Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2017

El pene de Freud y el tero de Tiamat

Armando B. Gins
Rebelin


El complejo de Edipo otorga legitimidad a la sociedad patriarcal de ndole heterosexual. Ya conocemos la popular teora de Freud: el hijo rivaliza con el padre y desea tomar sexualmente a la madre, eso s, inconscientemente.

El hijo quiere el poder a toda costa, sustituir al padre con todas sus consecuencias, tambin ejerciendo la jerarqua social a la que est destinada su masculinidad dominante sobre la mujer, el objeto ms preciado de su padre, la esposa o la capacidad intrnseca de crear nuevas vidas. Pero esa inquietud de posesin es tab, incestuosa, anti-natural.

De ese conflicto sutil y no consciente se nutre la cultura de las sociedades patriarcales. Viene a ser el mito fundador incuestionable hasta nuestros das, aunque Jung, discpulo de Freud, se invent otro mito compensatorio para equilibrar el machismo tcito de su maestro, el complejo de Electra, donde la hija compite con la madre albergando un irrefrenable deseo virtual por conquistar el sexo paterno.

El psicoanlisis inaugurado por Freud descansaba sobre los deseos sexuales infantiles de carcter irracional, que eran reprimidos en distintas fases (boca, ano y genitales) antes de entrar en la edad adulta. El complejo de Edipo y la envidia del pene por parte de la nia se configuraron desde Freud y con el alimento enftico de sus muchos seguidores en los dos momentos complementarios del desarrollo de la personalidad individual y de las relaciones sociales.

El descubrimiento de Freud de ambos instantes, represin y sublimacin, expresado en trminos muy genricos, ha resultado plenamente acertado acerca de cmo se configuran las relaciones sociales en el mundo contemporneo. El miedo mantiene el statu quo. Callar es un valor que preserva el propio rol de cada cual. Sin embargo, los costes personales por mantener ese silencio provoca graves desajustes psicolgicos: a veces la sublimacin usa de esas energas que no tienen salida cierta en diversos menesteres aceptados por la sociedad, pero otras produce neurosis o desajustes mentales de difcil solucin.

Ahora bien, las causas de esas disonancias no residen nicamente en el inconsciente. Asimismo existen razones, quiz de mayor enjundia que las nebulosas sexuales, econmicas, histricas, ambientales, culturales, polticas, sociales e ideolgicas que conforman la compleja realidad de los individuos. La literatura al respecto es prolija y variada: Erich Fromm, Bachofen, Marx, Engels

Freud se ha transformado en un santo cientfico casi inatacable con el correr del tiempo. Cuestionar su figura resulta casi un atrevimiento de lesa humanidad, si bien un osado filsofo iconoclasta como Michel Onfray ha indicado con sagacidad que las teoras freudianas tienen bastante que ver con las propias represiones del autor y de la poca victoriana ultraconservadora que le toc vivir. Por tanto, de alguna manera las teoras de Freud hablan de s mismo, siendo su idiosincrasia el objeto fundamental de su obra. Tal vez, algo parecido se pueda sealar de todo autor y de toda trayectoria individual. Nadie puede escapar por completo del ambiente que habita.

Lo que parece fuera de duda es que el nfasis en el complejo de Edipo cuenta con demasiados detractores, Fromm entre otros, para que ocupe todava ese altar de las verdades absolutas.

Si nos atenemos a los comentarios concienzudos de Fromm sobre las obras de Sfocles Edipo Rey, Edipo en Colono y Antgona en ningn pasaje de las mismas Edipo manifiesta su inclinacin sexual o amorosa por su madre Yocasta. Todo es puro accidente o coincidencia dramtica: mata a su padre sin voluntad de hacerlo y mantiene relaciones sexuales con su madre sin ser consciente de tal hecho controvertido o polmico. Simplemente se cumple el orculo. El sueo anticipatorio crea una realidad involuntaria.

El trasunto ms bien hace referencia a dos mundos que se oponen, el patriarcado en ascenso contra el orden anterior de sesgo matriarcal. El tab incestuoso aparece como un elemento teatral de segundo orden. Freud, en este caso, toma lo accesorio sin depurar para elaborar una teora que diera respuestas a la cultura del presente, su sociedad y sus prejuicios.

El mundo griego estaba relegando a un papel oscuro e irrelevante a la mujer, de mera comparsa en los asuntos pblicos. No obstante, an haba en el subconsciente colectivo reminiscencias de un orden natural precursor, el matriarcado, un acontecimiento histrico ms natural, promiscuo (sin ribetes negativos) y lgico, donde las diosas simbolizaban el poder innegable de la creacin de vida humana. Todos nacemos de un tero; los espermatozoides son annimos en su esencia original.

Sin embargo no todo nace en Grecia o Freud. Remontndonos a Babilonia, la leyenda nos ha trasladado el mito de que una coalicin de dioses encumbr a Marduc en detrimento de la diosa Tiamat. Y cmo lo hizo? Pasando una prueba que diera fe de su capacidad de crear. La envidia del tero sobresale en este relato de modo espectacular aunque subyacente, siendo el humus desencadenante del nuevo orden que tomaba las riendas de la hegemona ideolgica, social y poltica: el patriarcado.

Marduc se erige rey creando de la nada la nueva realidad a travs del discurso, de la palabra expresada, esto es, por expropiacin, cuando no robo violento, de la palabra femenina, arrogndose una capacidad de la que el hombre careca: quedarse embarazado, parir, dar vida. Ese trastoque de funciones cercen las ideas comunitarias y ech races de una nueva institucin, la familia. En ella, el hombre se transform en monarca absoluto del reino privado. Y, con el discurso, se erigi a la vez en amo del espacio estatal y pblico.

El mito del hombre activo, hacedor y creador, fundamento araado a la condicin femenina por usurpacin de roles y funciones naturales, necesitaba ms argumentos para establecer un nuevo orden de relaciones sociales. As, por exponer solo dos ejemplos paradigmticos, la diosa helena de la sabidura, el arte y la justicia Atenea naci de la cabeza de Zeus y Eva de la costilla de Adn. Es decir, la mujer nace del poder intelectual del hombre y no es ms que una copia del original genuino o legtimo, el gnero masculino. El tero pas a ser secundario en el mundo sobrevenido de la antigedad. Y as hasta nuestros das.

La consecuencia de tantas capas mticas es que an vivimos en el mito. Sin apercibirnos de forma consciente de ello. El imaginario popular an alimenta sus prejuicios y acendradas costumbres en la familia como tomo natural de la sociedad y en la preeminencia tradicional de lo masculino como axiomas fuertes o verdades irrefutables de la convivencia diaria. Ese es el autntico inconsciente que se resiste a ser modificado en las sociedades contemporneas.

Ante una idea crtica o una rebelda que ponga en jaque el orden establecido, el inconsciente siempre tira por lo consabido y por no moverse un pice del rol que nos viste cotidianamente. De ah que los procesos de transformacin sean muy lentos en las mentalidades colectivas. El pene de Freud contina solapando el tero de Tiamat. Todava vivimos en el mito, mito que crea realidades racionales para mantener el statu quo inalterable o levemente modificado. La realidad es discurso, palabra del dios masculino. Si Tiamat tuviera ocasin de hablar y explicarse en total libertad


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter