New York Times. Recuperado de: http://www.nytimes.com/2016/11/12/opinion/bernie-sanders-where-the-democrats-go-from-here.html

22/ Erickson, M., Hill, K., Karp, M., Kilpatrick, C. y Sunkara, B. (2016, 9 de noviembre). Politics is the solution. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/trump-victory-clinton-sanders-democratic-party/

23/ Gourevitch, A. (2015, agosto). Our Forgotten Labor Revolution. Jacobin Magazine, (18). Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2015/08/knights-of-labor-jim-crow-labor-populism-reconstruction/

24/ Denvir, D. (2016, 12 de septiembre). Actually, many Trump voters are in one basket and its both racist and economically frustrated. Salon. Recuperado de: http://www.salon.com/2016/09/12/actually-many-trump-voters-are-in-one-basket-and-its-both-racist-and-economically-frustrated/

25/ Hunter, R. (2015, 20 de marzo). The Civil Rights Movements Forgotten Radicals. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2015/03/civil-rights-movement-bruce-ackerman/

26/ Movimiento de las comunidades afroamericanas, nacido en 2013, principalmente de protesta callejera, contra los asesinatos de carcter racista realizados por los distintos cuerpos de polica de los EEUU.

27/ Op. Cit., 22.

28/ Haider, S. (2016, 30 de noviembre). Liberal anti-politics. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/donald-trump-working-class-bouie-chait/

29/ Eidlin, B. (2016, 14 de diciembre). Demographics are not destiny. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/12/election-voting-white-men-trump-clinton-racism-unions/

30/ Shenk, T. (2016, 15 de noviembre). The next Democratic Party. Dissent. Recuperado de: https://www.dissentmagazine.org/online_articles/after-trump-next-democratic-party/

31/ Op. Cit., 29.

32/ Yglesias, M. (2016, 23 de noviembre). Democrats neither can nor should ditch identity politics. Vox. Recuperado de: http://www.vox.com/policy-and-politics/2016/11/23/13685988/democrats-identity-politics/

33/ Y, como argumenta Fielbaum, tambin de las dificultades en Latinoamrica, como muestra, por ejemplo, la dificultad de articular la oposicin ante las reformas de Macri en Argentina. Ver Fielbaum, A. (2016, 14 de noviembre). El momento populista y los populismos del momento. Revista Red Seca. Recuperado de: http://www.redseca.cl/6620/

34/ Fox, E. J. (2016, 20 de octubre). Let Fran Lebowitz soothe all your election-related worries. Vanity Fair. Recuperado de: http://www.vanityfair.com/news/2016/10/fran-lebowitz-trump-clinton-election

35/ Bouie, J. (2016, 15 de noviembre). Theres no such thing as a good Trump voter. Slate. Recuperado de: http://www.slate.com/articles/news_and_politics/politics/2016/11/there_is_no_such_thing_as_a_good_trump_voter.html

36/ Teixeira, R. (2016, 15 de noviembre). Trumps coalition won the demographic battle. Itll still lose the war. Vox. Recuperado de: http://www.vox.com/the-big-idea/2016/11/15/13629814/trump-coalition-white-demographics-working-class

37/ Karp, M. (2016, 28 de noviembre). Fairfax County, USA. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/clinton-election-polls-white-workers-firewall/

38/ Debs, E. G. (1905). Industrial Unionism. Recuperado de: https://www.marxists.org/archive/debs/works/1905/industrial.htm

39/ Para un buen balance del gobierno de Barack Obama, ver West, C. (2017, 9 de enero). Pity the sad legacy of Barack Obama. The Guardian. Recuperado de: https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/jan/09/barack-obama-legacy-presidency

40/ Fraser, N. (2017, 2 de enero). The end of progressive neoliberalism. Dissent. Recuperado de: https://www.dissentmagazine.org/online_articles/progressive-neoliberalism-reactionary-populism-nancy-fraser

41/ Aunque Ackermann presenta una propuesta al respecto. Ver Ackermann, S. (2016, noviembre). A blueprint for a new party. Jacobin Magazine, (23). Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/bernie-sanders-democratic-labor-party-ackerman/.

42/ Acerca de esto, por ejemplo, otra editorial posterior a las elecciones de la misma revista y un artculo escrito por el editor emrito de Dissent, Michael Walzer, muestran que esta reflexin est presente tambin de manera embrionaria en la izquierda estadounidense. Ver Jacobin (2016, noviembre). What did Bernie do?. Jacobin Magazine, (23). Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/11/what-did-bernie-do/ y Walzer, M. (2017, 2 de enero). The historical task of the left in the present period. Dissent. Recuperado de: https://www.dissentmagazine.org/online_articles/historical-task-of-left-present-period-trump

43/ Gindon, S. (2016, 20 de diciembre). Building a mass Socialist Party. Jacobin. Recuperado de: https://www.jacobinmag.com/2016/12/socialist-party-bernie-sanders-labor-capitalism/

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article12239#sthash.yOSzjS6V.dpuf


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