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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2017

El lenguaje del poder

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Con la pretensin de mostrarse cercano, el poder se expresa oralmente a travs de los que lo ejercen. Pero siempre surge la duda de si sus manifestaciones sern las del propio poder o las del grupo dominante. De inmediato se despeja la incertidumbre, porque si se plantea la cuestin en trminos de poltica, tratndose de lucha por el poder, lo probable es que la voz del poder slo refleje los intereses del dominante. Este lenguaje suave, que contrasta con el la expresin enrgica de la solemnidad del poder, sin duda est orientado a vender algn producto poltico, usando de similares caractersticas que la publicidad comercial, que para distinguirla se suele llamar propaganda. Sin embargo ambas coinciden en dos puntos sustanciales, como tratar de educar a las masas en trminos de mercado y sujetarlas al canon de la estupidez.

La pesada carga de lo impositivo trata de aliviarse con una tctica cercana al dilogo, pero haciendo uso del monlogo puesto que no hay contraste de opiniones, aspirando a que de ella resulte una comunicacin fluida entre los que ejercen el poder y las masas. Podra decirse que la propaganda es el lenguaje coloquial del poder cuando pretende hacerse grato al auditorio. A veces est presente incluso cuando se expresa en trminos oficiales a travs de disposiciones jurdicas, tratando de justificar sus determinaciones y lo expresa en trminos de exposicin de motivos. A cada paso que dan los que ejercen el poder no pueden prescindir de este instrumento de persuasin, de ah que si hablamos de poltica, sigue siendo vlida la afirmacin de Bartlett de que la propaganda se respira en el aire. En la actualidad su presencia ha ido en aumento, entre otras razones porque la mentalidad poltica se define en trminos electorales. Unos se expresan, mientras la otra parte escucha, y al final responde de uno en uno a travs del voto.

Tal vez bajo otras expresiones el trmino siempre haya estado presente en los asuntos de la gobernanza. Se dice que fue con el nazismo cuando adquiri su punto lgido en su sentido moderno y se le etiquet con una significativa carga peyorativa. Acostumbrados a entender la comunicacin desde valoraciones como bueno-malo, frente a lo til-intil, la propaganda se encasilla entre los primeros. Pero el hecho es que gobernantes y gobernados conocen las reglas del juego, estn conformes y ninguna de las partes renuncia a ella, ya que en el fondo unos necesitan engaar y los otros desean ser engaados, tal vez porque la realidad se digiere mejor con florituras lingisticas y tocando pensamientos elevados. De ah que las relaciones con los elementos del poder inevitablemente se soporten en el lenguaje de la apariencia, porque los gobernantes tienen que ejercer el noble papel que les asignan los gobernados y estos sentir permanentemente reavivada la llama de la ilusin, simplemente para sobrevivir.

Si bien servira como medio de comunicacin, resulta que al no haber igualdad de partes la propaganda se convierte en un instrumento para imponer la voluntad de los que ejercen el poder por medio indirecto, es decir, haciendo trampa.

Aunque a la parte receptora del mensaje le satisfaga ser engaada, afectada de cierta carga de masoquismo, su ingenuidad contrasta con los propsitos interesados del gobernante, que no son otros que la permanencia en el poder a cualquier precio. Por eso hay que convencer acudiendo a medios que permitan decir lo que se quiere or, silenciando cualquier voz discordante, y ofrecerlo como verdad exclusiva y excluyente. El proceso responde a pulsar las claves de la emotividad para facilitar la recepcin abierta. Lo que se completa con la repeticin machacona de los puntos sustanciales del dogma, tratando de buscar asiento en la memoria de los afectados, para no dejar espacio que ocupar a cualquier otro. Hay una trampa aadida, porque lo que se quiere or es lo que previamente el poder ha suministrado en su mensaje subliminal como dogma. Como no hay posibilidad de contrastar otras versiones, la verdad oficial resulta ser la nica verdad al jugar con ventaja no solamente de medios, sino acudiendo al lavado de cerebro colectivo.

Se habla de persuasin, pero la propaganda es sencillamente imposicin del ms fuerte y resignacin del dbil. A nivel individual la debilidad es evidente, la cuestin es determinar si las masas aceptan la imposicin. Pero, como dice Le Bon, las individualidades al pasar a ser multitud adoptan una mentalidad colectiva uniforme distinta al sentir individual por el efecto contagio, con lo que resulta ms sencillo convencer utilizando las tcnicas adecuadas.

