Portada :: Espaa :: Proceso en Euskal Herria
(el Pueblo quiere la paz)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-03-2017

Recensin de la novela Patria" de Fernando Aramburu (ed.Tusquets)
Patria asesina versus patria colectiva

Ramn Zallo
Rebelin


La crtica literaria de la novela Patria de Fernando Aramburu supongo que la harn personas ms competentes que yo por lo que, a este respecto, me limitar a algunos comentarios de lector para centrarme ms en el universo social y poltico que nos dibuja.

La batalla del relato poltico

Si la novela de Fernando Aramburu ha tenido tanto xito de ventas y crtica y causado tanto impacto ser porque algo ha hecho bien pero, sobre todo, porque dada la interesada promocin y las crticas laudatorias, muchas de ellas muy exageradas tanto en lo literario como lo poltico- le ha venido bien al stablishment, especialmente en la llamada batalla por el relato sobre la situacin dramtica que se ha vivido en el Pas Vasco, pero tambin en Espaa en los ltimos 40 aos.

Una batalla en parte intil porque siempre habr relatos en plural, y el que plantea Aramburu es uno ms y, por lo que explicar luego, bastante parcial y maniqueo, que mezclando prejuicios y verdades absolutas que no lo son tanto, nos presenta un pas irreconocible que se parece, en los comportamientos colectivos, ms a la Sicilia de la mafia y la omert que a la sociedad vasca permanentemente movilizada desde 1978 protestando por los desmanes de uno y otro lado.

Toda esta ausencia en la novela lo convierte en un relato escrito con las tripas, de parte y con bastantes amnesias. Aramburu se refiere a su novela como aportacin a la derrota literaria de ETA. Con ese mimbre como hilo conductor difcilmente se puede hacer un relato espejo. De hecho no se ha esforzado mucho en documentarse (por ejemplo, en pocas pues abarca demasiados aos o en hechos polticos relevantes como fondo) pues le bastaba su mirada ficcionando sobre una localidad dibujada como carcelaria, cobarde y cmplice de criminales.

La recepcin de la crtica, sospechosamente unnime especialmente en la Corte, responde al imaginario que desde Mayor Oreja se avent por los medios como modelo de relato para explicar lo que ocurra en el Pas Vasco: una lucha sin sentido de unos criminales que tenan atemorizada a toda la ciudadana y que quera destruir el Estado de Derecho.

Aramburu as, confiesa no entender: No hay tal lgica. Es todo un delirio y probablemente un negocio (pg 417). A pesar de los centenares de pginas que he escrito en mi vida analizando, criticando y denunciando las acciones y estrategias de ETA nunca la definira como una organizacin dedicada al asesinato en serie (pg 69) porque es un carril que no permite explicar casi nada salvo la aplicacin del cdigo penal.

Aramburu se fue a vivir a Alemania en 1985, con 26 aos y la novela trata de un periodo posterior, que vivi a distancia y que reencontraba, supongo, en sus visitas a Donostia y, sobre todo, en toneladas de informacin y de artculos de columnistas dedicados a crear un relato con un imaginario inducido y que podra resumirse as: todo es ETA (la izquierda abertzale por supuesto.. y se ilegaliza; al igual que la euskalgintza movimiento por el euskera- puesta bajo sospecha... y se cierra Egunkaria); la izquierda abertzale no tiene otra idea en la cabeza que la Patria como identidad asesina; el nacionalismo tradicional consiente, es cmplice y obtiene las nueces del rbol que zarandea la violencia y, de paso, es la fuente primigenia de la que bebi ETA; la sociedad vasca est chantajeada, acobardada y enferma; el Estado es el Derecho y la ley, y las Fuerzas de seguridad, hagan lo que hagan, su baluarte. Este imaginario est implcito unas veces, explcito otras, en el discurso de la novela.

