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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-03-2017

Vencer a las torturas

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


Balserorentzat eta torturatu dituzten guztientzat

La memoria histrica, acompaada de una brizna de sentido crtico, siempre ha hecho temblar a los paladines del orden pblico. Adems hay que constatar que la memoria es intil y poco rentable en una sociedad basada en el dinero y el consumo.

El trabajo de la memoria conlleva normalmente la crtica en su seno: la historia nos ensea que lo que hoy parece inmutable no lo es siempre. La historia nos ensea que nada est fijo y que ninguna sociedad, ningn imperio es eterno.

Prohibiendo y privando a la juventud de este trabajo de memoria algunos tratan tambin de ocultar este aspecto. En su obra Prisonniers de guerre Alleg nos dice: Lo que les molesta no es la tortura sino que se sepa que se practica [1].

1. Presentacin

2. Un poco de historia

3. La tortura como metfora

4. Torturas en Euskal Herria

5. El oficio de torturador

6. Vencer a las torturas

 

1. Presentacin

Antes de seguir es conveniente saber que los casos de tortura probados en Euskal Herria suman ya 5.657 segn Euskal Memoria [2] y que la Coordinadora para la Prevencin y Denuncia de la Tortura (CPDT) en su Informe de 2015 documenta 232 casos de tortura en el Estado espaol [3]. A finales de 2014 la CPDT constat que entre 2004 y 2014 hubo 6.621 denuncias por tortura y tratos denigrantes, 833 personas muertas bajo custodia del Estado, y que, sin embargo, entre 2001 y 2012 las condenadas por diversos hechos de violencia institucional son 752, la mitad de ellas como delito de faltas [4]. Hay que tener en cuenta que no se denuncian todas las torturas por razones varias, la fundamental es el miedo a las represalias.

Dicho esto, podemos pasar a la definicin de la Convencin contra la Tortura, en su resolucin 39/46 de 10 de diciembre de 1984, en el artculo 1, dice as:

A los efectos de la presente Convencin, se entender por el trmino tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean fsicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero informacin o una confesin, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razn basada en cualquier tipo de discriminacin, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario pblico u otra persona en el ejercicio de funciones pblicas, a instigacin suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarn torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia nicamente de sanciones legtimas, o que sean inherentes o incidentales a stas [5].

Para los fines de nuestra ponencia esta definicin de la tortura, siendo vlida en su denuncia del papel del Estado en general, tiene sin embargo una limitacin que iremos descubriendo en las pginas que siguen. Nos referimos a que en la vida diaria, en las explotaciones y opresiones de todo tipo, es muy sutil y traspasable la frontera que separa a un amplio y creciente conjunto de presiones, amenazas, chantajes, malos tratos, etc., psicolgicos y fsicos, visibles e invisibles, con efectos destructores no inmediatos sino mediatos y hasta a largo plazo, para terminar en las mil formas de tortura no reconocidas oficialmente.

Decimos esto porque, por debajo de los acuerdos internacionales entre Estados, existen otras realidades ms oscuras, amargas y trgicas, en las que operan mltiples violencias frecuentemente sentidas por sus vctimas como torturas. Son ellas las que hacen de las reflexiones crticas sobre las torturas una fuente de pensamiento como dice Alfonso Sastre [6]. Porque es cuestin de pensamiento, vamos a emplear un concepto dialctico de tortura que nos permita movernos por los infiernos de las torturas, en plural, y de las profesiones e instituciones que facilitan su prctica: Hay psiclogos que son torturadores activos con sus consejos especializados, no son pasivos sino que forman parte del proceso entero de la tortura [7]; tambin los mdicos intervienen directa [8] o indirectamente en las torturas, como volvi a confirmarse en Estados Unidos tras los atentados del 11-S de 2001.

