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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2005

La izquierda. Una guerra ms ligera y apacible?
De qu va realmente la guerra contra el terrorismo?

Lee Sustar
Rebelin

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


Con el apoyo a la guerra de Irak cayendo en picado ante el referndum constitucional impuesto este mes en Irak, George W. Bush ha recurrido a su viejo truco de intentar vincular la ocupacin estadounidense con los atentados del 11 de septiembre y la guerra contra el terrorismo.

Los terroristas consideran Irak el frente fundamental de su guerra contra la humanidad, deca Bush el 6 de octubre en una reunin de la National Endowment for Democracy (NED), y debemos reconocer que Irak constituye nuestro frente principal en la guerra anti-terrorista.

Una fundacin subvencionada por el gobierno, la NED, ha trasvasado dinero a los movimientos polticos partidarios de Estados Unidos en todo el mundo desde los aos 80, y ltimamente a aquellos implicados en revoluciones preparadas con antelacin, que han derribado a los gobiernos de Ucrania, Georgia y Kirguizistn . Bush describi el papel de Estados Unidos en Irak como otro ejemplo de promocin de la democracia y, asimismo, aludi al 11 de septiembre y a la buena campaa en Afganistn para contener las crticas crecientes sobre la poltica exterior de Washington y las intervenciones militares estadounidenses.

Aludir a la guerra contra el terrorismo vinculada con Irak, no siempre ha ayudado a Bush a cambiar las tendencias de las encuestas de opinin. Sin embargo, la Casa Blanca ha conseguido preservar entre republicanos y demcratas el consenso en poltica exterior sobre el uso ofensivo- y cuando sea necesario- preventivo de la fuerza militar.

As, halcones demcratas y aspirantes a la presidencia como los senadores Joe Binden y Hillary Clinton siguen los pasos de Kerry y tratan de superar a Bush como campeones de la seguridad nacional. Incluso algunos sectores del movimiento pacifista son reacios a considerar la ocupacin estadounidense de Irak como un eslabn de una maniobra imperial mucho ms amplia para controlar el estratgico corredor que va desde el Mediterrneo a Asia Central.

Esta actitud ayuda a crear el espacio poltico para que Bush, y tambin los demcratas que apoyan la guerra, hagan uso de la islamofobia para contrarrestrar sus crticas. Nuestro nuevo enemigo, al igual que ocurra con la ideologa comunista, tiene objetivos totalitarios, afirm Bush en su discurso a la NED, sus lderes pretenden que se les considere la parte perjudicada; que representan a los pobres contra los enemigos imperiales. La verdad es que tienen ambiciones infinitas de dominacin imperial, y desean convertir el mundo entero en pobres, con la excepcin de ellos mismos.

Lamentablemente, algunas gentes de la izquierda todava utilizan una retrica semejante, Al-Qaeda es clsicamente imperialista, y trata de subvertir el orden social establecido, y reemplazar las infraestructuras culturales e institucionales de sus enemigos con una autocracia jerrquica (de inspiracin divina) para escribir el prximo captulo de la historia humana a su imagen y semejanza, escribe el periodista Sasha Abramsky.

Su trabajo, titulado Nuestro problema es Al-Qaeda, es el artculo de fondo del nmero de octubre de The Progressive, una revista que durante dcadas se ha significado por su poltica fundamentalmente pacifista. La portada slo puede definirse como racista: Bin Laden como un gigante negro con turbante y blandiendo una enorme cimitarra mientras golpea a un esculido hombre blanco con dos espadas mucho ms pequeas.

As que, a pesar de los desmanes de los soldados estadounidenses las ciudades iraques de Faluya, Tal Afar y Ramadi; de la farsa del referndum constitucional; de la amplia difusin de los documentos sobre las torturas e incluso de la muerte de presos en

las crceles militares estadounidenses; de las historias divulgadas en todo el mundo sobre el Gulag secreto de Estados Unidos ; de sus amenazas contra Siria e Irn, y de la cada vertiginosa del apoyo a la guerra en Irak, The Progressive ha elegido este momento para ofrecernos a Abramsky actuando como un sargento de reclutamiento para ir a una guerra justa contra el terrorismo.

Sobre este asunto, Abramsky argumenta que los progresistas tienen que establecer los trminos del debate en lugar de seguir siempre el juego de los conservadores. Apoya la detencin preventiva para los sospechosos de terrorismo, mientras mantiene una parafernalia democrtica como la de los juicios rpidos- como si uno pudiera ser llevado ante un tribunal por un delito que todava no ha cometido.

Abramsky pasa por alto la verdadera historia del Islam poltico, creado desde los aos 50 hasta los 70 por el gobierno de Arabia Saud y respaldado por Estados Unidos, como baluarte contra el nacionalismo laico y la izquierda en Oriente Prximo. Abramsky, sin duda, conoce que la CIA facilit dinero, armas y misiles a la resistencia afgana- incluido Osama Bin Laden- en su guerra contra la ocupacin rusa del pas en los aos 80.

Si la corriente islmica de Bin Laden tiene algn atractivo es porque los jvenes musulmanes crecen bajo regmenes represivos apoyados por Estados Unidos y se enfrentan a las terribles perspectivas econmicas que ocasionan las rdenes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial.

A todo ello hay que aadir una dcada de sanciones asesinas a Irak; las muertes de 100.000 iraques y de casi 2.000 soldados estadounidenses desde el inicio de la invasin; una guerra civil de baja intensidad, alimentada por las autoridades ocupantes; la desaparicin de 8.000 millones de dlares con el gobierno iraqu nombrado por Estados Unidos; y la prevista venta de la industria petrolfera del pas a corporaciones estadounidenses y occidentales. Adems del apoyo de Washington al Muro del Apartheid de Israel en Cisjordania, y la presencia de las tropas estadounidenses en Arabia Saud.

Abramsky prescinde de todo esto como si no tuviera nada que ver con los atentados del 11 de septiembre ni con las bomba del metro de Londres , y acepta en la prctica las retricas explicaciones de Bush: por qu nos odian?

En efecto, escribe, lo que, al parecer, Al-Qaeda odia ms de Occidente son sus mejores virtudes: el pluralismos, el racionalismo, la libertad individual, la emancipacin de las mujeres, la franqueza y el dinamismo social que suponen el legado ms importante de la Ilustracin. Estos valores son el contrapunto al tirnico cdigo social idealizado por Al-Qaeda y por los grupos cercanos a ella como los Talibn afganos.

A la vista de las polticas estadounidenses actuales, la hipocresa de todo esto asombrosa: se puede describir como racional a la sociedad estadounidense, en la que la teora de la evolucin est sometida a continuos ataques por parte de los poderosos fundamentalistas cristianos?

En cuanto a la libertad individual, en Estados Unidos siempre ha existido una enorme brecha entre lo que se dice en la Constitucin y la realidad poltica de la discriminacin racista, en particular en la poca de la Patriot Act, de las detenciones y deportaciones de rabes y musulmanes y de otras medidas en pos de la seguridad nacional.

Respecto a la emancipacin de las mujeres nunca se ha conseguido en la realidad, algo que resulta evidente tras el ataque al derecho de las mujeres a abortar. Dinamismo social? Abramsky, de algn modo, no tiene en cuenta la polarizacin econmica y de clase que existe en Estados Unidos, y que ha ocasionado la reduccin de los salarios reales, el aumento de los ndices de pobreza y la mayor concentracin de la riqueza en las clases altas desde los aos 20.

Abramsky puede que haya ido ms all de lo que lo hacen la mayora, pero otros liberales y progresistas aceptan al menos parte de su planteamiento. Estn equivocados.

La guerra contra el terrorismo de Estados Unidos no es nada ms que una justificacin ideolgica de la proyeccin agresiva del poder imperial estadounidense en el exterior- y una represin para cualquier desafo serio al sistema que pudiera producirse en casa. Las diatribas islamfobas son una forma de encubrir esta realidad.

Lo que tiene que hacer el movimiento pacifista no consiste en reconducir la guerra contra el terrorismo para que sea ms efectiva, sino en oponerse a ella.

Lee Sustar, es colaborador habitual de Counterpunch y de Socialist Worker. Su direccin es : [email protected]

http://www.counterpunch.org/sustar10222005.html



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