Ese relato, tan lleno de circunloquios, pasa por negar que haya un conflicto vasco (habitualmente se le reduce a una cuestin de presencia de la ideologa nacionalista en una mayora poblacional) siendo el nico conflicto el que ETA cre y el Estado respondi, cuando lo cierto es que haba dos conflictos tan distintos como relacionados: el poltico y general, y el armado y particular de un sector aunque nos afectaba a toda la poblacin. Aquel tipo de relato negacionista ha hecho mucho dao (como en Catalunya) y vale para evitar poner en cuestin la integridad territorial o permitir preguntarse por la salud de la democracia misma.

Eso s que es patria (espaola) y patriotismo no confeso, porque se le pone a la unidad patria por encima de la democracia y del derecho a divorciarse de ella, cosa que no le pasa al patriotismo vasco (sin ETA) que se basa precisamente en la democracia (hoy negada) de preguntarse y aceptar el resultado.

El ttulo mismo arremete contra la patria (ahora que Podemos la revindica incluso para Espaa) como causa ltima de la violencia ocurrida, sin pararse a pensar en la diferencia entre las patrias culturales, sociales y polticas satisfechas, y aquellas que sienten la frustracin de no poder decidir sobre la suya propia. La Transicin sin ruptura democrtica nos trajo la imposibilidad de decidir ms que en los lmites de una Constitucin que en Euskadi no se legitim, y est en la base de la autojustificacin que se dieron ETA m, ETA pm y Comandos Autnomos para proseguir con la estrategia armada despus de 1977 haciendo un flaco favor a la generacin de un movimiento popular nacional de corte solo civil, aunque en algunos temas (Lemoiz, Autova) ETA s tuvo un rol decisorio.

Se puede ridiculizar aquella frustracin colectiva?. Claro!. pero al hacerlo se tocaron fibras muy sensibles porque afectaban a la identidad, al ser o no ser subjetivo, desde donde surgieron los demonios que hemos sufrido, invisibilizando el combate poltico colectivo y pacfico por una sociedad ms libre e igualitaria y por unas instituciones ms decentes que las del Estado.

Los ausentes

Aramburu nos describe en su libro, lo que ya comenzara en los relatos cortos de Los peces de la amargura (2006). Nos narra el sufrimiento oculto de las vctimas de ETA, el miedo al atentado, su aislamiento social en algunos lugares o el vaco a los familiares. Sin embargo lo hace desde el dibujo de un mundo dual en el que solo estn ETA + Izquierda Abertzale versus candidatos a vctimas a las que no puede proteger el Estado y, en medio, como un coro mudo y comparsa, el miedo, la cobarda y el silencio general. Solo dos bandos y un solo conflicto (demcratas violentos).

No fue as porque hace desaparecer del escenario al principal protagonista que siempre ha sido la inmensa mayora de la sociedad vasca: las bases votantes del PNV, la capacidad reactiva del socialismo guipuzcoano, fenmenos como Elkarri o Gesto y su movilizacin constante, la trama amplsima de sociedad civil, mucha base de las izquierdas abertzales que renegaba de ETA, los resultados electorales, las instituciones funcionando, las decenas y decenas de manifestaciones o concentraciones contra atentados y secuestros de ETA ya desde finales de los 70.

Todo ello est alejado del unanimismo social proetarra o acobardado que se dibuja injustamente, aunque tambin es cierto que esa sensibilidad que ni siquiera estaba presente en las filas socialistas en los 80- para el sufrimiento de una parte de las vctimas, comenz solo a principios de los 90 cuando adems de militares, policas y guardias civiles, y supuestos colaboradores y narcos, pasaron a ser vctimas tambin empresarios y polticos electos. Quizs influy es una hiptesis- que la amenaza se cerna sobre la propia urdimbre social y no solo sobre la gente de armas, vista como un cuerpo social ajeno.