La mejora de las tcnicas de tortura es tan vieja como ella misma y responde al hecho de que pese a toda su violencia destructora, siempre ha habido personas que la han aguantado, al menos no confesando lo fundamental. Una de las mejoras introducidas por el capitalismo tena y tiene el objetivo de llevar la tortura al interior de la persona, a sus ms ntimos sentimientos para romper su identidad: este es el papel de la psicologa, de la psiquiatra, del psicoanlisis y de la medicina en general antes, durante y despus de las sesiones de tortura. Aun as, no siempre triunfan.

2. Un poco de historia

Las torturas se han ido endureciendo y multiplicando en sus contenidos y formas segn lo exigan las necesidades de las clases explotadoras. Una de las primeras prcticas sistemticas en este sentido decisivo es la del Antiguo Egipto. P. Reader [9] nos explica la quntuple importancia que tuvo el faran Keops (-2589 a -2566) en el muy racional y pensado salvajismo de las torturas.

Una leccin consiste en la actualidad de muchos de sus mtodos ya que una de las torturas que se aplicaban en el Egipto Antiguo a los esclavos fuertes y rebeldes era de la atarlos y azotarles las manos y las plantas de los pies: esta misma tortura sigue practicndose tras ms de 4606 aos, como lo hemos experimentado en la prctica y lo confirman cientos de declaraciones. Quiere esto decir que por debajo de las sucesivas mejoras en las torturas, estas mantienen sin embargo una identidad esencial: hacer dao, causar dolor, provocar sufrimiento en la persona torturada, y atemorizar, generar el miedo a sufrirlas en las personas que le conocen o que se enterarn que ha sido sometida a tormentos.

Dos, Keops torturaba a los esclavos de manera sofisticada porque intentaba que no murieran bajo los tormentos ya que le eran ms tiles como fuerza de trabajo viva, ms rentables, hasta que moran por puro agotamiento, hambre o enfermedad. En la historia de las torturas espaola ha habido fases en este sentido: durante la Inquisicin las muertes por torturas no importaban mucho, ni tampoco durante las dictaduras; en la llamada democracia los torturadores deben andar con ms cuidado. Pero la leccin fundamental de Keops es que las sociedades que tienen poca fuerza de trabajo explotable, o pocas esclavas y esclavos han de mantenerlos vivos en la medida de lo posible para exprimirles hasta el ltimo aliento. Las torturas no debe destruir la fuerza de trabajo porque seran ruinosas.

Tres, las torturas tambin servan a la proto-ciencia del momento ya que los esclavos sufran trepanacin para investigar sus cerebros a fin de sanar los dolores de cabeza de sus amos. Esta prctica, como veremos, fue de nuevo recuperada en el capitalismo por los nazis y los militaristas japoneses, y ms tarde por la CIA para intentar aplastar a Vietnam y producir asesinos mentalmente programados mediante electrodos introducidos en su cerebro; ahora tambin se pueden introducir detectores a distancia en el cuerpo del torturado para, una vez drogado, dejarlo en libertad y seguir sus pasos. Con ciertas diferencias, estas torturas en su forma mortal tambin se aplican contra nios y nias de los pases empobrecidos extirpndoles rganos que luego se vendern en el mercado de la salud privada capitalista.

Cuatro, Keops elabor un variado sistema represivo: si un esclavo atacaba a un veedor o capataz, otros cien reciban veinticinco latigazos, de este modo lograba que se espiasen y delatasen entre ellos. Es un mtodo represivo adaptado a las escuelas franquistas para perseguir la lengua vasca: la nia o nio pillado hablando euskara reciba un aro que se converta en castigo al final del da si no se lo pasaba a otra nia o nio al que oa hablar su lengua materna, as se vigilaban, repriman y delataban para no sufrir el castigo.

