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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-03-2017

Prlogo de "La raz es el hombre", de Dwight Macdonald, Editoria El Salmn
El anarquista que enviaba zapatos a Orwell

Salvador Cobo
Rebelin


Todo el mundo tiene derecho a ser estpido, escribi Trotski en 1938, pero el camarada Macdonald abusa de este privilegio. Era la respuesta a un artculo publicado en la prensa trotskista estadounidense en el que Dwight Macdonald criticaba duramente la represin del alzamiento de los marineros y obreros de Kronstadt en 1921 contra el gobierno bolchevique, as como el papel desempeado en aquellos sucesos por el entonces lder del Ejrcito Rojo. El hecho de comenzar mi andadura en el trotskismo, recordaba el autor varias dcadas despus, con una polmica sobre un asunto tan delicado, y nada menos que contra el gran maestro de la Orden, puede que fuera cuestin de tica, arrogancia, ingenuidad, una simple chaladura, o una mezcla de todo ello. Pero fue sintomtico. Y, en efecto, revelaba muy pronto el carcter hertico e independiente de uno de los intelectuales estadounidenses ms importantes del siglo XX.

Dwight Macdonald (1906-1982) lleg muy tarde a la poltica. Su mujer, Nancy Rodman, le introdujo en los crculos marxistas de Nueva York a mediados de 1930, pasando a profesar un trotskismo heterodoxo que lo llev a militar fugazmente en dos partidos izquierdistas minsculos, y a participar en The Partisan Review, revista que compaginaba el antiestalinismo poltico con el rechazo a la pacata cultura oficial sovitica: en sus pginas podan leerse poemas, relatos y ensayos de T. S. Eliot, Franz Kafka, Rilke, W. H. Auden, Alberto Moravia, Robert Musil, John Dos Passos, George Orwell, Hannah Arendt, Arthur Koestler, Rubn Daro, etc.

En 1943 Macdonald abandon The Partisan Review. La participacin estadounidense en el conflicto blico dividi a la izquierda norteamericana, y a diferencia de los editores de la revista, que respaldaban a su gobierno, Macdonald no dej de denunciar la guerra desde su postura pacifista radical. As, unos meses despus fundara su propio peridico: politics. Cuentan que Macdonald haba pensado en el nombre Radical Review (Revista radical) para la nueva publicacin, idea que su amigo y socilogo Charles Wright Mills encontr desastrosa, como le hizo saber en una carta:

Por el amor de Dios, no la llames Radical Review. Elige un nombre ms inocuo. Tal vez no te des cuenta de la cantidad de gente a la que espantaras con ese ttulo El radicalismo es fruto del anlisis, y no de nombres o eslganes. Muchas personas perderan sus puestos de trabajo si colaboraran con un peridico con ese nombre. Las revistas que ms perduran y con mayor influencia tienen ttulos sencillos.

Mills propuso a su amigo el nombre Politics (Poltica), y Macdonald no slo acept su sugerencia, sino que decidi utilizarlo con pe minscula, politics. Durante sus seis aos de vida, de 1944 a 1949, politics ejerci una extraordinaria influencia dentro y fuera de Estados Unidos. Pese a lo limitado de su tirada nunca mayor de cinco mil ejemplares, la independencia intelectual de sus colaboradores, as como el carcter pionero de muchos de los temas tratados, dio a sus pginas un carcter nico en la historia periodstica de ese pas.

En politics comenzaron su andadura jvenes escritores que ms tarde alcanzaran renombre internacional, como el ya mentado C. W. Mills o Paul Goodman. Dio a conocer por vez primera al pblico norteamericano a Simone Weil, Albert Camus, Nicola Chiaromonte, Victor Serge, Max Weber o Wilhelm Reich, adems de autores que ya eran conocidos en crculos izquierdistas como George Orwell (quien mantuvo una estrecha relacin epistolar con Macdonald). Y, con todo, el hecho distintivo de politics radicaba en la actualidad de las problemticas que abord. En 1968, Hannah Arendt lo explicaba en el prlogo que escribi para una antologa que reuna varios artculos de la revista:

