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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2017

A la mierda el trabajo?, perdn, de qu trabajo hablamos?

Cristina Carrasco
CTXT

Cualquier propuesta de accin poltica que pretenda ser emancipadora debe considerar las desigualdades entre mujeres y hombres e incorporar formas de contribuir a la desarticulacin del patriarcado como eje de dominacin


Una mujer realiza trabajos domsticos en una calle de Italia. MARIO MANCUSO

El trmino trabajo se puede entender como la actividad realizada por la especie humana destinada a satisfacer sus necesidades y, por tanto, directamente relacionada con su supervivencia y reproduccin. Sin embargo, desde los procesos de industrializacin, el concepto de trabajo fue secuestrado por la ideologa productivista de las sociedades industriales, establecindose una identificacin entre trabajo (una actividad) y empleo (una relacin social). De esta manera, tradicionalmente, los estudios sobre el trabajo han considerado solo la parte mercantil de la actividad econmica y, por tanto, un tipo de trabajo el empleo que ha estado socialmente asignado a la poblacin masculina.

Pero una rpida mirada hacia el pasado nos permite observar que a lo largo de la historia de la humanidad se han desarrollado formas de trabajo absolutamente diversas, bajo distintos marcos sociales, con distintos niveles tecnolgicos, realizadas por distintos miembros del hogar, dentro o fuera del mbito domstico y con o sin remuneracin. De estos distintos tipos de trabajo el que histricamente ha ocupado ms tiempo y el que siempre ha acompaado al resto de los trabajos es el que podramos denominar en trminos genricos de subsistencia directa y que hoy llamaramos domstico y de cuidados.

Con la implantacin del sistema capitalista (patriarcal), todos los trabajos que se realizan en contextos no mercantiles quedaron devaluados y no reconocidos como trabajo, fundamentalmente, el trabajo domstico y de cuidados realizado bsicamente por mujeres e implicado directamente en el cuidado de la vida y de los cuerpos-- se hizo invisible, a pesar de ser el eje central de la existencia humana. Este olvido terico y poltico que ha ayudado a determinar diferencias profundas en los trabajos y en las vidas de mujeres y hombres-- no es sorprendente, ya que responde a una ideologa patriarcal que ha desvalorizado todo aquello realizado tradicionalmente por las mujeres: sus formas de actuar, de pensar, su cuerpo (utilizado y violentado por lo masculino), el tipo de relaciones que establecen, etc. Y cuando estos trabajos salen al mercado, se mantienen como una actividad de nivel inferior. As se ha ido construyendo un imaginario colectivo que asocia las actividades de cuidados y reproduccin social a la baja cualificacin.

Podra resultar curiosa o incomprensible esta desvalorizacin social de una actividad que es fundamental para la subsistencia de las personas y la reproduccin social; ya que sin el cuidado que se realiza desde los hogares a lo largo de todo el ciclo vital: alimentacin, niez, cuidado en la salud, enfermedades, envejecimiento, cuidados afectivos y emocionales, etc., la vida no sera posible. Sin embargo, es perfectamente comprensible desde la perspectiva del sistema econmico. La produccin capitalista no tiene capacidad ni posibilidades de reproducir bajo sus propias relaciones de produccin la fuerza de trabajo que necesita. La reproduccin diaria, pero sobre todo la generacional, requiere de una enorme cantidad de tiempo y energas que el sistema no podra remunerar. Pero, adems, el mercado no puede sustituir los complejos procesos de crianza y socializacin que implican afectos, emociones, seguridades, etc. y que permiten que las personas se desarrollen como tales. Slo la enorme cantidad de trabajo domstico y de cuidados que se est realizando hace posible que el sistema econmico pueda seguir funcionando. De ah la invisibilidad que mantiene el sistema del nexo que relaciona ambos trabajos, ya que parte de sus beneficios proviene de ese trabajo no remunerado que le reproduce la fuerza de trabajo.

En nuestras sociedades capitalistas, ambos trabajos mercantil y de cuidados-- son absolutamente necesarios para la subsistencia de las personas, aunque reciben un reconocimiento social muy distinto. El trabajo monetizado goza de valor social (aunque con diferencias importantes segn el tipo de actividad), valoracin de la que carece el trabajo realizado desde los hogares. Sin embargo, este ltimo es el que est directamente relacionado con el cuidado y la vida de las personas por lo que debiera ser la preocupacin social central.

En definitiva, si se quiere reflexionar sobre la cuestin del trabajo, hay que ampliar la mirada y no considerar solo el trabajo remunerado, sino los distintos trabajos necesarios que tienen lugar en nuestras sociedades actuales. Aunque sin olvidar que los distintos trabajos no se realizan todos en un mismo contexto social ni bajo las mismas relaciones sociales; no todos tienen la misma importancia en nuestras vidas; algunos son absolutamente necesarios para la subsistencia y reproduccin de la especie (alimentacin, cuidados, educacin, sanidad, etc.), otros no son bsicos pero contribuyen al bienestar y a una vida ms humana, y unos terceros pueden ser prescindibles, e incluso, algunos pueden ser indeseables (como muchos trabajos de publicidad, finanzas, etc.). Estos ltimos solo son necesarios para la continuidad del sistema econmico capitalista. Por tanto, sera necesario replantear el valor de los trabajos en funcin de su aportacin a los procesos vitales.