En la novela no hay ni rastro ni eco de una sociedad movilizada por causas varias (Autova, OTAN, objetores, huelgas obreras..) desde los 70 hasta los 90 mientras en Espaa se viva el desencanto, la pasividad y la anomia social. No estn la movilizacin contra las violencias de cada momento ni los ensayos sociales para erradicar a ETA o avanzar en el derecho de decisin (Lizarra 1998, Loiola 2006). La sociedad vasca ha sido durante dcadas la ms viva, de mejor criterio y ms politizada de todo el Estado.

As que la intencin de introducir el sentido de culpa colectiva, como en Alemania tras el nazismo (Juaristi, Savater, Varela..) debera pinchar en hueso porque la pelcula narrada es una fantasa, eso s con pinceladas de verdad, hasta confeccionar un discurso de posverdad. Lo siento, pero las culpas a los que las tengan; y est bastante distribuida aunque en distinta dimensin, entre los autores de hechos inapelables (muertos, heridos y amenazados) bastante ms producidos en una parte (ETA) que en otra (GAL y abusos policiales) pero, sobre fondos contextuales (no justificativos) de un Estado y partidos de orden sosteniendo una democracia de bajo perfil, con derechos negados de forma reiterada frente a voluntades colectivas y mayoritarias.

Se podr decir que la de Aramburu es solo una historia local, (aunque no la mencione parece Hernani), sin pretensin de retrato general de Euskal Herria, pero lo desmienten la significacin del conjunto de localidades elegidas para la trama (a aadir Renteria y Donostia), los personajes, las relaciones sociales descritas, el cura, los etarras, la izquierda abertzale, los acontecimientos del antes y despus, las vivencias de los personajes de origen espaol, el accidente de los familiares del preso, la presencia de la tortura o el discurso vicario del propio escritor en el alegato para una causa general (pg 551) sobre los aos de plomo.

Pero para ser justos, hay otro esquematismo maniqueo que se manej en uno de los otros bandos, y fue el de la izquierda abertzale, hasta fechas cercanas con sus conmigo o contra m. Recordemos. Tras el distanciamiento social por la bomba de Hipercor (1987), el Pacto antiterrorista de Ajuria Enea (1988) y el fracaso de Argel (1989), la izquierda abertzale oficial intent la recuperacin de la hegemona social perdida al final de los 80 (en lenguaje, imaginarios, actitudes y races sociales). Pero recurri para ello a un terreno imposible y que choc con la sociedad: la coaccin social (contramanifestaciones o contraconcentraciones con visos de enfrentamiento social) y la kale borroka , amparadas en la pretensin de socializacin del sufrimiento que propugnaba la ponencia Oldartzen de HB (1994). Las acciones de ETA en esa dcada pasaron a ser menos numerosas, ms selectivas y de ms impacto tales como los secuestros prolongados y muy dolorosos para la psique social, culminando con la barbarie del secuestro de Ortega Lara y el asesinato de Miguel ngel Blanco en 1997. El resultado fue el choque frontal con la sociedad vasca casi entera, la ofensiva antinacionalista de Mayor Oreja y Redondo Terreros que fue vista como una amenaza por el nacionalismo moderado y el surgimiento del acuerdo de Lizarra en 1998 (nacionalistas, Ezker Batua, izquierda radical, organizaciones de sociedad civil) que trajo una tregua de ao y medio pero no la paz.

Trama que atrapa y personajes dudosos

La novela es eficaz, de las que atrapa al principio luego bastante menos-, revela sufrimientos, interpela, hace sentir y solidarizarte, con personajes variados y mltiples tramas derivadas. De estilo gil, de captulos cortos y frases an ms cortas y lenguaje rotundo y austero, sus excesivas 640 pgs se leen unas veces con facilidad, y otras con dificultad, por los problemas para reconocer pocas, sus continuos flashbacks, sus cortes a veces artificiosos, sus bastantes reiteraciones y dja vus en la propia novela o un narrador que, a veces, no se sabe quin es. No es un libro que durar para siempre como se ha dicho.

Los dos personajes principales (Bittori y Miren, las temibles matriarcas, esposas de unos maridos simplones pero buena gente) a veces parecen el mismo personaje (en versin perversa- abertzale la una y taimada la otra). Rinden culto al mito del matriarcado pero, por excesivas, no reconocemos ah a nuestras madres aunque es ms que lcito en una novela.

Entre los que son ms burdamente descritos estn casualidad el militante de ETA Joxe Mari y sus amigos, de los que dibuja una cruel caricatura (pg 172). Les despoja de humanidad e inteligencia sin reconocer su militancia y sacrificio estn equivocados o no- convertidos en puros matones, criminales y llenos de testosterona (pg 440) o de competitividad (ganar puntos en la organizacin pg 495) o manteniendo conversaciones increbles entre dos miembros de ETA (cuando tengamos la sartn por el mango entonces bailarn al son de nuestra msica, pg 496). La verdad es que Aramburu no hubiera dibujado as a los militantes socialistas y comunistas de los aos 30 que, por cierto, con frecuencia se liaban a tiros con los del PNV, y viceversa.

Mucho alejamiento de la realidad tiene Aramburu cuando les atribuye actitudes de homofobia (pg 582 y 621) que estn radicalmente proscritas del ideario abertzale desde hace muchos aos (La muerte de Mikel de 1984 fue el antdoto). Al igual que el dibujo de xenofobia anti-inmigrado espaol (pg 173) hace poca justicia a los intensos mestizajes de la poblacin vasca ya desde los 50, mucho ms intensos, por ejemplo, que en Catalunya; ello al margen de que en las mentalidades ms tradicionales queden restos del maketismo y que Aramburu nos trae a colacin (No es vasca pero bien, o sobre la fisioterapeuta que no habla euskara pero en este caso no importa, o con la ridcula paga a la asistenta latinoamericana Celeste son pobres. Ella sabr agradecerlo dice Miren la perversa en ps 25, 28 y 66).

En ningn momento trae a colacin el componente de izquierda en el ideario de la izquierda abertzale. Incluso el nico sindicalista que aparece en el libro -de LAB- lo dibuja como un canalla desagradecido, matn y estpido que pasa informacin sobre su propio patrn (pg 447) sin percatarse de que si lo matan perder el puesto de trabajo.

Peor rollo se trae con el odioso cura Don Serapio, con un perfil imposible de justificador de la lucha armada (pg. 313 ) y culpabiliza a Bittori por ser vctima, recomendndole que no vuelva al pueblo a pesar del alto el fuego de 2011 para no entorpecer el proceso de paz (pg 120). En fin, cartn piedra. Y desde luego no hace justicia a la Iglesia popular vasca que, si en el franquismo fue fuente de rebelda, en democracia propugn en su muy inmensa mayora la no violencia, compatibilizada con la defensa de los derechos polticos de la colectividad. Seguramente junto a la sociedad civil potente y que se enfrent al Estado y a ETA, fue un factor que impidi que nos convirtiramos en una comunidad inviable y fracturada y prepar el camino al fin de ETA que, aunque les cueste a algunos aceptarlo, ha sido menos (que tambin) una derrota policial que el resultado de un aislamiento social, incluido el riesgo de marginacin y de fractura que la izquierda abertzale percibi ya en 2004 (discurso de Otegi). Ahora bien puede haber un cura descerebrado como Don Serapio? Puede, pero ste lo ha fabricado Aramburu como personaje.

Indicativo de la mentalidad de Aramburu es a tribuirle al obispo (y no puede ser otro que Setin) sin venir a cuento como personaje que este seor solo practica la misericordia con los asesinos (pg 489) lo que es una calumnia para quienes hemos seguido (desde el atesmo) su ponderada e incmoda trayectoria y su amplia y digna obra escrita.

