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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2017

Barrios populares e institucin policial
Una humillacin racista y sexista atmosfrica

Sad Bouamama
Investig'Action

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Tras la muerte de Adama Traor el pasado mes de julio durante un control de identidad de los gendarmes, la violencia, los insultos racistas y la violacin de Tho el 2 de febrero por parte de cuatro policas han vuelto ha suscitar la clera de los barrios populares en general y en particular de sus habitantes surgidos de la inmigracin. Cuando todava estbamos impactados por la emocin y la clera, los senadores y diputados adoptaban definitivamente el proyecto de ley que suaviza las reglas de legtima defensa de los polica.

La ltima ley del mandato de cinco aos de Hollande autoriza a los policas a disparar despus de dos avisos en cinco situaciones que se enumeran en el texto de la ley. El texto prev adems que se dupliquen las penas por el delito de desacato a un agente con lo que la pena posible pasa a un ao de crcel y 15.000 euros de multa. La nueva ley instaura tambin el anonimato de los policas en los procedimientos judiciales, una prctica que hasta ahora estaba reservada nicamente a los investigadores de casos de terrorismo.

Un sentimiento de impunidad para unos linda ahora un poco que antes con un sentimiento de negacin para los otros. Las dos vertientes de la relacin social entre la institucin policial y los barrios populares se exacerban en el sentido de un reforzamiento de la creacin de una humillacin racista y sexista atmosfrica.

Como ocurre siempre que se trata de los barrios populares han emergido rpidamente una serie de contrafuegos cuya funcin es ocultar la primera cuestin que plantean los hechos: la de la relacin social entre la institucin policial por una parte y los negros y rabes de los barrios populares por otra. Abordemos tres de estos debates que sirven de pantalla: la excepcionalidad de los actores policiales en forma de la afirmacin ofendida no toda la polica es racista, la excepcionalidad de la vctima en forma de la afirmacin Tho es un buen chico y la excepcionalidad de los hechos en forma de la focalizacin sobre la violacin.

La excepcionalidad de los actores policiales

Antes de abordar estos tres discursos recordemos que el establecimiento de la excepcionalidad es un proceso clsico de los procesos y discursos de dominacin cuando un hecho o una actitud impide la legitimacin habitual de la relacin no igualitaria. Permite preservar una estructura denunciando un abuso, salvar un sistema eliminando una de sus consecuencias que se han vuelto ilegtimas, reproducir los mecanismos esenciales suprimiendo un efecto visible demasiado escandaloso a ojos de la opinin pblica y/o de un espacio geogrfico.

Hay multitud de ejemplos de este tipo de procesos: desde la denuncia de los abusos coloniales para defender una colonizacin humana a la promocin de algunos hijos de obreros o de inmigrados para justificar un sistema no igualitario insistiendo en sus esfuerzos e inteligencias excepcionales, pasando por las famosas que ya hemos odo del tipo s, pero t no eres lo mismo para hacer una afirmacin racista.

La excepcionalidad de los policas adquiere clsicamente dos formas: el discurso negativo sobre el abuso policial y el discurso positivo sobre la gran mayora de policas republicanos que no son racistas.

En ambos casos el resultado es que la institucin policial desaparece del debate y del intento de comprender. La nocin desvirtuada y recurrente del abuso cuando ya no se pueden negar los hechos oculta el conjunto de los factores constitutivos de la relacin social entre negros y rabes e institucin policial, cuya consecuencia lgica es, precisamente, estos famosos abusos: naturaleza de las misiones confiadas a la polica, opcin de establecer algunos cuerpos policiales especiales (Brigades Anti-Criminalit (BAC), Brigades Spcialiss de Terrain (BST)*), tipo de armamento (por ejemplo, las BST estn equipadas con porras telescpicas y lanzadores de balas de defensa** con un alcance de 40 metros), discursos polticos sobre los territorios de la repblica que hay que reconquistar, continuos controles segn la apariencia de la persona, nmero de vctimas tras una confrontacin con la polica y nmero de condenas, etc.

Como pone de relieve un eslogan aparecido en las redes sociales, el simple hecho de que muchos jvenes decidan huir es significativo del sentimiento de inseguridad generalizado que sienten ante los policas: Tho y Adama nos recuerdan por qu corran Zyed y Bouna. De la misma manera un eslogan utilizado hasta entonces por los sin papeles reaparece espontneamente en las manifestaciones de estos das: Nosotros no somos peligrosos, estamos en peligro.