Desde esta mirada pierde sentido la expresin a la mierda el trabajo o hablar del derecho a no trabajar o del trabajo como bien escaso. En el primer lugar, respondiendo a la definicin de trabajo, queda claro que para satisfacer las necesidades humanas es necesario trabajar (en algn tipo de trabajo). En el segundo, como participantes de una sociedad, todos y todas deberamos contribuir al proceso comn de dar respuesta a las necesidades tanto individuales como colectivas; quien no trabaja pero est en condiciones de hacerlo estara parasitando de los/as dems. Y, en el tercero, lo que escasea en realidad no es el trabajo, sino los empleos promovidos por quienes tienen el poder de hacerlo. Adems, desde nuestra perspectiva, hay que recordar que todos estos procesos no son neutros sino que estn atravesados por distintos ejes de desigualdad, entre los cuales normalmente se olvida la desigualdad de gnero.

Por ello, cualquier propuesta de accin poltica que pretenda ser emancipadora debera tener una visin amplia en relacin a los distintos trabajos discutiendo cules seran bsicos, cmo se repartiran, cmo se distribuira la renta-, pero tambin debera considerar las desigualdades entre mujeres y hombres y, por tanto, incorporar formas de contribuir a la desarticulacin del patriarcado como eje de dominacin. Los procesos emancipadores obligan a considerar en conjunto los distintos sistemas de opresin. Sabemos que lo que no se nombra no existe. Por tanto, no hacer explcito el poder patriarcal y sus consecuencias sobre la vida de las mujeres es suponer que el modelo de comportamiento masculino en relacin a la violencia contra las mujeres, la no asuncin del trabajo de cuidados, etc. se resolver por s solo sin ningn tipo de intervencin social o poltica.

La propuesta de una renta universal que sostiene la RBU no considera los aspectos sealados ni con respecto al trabajo ni con respecto a las relaciones patriarcales. En primer lugar, su planteamiento est sesgado hacia el trabajo remunerado, considerando de manera muy marginal los otros trabajos, con lo cual, desde nuestra perspectiva, sus posibles resultados seran limitados. Como seal anteriormente, todos y todas deberamos realizar algn tipo de trabajo necesario, pero la RBU no asegura ni plantea la distribucin equitativa por ejemplo del trabajo de cuidados o de otros trabajos seguramente desagradables-- necesarios para la subsistencia de la poblacin. En segundo lugar, es una visin muy monetarizada, que contempla bsicamente los aspectos dinerarios. Estamos de acuerdo en que en la situacin actual de gran vulnerabilidad social y precariedad laboral, deberan realizarse polticas para evitar la pobreza, pero deberan realizarse junto a polticas que afecten a la reorganizacin o redistribucin de los trabajos entre todas y todos. Por otra parte, la visin monetarizada tambin se traduce en su idea de pobreza, considerndola solo pobreza de recursos monetarios, sin tener en cuenta otras dimensiones de la pobreza como la falta de acceso a servicios bsicos, la cultura o la pobreza de tiempo, caracterstica esta ltima de la vida de las mujeres en sociedades capitalistas. Por ltimo, la RBU manifiesta un sesgo neoliberal en su visin de la libertad de eleccin que tendra la poblacin. Sabemos que la libre eleccin es un mito, una falacia introducida por la ideologa neoliberal. Las personas estamos totalmente condicionadas por ideologas, entorno, presiones sociales, etc. En este sentido, las mujeres podran elegir voluntariamente el trabajo domstico y de cuidados no necesariamente porque sea su opcin de vida, sino porque se vean obligadas por la presin social. Y, si no hay una respuesta colectiva y de la poblacin masculina a la organizacin y la gestin del cuidado, las mujeres lo asumirn, sencillamente, por el valor que le dan a la vida frente a las exigencias del capital. De aqu la importancia de que cualquier propuesta de cambio incluya formas de influir en el comportamiento masculino para ir transformando el imaginario colectivo de la naturalizacin del cuidado como asunto de mujeres.

As pues, si se piensa en alternativas viables actualmente, que tengan como objetivo una vida digna y vivible para toda la poblacin mujeres y hombres- es necesario considerar un proceso de "resignificacin" de mujeres y hombres ms all de una sociedad patriarcal, un cambio simblico que conduzca a valorar socialmente las actividades de cuidados que dan sentido a la vida y que las mujeres han realizado a lo largo de la historia. Las relaciones patriarcales no se diluyen por s solas ni se transforman solo porque se modifiquen las relaciones capitalistas. Por tanto, las propuestas de accin poltica deberan incorporar en s mismas lo que alguna compaera denomina potencialidad gnero-transformativa.

Cristina Carrasco es economista. Profesora de Teora Econmica de la Universidad de Barcelona. Miembra del Instituto Interunivesitario de las Mujeres y el Gnero de las Universidades Catalanas y de la International Association for Feminits Economic.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170301/Firmas/11223/Debate-a-la-mierda-el-trabajo-desigualdad-mujeres-emancipacion.htm



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