Las inquietudes y perplejidades de una pequea revista con una difusin que nunca super los cinco mil ejemplares se han convertido en el pan de cada da de peridicos y revistas con una difusin masiva []. La quema de las cartillas militares, el black power (por aquel entonces llamado negrismo), la cultura de masas, la futilidad poltica y militar de la masacre con bombardeos [de la Alemania nazi]; el complejo militar-industrial [] la ruptura de los procesos democrticos en las democracias [] la cuestin de la responsabilidad por el horror de los campos de concentracin nazis, tema que sali a la palestra mucho ms tarde, a finales de los aos cincuenta [] Y he escogido estos ejemplos sobre la asombrosa relevancia de la revista sobre cuestiones polticas contemporneas casi al azar [].

[politics] parece haber sido escrita previendo acontecimientos universales que an no haban ocurrido. [] Cmo no sorprenderse por el hecho de que el temperamento de un puado de escritores marginales de la izquierda de hace veinte aos se haya convertido hoy en el nimo dominante de toda una generacin? [] El historial radical de politics es admirable; de hecho, estaba tan ligada al futuro que a menudo su empresa se asemeja al ensayo general de la obra [].

politics [] era radical en el sentido de retroceder y hacer revivir muchas cosas que pertenecen a las races mismas de la tradicin estadounidense, pero tambin a las races de la tradicin radical universal: la tradicin de decir no, la tradicin de la independencia, de un pesimismo jovial en contraste con la tentacin de la realpolitik, de la confianza en uno mismo, el orgullo y la confianza en la opinin propia. Estas cualidades distinguen al radical, que siempre permanece fiel a la realidad para ir a la raz del problema, del extremista, que sigue sin vacilar la lgica de cualquier causa que pueda abrazar en ese momento.

Las pginas de politics acogieron desde su primer nmero (febrero de 1944) crnicas demoledoras desde el frente de guerra. Cartas de algunos de los ms de seis mil objetores de conciencia norteamericanos que fueron encerrados en campos de trabajo por negarse a formar parte de la maquinaria militar. Una columna desde la que se denunciaban casos de discriminacin racial contra la poblacin negra. El primer estudio sobre el impacto psicolgico sobre los internos de los campos de concentracin nazis, Comportamiento en situaciones lmite, del psiclogo Bruno Bettelheim (publicado en una fecha tan temprana como agosto de 1944). Un ao despus, con el nmero de agosto de 1945 ya en imprenta, Macdonald publicaba un editorial de ltima hora denunciando el lanzamiento de la bomba atmica sobre Hiroshima. Merece ser citado in extenso:

A las 9:15 de la maana del 6 de agosto de 1945, un avin estadounidense arroj una bomba sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Desatando una explosin con la fuerza de 20.000 toneladas de TNT, la Bomba destruy en un abrir y cerrar de ojos dos terceras partes de la ciudad, incluyendo, probablemente, a la mayor parte de los 343.000 seres humanos que all vivan. No hubo previo aviso. Esta atrocidad nos sita a nosotros, los defensores de la civilizacin, al mismo nivel moral que ellos, las bestias de Majdanek. Y nosotros, el pueblo norteamericano, somos tan responsables de este horror como ellos, el pueblo alemn.

Todo esto es obvio. Pero debe decirse algo ms. Ya que la bomba atmica vuelve ms grotesco todava el final de la mayor guerra de la Historia.

1. Los conceptos de guerra y de Progreso han quedado obsoletos. Ambos sugeran unas aspiraciones, emociones, metas y conciencia humanas. El mayor logro de la ciencia organizada en la Historia, dijo el presidente Truman despus de la catstrofe de Hiroshima; y probablemente lo sea, as como el peor logro de la ciencia organizada.

2. La futilidad de la guerra moderna ahora debera quedado clara. No deberamos concluir, con Simone Weil, que el aspecto tcnico de la guerra representa hoy da algo funesto, independientemente de factores polticos? Resulta acaso concebible que la Bomba pueda ser utilizada alguna vez por una buena causa? Semejantes medios no implicaran de forma instantnea, per se, la corrupcin de cualquier causa?