Otros personajes (Arantza, Xabier, Nerea, Gorka) tienen perfiles ms cercanos y reconocibles. Y todos ellos mediante trazos rpidos y eficaces aunque sin las finas profundidades sicolgicas de los personajes de Ramn Saizarbitoria, por ejemplo.

Un debate sobre la responsabilidad de escritores y periodistas

Cito a Saizarbitoria con intencin, porque en su debate-encontronazo con Aramburu en 2011 (Feria del Libro de Guadalajara) y reiterada en un debate el 4-11- 2016, este ltimo dijo que los escritores en lengua vasca estn subvencionados y no son libres mientras que Yo puedo explicarme con total libertad. Vaya injusta arrogancia!. No mencion que, de partida, sus colegas y compatriotas voluntariamente se han empeado en crear desde una literatura casi inexistente, que se cien a un primer mercado natural de un milln de hablantes en euskera (que en realidad solo una muy pequea parte lee novela en euskara) mientras que el mercado potencial de Aramburu supera 470 millones de hablantes, adems de tener ms facilidades para ser traducido a otros grandes idiomas con accesos a muchos ms premios y editoriales.

Estuvo fuera de lugar por su parte reprochar en ese debate que la violencia no ha golpeado por igual a unos (escritores euskaldunes) y a otros (autores en castellano) como si los autores se hubieran decantado idiomticamente para protegerse, o habra que culpabilizarse por no haber sido objetivo de ETA, o no habra habido denuncias severas desde ese campo (Atxaga, Lertxundi, Muoz, Zaldua, Cano o Saizarbitoria) en los peores aos de plomo, arriesgando ser vistos como equidistantes (y boicoteados) en Madrid (como le pas a Julio Medem por su valiente La pelota vasca) y, al mismo tiempo, perder lectores en euskera -muchos de ellos de izquierda abertzale-. Al fondo -y lo dice uno que piensa que tambin hay una (buena) literatura vasca en castellano- los complejos o las fobias sean idiomticas, culturales o patriticas son malas consejeras.

El comentario anterior viene a cuento. En su novela Gorka y Ramuntxo, periodistas de una emisora en euskara de Bilbao de la poca (solo haba una en Bilbao y era de la Iglesia) peroran: Te imaginas que t y yo condenramos maana en la radio el asesinato de hoy? Antes del medioda nos habran cortado la subvencin o nos pondran de patitas en la calle (pg 462). Esa foto es tan imposible como injusta. Falsa porque es inconcebible que Gobierno Vasco o la Diputacin de Bizkaia (PNV) pudieran condicionar subvenciones a no denunciar a ETA cuando las propias instituciones lo hacan. Injusta porque mayoritariamente el periodismo en castellano o euskera- hilaba ms grueso que fino frente a ETA tambin en la poca y todos los das, fuera por convicciones o fuera porque le teman ms a los dueos de los media, muy mayoritariamente decantados no solo contra ETA sino contra el nacionalismo. Es no conocer el pas del que habla.

Precisamente lo que se ech ms de menos en la poca fue un periodismo comprometido y sin equidistancias que mirara al fondo de los conflictos: las violencias, incluida en primer lugar la de las organizaciones armadas, y la degeneracin del estado de Derecho, que se profundiz con la bendicin moral de algunos intelectuales antao rojos y luego blancos, con su rendicin a Leviatn. Algunos (Ortiz, Ferrer, Ibarra, Estorns, Lasagabaster, Yanke, Zallo..), por ejemplo, lo intentamos hasta entrando en el consejo editorial en el primer El Mundo de El Pas Vasco (1994-1996) hasta que vino la alianza Aznar PedroJota. Y tantos otros que podra enumerar, Portell entre otros (otro puente).

Hechos dolorosos a recordar

Se mat a empresarios por no pagar la extorsin? S, aunque en el caso de Txato no encaja que no tuviera va para negociar su situacin.