Y cinco, las torturas dosificadas para mantener vivos a los esclavos se convertan en exterminio masivo cuando estos se sublevaban: entonces no haba piedad ni perdn. Tras aplastar una rebelin el general Mel-Ra tortur hasta la muerte a diez de sus dirigentes con una crueldad inhumana pero muy meditada porque se oblig a otros esclavos a participar en los tormentos hasta que los dirigentes moran. El ms conocido, Zagah, dur veintids das. Esta quinta caracterstica es una constante en la historia: las torturas y otras formas de violencia se aplican con cierta mesura, incluso se practica el palo y la zanahoria pero hasta un lmite insalvable: las torturas se convierten en masacre masiva cuando los oprimidos quieren romper sus cadenas.

En la poca de Keops la mayora inmensa de esclavas y esclavos provenan de los pueblos invadidos. La sofisticacin egipcia del sistema represivo y de la tortura indica, al menos, dos cosas: una, que Egipto encontraba dificultades para disponer de ms esclavos para sustituir a los que moran, lo que podra indicar la fuerte resistencia de los pueblos a la ocupacin egipcia; y otra que, adems, esa sofisticacin era necesaria porque las esclavas y esclavos deban intentar rebelarse colectiva o individualmente con alguna frecuencia a pesar de los tormentos: por tanto, aun estando muy desarrollados no deban ser todopoderosos.

Salvando las distancias espacio-temporales, las lecciones del Egipto Antiguo son vlidas para el presente, sobre todo la de los lmites de la efectividad de la tortura. Como tambin puede serlo el del proceso de formacin de policas y torturadores. Los egipcios sintieron cierta repugnancia a emplear nacionales para este ingrato oficio, como lo indica que el nombre que daban a la polica, ya en una poca tarda como el imperio nuevo, era el mismo con el que designaban a tribus sudanesas, aunque ms adelante, en la ltima poca parece que haba tambin egipcios [10] . Parece que no fue el nico pueblo que se resisti a emplear torturadores y policas de su misma nacionalidad, por ejemplo los griegos.

Tal vez la razn fuera que todava no se haban desarrollado plenamente las clases sociales y perviviera aun cierta identidad colectiva que no aceptaba policas autctonos. En Roma, por ejemplo, solo podan ser torturados los esclavos, no los ciudadanos por muy campesinos empobrecidos y rebeldes que fueran: a estos se les mataba rpidamente. En la Comunidad Autnoma Vasca o Euzkadi tambin se han practicado torturas autctonas prefiriendo los mtodos que no dejan marca [] su pericia en la aplicacin de mtodos psicolgicos [11], como veremos ms adelante. Es la expansin de la propiedad privada a costa de la propiedad colectiva o comn la que hace que las clases dominantes recurran a las peores brutalidades, torturas y violencias. Y como la primera forma de propiedad fue la que convirti a la mujer en propiedad privada del hombre, eso explica que la tortura sexual fuera simultnea al triunfo de la propiedad privada:

Las denominadas naciones y pueblos civilizados han utilizado la ferocidad sexual como medio para atormentar y disciplinar psicolgicamente a los pueblos ocupados de todo el mundo. El espaol viol y mat a cientos de miles de seres humanos, al igual que Alejandro Magno. Los romanos emplearon sistemticamente actos de violencia ertica como un medio para penalizar y perseguir a los plebeyos. De hecho, los imperios deben controlar a sus sbditos, tanto en casa como en el extranjero [12].

Sin mayores precisiones ahora, casi al mismo tiempo se desarroll la propiedad privada dentro de un mismo pueblo, escindindose en clases explotadoras y explotadas. Para seguir con Egipto las primeras luchas de clases internas a la sociedad egipcia aparecen al inicio de la Dinasta V entre el -2494 y el -2345 [13], poco despus del faran Keops, que haba aplastado revueltas de pueblos esclavizados, pero que no poda acabar definitivamente con sus resistencias. Estaban as dadas las bases para que la lucha de clases en todos sus contenidos patriarcal, etno-nacional y social se agudizaran al son de las contradicciones y con ellas las torturas y represiones. Las clases explotadoras aprendieron de la historia: tras el exterminio de ms de 100.000 personas en Guatemala por un golpe militar organizado por la CIA en 1954 para impedir la reforma agraria dirigida por un gobierno democrticamente elegido, un general declar que: Basta con matar al 30% de la poblacin para obtener la paz [14], sin embargo la resistencia popular y la lucha guerrillera volvieron a recuperarse.

Hay que decir que existe una diferencia sustancial entre las torturas de los pueblos mal llamados primitivos y las torturas de los pueblos civilizados, como la Inquisicin, por ejemplo, para la que era muy importante obtener informacin de la persona torturada. Carlos Tupac lo explica as:

N. Davies muestra cmo la tortura europea tena un significado ms profundo que el que tuvo la tortura que practicaban los iroqueses, por ejemplo, ya que la europea buscaba arrancar confesiones, lo que le llevaba a alargar los tormentos durante periodos muchsimos ms prolongados, adems de que justificaba esas atrocidades basndose muchas veces en la ms mnima insinuacin, sospecha o prueba. Demuestra cmo los Autos de Fe de la Inquisicin no estaban en modo alguno limitados, como lo estaban los sacrificios aztecas, por un calendario ritual que impeda realizar ms de uno al mes, mientras que en la civilizada Europa bastaba que se hubiera reunido a un nmero de sospechosos para torturar, juzgar y, con toda probabilidad, quemarlos; es decir, era un acto de masas ms frecuente y normalizado que el azteca. Adems, resulta casi decisivo constatar que muchas de las tcnicas de torturas de los pueblos americanos provienen de los invasores europeos, que las importaron y las ensearon con su prctica, como quemar vivas a las personas. En la sublevacin de 1597 de los indios Huale, de Georgia, contra los espaoles por el mal trato que reciban, fue hecho prisionero un fraile al que se le someti a una parodia de hoguera inquisitorial, pero los indios no prendieron fuero a la madera [15].

En la Edad Media, las torturas y todas las formas de violencia, miedo e intimidacin eran cotidianas. Segn Newark, el clima de miedo e intriga en las cortes medievales, era: El caudillo mantiene su poder mediante la amenaza de muerte y destruccin []. Sobrevivir y triunfar en la corte de un caudillo significa competir en un ruedo de terror perpetuo. Se necesita ser una persona extraordinaria. Algunos son inteligentes, algunos son duros y algunos estn locos [16]. Ms espeluznante an es esta descripcin: En las costumbres medievales eran corrientes los castigos corporales horrorosos. Procedan de la tradicin germana y romana, y fueron reforzados por la poca frecuencia del encarcelamiento a principios de la Edad Media, y por la amplia publicidad que se daba a las ejecuciones pblicas como medio para reprimir el crimen [17].

Pero la lucha contra la tortura tambin existi en la Edad Media. En la rica Florencia de finales del siglo XIV se libraron speras luchas de clases que anunciaban ya algunas de las constantes que se desarrollaran posteriormente. El norte de Italia fue la cuna principal del capitalismo incipiente, y las clases patricias y burguesas comerciales aplicaban las torturas para destruir las organizaciones populares del movimiento Ciompi. La tenaz lucha de los Ciompi consigui acabar con las detenciones arbitrarias y con las torturas [18], adems de otras conquistas socioeconmicas y culturales.

Horst Herrmann describe con detalle los instrumentos de tortura de la Edad Media, y aade: Son millones las mujeres que fueron quemadas algunas en hornos episcopales! o tan maltratadas por los verdugos que el sol trasluca a travs de ellas [19]. Entendemos mejor la ferocidad de estas prcticas al haber ledo pginas antes que frecuentemente se aplicaba a la vctima la tortura psicolgica que le fue aplicada a Galileo en el siglo XVII:

A las vctimas les eran mostrados los aparatos de tortura antes de que los verdugos entrasen en accin. Este proceder recomendado por la Inquisicin como territio surta efectos muy a menudo. Es un mtodo de comprobada eficiencia y se practica hoy en da en muchas salas de tortura. Ver, comprender y temer [20].

Territio quiere decir intimidacin, o sea: tortura psicolgica preventiva que intenta aterrorizar a la persona, destrozar su conciencia, anular su voluntad de resistencia hacindole que colabore. Este mtodo ya era empleado en la China Antigua, en la que los torturadores hablaban antes con las vctimas. Galileo, que saba cmo el jesuita Belarmino haba ordenado quemar vivo a Giordano Bruno aos antes, claudic de palabra ante la terrible efectividad de la territio, renunci durante un breve tiempo a la verdad cientfica y se libr de las torturas fsicas y tal vez de la muerte en la hoguera, para continuar luego con sus investigaciones.

Las torturas masivas de la Inquisicin no consiguieron acabar ni con el librepensamiento e ideologa burguesa, ni con las resistencias de las mujeres campesinas acusadas de brujera. Fue el ascenso burgus el que desbord la inhumanidad medieval mientras que sustitua sus ya obsoletas formas de explotacin por otras ms adecuadas. Una tortura inhumana que ha sido abandonada es la del despedazamiento [21], muy utilizada por la Inquisicin espaola; pero gracias a la tecnociencia del tormento, buena parte de sus efectos se logran de forma limpia y barata como veremos ms adelante. Por no extendernos, existen muchas torturas desde la Antigedad que utilizan el agua, y la modernizacin de esta tortura por Estados Unidos [22] ha dado pie a un profundo debate que se ha agudizado al salir Trump en defensa de esa forma de tortura.

La experiencia acumulada por la Inquisicin fue un verdadero fondo de sabidura para los sistemas represivos imperialistas. Incluso un diario espaol de derechas ha reconocido la importancia que tuvo para la CIA la degenerada tortura inquisitorial, y ha sintetizado en diez las torturas actuales que guardan alguna relacin con las de la Inquisicin, como la del agua:

1) encerrar a una persona en solitario; 2) la amenaza de sufrir dolor es ms efectiva que el dolor mismo; 3) las amenazas de muertes son intiles; 4) si quiere sobrevivir el torturado debe confesar; 5) el dolor excesivo puede llevar a confesiones falsas; 6) es muy efectivo cambiar la percepcin del tiempo; 7) forzar posiciones incmodas; 8) hay que amenazar con torturar a sus familiares, 9) hay que evitar momentos de tregua y llevarlos a la extenuacin, y 10) las amenazas funcionan mejor cuando son explicadas racionalmente [23].

La dinmica socioeconmica que explica esta evolucin no es otra que el lento ascenso de la burguesa y el lento retroceso del feudalismo, como hemos dicho. Son conocidas suficientemente las tesis de Foucault sobre el origen de la vigilancia, la prisin y el castigo, as que no nos extendemos sobre ellas ni en sus limitaciones [24]. P. Reader detalla el proceso de I+D+i, por llamarlo as, de la invencin de la guillotina durante la revolucin burguesa francesa. Todava en 1784 se torturaba pblicamente hasta la muerte en Pars, pero ya se debatan entre los crculos progresistas algunas ideas para acabar con los descuartizamientos y otras torturas. Solo muy pocos aos despus ya funcionaba la guillotina, el mtodo cientfico desarrollado desde el siglo XVII fue mejorado con la guillotina: se emplearon cadveres para hacer las pruebas porque se quera que tuviera la mxima calidad instrumental el da de su estreno [25].

