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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2017

Agua y fuego en el fin del mundo

Ariel Dorfman
Pgina 12


(Imagen: EFE)

Chilli: el fin del mundo. Los aymara designaban as, con ese nombre, al territorio que hoy es la repblica de Chile, significando un lugar tan lejano y apartado que en ese confn se acababa la tierra.

Despus de este verano que mi mujer y yo estamos pasando en Santiago se me ocurre, sin embargo, que subyace a esa palabra originaria otra posible definicin, quizs proftica: Chile como el lmite donde lo que se acaba no es el espacio, sino que el tiempo, los das que a la tierra le quedan en poder de los humanos.

Nunca han descendido sobre este pas meridional tantas catstrofes naturales seguidas. Por una vez, no se trata de los terremotos y tsunamis que nos han asediado desde siempre. Estamos acostumbrados a levantarnos despus de cada cataclismo, capaces de renovar empecinadamente la esperanza de que podremos sobrevivir a todo acoso de la naturaleza.

Pero lo que viene sucediendo desde que llegamos a Chile a principios de enero es una serie de desastres creados por nuestra propia especie, conectados directamente al calentamiento global que tantos en los lejanos Estados Unidos estn dedicados a negar con una obstinacin inverosmil.

Primero vinieron los incendios forestales, la mayora de ellos al sur de Santiago. No existen precedentes para tantas hectreas miles de miles reducidas a escombros. La conflagracin, que mat a residentes y ganado, devastando aldeas enteras y quemando rboles centenarios adems de numerosos bosques cultivados para la exportacin, solo pudo contenerse cuando arribaron desde el extranjero aviones supertanker (Boeing e Ilyushin) que pudieron descargar toneladas de agua sobre las zonas afectadas.

Aquellos que no estbamos amenazados en forma inmediata por las llamaradas infernales sufrimos otras consecuencias. El aire ac en Santiago, envilecido de humo y cenizas, se hizo irrespirable, una situacin agravada por temperaturas inusitadamente elevadas que no disminuan de noche, como sola ser habitual ac. Ni siquiera tuvimos, entonces, el consuelo del frescor nocturno que en veranos pasados ayudaba a enfrentar los calores del da siguiente con energa y vivacidad.

Rogbamos de que lloviera, por mucho que supiramos de sobra que jams llueve en la regin de Santiago a lo largo de los meses de enero y febrero. Tal circunstancia hace muy agradable hallarse ac durante este perodo: es fcil planificar de antemano todo tipo de eventos al aire libre, organizar una vida cuyo ritmo regular llega incluso a aburrirnos. Lo que siempre fue una bendicin ha terminado por ser, sin embargo, una circunstancia que sentimos ahora, con tanto calor indito y bosques humeantes, casi como si fuera una maldicin.

Y, de pronto, sobrevinieron sorpresivamente las lluvias, no en las zonas donde los incendios seguan apareciendo en forma espordica, sino que en los glaciares de los Andes mismos, y con tal furia que los ros se han desbordado y aluviones de barro y despojos, han cado sobre valles y poblados, puentes y caminos. Como un diluvio semejante nunca haba sucedido en los meses estivales, las procesadoras de agua no estaban preparadas para la emergencia. Esto ha dejado a millones de chilenos sin agua potable en sus hogares y negocios: no hay qu beber, cmo cocinar o lavarse o refrescar las plantas. Frente a los centros de distribucin se forman incesantes filas de usuarios con bidones, botellas, receptculos de todo tipo.

Una plaga: primero, tanto fuego que es imposible respirar; enseguida, tanta agua que es imposible beber.

Y ahora, qu?

Anuncian que muchas playas de Chile deben cerrarse debido a la invasin de armadas de medusas azules, las temibles fragatas portuguesas. Y se nos cuenta que la fisura gigante de Larsen ha crecido exageradamente en la Antrtida, aumentando la probabilidad de que se desprenda un iceberg de miles de kilmetros cuadrados y se desplome en el mar, un pedazo tan colosal de hielo que, a medida que se vaya derritiendo, habr de transformar la ecologa y nivel de los ocanos. Y Chile, era que no, en vista de la contigidad con la Antrtida (cuya soberana comparte con otras naciones), ser una de las primeras vctimas.

Lo nico auspicioso que se puede decir acerca de esta situacin ruinosa es que este pas no ha cerrado sus ojos ante lo que se cierne sobre nuestros campos, bosques, agua, costa. Todos los habitantes y me refiero a todos, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha comprenden que en este ltimo confn del mundo estamos presenciando una hecatombe de proporciones picas que presagia el fin irremediable de ese mundo tal como nuestra especie lo ha conocido desde su surgimiento, y que todos debemos emprender algo igualmente pico, una hazaa desmesurada,si queremos cambiar nuestro destino antes de que sea demasiado tarde.

Pero tambin entendemos que somos un pas pequeo, y que esa transformacin primordial depende sobre todo de otros actores internacionales. Sern otros quienes determinen, en forma global, nuestro futuro.

Lo que es, entonces, de veras intolerable, mientras rugen los incendios, y la lluvia cae a torrentes en la poca del ao cuando no debera caer una gota, y los ros se abruman de barro y la Antrtida se hace pedazos, lo que me enfurece y desespera es que justo en este momento aciago en la historia natural de Chile, justo ahora estoy forzado a contemplar cmo el gobierno de los remotos Estados Unidos, ese pas donde con mi mujer vivimos la mayor parte del ao, est a punto de cortar los recursos y anular las regulaciones ecolgicas que, aunque insuficientes, constituan pasos progresistas necesarios para garantizar un porvenir ms limpio y sano.

Y, estando a punto de retornar a nuestro hogar en los Estados Unidos, nuestros amigos y familiares ac en Chile, nos preguntan, una y otra vez: Acaso puede ser cierto? Puede ser cierto que Trump est preso de una estupidez tan suicida como para negar que exista el cambio climtico, tan demente como para instalar como su zar del medio ambiente a un enemigo de la madre tierra? Puede encontrarse tan encandilado por la avaricia ciega de la industria de la extraccin energtica, tan ignorante de la ciencia, tan monumentalmente altanero, que no se da cuenta que nos estamos acercando, que l nos est acercando, al apocalipsis? Puede ser cierto?, preguntan y vuelven a preguntar, atnitos.

Y la respuesta, para nuestro infortunio, es que s, que es, tristemente, ms que cierto.

* El ltimo libro de Ariel Dorfman, autor de La Muerte y la Doncella, es la novela Allegro.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/23500-agua-y-fuego-en-el-fin-del-mundo



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