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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-03-2017

Nosotros, los constitucionalistas

Ren Fidel Gonzlez Garca
Cuba Posible


La Revolucin no nace en un da, pero se inicia en un minuto.

Abel Santamara Cuadrado


Ese es el arraigo de Ulises, no puede prescindir de su patria.

Pilar


Desde el siglo XIX en Cuba, cada vez que se ha soado la soberana, la independencia, la democracia, la igualdad, la justicia, la libertad y el bien comn para el hombre y la mujer cubana, incluso tortuosamente, ese sueo ha tenido como nicho la Constitucin. Creer en ella, fue una suerte de religin ciudadana que los republicanos reivindicaron desde el principio en nuestras tierras. En esa creencia irreductible se puede encontrar la genealoga ms exacta de las revoluciones y los revolucionarios cubanos de todos los tiempos.

Cuando apenas era un adolescente, le una biografa del dominicano Francisco Alberto Caamao De. La encontr en aquella biblioteca trashumante y turbulenta que creca todava hoy lo hace alrededor de la austera existencia de pap. Aquellas pginas, para m deslumbrantes, porque acaso sin proponrselo destilaban palabra a palabra la historia de un hombre que en una encrucijada histrica de su pas se haba descubierto como revolucionario, fueron tambin mi primera comprensin de lo que era sentirse constitucionalista. Caamao lo era, y defendiendo la Constitucin de su patria de un golpe de Estado ejecutado para impedir su vigencia, dej atrs lo que una familia de larga tradicin militar en la era trujillista le haba legado, y quizs tambin todo lo que l mismo haba soado alguna vez como su destino. Fue asesinado en 1973, con poco ms de 40 aos de edad, ostentando ya el singular mrito de haber enfrentado sin pudor la invasin estadounidense de 1965.

Cuando le aquel libro no poda, sin embargo, intuir hasta qu punto la identidad y el sentimiento constitucionalista haba sido siempre parte de nuestra historia. Muy poco se pueden entender las actitudes, las contradicciones y afanes, el pensamiento de Varela, Agramonte, Cspedes, Maceo, o de un Moralitos y la plyade de los que todo lo sacrificaron por Cuba a menos que se asuma el valor, la importancia y las funciones que ellos le asignaron a la Constitucin; o a un Jos Mart, cuya ltima jornada en Dos Ros fue rendida en realidad intentando llegar al Camagey para acordar y resolver all la Constitucin de la Repblica en Armas que permitira enfrentar lo que despus vendra; o a los ms radicales del 30, que marcaron en su urgente y desesperada hoja de ruta, la realizacin de una constituyente que el conservadurismo y la traicin vio siempre como el gran peligro; o a la otra generacin, aquella minora preciosa y lcida que se lanz al vrtigo y el peligro de una sublevacin contra la arbitrariedad y el despotismo en la dcada del 50 del pasado siglo, en defensa de los valores de la Constitucin de 1940, que an maniatada, invocaba el poderoso y subversivo aliento de la Revolucin y la decencia ciudadana.

Constitucionalista no fue nunca en Cuba nadie a menos que hiciera de los principios y valores de la Constitucin el eje tico transversal de su propio comportamiento pblico. Ni catedrticos, ni polticos, ni aquellos que las ensalzaron o interpretaron, los que buscaron en ella resquicios o lagunas, defectos e influencias, en las escuelas de Derecho, o en los tribunales lo fueron, a menos que creyeran en su contenido ntegro como el dogma cvico de la nocin de la Repblica. Y es que para ser constitucionalista no fue necesario nunca ni siquiera haber odo de Licurgo, o de Kelsen -o ms modernamente de Haberle-, sino sentir por la Constitucin una devocin sagrada, y estar dispuestos en la bsqueda de la justicia a enfrentar todo y a todos, por uno, o por los dems, invocando tan solo esa acrpolis de las libertades, la dignidad y los derechos del ciudadano que la ley de leyes debe ser en la Repblica.

Nunca ha sido fcil para nadie, es cierto, sostener una idea en la complejidad, las encrucijadas y los dilemas de la vida. Demasiadas veces el deseo de xito, la ventaja, el miedo, o la mediocridad ms canija rebajan a la condicin de fardo cualquier conviccin largamente proclamada, pero de eso trata, como con cualquier otra idea en la que se cree autnticamente, ser constitucionalista. Varias de las generaciones que viven en Cuba vieron a Hugo Chvez Fras jurar sobre una Constitucin que l llam moribunda servir al pueblo de Venezuela que lo haba llevado a la presidencia, lo vieron tambin, luego, hacer de una nueva Constitucin la racionalidad del ejercicio de auto emancipacin y realizacin poltica popular ms original y exitoso que jams se haya hecho en Revolucin alguna.

Cuando pregunt por qu sus adversarios haban desaparecido de las calles en los das siguientes del golpe de Estado que le propinaron a inicios de los aos 2000, la respuesta fue que Chvez, con su prdica constante y sincera sobre el texto constitucional, haba hecho de los venezolanos todos, simpatizantes o adversarios, un pueblo de constitucionalistas; y que los miles de personas que haban sido por sus antipatas, preferencias, odios y enconos los sustentadores populares de la asonada, le retiraron su apoyo al ver, perplejos, a Carmona derogar de facto la institucionalidad y derechos que estableca la carta magna venezolana: me pareci -me dijo uno que hasta hoy es un furibundo enemigo de la Revolucin bolivariana- que ellos eran peores que l.

Chvez encarn en nuestro tiempo el arquetipo de estadista revolucionario que, incluso en las peores circunstancias, no dud ni por un momento que las metas de emancipacin del hombre y la mujer que siempre pretende la Revolucin, o la angustiosa conservacin del poder para hacerla, no pueden lograrse a costa de sacrificar los valores, principios, y las libertades ciudadanas que proclama su propia Constitucin. Por eso, a su espritu y sus lmites, se apeg hasta su ltimo aliento.

Antes de finalizar este ao, el sistema gubernamental y poltico cubano empezar a exteriorizar y a dar curso a la reforma de nuestra Constitucin. La decisin de implementarla fue de seguro tomada a partir de objetivos y necesidades muy especficas del actual equipo de gobierno que desestim la posibilidad de una constituyente, pero ello no signific ni significa la inexistencia de alternativas, expectativas y opciones diferentes, tambin de dificultades y complejos asuntos tericos, normativos y polticos a resolver, dado que el ncleo duro de la misma es previsible se interne sensiblemente en las caractersticas ideolgico-constitucionales del sistema econmico, poltico y social cubano, que son especialmente protegidas en la rigidez de su clusula de reforma constitucional, y estn particularmente conectadas a las exigencias polticas, sociales y econmicas y la gobernabilidad de importantes sectores de la poblacin.

De modo que el propsito de reformar la actual Constitucin tiene el desafo de que ese proceso sea capaz de involucrar y activar polticamente a la mayora de poblacin y a las diferentes estructuras de la sociedad civil del pas como protagonistas de su realizacin. Aunque capital, no es el nico, tampoco el ms grande de los desafos que enfrentamos ya como sociedad, pero ese empeo necesario y revolucionario de modernizar nuestra carta magna que, ms all de otros intereses, hace consenso entre muchos hoy dentro de la esfera pblica nacional, carga de antemano con la insidiosa herencia de ser lo constitucional el eslabn perdido, la zona menos desarrollada y perifrica de nuestra actual cultura poltica.

Habr que pensar adems en una reflexin colectiva y urgente que espolee a lo gubernamental de la andadura paquidrmica, insonorizada y peligrosamente impoltica con que prepara la reforma constitucional sobre el papel que en el proceso de cambio de la carta magna puedan jugar, en la medida que logren infiltrarse y estar presente, la conquista de los imaginarios sociales que pretende y logra hoy el capitalismo en la vida cotidiana, la tecnocracia y su impune tendencia economicista que puja por legitimarse en silencio y sin oposiciones como un actico estndar de modernidad y eficiencia, y nuestra incapacidad para poder evitar en un momento crucial, que los cambios que se introduzcan, o se refrenden, impliquen resultados perversos o inesperados.

No hay que olvidar que lo que se modificar es, fundamentalmente, el texto constitucional que produjo para realizar y garantizar su obra, en derechos e instituciones, bajo la advocacin de con todos y para bien de todos, la primera de nuestras revoluciones victoriosas, y que por tanto, en esa consecuencia histrica es, nada ms y nada menos, que su santuario jurdico, pero tambin su ms tangible patrimonio tico y su legado poltico ms perdurable y concreto como proyecto poltico.

Quizs muy pronto pueda contar pblicamente los episodios que desencadenaron haber regalado un ejemplar de nuestra Constitucin hace ya algunos aos a una persona, pero lo que me importa sealar, por ahora, es que haber entregado, antes y despus de ese momento y hasta hoy posiblemente cientos de sus ejemplares a estudiantes de Derecho y a personas de todo el pas, fue -y es- parte de un esfuerzo de otros muchos compaeros e instituciones para que en Cuba el conocimiento popular de la Constitucin, como del de aquella antigua cartilla de la alfabetizacin que llevaron en sus mochilas los cubanos de la dcada del 60, fuere la espada y el escudo de los ciudadanos contra la probable arbitrariedad y la injusticia, y el hbito oscuro del servilismo y la obsecuencia que nace del desconocimiento de los derechos, la ignorancia y el ejercicio de poder sin lmites.

La nocin de una Patria Constitucional, su bsqueda y concrecin como un resultado de la cultura poltica que nazca del constitucionalismo ciudadano cubano por el que trabajamos, quizs sea la inspiracin del prximo estado civilizatorio de nuestra sociedad por el que luchan sin ingenuidades los que creen que el dilema de nuestra generacin es conservar y ampliar la libertad y la democracia sin retroceder en lo ya logrado, pero para ello debe ser sobre todo la pedagoga poltica de los que no quieren ser oprimidos y excluidos por un orden social y econmico, o por lites de privilegiados, solo as alcanzar su plenitud emancipadora.

Un compaero y amigo entraable ha llamado en un reciente artculo al 2017 como el ao de la Constitucin. Ambos compartimos, sin vergenza, como otros muchos aqu, el credo republicano y la fe en el Socialismo, por eso estoy seguro que coincidir conmigo en que ste, y los que vienen, por lo que est en juego ya, deben ser sobre todo los aos del pueblo cubano, o sea, de nosotros, los constitucionalistas.

Fuente: http://cubaposible.com/nosotros-los-constitucionalistas/



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