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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2017

Miedo y locura en la poca de Trump

Mara Santana Fernndez
Rebelin


Vamos a tener que acostumbrarnos a vivir en un estado de excepcin permanente. Presionados por el ms alto, ms lejos y ms fuerte, el presidente de los EEUU elegido hace apenas unos meses est cerca de batir el rcord de desconcierto y pnico entre los espectadores. Hasta el momento de la toma de poder, la opinin general era que Donald Trump se amansara bajo el control de las viejas jerarquas econmicas y polticas republicanas, que tendramos un ttere ms al modo de Georges Bush. En ese caso, habramos estado ante otro presidente orgulloso de su incultura, racista convencido, capitalista radical, imperialista, militarista,, en fin, la tradicin de presidentes con este perfil es larga. Y lo cierto es que todo esto ha sido confirmado en el sentido ms literal, eso s, no slo por palabras, sino por hechos.

Trump es una estrella capaz de eclipsar hasta sus parodias. A falta de una nueva intervencin militar clara en la esfera internacional, a falta de un peligro interno definido, el propio presidente ha pasado a encarnar el papel de psicpata poltico, de terrorista en cuyas manos se encuentran las armas ms destructivas jams imaginadas. Cuando el peridico liberal El Pas es capaz de llegar a preguntarse de manera abierta si Trump est loco, los dems debemos preguntarnos cmo es posible que el debate pblico haya llegado a este nivel entre pueril y terrorfico. Evidentemente, el artculo escrito por Moiss Nam al que hago referencia llegaba a explicitar rasgos de narcisismo presentes en el presidente y algunos diagnsticos que se haban emitido a la ligera por psiquiatras estadounidenses. En cualquier caso, me llama la atencin el final de dicho artculo, pues la duda que deja sembrada es la que va calando como fro terror en la conciencia de los telespectadores mundiales: Trump lleva pocas semanas en la Casa Blanca y su conducta ya es causa de justificada alarma. Los problemas y frustraciones del presidente se van a agudizar. Y eso no es bueno para su salud mental [1]. Ni para su salud mental, ni para el futuro de todos nosotros, claro.

El valor que tiene el miedo como instrumento de control social se vuelve perverso en el caso de un presidente irresponsable, maleducado y soberbio. En Europa ya hemos pasado por Silvio Berlusconi, pero a diferencia de l Trump resulta ingobernable, excesivo e imprevisible. Es el caos a nuestras puertas, todo puede ser destruido en sus manos de showman fascista. Sus votantes blancos, pobres e iletrados confirman los peores augurios, son los nuevos brbaros capaces de salir en cualquier momento a ejecutar un linchamiento. Su gabinete de ministros y consejeros es abiertamente denominado como camarilla de compinches [2] dados sus antecedentes capitalistas criminales. En definitiva, la cosa no puede pintar peor y por eso, podemos afirmar que tenemos en marcha claramente ese ministerio del miedo al que hace referencia Paul Virilio en La administracin del miedo, recientemente publicado en la editorial Pasos Perdidos.

Los medios de comunicacin se estn empleando a fondo en la creacin de esa sensacin de desastre inminente. Desde los telediarios hasta los programas de humor ms chuscos han tenido secciones enteras dedicadas a sealar los despropsitos del presidente ms sobreactuado de la historia. Empezando por la mofa sobre su esperpntica familia, la exposicin de sus pecados (la avaricia, la lujuria, la ira o el orgullo), la desautorizacin de los juristas a sus primeras medidas, las manifestaciones a favor y en contra (con esa sensacin de tener un enfrentamiento a punto de estallar), los malos modos ante algunos mandatarios, las limitaciones al derecho de libre informacin En fin, todo un espectculo del fin del mundo.

Mientras tanto, estamos pasmados frente a la pantalla, leyendo sus mensajes en las redes sociales, viendo su flequillo en precario equilibrio, su pavoneo constante como jefe del mundo y el odio que demuestra hacia cualquiera que le cuestione. Completar la construccin del muro ante Mxico no es ms que una chulera grosera y mezquina, que para colmo y, como se ha comentado en este medio, resulta inviable. Pero es la pauta que nos espera. Por lo pronto ha anunciado un aumento del 9% en gasto militar, medida evidentemente propagandstica, porque, como se ha permitido decir, Tenemos que empezar a ganar guerras. Le seguirn grandes planes infructuosos para revitalizar la economa norteamericana. Infraestructuras e inversiones megalmanas seguidas del apoyo ardoroso de sus seguidores. Y una tmida respuesta social ante los desmanes sociales y econmicos devenidos de la privatizacin de los pocos recursos an disponibles. Todo es predecible y pavoroso, infantil y criminal, pero, no nos equivoquemos, est absolutamente calculado, diseado como el espectculo ms grande jams imaginado por la industria norteamericana. Ya se pueden quedar los liberales de buen corazn sus premios Oscar, nosotros podemos disfrutar de un nuevo show mucho ms creble y emocionante. Tenemos reservadas butacas en primera fila.


Notas

[1] Ver NAM, MOISES en El Pas el 25 de febrero de 2017: http://internacional.elpais.com/internacional/2017/02/24/actualidad/1487964077_926629.html

[2] Ver KLEIN, Naomi enhttps://www.rebelion.org/noticia.php?id=223465


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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