Hubo miedo?. S y mucho, y afect a muchos de nuestros compatriotas que deban llevar escolta incluso cuando quedbamos a comer. En mi caso cuando asesinaron a Lluch (2000) -con el que compart tertulia radiofnica el mismo da que le mataron- empec a mirar durante meses debajo de mi coche, porque tambin asuma una cierta condicin de puente entre las banderas. En la estrategia de fuga hacia delante de ETA estaba la de volar los puentes? A saber. La reaccin social fue tan contundente y sana, especialmente en Catalunya, que ese camino se ceg.

Hubo espiral del silencio? (Nunca hemos sido nacionalistas. Pero es mejor que aqu nadie se entere (p 126). Sin duda y ms especialmente en algunos pueblos. Pero de ah a que nadie, ni los trabajadores, fueran al entierro de Txato o que la gente no sepa o sospeche cmo piensa el de al lado incluso en los pueblos pequeos, o que el vaco a un amenazado y a familiares sea general, es donde ya se entra en un territorio imaginario.

Y si mirramos tambin al otro lado Hubo hostigamiento policial y judicial con suspensin del Estado de Derecho para una franja social entera: la izquierda abertzale, ms all de ETA? Lo hubo. La poblacin en general vivimos traumatizados aos y aos por las acciones de ETA y por las respuestas del Estado que no distingua entre derechos y represiones mientras la Justicia tampoco haca (hace) honor a su nombre.

Llamativamente -y hay que agradecerle a Aramburu la valenta- como autor nada sospechoso describe con detalle (p 505-509) el calvario de la tortura y deja ver que era sistemtica y rutinaria, en Intxaurrondo y la Direccin General de la Guardia Civil de Madrid, incluyendo la mecnica del mdico forense garantista para llamarse andana ante la piltrafa machacada que tiene delante, o del juez instructor (Garzn fue de esos) que ante la queja del torturado contesta con un aqu no toca: presente la denuncia correspondiente en el juzgado(510). Tantos aos los constitucionalistas espaoles y vascos mirando a otro lado a pesar de 5.000 denuncias alegando que denunciar era una consigna de ETA y ahora resulta que uno de los suyos dice que s, que era as, y que el Estado de Derecho tena sus cloacas y que las 9 condenas por torturas en 40 aos nos hablan de otra espiral de silencio. A Aramburu si le creern pero seguro que no se investigar.

Se cierra el crculo narrativo de la novela con la figura del arrepentimiento (y la ambigedad sobre el perdn) simbolizado en las consecuencias de la violencia y en la vida fracasada de Joxe Mari. La crcel cumple su funcin redentora-destructora personal y su objetivo poltico de vencedores y vencidos. Michel Foucault lo tena claro.

La sociedad vasca es consciente de que los errores estratgicos, gravsimos hasta el crimen, de ETA pueden ser una vacuna social para un nunca ms, y que es posible escribir el presente y el futuro con otros mimbres tejidos desde la centralidad de los derechos humanos y la pura fuerza social y poltica. Quizs la izquierda abertzale llegue algn da a la conclusin de que lo mejor de su corriente era su gente y su peso social, sin que necesitara al primo de Zumosol que, ya desde fecha temprana, la maniat pasando a ser su problema y no parte de la solucin.

De hecho, est recuperando poco a poco peso y, al lado, apoyando un giro social a la izquierda, milita otra corriente nueva Podemos- con su propia filosofa. De quin es la derrota entonces? Hay que acotarla porque ese caro vuela de nuevo, tras liberarse del plomo y sus alas negras, y volar ms ligero y alto si hace memoria sincera y liberadora sobre lo que pas. Y si no lo hace, lo hara la Comisin de la Verdad que proponemos desde las organizaciones memorialistas partiendo de la fecha en la que se iniciaron los crmenes de lesa humanidad: 1936 a 1977, y a las que acompaaron violencias injustificables y sin cuento hasta llegar este momento, 2017, en el que pueda cerrarse el relato plausible y diverso sobre lo ocurrido, y alumbrar otra convivencia y otro futuro.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter