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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2017

La Constitucin: cerrojo del cambio

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Los tiempos electorales traen nuevas promesas de cambio, golpes de pecho autocrticos e iniciativas polticas diversas, algunas muy ingeniosas. La mayora proviene de la casta poltica que otra vez sale a cazar incautos zorzales. A su manera, todos los partidos prometen un cambio, algo distinto a lo que existe. Es lgico: sera fatal para todo candidato prometer ms de lo mismo y profundizar todava ms la crisis que Chile arrastra con una pachorra conmovedora.

En el escenario poltico-electoral, sin embargo, hay tambin actores bien intencionados que se proponen levantar una alternativa. Tal propsito merece respeto porque un cambio profundo es lo que el pas necesita. Sin embargo ellos han elegido un camino equivocado. Intentan construir primero lo que es culminacin y premio a la constancia y al esfuerzo: el liderazgo poltico. Una alternativa que ponga de pie la fuerza organizada del pueblo no se logra en los nueve meses que faltan para las elecciones. Y mucho menos imitando la rutina de la casta poltica que una mayora ciudadana rechaza. La alternativa popular necesita planteamientos claros y un trabajoprolongado en el seno del pueblo. Crear los niveles masivos de conciencia yorganizacin que permitan el abordaje de las estructuras del Estado, no es tarea fcil. No bastan una proclama o un programa de circunstancias. Solo con trabajo sacrificado y tenaz, que exige dar pruebas de consecuencia y honestidad, se construir una alternativa. Es all donde surgirn liderazgos electorales legtimos y probados.

Es una tarea necesaria pero que recin comienza en reducidos sectores de la poblacin. Se hace en forma dispersa, rudimentaria y sin una estrategia que no sea la protesta que apenas rasgua la piel del sistema. Quienes planteen un cambio en este Chile humillado por la oligarqua y los polticos venales, estn obligados a emprender este trabajo para fundir la lucha social con la accin poltica.

La poblacin, asqueada del maridaje de poltica y negocios, no tiene motivo alguno para creer que estos o aquellos candidatoscambiarn las reglas del juego. Esa actitud -que se expresa en la abstencin electoral- persistir hasta tanto no se plantee la ruptura definitiva con el legado antidemocrtico y corrupto que carga la institucionalidad.

El sistema tiene una camisa de fuerza que es la Constitucin Poltica. Incluso con los remiendos posteriores a 1980 su espritu, letra y arquitectura responden a los intereses de la oligarqua que se ha adueado de Chile. Ningn cambio importante -y favorable al pueblo- se puede hacer mientras ese engendro autoritario est vigente. Lo demuestran incluso las plidas reformas -respetuosas del sistema- que ha intentado el actual gobierno.

La alternativa tiene que buscar un punto de ruptura democrtica con el sistema implantado con las armas. Una ruptura que galvanice las fuerzas del pueblo. Eso significara convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar y plebiscitar la nueva Constitucin democrtica.

Para alcanzar la fuerza que requiere, la alternativa tiene que demostrar que los cambios en salud, educacin, previsin social, vivienda, igualdad salarial de hombres y mujeres, derecho al aborto, seguridad, servicios eficientes, transporte pblico, etc., o sea las necesidades ms apremiantes del pueblo, son imposibles de lograr con la actual Constitucin. Y no digamos cuestiones como la recuperacin de nuestras riquezas bsicas, el reconocimiento del pueblo mapuche y otras etnias, la democratizacin de los medios de comunicacin, una poltica de reindustrializacin y polticas medioambientales para impedir la aniquilacin del planeta devorado por la codicia capitalista. Nada de eso es posible.

El espejismo de una alternativa en competencia con la casta poltica, no toma en cuenta la profundidad de la crisis. Se deja engaar por la somnolencia de la costra social que oculta el descontento del pueblo. Hace tabla rasa de la necesidad ineludible de levantar la ruptura democrtica convocando a la Asamblea Constituyente. Este debera ser el mensaje fundamental de una alternativa digna de tal.

La diferencia con el sistema hay que marcarla en el terreno de la desprestigiada institucionalidad. Solo as se alcanzar una mayora social y poltica capaz de imponer el cambio. Participar en la institucionalidad que se impugna, aceptando reglas que se saben corruptas, repite experiencias que no dejaron ni la sombra de un recuerdo.

Por otra parte, el cambio constitucional no tiene ninguna posibilidad si se enmarca en los procedimientos burocrticos que seestn proponiendo y que dejan en manos del Congreso -o sea de la casta poltica- la facultad de reformar la Constitucin. Es deber de la alternativa denunciar con fuerza esta maniobra que intenta burlar otra vez el derecho del pueblo a construir la institucionalidad que mejor sirva a los intereses de la nacin.

Este ao se medirn de nuevo las fuerzas polticas conservadoras y las que plantean el cambio. Estas ltimas son una minora en un terreno hegemonizado por la abstencin que tiene sin cuidado a los dos bloques partidarios que se turnan en el gobierno. Pero esto no debera ser el caso de una alternativa que debe sembrar, ver crecer y cosechar, un puado de ideas-fuerza en la conciencia de las masas. El 65% de abstencin en las elecciones municipales de 2016, y cifras ms elevadas en las comunas ms pobres, es un antecedente insoslayable en cualquier proyecto poltico.Revela lo que est pensando el pueblo. Los partidarios de la alternativa -entre los que nos contamos- llegan atrasados y sin base social a la confrontacinelectoral. Hay que asumir esa realidad y decidirse a echar los cimientos de una fuerza social y poltica capaz de hacer respetar los derechos del pueblo. Editorial de Punto Final, edicin N 870, 3 de marzo 2017.

www.puntofinal.cl


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