Como en el caso de Zyed y Bouna, los jvenes negros y rabes del conjunto del hexgono se pueden identificar con Tho por experiencia (sufrida o vista). Este simple hecho invalida la nocin de abuso que en s misma orienta hacia la excepcionalidad y la escasa recurrencia.

El discurso sobre la polica republicana, por su parte, desplaza el debate. Se trata aqu de remitir a una postura moral binaria del tipo dice usted que todos los policas son racistas?. Se trata de poner a la defensiva a quienes osen poner en tela de juicio el funcionamiento de la institucin policial. As, demasiadas declaraciones concernientes a las violencias que ha sufrido Tho empiezan con un elogio a la polica republicana que no hay que confundir con alguna manzanas podridas que hay en su seno.

Sin embargo, la cuestin que se nos plantea dramtica y regularmente no es la de la moralidad de tal o cual porcentaje de policas, sino la de las misiones que se confan a la polica republicana, de los objetivos que se le designan, de los pasos al acto que se le autorizan, de las impunidades que se les garantizan, de los armamentos de los que se les dota, etc. La cuestin que se plantea no es moral sino poltica. Es, ni ms ni menos, la de la institucin policial.

Plantear esta dimensin sistmica no significa que los agentes no intervengan en el desarrollo de los hechos. Sin duda la violencia sistmica se encarna en unos comportamientos que variarn de un agente a otro, pero sigue estando determinada por el contexto global de la institucin policial. Tampoco hay que subestimar la influencia de las ideologas de extrema derecha que desde hace varias dcadas se desarrollan en la polica. Testimonio de ello es el estudio del Centre de recherches politiques de Sciences Po ( CEVIPOF) que constata que el 51. 5 % de los policas y militares votaron al Frente Nacional en 2015, frente a un 30 % en 2012. Tambin es testimonio de ello las manifestaciones ilegales de policas legitimadas a posteriori por la adopcin de la ley que suaviza las reglas de la legtima defensa [de los policas]

Por ltimo, seguimos esperando las denuncias por parte de los policas republicanos de las prcticas violentas de sus colegas. No solo son raras, sino que cuando todava eran recientes los gritos de Tho hemos podido or a un responsable policial decir en una radio que negrata*** sigue siendo bastante aceptable.

La excepcionalidad de la vctima

El alcalde (del partido Les Rpublicains) de Aulnay-sous-Bois**** denunci por una vez un desvo de la verdad una vez que la acusacin de violacin se recalific de violencias voluntarias. Sin duda uno se podra preguntar por la coherencia de este cargo electo que no cuestiona la responsabilidad de su partido en las recientes evoluciones de la institucin policial, pero semejantes tomas de postura son lo suficientemente raras como para no morder la mano que te da de comer. En cambio, en varias ocasiones el alcalde ha insistido en el hecho de que Tho era un buen tipo, unindose as a las muchas declaraciones y tomas de postura que recordaban que no tena antecedentes penales, que era un educador, que participaba en varias asociaciones de su barrio.

Esta excepcionalidad en apariencia positiva comporta implcitamente la posible aceptabilidad de estas violencias en el caso de jvenes que tengan antecedentes penales o sean conocidos de los servicios de polica, por retomar la expresin consagrada en cada abuso policial. Como ponen de relieve Frantz Durupt y Balla Fofana en el artculo de Libration del 8 febrero:

A base de destacar demasiado las cualidades de Tho se corre el riesgo de hacerlo pasar por una excepcin, el negro bueno, y de presentar su caso como un acto aislado. Insistir en su bondad es poner una mscara sobre el ojo amoratado de una realidad francesa, la de la violencia policial. Estas agresiones ciegas, basadas en prejuicios racistas, no se molestan en saber si un individuo es un premio Nobel de la Paz o no. Tho no necesita circunstancias atenuantes y menos an que lo encierre en el clich colonial del buen negro sensato, culpable nicamente de no haber nacido con buena estrella. S, Tho es un buen tipo, pero, esa no es la cuestin!.

Otra versin de la excepcionalidad de Tho adopta la forma del elogio de su reaccin, digna y responsable. Tambin aqu lo importante es lo que se dice implcitamente, lo que se sugiere, lo que se transmite implcitamente: la invalidacin de la clera ante una injusticia. Una simple comparacin con los discursos y prcticas mantenidos a propsito de las reacciones de la familia de Adama Traor (denuncia por difamacin de la alcalde de Beaumont-sur-Oise, denuncia por difamacin de una de los gendarmes, detencin provisional de dos hermanos de Adama, etc.) permite entender la funcin de esta excepcionalidad: prohibir la expresin de una clera legtima. El mensaje que conlleva implcitamente el elogio de buenos comportamientos es que la violencia no es igual segn quin la practique.

