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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2017

Macrismo y derechos humanos

Jos Natanson
Le Monde Diplomatique


Considerados en su acepcin original, aquella vinculada a los crmenes de la ltima dictadura, los derechos humanos son en cierto modo un tema cerrado. Hubo desaparecidos, hubo un plan sistemtico, hubo apropiacin de bebs, hubo complicidad civil: un conjunto de verdades histricas que la Justicia ha probado en todas sus instancias, que el Congreso ha convertido en ley y que la sociedad, salvo unos pocos ncleos remanentes, acepta como tales, que es el mejor antdoto para eventuales intentos de retroceso.

Pero, existen esos intentos? El sistema de alerta temprana se encendi a partir de las declaraciones de dos importantes dirigentes macristas, el director de Aduanas Juan Jos Gmez Centurin y el ex ministro de Cultura porteo Daro Loprfido. Sin que nadie se los preguntara e incursionando en un rea ajena a sus competencias de gestin, ambos pusieron en duda el nmero de desaparecidos, lo que expresa menos una preocupacin por la cantidad exacta de vctimas que un intento por cuestionar lo que en realidad pas, al estilo de los alemanes de la posguerra que decan que en el Holocausto no haban muerto seis sino cuatro millones de judos. Como el reclculo les da siempre menos, la aritmtica es un truco de apologistas.

Pero insisto, estamos ante una estrategia deliberada del macrismo? Y ms en concreto, cul es la poltica oficial en relacin a los derechos humanos del pasado (1)? Una revisin fra de los hechos indica en primer lugar que el gobierno no obstruy los procesos judiciales contra los ex represores, en los que la Secretara de Derechos Humanos sigue actuando como querellante. Y aunque es cierto que desmantel dos reas creadas para investigar la complicidad civil (una en el Banco Central y otra en el Ministerio de Justicia), la estructura de abogados del Estado, en buena medida inaugurada durante el kirchnerismo, sigue acompaando a los familiares de las vctimas. No hay, en este sentido, una poltica de impunidad. El secretario del rea, Claudio Avruj, presenci algunas sentencias y, por presin de los organismos, pidi a la Justicia que revea la prisin domiciliaria concedida a Miguel Etchecolatz. Del mismo modo, el reclamo de declaracin de imprescriptibilidad de los crmenes de las organizaciones guerrilleras, principal reclamo de los familiares de las vctimas de la subversin, ha sido descartado de manera explcita. Y a diferencia de aquellas iniciativas que se encuentran frenadas por una simple correlacin de fuerzas, no parece estar en la agenda del gobierno.

Al mismo tiempo, Macri quiso mover el feriado del 24 de marzo (tuvo que dar marcha atrs por la intensa presin social que despert), toler la presencia de ex carapintadas en el ltimo desfile del 9 de Julio y propuso a un abogado de represores como representante argentino ante la Comisin Interamericana de Derechos Humanos. En el macrismo conviven dirigentes pro-dictadura, como Gmez Centurin, con otros que tienen muy claro qu sucedi en los aos oscuros, como el secretario de Derechos Humanos de Mara Eugenia Vidal, Santiago Cantn, el ministro Hernn Lombardi o el mismo Horacio Rodrguez Larreta.

En cuanto a Macri, a tres meses de asumir el gobierno visit la ex ESMA, pero forzado por las circunstancias: Barack Obama haba anunciado su intencin de conocer el lugar en el marco de su inminente viaje al pas y hubiera quedado feo que el presidente argentino no hubiera ido antes (en sus ocho aos al frente del gobierno porteo Macri nunca haba ido a la ex ESMA a pesar de que se trata de un mbito cogestionado entre el gobierno nacional y el de la ciudad). Un par de semanas despus, el presidente recibi por primera y nica vez a los organismos de derechos humanos.

Prioridades

Los derechos humanos del pasado han perdido la centralidad que ocuparon durante el kirchnerismo. Ni el presidente ni sus funcionarios les dedican mucho tiempo ni mucha energa, eso est claro y no necesariamente est mal: al fin y al cabo, Macri no fue elegido para continuar las polticas de la dcada pasada sino para cambiarlas, lo que supone entre otras cosas establecer nuevas prioridades, en sta y otras cuestiones. Un ejemplo: pocos das despus de haber sido elegido presidente, en una entrevista con Leo Montero y Vernica Lozano en Telef, le preguntaron qu pensaba hacer con Tecnpolis, corazn de la poltica cultural del kirchnerismo. Desconcertado, Macri titube brevemente: No s veremos qu hacemos, no lo hemos evaluado todava. Cuando los conductores le recordaron el xito del proyecto, acept: S, hay gente que me dice que est bueno.

Pero el Estado tiene la obligacin de elaborar una poltica sobre todos los temas de Argentina y no slo sobre aquellos que interesan al presidente. Un gobierno puede alterar el orden de preferencias, puede cambiar el ranking, pero no puede no emitir opinin. Y en este sentido recordemos que los derechos humanos son parte esencial de nuestra construccin democrtica y que los tres ciclos polticos que se sucedieron desde 1983 les otorgaron, cada uno a su modo, una alta prioridad simblica: el alfonsinismo emprendi, a partir de esa gran escena de justicia que fue el Juicio a las Juntas, una amplia poltica de democratizacin de la sociedad y el Estado, hasta que choc contra la resistencia militar y la crueldad de la economa y el mercado. Menem firm los indultos y se abraz con el almirante Rojas envuelto en una idea de reconciliacin de vagas tonalidades mandelianas (enfatizaba su breve paso por una crcel militar) como condicin para asegurar, mediante la asfixia presupuestaria y el aplastamiento sin clemencia del ltimo alzamiento carapintada, la lealtad democrtica de los militares.

Por ltimo, el kirchnerismo impuls la nulidad de las leyes de obediencia debida y punto final, foment la reapertura de los juicios y recuper la ESMA. Fue, por una combinacin de circunstancias propicias y fuerte voluntad de Estado, el que lleg ms lejos. Apenas se le pueden cuestionar tres cosas, dos opinables y una central: la falta de reconocimiento pblico a los avances producidos por el alfonsinismo, una mirada excesivamente recortada que ved la discusin sobre algunos temas (notoriamente el inicio de la represin ilegal durante el tercer gobierno de Pern) y, fundamentalmente, la designacin de Csar Milani como jefe del Ejrcito, sobre la cual nunca logr articular una justificacin razonable.

En todo caso, el radicalismo y el peronismo llevan dcadas protagonizando la vida pblica argentina y es lgico que combinen en sus accidentadas historias polticas tanto gestas notables como agachadas vergonzosas. El PRO, autorreivindicado el primer partido poltico del siglo XXI, podra haber aprovechado su grado cero de la poltica, el hecho de que la mayora de sus integrantes, as sea por una simple cuestin etaria, no tuvieron nada que ver con la dictadura, para continuar los avances. Podra incluso haberle incorporado su sello, y quizs era esa la idea original al renombrar a la Secretara de Derechos Humanos como Secretara de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, una forma de incorporar a la gestin estatal la perspectiva de la diversidad, la tolerancia y el respeto a las minoras, temas que el liberalismo tiene todo el derecho del mundo a reivindicar como propios.

Pero ocurre que el PRO, con un presidente divorciado y un equipo cosmopolita y gay friendly, combina su costado liberal con uno conservador y ultracatlico: dos almas en suave disputa. Quizs sea esto lo que explique que no slo carezca de una poltica pblica de derechos humanos sino que incluso adolezca de un discurso: desprovistos de lo que ellos mismos llamaran talking points, los funcionarios no saben nombrar el tema. Y no hace falta ser un psicoanalista lacaniano con posgrados en Pars para entender que esta dificultad del habla es producto de una bruma que baja desde la cima. Qu pensar Macri de los aos 70 y la dictadura? Qu pensar realmente cuando se apagan las cmaras y sale a caminar con Juliana por los senderos corcoveantes de cipreses, pinos y eucaliptus de Villa La Angostura? Qu conversar con sus amigos despus del picadito, la toalla sobre los hombros, la botella de gatorade apoyada en el banco de madera?

Si la ideologa es lo que uno piensa sin saber que lo est pensando, las pocas veces que se refiri al tema Macri pareca un poco incmodo, como si lo forzaran a hablar de algo que no quera. Entonces dijo curro, dijo que no tena ni idea cuntos eran los desaparecidos y dijo guerra sucia, expresiones que revelan una incerteza profunda, un nebuloso fondo de duda, pero que se le impusieron sin proponrselo, como un reflejo condicionado, casi una lengua materna.  

 

 

1. La poltica oficial en relacin a los derechos humanos del presente acumula una serie de decisiones negativas y peligrosas, desde la falta de una respuesta del Estado nacional a los reclamos internacionales por la detencin ilegal de Milagro Sala al giro punitivista en la gestin de la seguridad pblica.

 

 

 

*Agradezco a Gastn Chillier la conversacin previa a la escritura de este editorial, aunque por supuesto nada de lo aqu dicho puede serle atribuido.

Fuente: http://www.eldiplo.org/213-derechos-humanos-cuestion-de-estado/macrismo-y-derechos-humanos



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