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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2017

La CIA estudia a los tericos franceses
Cmo desmantelar a la izquierda cultural

Gabriel Rockhill
The Philosophical Salon

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningn poder poltico. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates acadmicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teora de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad poltica e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.

De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teora, sino que asign importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teora ms recndita e intricada jams producida. Un documento de investigacin escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresin, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teoras asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.

La imagen de unos espas estadounidenses reunindose con asiduidad en cafs parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticacin no podra caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retrica incomprensible con poco o ningn impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprender a quienes estn familiarizados con la prolongada y continua utilizacin de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas ms vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribucin con el libro Radical History & the Politics os Art).

Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: Recuerdo el inmenso placer que sent cuando la Orquesta Sinfnica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] gan ms elogios para EE.UU. en Pars de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles [i] o Dwight D. Eisenhower con cien discursos. No se trataba, de ninguna manera, de una operacin liminal o sin importancia. De hecho, como sostena acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en Pars, que posteriormente result ser una organizacin tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fra, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prest apoyo a una increble gama de actividades artsticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 pases, public docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organiz conferencias y exposiciones artsticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcion generosa financiacin a diversos premios y becas culturales, as como a organizaciones encubiertas como la Fundacin Farfield.

El aparato en Pars: el agente de la CIA y presidente del Congreso para la Libertad Cultural Michael Josselson (centro) en un almuerzo de trabajo con John Clinton Hunt y Melvin Lasky (dcha.)

La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creacin terica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigacin de 1985 recin publicado, titulado Francia: la desercin de los intelectuales de izquierda, examina indudablemente con el fin de manipularla a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeaba en la configuracin de las tendencias que generan la lnea poltica. El informe, a la vez que sugera que en la historia de la intelectualidad francesa exista un equilibrio ideolgico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial al que, como sabemos, se opona de modo furibundo la CIA a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en ltimo trmino, permiti ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribucin directa a los campos de exterminio nazis, as como su agenda xenfoba, anti-igualitaria y fascista (segn las propias palabras de la CIA), los agentes secretos annimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la dcada de los setenta.

Ms concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuy a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus crticas y las dirigieran a la Unin Sovitica. Por parte de la izquierda se produjo una desafeccin gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate pblico y un alejamiento terico del socialismo y del partido socialista. Ms hacia la derecha, los oportunistas ideolgicos a los que se denominaba Nuevos Filsofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaa meditica descarada de difamacin contra el marxismo.

Mientras otros tentculos de la organizacin de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democrticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiacin a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrn parisino de la CIA recoga informacin sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la poltica exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente crticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicacin que ejerca la crtica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel como fundador de Libration a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en Pars y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.

Por el contrario, el ambiente antisovitico y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvi para desviar el escrutinio pblico y proporcion una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al dificultar en extremo cualquier oposicin significativa de las lites intelectuales a las polticas estadounidenses en Amrica Central, por ejemplo. Greg Grandin, uno de los ms destacados historiadores de Latinoamrica, resumi perfectamente esta situacin en su libro The Last Colonial Massacre (La ltima masacre colonial): Aparte de realizar intervenciones notoriamente desastrosas y letales en Guatemala en 1954, Repblica Dominicana en 1965, Chile en 1973 y El Salvador y Nicaragua en los ochenta, Estados Unidos ha prestado apoyo financiero, material y moral silencioso y continuo a estados terroristas asesinos y contrainsurgentes [] Pero la enormidad de los crmenes de Stalin aseguraba que dichas historias srdidas, por muy convincentes, rigurosas o condenatorias que fueran, no interfirieran en la fundacin de una visin del mundo comprometida con el papel ejemplar de Estados Unidos en la defensa de lo que ahora conocemos como democracia.

Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crtica que una nueva generacin de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, Andr Glucksmann y Jean-Franois Revel desencadena contra la ltima camarilla de eruditos comunistas (compuesta, segn los agentes annimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinacin izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolucin poltica personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestin de evolucin y de reconocer que la transformacin social igualitaria es algo del el pasado, personal e histrico. Este derrotismo condescendiente y omnisciente no solo sirve para desacreditar nuevos movimientos, particularmente aquellos liderados por los jvenes, sino que tambin caracteriza de forma errnea los xitos relativos de la represin contrarrevolucionaria como progreso natural de historia.