La excepcionalidad de la vctima contribuye as a silenciar a las vctimas y a sus allegados, y por ello participa en la reproduccin de la violencia policial. Tambin contribuye a separar las manifestaciones de protesta y los enfrentamientos con la polica de las ltimas semanas de los hechos dramticos sufridos por Tho. Se trata de negar cualquier relacin entre las violencias policiales banalizadas e impunes por una parte y la clera de una juventud silenciada por otra.

El comportamiento de Tho se opone al de los manifestantes para negar las razones incluso de la clera. Por lo tanto, la negacin de la verdadera causa de los enfrentamientos con las fuerzas del orden permite presentar otras causas que, en esta ocasin, estigmatizan a los habitantes de los barrios populares. As Marion Marchal Le Pen puede declarar en France 2 el martes 14 de febrero que a los jvenes que se enfrentaron a la polica no les importa absolutamente nada Tho para presentar a continuacin su explicacin: un odio latente hacia Francia en estos barrios que posiblemente est vinculado al comunitarismo.

Este discurso no es nuevo. Es el mismo que el que se oy en 2005 a propsito de la revuelta de 400 barrios populares durante 21 das tras la muerte de Zyed y Bouna. Una vez ms consiste en silenciar el proceso de identificacin con Tho que sienten muchos jvenes tras su experiencia y competencia de uso de los controles de polica. Por supuesto, existen otras causas para explicar las explosiones de estas ltimas semanas, entre otras las prcticas de provocacin de algunos policas. Est claro que algunos jvenes querran plantar cara a una institucin que les parece injusta e impune. Si la causa de las explosiones no es la violacin de Tho, sin duda es un desencadenante que revela la magnitud del pasivo entre la institucin policial y la juventud de los barrios populares.

La excepcionalidad de los hechos

Indudablemente hay un umbral cualitativo de pasado en la magnitud y tipo de violencias que se permiten algunos policas. Sin embargo, nos equivocaramos si las considerramos totalmente nuevas, como atestiguan las declaraciones que aparecen desde la mediatizacin de los hechos. En el pasado ha habido otras violencias de tipo sexual, simplemente se ocultaban y/o no lograron traspasar la frontera de los medios de comunicacin. Este es otro aspecto del proceso de silenciamiento de las vctimas de las violencias policiales. No es fcil dar testimonio de los ataques a la integridad fsica y a la intimidad de una persona. No es fcil presentar ante otros policas la denuncia de estas violencias. Con razn o sin ella hay muchas personas que tratan de aparselas con la esperanza de olvidar o, cuanto menos, de seguir viviendo.

La insistencia, rayana a veces con lo obsceno, en los detalles de la violacin (cantidad de centmetros de la penetracin, detalle de las heridas, etc.) adems de no tener en cuenta el efecto que puede tener en Tho, contribuye tambin al proceso de excepcionalidad e incluso de una doble excepcionalidad: respecto a la cultura de la violacin en el seno de la polica y de los pasos al acto que suscita por una parte y respecto a los procesos de humillacin de los que la violacin no es sino una de las formas por otra.

Por lo que se refiere a la violencia sexual de la polica, recordemos algunos casos que lograron figurar en los medios. En 1991 en Bobigny un hombre de 49 recibi una paliza durante su detencin por trfico de estupefacientes y puso una denuncia por violencia y violacin. Los cinco policas sern condenados a entre 3 y 4 aos de crcel, pero esta pena se reduce a 12 y 15 meses de suspensin con 3 meses de crcel para el jefe.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condena a Francia en su sentencia del 28 de julio de 1999 precisando que hay que considerar estas maniobras actos de tortura. (1) En 2001 un joven de 16 aos es detenido en un control de identidad en Asnires-sur-Seine. Se le lleva a la comisara y recibe una paliza. Dos horas despus los mdicos del hospital constatan contusiones mltiples y una fractura del testculo derecho con contusiones y hematomas.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos vuelve a condenar a Francia en su sentencia del 14 de marzo de 2011. A finales de 2015 un joven de 29 aos es controlado en estado de embriaguez y es violado con una porra. El polica reconoce los hechos y destaca que el hecho fue involuntario.