Cualquier particularidad, amparada por un grupo que llame la atencin meditica para vender y que permita dar juego al poder oficial, es utilizada por la poltica para elevar su consideracin social con finalidad electoral en su calidad de protectora. Ya no slo el poder en ejercicio, sino un partido que aspire a ser realidad de poder se disputa la digna tarea de capitalizar electoralmente toda peculiaridad respaldada por un grupo vocero de derechos personales, al punto de que un sinfin de ancdotas domina el panorama de lo comn. A todo esto se llaman derechos individuales, realmente destinados a arrasar con los derechos reales de la generalidad. Estos derechos que ilusionan a parte de las masas y que avanzan imparablemente en trminos de generaciones se han convertido en el objeto predilecto para practicar la propaganda, al comprobarse que se vota ms al que ms derechos ofrece.

Con la mercantilizacin de derechos se entra en una dinmica delicada. De un lado implica entregarse a los designios del poder, porque no se puede entender que desde unos derechos manipulados desde la propaganda se pueda hablar de conquista social. De otro imponer lo particular sobre lo general con la finalidad de obtener rditos electorales de partido es la cara visible de la poltica, que solamente favorece a la clase. En cuanto al gobernante, al pasar a ser rbitro o tutor de los mismos, consigue reforzarse como poder. A tal fin se han utilizado instrumentos de manipulacin del pensamiento colectivo, de tal manera que la peculiaridad de moda, utilizada con fines polticos, pueda llegar a ser entendida como representacin real de derechos y libertades individuales por los que deba pasar la conciencia colectiva. A medida que avanzan los derechos de papel aumentan las obligaciones ciudadanas, pero lo ms significativo es que crece el tamao del poder. Al acentuarse la distancia entre elites y masas, la tutela secular adquiere mayores dimensiones y la posibilidad del autogobierno de las masas se difumina.

Jugando con los derechos y otras bagatelas a la usanza del momento, a travs de la propaganda, usando el lenguaje suave, el que ejerce el poder trata de imponer opiniones de manera concertada que alcanzan el nivel de doctrina a nivel de la generalidad, puesto que las ampara la autoridad de quienes gobiernan. Esta es la finalidad de la propaganda oficial, correa de trasmisin de los intereses del grupo dominante. Con ella se trata de ganar el mayor nmero de adeptos, puesto que en ello reside la fuerza del poder, dotndola de versatilidad para que pueda llegar a cualquier punto. De ah que, como observa Sparks, la capacidad de difusin sea determinante. Asesorada por una intelectualidad a sueldo del aparato estatal permite que se soporte en cierta solidez argumental, acompaada del prestigio prefabricado del nombre que la respalda. A lo que sigue dotarla de facilidad de asimilacin reconducindola en gran medida a lo visual y expresando su razn en trminos minimalistas y excluyentes, al estilo de los trminos bueno-malo. Crear la noticia y controlarla hace que el mundo se mueva sin salirse un pice de lo propagandstico, mientras la realidad camina al margen, es la nueva creencia dominante. De tal manera que aunque todo se derrumbe, si la propaganda oficial dice que todo va bien hay que creerlo. A toda esta parafernalia argumental hay que aadir la amplia disponibilidad de medios y la solemnidad con que se reviste, junto con el carisma de los lderes que la promueven, todo ello la da un valor aadido a los ojos de los receptores y limita las opciones de la competencia.

Como complemento de la norma imperativa la propaganda, en su propensin educadora, difunde la doctrina como mtodo para persuadir a las masas al objeto de que asuman libremente la verdad oficial. Dado que cualquier alternativa educadora juega con desventaja de medios, el pensamiento colectivo resulta dirigido por el grupo que ejerce el poder. A la libertad legal no sigue la libertad real, porque la propaganda no permite otras opciones. Pero ya en el terreno de la praxis, a medida que avanza el espritu de totalidad que anida en la propaganda, se llega al extremo de que lo discordante con la verdad oficial establecida por el grupo dominante, ya no cae en la persuasin, sino abiertamente en la imposicin. A tal fin hay una jaura dispuesta a lanzarse a la orden de su amo contra los disidentes, estos son los que discrepan de la propaganda de grupo, se acercan a lo comn y pulsan la verdad de la generalidad libre de influencias.

Las leyes represivas refuerzan la persuasin propagandstica porque entran en accin cuando se las cuestiona. El delito individual acecha tras la libertad, hasta llegar al punto de que todo puede ser delito, en funcin del dictado de la propaganda, y para no incurrir en el castigo hay que echar mano del catecismo para examinar la versin oficial del buen ciudadano. Es decir, que para encontrar el sosiego hay que estar plenamente con la verdad oficial, porque entregarse a cualquier otra verdad encierra riesgo de condena. Pese a sus inconvenientes hay que sealar un ventaja, y aqu puede estar el valor de la propaganda, alivia a las masas de la carga de reflexionar sobre lo real porque ya se lo dan hecho, aunque como contraprestacin las obliga a pasar por las determinaciones del grupo dominante.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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