3. La Bomba es el producto natural del tipo de sociedad que hemos creado. Es una expresin tan relajada, normal y espontnea del American Way of Life como lo son los frigorficos, los Banana Split o los coches de transmisin automtica. No soamos un mundo en el que la fisin atmica ser utilizada con fines constructivos. Esta nueva energa estar al servicio de los gobernantes; cambiar su fuerza, pero no sus objetivos. La poblacin debera considerar esta nueva fuente de energa con sumo inters: el inters de las vctimas.

4. Quienes manejan semejante poder destructivo no pertenecen a la Humanidad. Tal vez sean dioses, tal vez animales, pero no son hombres.

5. Debemos tomar el Estado antes de que el Estado nos tome a nosotros. Todo individuo que desee salvar su humanidad y, en verdad, su propio pelaje hara bien en empezar a tener ideas peligrosas sobre sabotaje, resistencia, rebelin y fraternidad con todos los seres humana. Ese estado de nimo conocido como pesimismo es un buen comienzo.

Tras el final de la guerra, Macdonald y su crculo de colaboradores trataron de sentar las bases tericas de un nuevo radicalismo, inspirado en una tradicin premarxista y libertaria. La seccin Ancestros de politics sirvi para reconstruir una especie de canon radical que ofreciera alternativas al totalitarismo comunista y a la realpolitk socialdemcrata, dedicando monogrficos al pensamiento de William Godwin, Max Weber, Proudhon, Alexander Herzen o Tolstoi. La seccin Nuevos caminos polticos, por su parte, tena como fin criticar la ideologa dominante hoy en la izquierda, toda ella marxista en mayor o menor medida, a la luz de las ltimas experiencias. La tarea de encontrar un nuevo vocabulario poltico, un camino que explorara la nocin griega de lmite y examinara la tirana de la Historia con hache mayscula, recay principalmente en Macdonald y en dos pensadores italianos radicales cuya obra se ha sumido en el olvido: Andrea Caffi y de manera particular Nicola Chiaromonte, exiliado antifascista en Estados Unidos, ntimo amigo de Macdonald y alma de politics; en una carta fechada en 1947, este ltimo le deca: He aprendido muchsimo de ti, Nick, t has cambiado toda mi perspectiva intelectual (t y la bomba atmica).

Ya hemos mencionado la difusin reducida que tuvo politics. No obstante, el fuerte sentimiento comunitario forjado entre sus lectores, dentro y fuera de Estados Unidos, era excepcional. Hannah Arendt, en el texto antes citado, explicaba que ese sentimiento de camaradera se fundaba en el hecho de que Macdonald consideraba a los lectores de politics como sus pares intelectuales; as lo demuestra la publicacin de las cartas que enviaban en ocasiones muy extensas y que Macdonald se encargaba de contestar cuidadosamente.

El ambiente de solidaridad que rodeaba a politics qued patente con una campaa de envo de paquetes a Europa auspiciada por el matrimonio Macdonald en la inmediata posguerra. Ya antes haban promovido recogida de fondos para republicanos espaoles y exiliados antifascistas, como Victor Serge, a quien consiguieron pagar su viaje de Francia a Mxico. Pero la campaa Paquetes al Extranjero, iniciada en octubre de 1945, fue mucho ms all. La revista se encarg de proporcionar a sus lectores los nombres de activistas y escritores antifascistas algunos de ellos, explicaba Macdonald, acaban de regresar tras pasar varios aos en campos de concentracin nazis, y todos ellos han sufrido y luchado por nuestra causa. Son socialistas, trotskistas, anarquistas e izquierdistas de todo tipo que necesitaban ayuda urgente. Los lectores de politics, de forma directa o a travs de los Macdonald, enviaron ms de veinte mil paquetes que contenan comida, ropa, libros, revistas, etc. Uno de los destinatarios de estos paquetes fue George Orwell, quien a finales de 1946 escriba a Macdonald tras saber que pronto podran enviarle un par de zapatos:

Querido Dwight,

Te estoy infinitamente agradecido por los zapatos. Acabo de escribir a mi agente para ver cmo hacerte llegar el dinero. Supongo que sera mejor esperar a ver si el primer par de zapatos son de mi tamao, aunque creo que las nmeros americanos son los mismos. Probablemente no habr ningn problema si los envas junto con ropa vieja, como propones. Pero me han dicho que sera buena idea enviar el par de zapatos en paquetes separados, de forma que nadie querr agencirselos, a menos que en el muelle est trabajando algn cojo.