Estos pocos hechos concernientes a tres hombres (un negro y dos rabes) no deben ocultar las violaciones de mujeres por parte de agentes de la institucin policial. Demos tambin algunos ejemplos. En mayo de 2012 una mujer que estaba en una celda de desintoxicacin en [la localidad de] Mantes la jolie es violada por un agente. Este afirma en su defensa que la vctima consinti y que se trat de un malentendido sexual. (2) En abril de 2014 una turista canadiense de 34 aos es violada en [la sede de la Prefectura de Polica de Pars situada el] el nmero 36 del Quais des Orfvres. Los tres policas afirman que la relacin sexual fue consentida. El caso es sobresedo (3).

En diciembre de 2015 dieciocho adolescentes de edades comprendidas entre los 14 y 18 aos presentan una denuncia contra una decena de policas por violencia voluntaria, agresin sexual, secuestro y abuso de autoridad. (4) Como en el caso de la violencia sexual concerniente a los hombres, aqu se trata solamente de unos actos de violencia en los que las vctimas han logrado superar los mltiples obstculos y presentar una denuncia.

Estos hechos escandalosos solo son posibles porque la cultura de la violacin es una realidad que se impone en la institucin policial. Testimonio de ello son los mltiples relatos que figuran el pgina de Facebook titulada Testimonios de sexismo, cultura de la violacin y culpabilizacin de las vctimas por parte de la polica o en su seno. (5) La excesiva excepcionalidad de la violencia sufrida por Tho contribuye, voluntariamente o no, a ocultar esta cultura de la violacin y los pasos al acto que autoriza.

La excepcionalidad de los hechos tambin contribuye a subestimar unas prcticas de humillacin que estn lejos de limitarse nicamente a la violencia sexual en la relacin de la polica con los barrios populares. Desde el tuteo***** generalizado a los controles que son voluntariamente repetitivos de los mismos jvenes, pasando por las injurias de connotacin racista y sexista, los tocamientos, etc., la humillacin tiende a banalizarse en algunos barrios populares. Ahora bien, la humillacin nunca est libre de consecuencias. No es casual que el trmino dignidad aparezca cada vez ms en los testimonios y en las convocatorias de movilizacin contra las violencias policiales. En efecto, la humillacin es lo que atenta contra la dignidad del ser humano.

De la humillacin a la dignidad

Los jvenes de los barrios populares han recuperado el trmino rabe hogra para dar cuenta de esta experiencia de humillacin con la institucin policial, pero tambin con muchas otras instituciones. El trmino estaba presente en los corrillos a la entrada de los edificios antes de figurar en los panfletos y en los carteles asociativos y polticos. Ya en un artculo publicado en 2000 llambamos la atencin sobre la reinversin de este trmino que definamos de la siguiente manera: Significa a la vez desprecio, humillacin, injusticia y abuso de poder. (6)

Las consecuencias de la hogra sobre el sujeto que la sufre no son anodinas. No estamos ante una prueba que se pueda superar fcilmente. La hogra en general y la humillacin en particular atentan contra la integridad y la intimidad del sujeto, y contra la imagen que este tiene de s mismo. Al cosificarme, la hogra y la humillacin atentan contra las propias ganas de vivir. Al negarme como sujeto portador de derechos imprescriptibles, me orientan hacia una muerte social que puede adoptar multitud de formas en un espectro que va desde la interiorizacin total a la canalizacin de la energa hacia una accin colectiva.

Los comportamientos de autodestruccin individuales, el aumento de la violencia sobre los mos y mi entorno, las revueltas de los barrios populares y la organizacin colectiva son otras tantas formas de expresin de la reaccin a la hogra y a la humillacin. La orientacin hacia tal o cual forma depende de los canales de reconocimiento y de expresin de la clera legtima por una parte, del estado de aislamiento por otra y del estado del sentimiento de influir en la transformacin de lo real por una tercera parte. Era necesaria esta breve descripcin de las consecuencias de la humillacin sufrida para calibrar la inanidad de muchos discursos y advertencias dirigidos a los militantes de los barrios populares. Destaquemos dos que estn particularmente presentes en la actualidad.

La primera advertencia inconsistente es la exigencia de una condena de las revueltas violentas de los barrios populares o de los enfrentamientos con la polica. Apelamos a todos los militantes y colectivos a rechazar esta conminacin, sea cual sea su postura respecto a la violencia como forma de accin poltica. Esta condena no solo es ineficaz sino que contribuye a aislar an ms a aquellas personas para las que la violencia realizada no es ms que una respuesta a la humillacin y a la violencia sufridas.

