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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2017

El espectculo del refichaje

Alvaro Ramis
Punto Final


La nueva ley de partidos, inspirada en las recomendaciones de la Comisin Engel, trat de ser una respuesta a la crisis de legitimidad en la que estos se sumieron desde fines de 2014, cuando se destaparon los grandes escndalos de financiamiento irregular de la poltica.

Recordemos el contexto: el primer caso que estall es el de Penta, que apunt prioritariamente a la UDI. El grupo financiero, controlado por Carlos Alberto Dlano sobre la base de empresas privatizadas en dictadura, se transform con el tiempo en el mecenas-controlador del gremialismo. Este dato era evidente, pero no se poda probar documentalmente. La revelacin de este hecho desat como efecto domin que distintos otros casos se destaparan simultneamente, salpicando a casi todos los partidos polticos.

Comenzamos a escuchar de los aportes irregulares de SQM, Asipes, OAS, y otras empresas similares. Paralelamente, sin implicar financiamiento partidario, se destap el caso Caval, que afect al hijo de la presidenta. En ese contexto la Comisin Engel, luego de realizar un conjunto de audiencias a nivel nacional, propuso una serie de medidas correctivas, que no solo atendieron al estatus legal de los partidos. Entre esas medidas se propuso la siguiente: Reinscripcin de todos los militantes de los partidos polticos existentes, a fin de asegurar padrones confiables. Esta ser una condicin bsica para acceder al nuevo financiamiento pblico; el Servel deber colaborar para que este proceso se lleve a cabo. Revisar el actual sistema de inscripcin para aumentar la transparencia y probidad, junto con disminuir los costos para partidos y ciudadanos.(1)

Esta medida fue asumida en la nueva ley de partidos sin el menor comentario. En medio de la vergenza, los dirigentes partidarios no tuvieron cara para rechazar una exigencia que aparece como condicin para acceder al nuevo sistema de financiamiento pblico de la poltica. As pasaron los meses, hasta que el plazo perentorio para cumplir esta exigencia, el 14 de abril de 2017, se fue acercando. Es en ese momento cuando se desatan las alarmas. Varios partidos de enorme relevancia se encuentran con que sus padrones no slo estaban inflados, sino que adems no eran capaces de refichar el mnimo de militantes exigidos por ley (18.000). El caso ms bullado, pero no el nico, es el del PPD, ya que al no lograr reinscribirse, la candidatura de Ricardo Lagos no podra competir en las primarias de la Nueva Mayora, lo que le llevara a la peor de las humillaciones.

Hecha la ley, la trampa se busc por secretara. El Servel anunci el 31 de enero, para que no se notara mucho, una batera de medidas administrativas destinada a facilitar la reinscripcin de los partidos ya existentes. En sntesis, se les permiti escanear los carnets de identidad, evitando el trmite ms duro y oneroso que es concurrir presencialmente con el militante a una notara para proceder al refichaje. Evidentemente, una medida que se presta para los vicios ms variados. Ernesto Aguila explica muy bien el problema al decir: Qu buscaba el refichaje? Depurar los padrones partidarios de quienes no solo ya no adscriben al partido, muchos de los cuales nunca supieron cmo llegaron a estar inscritos, sino evitar o reducir la prctica de inscripciones basadas en redes clientelares estatales, municipales o privadas. Los llamados militantes fichas, acarreados luego para las elecciones por caudillos locales y operadores (amparados por dirigentes nacionales), prctica que distorsiona la democracia partidaria, y reduce el peso del voto de los verdaderos militantes. Por ello, era necesario dar con un mecanismo que hiciera del acto de reinscripcin uno esencialmente individual y voluntario.(2)

 

LA ENFERMEDAD

DE LOS PARTIDOS

La crisis del refichaje ha puesto en escena un espectculo lamentable que revela la miseria en la que estn inmersos la mayora de los partidos tradicionales. Su enorme dificultad para reconvocar a su militancia es slo el sntoma de una enfermedad ms grave, cuya etiologa es la siguiente:

1. La ley de hierro de las oligarquas : A inicios del siglo XX el socilogo alemn Robert Michels formul su famosa Ley de hierro de la oligarqua, que resumi as: La organizacin implica la tendencia a la oligarqua. En toda organizacin, ya sea un partido poltico, gremio profesional u otra asociacin de ese tipo, se manifiesta la tendencia aristocrtica con toda claridadLa organizacin es la que da origen al dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organizacin, dice oligarqua.

Michels, que no era un gran demcrata porque termin apoyando a los nazis, formul esta observacin para legitimar la idea de la oligarqua como una necesidad insoslayable. Pero su observacin es cierta en trminos generales. La democracia representativa suele transformarse en democracia delegativa. Y los partidos se convierten en boliches de sus dirigentes, que los manejan como dueos de una parcela.

2. El que paga la msica, pone el baile : La oligarquizacin de los partidos se combina con otro factor: el financiamiento. No siempre el oligarca partidario es el financista. Muchas veces, como se vio con Penta, Asipes y SQM, el que paga la msica en los partidos permanece oculto, preocupado de su agenda directa. El dirigente partidario, oligarquizado, pasa a ser un operador de la empresa a la que le debe su poder.