El ltimo nmero de politics apareci en invierno de 1949. La sensacin de apata y derrota se apoder de los crculos intelectuales radicales en la dcada de los cincuenta, y Macdonald no fue una excepcin. La mezcla de desnimo y escepticismo, que impregna las pginas de los tres apndices que aadi en 1953 a La raz es el hombre, puede apreciarse en su apoyo crtico y resignado a la intervencin norteamericana en Corea como nico medio para frenar el expansionismo sovitico, o en sus declaraciones durante un debate televisado con Norman Mailer en las que afirmaba que, si le obligaban a elegir entre EE.UU y la URSS, escoga el primero, postura de la que renegara ms tarde. Eran los aos ms duros de la Guerra Fra, y Macdonald dej a un lado la poltica y se centr en la crtica literaria y cultural, faceta por la que ms se le recuerda en la actualidad, en gran medida por sus estudios sobre la cultura de masas y la acuacin del trmino midcult a medio camino entre la high cult y la mass cult, un tipo de cultura industrial masificada, con pretensiones esnob, que consuma la nueva clase media.

Las movilizaciones contra la guerra de Vietnam y el movimiento de los derechos civiles en los aos sesenta sacaron a Macdonald de su letargo poltico. Particip en multitud de charlas y conferencias a lo largo del pas, as como en protestas y manifestaciones, como la famosa marcha al Pentgono de 1967 que inmortalizara su amigo y discpulo Norman Mailer en Los ejrcitos de la noche; Mailer no dudaba en sealar a Macdonald como el maestro de toda esa generacin. Las enseanzas de Macdonald quedaron plasmadas en los innumerables artculos y ensayos que escribi durante su vida, y el libro que tienes entre las manos ocupa, sin duda, un lugar prominente entre ellos.

Escrito en 1946, La raz es el hombre anticip muchos de los temas fundamentales de la Nueva Izquierda de los 60: la crtica de la burocracia, la tecnologa o el totalitarismo sovitico. Frente a la fe depositada por los progresistas socialdemcratas o marxistas en el centralismo del Estado, el crecimiento econmico y el exceso de confianza en el progreso cientfico, Macdonald apelaba a la creacin de un radicalismo fundado en la responsabilidad moral de los individuos, haciendo hincapi en el concepto de lmite y en la creacin de pequeos grupos que resistieran al poder del Estado y la tirana de la Ciencia.

Puede que el ttulo de la primera parte de este ensayo, El marxismo est obsoleto, hoy da mueva a risa. Pero la suya no era slo una revisin del marxismo, al que, en 1946, casi nadie osaba plantar cara sin pasarse a las filas de la reaccin. Aunque ya no exista ese marxismo ortodoxo, s que existe, y tiene mucha fuerza, lo que Macdonald denominaba liblabs, los liberal-laboristas, esos que consideran que slo los progresistas tienen derecho a la libertad, es decir, quienes estn del lado del pueblo y de los trabajadores, y que adoran al Estado siempre que est de su parte. Cmo no reconocer a esos viejos liblabs en quienes ahora dicen representar la nueva poltica? En ese marxismo-populismo de nuevo cuo que se presenta como nica alternativa al neoliberalismo salvaje, y cuyos lemas Pan. Trabajo. Industria. Patria, adems de remitir a las corrientes polticas ms ignominiosas del siglo veinte, supone la incapacidad de reconocer la naturaleza opresiva del Estado y del desarrollo tecnolgico?

La lectura de La raz es el hombre es uno de los mejores antdotos contra la creencia de que el mejor modo de combatir un modo de vida alienante e insostenible es reforzar el entramado econmico-cientfico-militar, dando una vuelta de tuerca ms al poder pantagrulico del Estado. Explorar la senda marcada por Dwight Macdonald es hoy ms necesario que nunca.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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