La sumisin a esta advertencia sea cual sea su intencin contribuye a negar la bsqueda de dignidad que hay en estos arranques de vida y de dignidad. Otra cuestin es que se considere que estos arranques deben tomar otros caminos. Los deseos de vida y de dignidad adoptan las formas que pueden adoptar en un momento dado y en un contexto determinado.

La segunda advertencia inconsistente es la de la defensa de la polica republicana que sera globalmente sana a excepcin de algunos corruptos. Ceder a esta conminacin es renunciar a entender el carcter sistmico de la relacin entre barrios populares y violencia policial.

Es remitir a los individuos policas lo que no es sino el resultado de opciones de seguridad globales. Si el individuo polica puede tratar de salvaguardar su integridad moral es entrando en contradiccin con los principales determinantes de las opciones de seguridad contra los barrios populares desde hace varias dcadas. Y es que la humillacin es una relacin social que no solo tiene efectos sobre la persona humillada, los tiene tambin sobre la que humilla.

Cuando se es el actor de la humillacin de otra persona no solo se la deshumaniza sino que tambin se deshumaniza uno mismo. Esto es lo que deca Frantz Fanon a propsito de un inspector europeo que practicaba la tortura durante la guerra de Argelia: Como no tena pensado (sera un disparate) dejar de torturar (entonces tendra que dimitir), me peda sin ambages que le ayudara a torturar a los patriotas argelinos sin remordimientos de conciencia, sin problemas de comportamiento, con serenidad. (7)

Anticipmonos a la crtica: no afirmamos que la situacin de los barrios populares sea la misma que la de la colonizacin, sino que los procesos que se producen en ellos siguen la misma lgica de humillacin con unas consecuencias de la misma naturaleza sobre la deshumanizacin de los dems y de uno mismo. Si la colonizacin es un estado y unas prcticas de excepcin generalizadas, cada situacin de excepcionalidad tomar o recuperar el camino de las prcticas coloniales.

La herencia est muy presente y los procesos son muy similares. Como pone de relieve pertinentemente Olivier Le Cour Grandmaison, los orgenes coloniales de las prcticas actuales de las fuerzas de orden pblico son indudables y las personas a quienes les parece que negrata *** es una expresin aceptable son la demostracin ejemplar de ello. (8)

No equivocarse de secuencia histrica

Con las violencias que sufri Tho estamos a la vez ante una invariancia y una mutacin. La invariancia es la de la instauracin de una humillacin atmosfrica, por parafrasear a Frantz Fanon, en las relaciones entre la institucin policial y los barrios populares desde hace muchas dcadas. La muerte de los hermanos y la hogra atmosfricas se inscriben en la historia de muchos barrios populares y en la vida de muchos de sus habitantes. Todos los enfoques, discursos o programas que no partan de esta experiencia en la relacin con la polica estn condenados a la incomprensin en el mejor de los casos y en el peor al rechazo brutal por parte de los habitantes de los barrios populares.

Esta invariancia no significa que no se mueva nada. Al contrario, todo est en movimiento, tanto los humilladores como los humillados. Del lado de los humilladores se franque un umbral importante en las manifestaciones policiales de finales del ao pasado y en las respuestas estatales a ellas. Estas manifestaciones son a la vez una expresin de una fascistizacin explcita de una parte del cuerpo policial y un medio de desarrollar esta fascistizacin. De hecho, las respuestas estatales son un reconocimiento pblico de la legitimidad de situarse fuera de la ley. La aprobacin de la ley sobre la legtima defensa policial fomenta el paso al acto, autoriza las prcticas humillantes y refuerza el sentimiento de impunidad.

Por parte de los humillados tambin se pueden constatar unos cambios notables. En primer lugar estos cambios se reflejan en las posturas cotidianas de rechazo de la indignidad a riesgo de sufrir violencia en las interacciones con la polica. Lo que unos viven como arrogancia, insolencia, ponerse en peligro, ausencia de consideracin de la relacin de fuerzas, irracionalidad, etc., bien podra ser simplemente el rechazo del lugar asignado, la exigencia del respeto a una dignidad, la afirmacin de una humanidad que rechaza a ser negada.

Por qu este joven controlado por una decena de policas insiste tanto y tan firmemente en negarse a ser tuteado a riesgo de ver degenerar la situacin? Este tipo de situacin es ahora cotidiana en nuestros barrios. Expresa lo que Martin Luther King pona de relieve en otro contexto: Ms vale sufrir con dignidad que aceptar la segregacin con humillacin. (9)

Pero los cambios no solo son individuales y reactivos. Desde la revuelta de los barrios populares de 2005 se han desplegado una multitud de experiencias colectivas. Frgiles, dispersas, con contradicciones, no son menos una bsqueda de alternativas al cara a cara individual con la polica.

Desde los colectivos de familias de vctimas de las violencias policiales a las mltiples agrupaciones que afirman una voluntad de autonoma y de autorganizacin, pasando por la multiplicacin de espacios de debate o de educacin popular, la dignidad trata de otorgarse una forma de expresin pblica organizada.

De forma significativa, los anlisis y discursos presentes en estas experimentaciones estn marcados por la radicalidad, la articulacin con la herencia colonial, la voluntad de rechazar los enfoques individuales y morales en beneficio de los enfoques polticos y sistmicos, etc. En verdad estamos en presencia de algo nuevo que trata de emerger.

La actual secuencia histrica es efectivamente la de la paradoja y la de una carrera de velocidad entre el proceso de fascistizacin y el proceso de reconquista de la dignidad.

Notas:

* Son respectivamente las Brigadas Anticriminalidad, especializadas en intervenciones en medios sensibles, sobre todo los barrios populares, y las Brigadas Especializadas de Terreno, una nueva versin de la polica de proximidad. (N. de la t.)

** Los Lanceurs de Balle de Dfense son armas denominadas subletales que utilizan un proyectil que se deforma al impactar lo que supuestamente limita el riesgo de penetracin en un cuerpo. An as ya hay provocado daos irreparables en Francia: desde 2004 ha muerto una persona y al menos otras 23 han perdido el uso de un ojo a consecuencia del uso de estas armas. (N. de la t.)

*** El trmino utilizado en francs es bamboula, un trmino despectivo para las personas negras, del mismo modo que bougnole lo es para las rabes. (N. de la t.)

**** Aulnay-sous-Bois es la banlieue parisina donde se produjo la violacin de Tho. (N. de la t.)

  1. Caso Selmouni Contra France, CEDH, demanda 25803/94, http://actu.dalloz-etudiant.fr/fileadmin/actualites/pdfs/NOVEMBRE_2011/AFFAIRE_SELMOUNI_c._FRANCE.pdf, consultado el 20 de febrero a las 10 h.

  2. http://www.la-croix.com/Actualite/France/10-ans-de-prison-pour-un-ex-policier-accuse-d-un-viol-en-cellule-2014-10-29-1228972, consultado el 20 de febrero a las 16 h.

  3. http://www.lemonde.fr/police-justice/article/2016/07/20/non-lieu-general-dans-l-affaire-des-policiers-de-la-bri-accuses-du-viol-d-une-touriste-canadienne_4972318_1653578.html, consultado el 20 de febrero a las 17 h.

  4. http://www.lemonde.fr/police-justice/article/2015/12/18/espece-de-libanais-de-merde-connards-sales-noirs-des-adolescents-portent-plainte-pour-violences-policieres_4834472_1653578.html, consultado el 20 de febrero a las 18 h.

  5. https://www.facebook.com/payetapolice/photos/a.600094363513661.1073741828.600090306847400/600096430180121/?type=3&hc_ref=PAGES_TIMELINE , consultado el 20 de febrero a las 18:15 h.

***** En Francia el tuteo se reserva exclusivamente para una relacin muy familiar o muy cercana, fuera de ello lo normal es el tratamiento de usted. (N. de la t.)

  1. Said Bouamama, Le sentiment de Hogra: Discrimination, ngation du sujet et violences, Hommes et Migrations, n 1227, sept-oct de 2000, p. 38.

  2. Frantz Fanon, Les damns de la terre, La Dcouverte, Pars, 2002, p. 258. [Hay traduccin al castellano: Los condenados de la tierra, Fondo de Cultura Econmica Espaa, 2012]

  3. Olivier Le Cour Grandmaison, Police rpublicaine et quartiers populaires: ltat dexception permanent, https://blogs.mediapart.fr/edition/les-mots-en-campagne/article/160217/police-republicaine-et-quartiers-populaires-l-etat-d-exception-permanent, consultado el 21 de febrero a las 9:30 h.

  4. Martin Luther King, discurso en la Universidad de Oslo del 11 de diciembre 1964, Je fais un rve: les grands textes du pasteur noir, Bayard, Pars, 1998.

Fuente: http://www.investigaction.net/quartiers-populaires-et-institution-policiere-une-humiliation-raciste-et-sexiste-atmospherique/

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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