El filsofo francs antimarxista Raymond Aron (izda.) junto a su esposa Suzanne, de vacaciones con el agente encubierto de la CIA Michael Josselson y Denis de Rougemont (dcha.)

Incluso tericos no tan opuestos al marxismo como estos intelectuales reaccionarios contribuyeron de modo significativo a la atmsfera de desencanto hacia el igualitarismo transformador, al alejamiento de la movilizacin social y al cuestionamiento crtico desprovisto de puntos de vista radicales. Esto es crucial para comprender la estrategia general de la CIA en sus amplias y poderosas iniciativas para desmantelar a la izquierda cultural en Europa y otros lugares. Reconociendo la dificultad de abolirla por completo, la organizacin de espionaje ms poderosa del mundo ha pretendido apartar la cultura de izquierdas de las polticas decididamente anticapitalistas y transformadoras y redirigirla hacia posiciones reformistas de centro-izquierda, menos abiertamente crticas con la poltica interna y la poltica exterior de Estados Unidos. En realidad, tal y como ha demostrado minuciosamente Saunders, la Agencia continu las polticas del Congreso liderado por McCarthy en la posguerra con el fin de apoyar y promover de manera directa aquellos proyectos que desviaban a productores y consumidores de la izquierda decididamente igualitaria. Amputando y desacreditando a esta ltima, aspiraba tambin a fragmentar a la izquierda en general, dejando lo que quedaba del centro-izquierda con un mnimo poder y apoyo pblico (y a la vez potencialmente desacreditada a causa de su complicidad con la poltica del poder de las derechas, un tema que contina extendindose como una plaga por los partidos institucionalizados de la izquierda).

Es en este contexto donde debemos situar la aficin de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversin y su profundo aprecio por los marxistas reformados, un leitmotiv transversal al informe de investigacin sobre los tericos franceses. A la hora de socavar el marxismo escriben los agentes infiltrados son an ms eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teora marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradicin marxista. Citan en particular la enorme contribucin realizada por la Escuela de los Annales, de historiografa y estructuralismo especialmente Claude Lvi-Strauss y Foucault a la demolicin crtica de la influencia marxista en las ciencias sociales. Foucault, a quien se refieren como el pensador francs ms profundo e influyente, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filsofos que la teora social racionalista de la Ilustracin y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas. Aunque sera un error echar por tierra las polticas o los efectos polticos de cualquiera basndose en una sola posicin o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuacin del chantaje del Gulag es decir, la afirmacin de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformacin social y cultural solo resucitan la ms peligrosa de las tradiciones estn perfectamente en lnea con las estrategias generales de guerra psicolgica de la agencia de espionaje.

La interpretacin que realiza la CIA de la obra terica francesa debera servirnos para reconsiderar la apariencia chic que ha acompaado gran parte de su recepcin por el mundo anglfono. Segn una concepcin estatista de la historia progresiva (que por lo general permanece ciega a su teleologa implcita), la obra de figuras como Foucault, Derrida y otros tericos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crtica profunda y sofisticada que presumiblemente va ms all de cualquier relacin con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglfono acogi la obra de los tericos franceses, como acertadamente ha sealado John McCumber, tuvo importantes implicaciones polticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad poltica, las tecnicidades cautelosas de la lgica y el lenguaje, o al conformismo ideolgico puro activo en las tradiciones de la filosofa anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prcticas tericas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denomin la tradicin de la crtica radical la resistencia anticapitalista y antiimperialista ciertamente contribuyeron al alejamiento ideolgico de la poltica transformadora. Segn la propia agencia de espionaje, los tericos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando as un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crtico serio por parte de la intelectualidad.

Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicolgica de la CIA, la organizacin no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de produccin y distribucin cultural. De hecho, su estudio sobre los tericos franceses seala el papel estructural que desempean las universidades, las editoriales y los medios de comunicacin en la formacin y consolidacin de un ethos poltico colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberan invitarnos a pensar crticamente sobre la actual situacin acadmica del mundo anglfono y otros lugares, los autores del informe destacan cmo la precarizacin del trabajo acadmico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga ms o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un pblico, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas. Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalizacin de la educacin superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientficos integrados en el aparato capitalista, ms que en ciudadanos autnomos con herramientas solventes para la crtica social. Los mandarines tericos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francs por presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios tcnicos y empresariales. Tambin sealan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicacin de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria.

Qu lecciones podemos extraer de este informe, especialmente en el contexto poltico en que nos encontramos, con su ataque continuo a la intelectualidad crtica? En primer lugar, el informe debera servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningn poder y que nuestras orientaciones polticas carecen de importancia, la organizacin que se ha convertido en uno de los agentes ms poderosos del mundo contemporneo no lo ve as. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irnicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teora, algo que deberamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer errneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el mundo real, no solo malinterpretamos las implicaciones prcticas del trabajo terico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos polticos de los que fcilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nacin y el aparato cultural francs proporcionan a los intelectuales una plataforma pblica mucho ms significativa que muchos otros pases, la obsesin de la CIA por cartografiar y manipular la produccin terica y cultural en otros lugares debera servirnos a todos como llamada de atencin.

En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder estn particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visin crtica est atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientficos, que equipare las polticas de izquierda-derecha con lo anticientfico, que relacione la ciencia con una pretendida pero falsa neutralidad poltica, que promueva los medios de comunicacin que saturan las ondas hertzianas con chchara conformista, asle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones acadmicas y de los focos mediticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformacin ecolgica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, est neutralizada, inmovilizada, aptica y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crtica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposicin intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo acadmico estadounidense, una postura poltica peligrosa: acaso no es cmplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?

En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarizacin y profesionalizacin de la educacin. Similar importancia tiene la creacin de esferas pblica que posibiliten un debate realmente crtico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. Tambin necesitamos unirnos para contribuir a la creacin o el mayor desarrollo de medios de comunicacin alternativos, diferentes modelos de educacin, instituciones alternativas y colectivos radicales. Es vital promover precisamente aquello que los combatientes culturales encubiertos pretenden destruir: una cultura de izquierdismo radical con un marco institucional de apoyo, un amplio respaldo pblico, una influencia meditica prevalente y un amplio poder de movilizacin.

Por ltimo, los intelectuales del mundo deberamos unirnos para reconocer y aprovechar nuestro poder con el fin de hacer todo lo posible para desarrollar una crtica sistmica y radical que sea tan igualitaria y ecolgica como anticapitalista y antiimperialista. Las posturas que uno defiende en el aula o pblicamente son importantes para establecer los trminos del debate y marcar el campo de posibilidades polticas. En oposicin directa a la estrategia cultural de fragmentacin y polarizacin de la agencia de espionaje, mediante la cual ha pretendido amputar y aislar a la izquierda antiimperialista y anticapitalista, deberamos, a la vez que nos oponemos a las posiciones reformistas, federarnos y movilizarnos, reconociendo la importancia de trabajar juntos toda la izquierda, como Keeanga-Yamahtta nos ha recordado recientemente para cultivar una intelectualidad verdaderamente crtica. En lugar de pregonar o lamentar la impotencia de los intelectuales, deberamos utilizar la aptitud para decir la verdad a los poderosos, trabajando juntos y movilizando nuestra capacidad de crear colectivamente las instituciones necesarias para un mundo de izquierdismo cultural. Porque solo en un mundo as, y en las cmaras de resonancia de inteligencia crtica que provoque, ser posible que las verdades expresadas sean realmente escuchadas y se produzca el cambio de las estructuras de poder.

Nota:

[1] Secretario de Estado con el presidente Eisenhower entre 1953 y 1959.

Fuente: http://thephilosophicalsalon.com/the-cia-reads-french-theory-on-the-intellectual-labor-of-dismantling-the-cultural-left/

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la traduccin.





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