Portada :: Bolivia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2017

Una contundente respuesta en las calles

Alfredo Rada Vlez
Rebelin


Desde que hace un ao las varias oposiciones de derecha en Bolivia capitalizaron polticamente el negativo resultado del referendo sobre la reforma constitucional que buscaba habilitar a Evo Morales para una nueva postulacin presidencial, se abri una etapa riesgosa para el gobierno.

Uno de los peligros era que las fuerzas conservadoras aprovecharan ese impulso para expandirse a nivel nacional y unificarse en un solo proyecto poltico. A la luz de los hechos tal cosa no ha sucedido; la derecha boliviana sigue tan dividida como siempre entre varios dirigentes que se creen a cual ms presidenciable: Jorge Quiroga, Rubn Costas y Samuel Doria Medina. A ellos se suma Carlos Mesa, que comienza a rodearse de oportunistas que se esfuerzan por presentarlo como la alternativa de centro, pretendiendo que el pueblo olvide que Mesa fue parte, como vicepresidente el 2002-2003, del ms nefasto gobierno neoliberal: el de Gonzalo Snchez de Lozada.

El otro peligro era que se dividiera el bloque histrico transformador, sea por problemas internos en el gobierno o por confrontaciones entre el gobierno y los sectores sociales. No se han presentado fisuras a nivel gubernamental, pero es evidente que en el segundo semestre de 2016 los conflictos con los obreros fabriles por el cierre de la textilera Enatex, y con los mineros cooperativistas por las demandas burguesas de su dirigencia, pusieron al filo de la ruptura al bloque de movimientos sociales que respaldan al proceso de cambio. Por qu no se produjo el quiebre? A modo de hiptesis mencionemos las siguientes: 1) El liderazgo de Evo Morales, pese al resultado adverso del referendo, se mantiene como un factor de consenso unitario de los movimientos sociales, 2) La clase obrera organizada en la Central Obrera Boliviana (COB), pese a las contradicciones programticas con el gobierno, se niega a asumir que ste sea el enemigo principal y desoye en el seno de los sindicatos las aventureras convocatorias de la ultraizquierda, 3) La Coordinadora Nacional por el Cambio (CONALCAM) preserva su vitalidad como espacio de cohesin de una treintena de organizaciones campesinas, obreras y populares, gran parte de ellas afiliadas a la COB.

Y as llegamos al 21 de febrero de 2017. Algunos colectivos ciudadanos, que realizan tareas de captacin poltica para los partidos de derecha, llevados por su activismo plantearon convertir el 21-F en una fecha de regocijo y movilizacin antigubernamental al recordarse un ao del referendo. Haban acuado una consigna tan rimbombante como mentirosa: Bolivia dijo No. De esta forma y por efecto de la propaganda, convertan una victoria por escaso margen (apenas el 2% de los votos vlidos) facilitada por la mayor abstencin (15%) de los ltimos aos, en un triunfo total, anulando de un plumazo la voluntad de 2,5 millones de personas que votaron por el S.

Estaban seguros que ni el gobierno ni la Conalcam reaccionaran, calculando que podan anotarse una cmoda victoria en las calles. Pero se equivocaron. La Conalcam asumi el desafo y convoc junto al gobierno a la movilizacin bajo su propia consigna: Contra la mentira, por el desagravio a la democracia.

La respuesta fue sorprendentemente alta; en las nueve capitales de departamento, as como en veinte ciudades intermedias, se realizaron grandes marchas y concentraciones. Las organizaciones campesinas aglutinadas en el Pacto de Unidad (fundado en 2004 y que hoy es parte de la Conalcam) volcaron gran cantidad de sus afiliados de muchas provincias hacia las ciudades, donde se encontraron con otros tantos contingentes movilizados por las juntas vecinales y las organizaciones sindicales urbanas. Voceros de derecha trataron de neutralizar el impacto poltico de las movilizaciones de apoyo al proceso de cambio con un genial argumento: son todos funcionarios pblicos. Centenares de miles de burcratas disfrazados de campesinos, trabajadores y vecinos, en todas las capitales del pas? Absurdo, por donde se lo mire.

La ms realista evaluacin poltica del 21-F la expres un diputado chuquisaqueo de extrema derecha, perteneciente a la bancada del Partido Demcrata Cristiano (PDC), que ese mismo da declar en Radio Panamericana: Los partidos de la oposicin se dejaron llevar por el entusiasmo de algunas plataformas ciudadanas que se precipitaron convirtiendo esta jornada en una innecesaria pulseta con el gobierno. El oficialismo y el MAS siempre tendrn mayor capacidad de movilizar a su gente que nosotros.

Pero en el campo revolucionario no debemos caer en el exitismo. Aunque hubo una buena y contundente respuesta en las calles a la convocatoria gubernamental y de la Conalcam, hay que reconocer que las fuerzas opositoras lograron juntar a gran cantidad de adherentes en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz.

En estas circunstancias en que las derechas se yerguen desafiantes es fundamental preservar la unidad del Bloque Social Revolucionario que sigue defendiendo al proceso de cambio y que busca profundizarlo. Pero la movilizacin de masas no es suficiente si es que no viene acompaada de claros objetivos programticos, mismos que para entusiasmar al pueblo deben tener contenido revolucionario. El camino del pactismo con la burguesa, que conlleva concesiones programticas de carcter regresivo, confunde y desmoraliza a los movimientos sociales que forjaron este proceso de cambio. As sucedi con el planteamiento, anunciado por el Ministro de Economa Luis Arce, de habilitar un Fondo de Crdito a los agropecuarios con los aportes laborales para el seguro social a largo plazo (jubilacin). Por muchos argumentos tcnicos y financieros que esgrimi dicha autoridad, la medida fue rechazada por los trabajadores. En sentido inverso, el anuncio de incrementar la alcuota adicional al impuesto a las utilidades de los Bancos, hecha por el mismo ministro, recibi la simpata de la poblacin porque se entiende que el sentido de la medida es redistributivo. Acaso estos dos casos no nos ensean por dnde debemos ir y qu errores no debemos cometer?

Si algo demostr el 21-F es que el liderazgo de Evo Morales sigue vigente al punto de convocar a tanta gente a su favor, aun cuando l no particip en ninguna de las concentraciones. Pero a ese liderazgo hay que apuntalar con una buena gestin de gobierno y con una estructura poltica de movimientos sociales. No se trata de separar la gestin de la estructura, en todo caso se deben articular bajo el concepto y la prctica de lo que se ha denominado Gobierno de los Movimientos Sociales. Esta es una particularidad del proceso poltico boliviano, nuestro sello distintivo, que se lo debe cuidar de cualquier tentacin burocratista que a ttulo de eficiencia busque tal separacin.

Los socialistas comunitarios debemos seguir impulsando el empoderamiento de los movimientos sociales dentro del proceso de cambio. Si son esos sectores sociales organizados los que nos defienden en las calles, deben ser tambin los que aporten en la conduccin estratgica de gobierno.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter