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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2017

Italia
El Partido Democrtico, un partido nacido a destiempo

Giaime Pala y Tommaso Nencioni
Espai Marx


La crisis que est atravesando el PD (Partido Democrtico) concierne e interroga a todas las fuerzas progresistas: no tanto para continuar cultivando la ilusin de que la ensima dispora de los grupos dirigentes sea de por si suficiente para garantizar un rescate de los subalternos. Sino porque es el reflejo de la ms general crisis institucional que est atravesando todo el occidente.

El PD ha fracasado porque ha fracasado el marco dentro del cual haba sido construido, esto es, el de la gobernanza neoliberal; constitucionalizacin de la idea de que en el interior de la sociedad, finalmente pacificada despus de la cada del Muro de Berln, no hay ya conflictos, y por lo tanto unos intereses que defender u otros que reprimir, sino problemas a los cuales dar respuestas tcnicas. Respuestas que tal vez se puedan hallar tambin dentro del caldero radical, siempre y cuando permanezcan en el interior de lo que de nosotros estn esperando los mercados. Hablamos, pues, del centrismo radical que puede prosperar tanto en rgimen de gran coalicin (Alemania), como bipolar (pases anglosajones) o tcnico (Italia ha experimentado las tres versiones) y del que subyace la existencia de un meta-partido nico de las clases dominantes.

El pecado original del PD no ha sido el de ser el producto de una fusin en fro entre culturas diferentes (ahora ya fuertemente diluidas), sino el de haber nacido en un momento equivocado. Esto es, en una poca en la cual todava se pensaba que la globalizacin real era- y hubiera continuado siendo- un factor de progreso para el conjunto de la sociedad, y, sobre todo, para una clase media, expresin de los sectores creativos de las finanzas o de la cultura, a los que el partido observaba como el eje de la vida nacional, en cuanto estructuralmente capaces de extraer beneficio de las oportunidades de un mercado mundial cada vez ms abierto.

El PD, pues, se present a los ciudadanos como un partido posideolgico, posnacional y posclasista, que habra guiado eficazmente la insercin de Italia en la aldea global, asegurando al mismo tiempo para las clases trabajadoras el mantenimiento de niveles aceptables del Estado de Bienestar para resistir a la creciente precarizacin de sus empleos. El mismo europesmo era considerado no tanto un proyecto dirigido a la creacin de una entidad poltica continental con una fuerte identidad social (y autnoma de los intereses geopolticos estadounidenses) sino como una va privilegiada para insertar al pas en la red de las interdependencias globales, rompiendo las rigideces que hacan difcil esta operacin.

Hasta que tuvo sentido el antiberlusconismo militante, que aseguraba una identidad progresista, y, por otra parte, se mantena un clima social aceptable, el proyecto pareca encaminarse hacia un futuro prometedor. La crisis del 2011 lo ech todo al traste. La secretara de Bersani, no supo (o no quiso) ver que la crisis de la prima de riesgo, que el Estado no poda contener - al carecer de un Banco Central que sostuviese la deuda pblica- representaba una grave torsin en el funcionamiento de democracia italiana, y que, a causa de las condiciones impuestas por el BCE y por el gobierno alemn (Pacto Fiscal Europeo, paridad presupuestaria), los poderes pblicos no podan realizar las polticas anticclicas necesarias para mantener a flote al pas. Mientras, una exigua lite nacional se aprovechaba del estado de emergencia para imponer drsticas medidas de devaluacn del trabajo como va ms rpida y ms cmoda para recuperar los beneficios.

En resumen, la tan ensalzada Europa se haba transformado en una jaula cuyas imposiciones empeoraban las cuentas pblicas, los niveles ocupacionales y la vida de los ciudadanos en general. Abandonada ya, con Enrico Letta y despus con Matteo Renzi, la retrica sobre los Estados Unidos de Europa y la unin fiscal continental que habran hecho sostenible la adopcin de la moneda nica, el PD se limit a reforzar su imagen de partido de la responsabilidad frente a un estado permanente de emergencia econmica y de avance de los populistas. Un partido que, sin precisar nunca de qu manera y con qu instrumentos habra luchado por reorientar la poltica econmica de la zona euro hacia el anhelado crecimiento.

Naturalmente, dado el rgido control impuesto por la ex rea del marco alemn sobre la constitucin jerrquica europea, Renzi no pudo obtener ms que un leve margen en los objetivos de disminucin del dficit, ampliamente insuficiente para hacer salir a Italia de la deflacin y de la estagnacin, y pagado utilizando la devaluacin del trabajo como mercanca de cambio. El PD, pues, no est en condiciones de volver a asegurarse un consenso mayoritario en el permetro de su viejo electorado, que poco a poco toma conciencia de que los llamamientos a la Europa del crecimiento y del trabajo se estn convirtiendo en un programa bueno para las calendas griegas, o sea, para los das destinados a no llegar nunca.

La crisis generalizada de la gobernanza neoliberal, y la de las izquierdas moderadas que fueron sus ms consistentes abanderados, no abre, sin embargo, automticamente las puertas a los proyectos de emancipacin popular. Una nueva derecha agresiva y excluyente afila las armas y pesca en el consenso y en los miedos de los subalternos, en un tiempo representados por el movimiento obrero organizado.

El fracaso del PD est ah para demostrar que de nada sirve adherirse a las certezas de ayer, salvo para dejarse arrastrar en su ocaso. En el intersticio que se abre entre lo viejo que muere y lo nuevo que no sabe nacer toca inventar la democracia de maana, antes de que aparezcan los monstruos.


Fuente original: http://www.espai-marx.net/ca?id=10327

Traduccin: Carlos Gutirrez



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