3. La cartelizacin de los partidos : El fenmeno de la colusin empresarial, que vivimos con tanto drama en el caso de las farmacias y el papel higinico, se replica en los partidos. La colusin llega a tal nivel que cabe hablar de carteles de partidos, ya que se articulan como un sistema donde la mayora se arreglan entre s para evitar la entrada de nuevos competidores o para tapar mutuamente sus escndalos.

4. La descualificacin de la poltica : Todos estos factores inciden en que los partidos, oligarquizados, clientelizados y cartelizados, se descualifiquen, es decir, expulsen a sus militantes ms cualificados profesionalmente o a sus lderes sociales ms ntegros, que evaden permanecer en un ambiente srdido y autoritario. Los cuadros que quedan son cada vez menos preparados, ms dependientes del lder, menos autnomos moralmente, ms incondicionales de la autoridad. Esta tendencia incide en la profundizacin de los otros sntomas ya descritos.

 

ES POSIBLE SUPRIMIR

LOS PARTIDOS?

Hoy parece popular la idea de matar a los partidos. Es explicable por la profunda enfermedad que les afecta. Sin embargo, recordemos que los intentos de hacer funcionar la poltica sin partidos han sido mltiples. En Chile lo trat de hacer Carlos Ibez, en su dictadura, y despus se rindi y gobern con el apoyo de varios partidos. El nico que formalmente ilegaliz todos los partidos fue el dictador Pinochet, pero en la prctica tuvo que aceptar varios partidos al interior del rgimen. Partidos informales, invisibles, pero partidos en toda la regla: los gremialistas de Jaime Guzmn; los nacionalistas de Gustavo Leigh, a los que expuls del rgimen en 1978; los viejos alessandristas, a los que necesit para administrar el Estado; la patrulla juvenil de Allamand y Espina; el partido de la CNI llamado Avanzada Nacional, sin olvidar a algunos ex radicales y ex DC que se agruparon al amparo de Pinochet. Sera interesante escribir una historia de los partidos polticos que sostuvieron a la dictadura, sus relaciones, sus formas de articulacin, sus conflictos, sus estrategias.

El que piense que se puede decretar el fin de los partidos, miente. Los intentos de gobernar sin partidos, mediante una representacin directa del pueblo se denominan corporativismo. Lo intentaron Hitler, Mussolini, Franco, y todos los lderes fascistas del siglo XX. Ninguno pudo hacerlo y terminaron gobernando con movimientos peores que el peor de los partidos que opera en democracia. La bsqueda en el siglo XXI es otra. Se trata de construir una democracia participativa, que sin suprimir el rol partidario en la provisin de ideas y de candidatos, pueda incorporar la voz de la ciudadana en un conjunto de roles que se deben abrir a su competencia directa. Esta participacin no puede existir sin partidos mnimamente decentes, organizados y capaces de articular como mediadores globales en la sociedad. Chile tuvo partidos as, especialmente entre 1925 y 1973. Con todos sus defectos, se financiaban por las cotizaciones de sus militantes, eran instituciones con democracia interna, competan en buena lid, e intentaban llevar de forma honesta las demandas de sus grupos de inters prioritario. Todo eso se perdi en 1973 y no lo hemos recuperado.

 

EL REMEDIO

La forma-partido naci en un contexto: la revolucin francesa. El primer partido de la historia, con el sentido de un grupo organizado para la toma del poder, fueron los jacobinos. El juicio de la historia es duro con Robespierre y ese grupo. Se les acusa de vanguardistas, iluminados, autorreferenciales, implacables, inflexibles, intolerantes, etc. Todo eso es verdad, pero hay un aspecto que se debe rescatar de los jacobinos: supieron conjugar la pasin por conquistar el poder con un apego inquebrantable a sus convicciones. Esta mezcla es difcil de alcanzar: o se cae por el lado del pragmatismo ms burdo, que olvida las convicciones, o se permanece aferrada las convicciones, pero abandonando toda pasin por alcanzar el poder, lo que hace infrtil el proyecto poltico. Por eso estamos llenos de partidos instrumentales, que instrumentalizan todo lo que encuentran sin apego a ningn principio. O por otro lado, vemos una multitud de partidos testimoniales, que agitan una bandera sin la menor capacidad de transformar la realidad. Algunos gramos de jacobinismo, aunque sea en dosis homeoptica, no vendra mal en el panorama chileno. Un grupo de incorruptibles, capaces de tomar el cielo por asalto.

Hace falta un poco de osada.

 

 

(1) Informe del Consejo Asesor Presidencial contra los Conflictos de Inters, el Trfico de Influencias y la Corrupcin.

(2) Aguila, E. (2017): Partidos clientelares?, en La Tercera , 8/02/17.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 870, 3 de marzo 2017.

[email protected]

www.puntofinal.cl



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