La lgica capitalista del terror controlado y supeditado a otros medios de coercin sorda, de cooptacin y de apariencia democrtica, se iba imponiendo. La tortura no desapareci sino que, como se ver, fue revisada bajo la racionalidad tecnoeconmica. Marx lo expres as en el libro I de El Capital, editado en 1867:

Vase, pues, cmo despus de ser violentamente expropiados y expulsados de sus tierras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotescamente terroristas, a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exiga el sistema de trabajo asalariado. No basta con que las condiciones de trabajo cristalicen en uno de los polos como capital y en el polo contrario como hombres que no tienen nada que vender ms que su fuerza de trabajo. Ni basta tampoco con obligar a stos a venderse voluntariamente. En el transcurso de la produccin capitalista, se va formando una clase obrera que, a fuerza de educacin, de tradicin, de costumbres, se somete a las exigencias de este rgimen de produccin como a las ms lgicas leyes naturales. La organizacin del proceso capitalista de produccin ya desarrollado vence todas las resistencias; la existencia constante de una superpoblacin relativa mantiene la ley de la oferta y de la demanda de trabajo a tono con las necesidades de explotacin del capital, y la presin sorda de las condiciones econmicas sella el poder de mando del capitalista sobre el obrero. Todava se emplea, de vez en cuando, la violencia directa, extraeconmica; pero slo en casos excepcionales [26].

Debemos entender que Marx habla de la excepcionalidad de la violencia directa en una obra dedicada fundamentalmente a la crtica de la economa poltica y no tanto al anlisis de la lucha de clases en su esencia poltica. Cuando Marx y Engels hacen estos anlisis prestan ms atencin al papel de la violencia directa en la historia, de modo que su carcter excepcional desaparece bajo una aplastante realidad de violencia reaccionaria. Quiere esto decir que la lucha de clases real, la que tiene como objetivo la destruccin del poder burgus y la colectivizacin de sus propiedades, es una realidad abierta o latente, pero una realidad. Dicho de otro modo: las masacres, torturas, crceles y destierros no garantizan la victoria definitiva del capital sobre la humanidad explotada.

Dos de los casos excepcionales a los que se refera Marx fueron las luchas de liberacin de Cuba y Filipinas. No podemos exponer ahora la situacin socioeconmica de ambos pueblos a finales del siglo XIX, pocos aos despus de publicarse El Capital, as que nos centramos en la excepcionalidad de las dos luchas y en el papel de la violencia directa, extraeconmica, del terrorismo y de la tortura. D urante la guerra de independencia cubana que concluy en 1898, murieron aproximadamente 300.000 personas de todas las edades y sexos; de ellas solo 12.000, un 4% del total, pertenecan al Ejrcito Libertador, mientras que el 96% restante, unas 288.000, eran personas civiles, desarmadas, de las cuales 260.000 murieron de tortura, malos tratos, hambre y enfermedad en los campos de concentracin espaoles siguiendo la estrategia de Reconcentracin ideada por el general Weyler y que se adelant a los campos de exterminio nazis [27].

En cuanto a Filipinas, se calcula que murieron 600.000 personas de aquel pas en la guerra de 1898-1910 contra la ocupacin norteamericana [28], que sigui a la larga ocupacin espaola. Las torturas espaolas haban sido estremecedoras contra los pueblos de Cuba y Filipinas, como contra las dems naciones ocupadas, pero no lograron derrotar sus luchas de liberacin.

3. La tortura como metfora

El perodo que va de la revolucin bolchevique de 1917 a la derrota del nazi-fascismo en 1945 acelera la dinmica que llegar a la situacin presente en la que la modernizacin tecnociencia de las torturas no hace sino reforzar la tesis de Naomi Klein de la tortura como metfora [29] del capitalismo contemporneo, definido por esta autora como capitalismo del desastre.

De hecho, la metfora ya era real en el nazismo: sus expertos en tortura saban bien cmo seleccionar en los campos de exterminio a fieles colaboradores que les simplificaban y ahorraban el trabajo. Existe una descripcin estremecedora de alguien que ha estudiado detenidamente esta situacin, y que debe aparecer escrita en todos los textos de tica y dignidad humana:

Y t, pobre prisionero, te doblegas y empuas el bastn para golpear a tus semejantes, a los miserables como t, para merecer el honor de un puntapi por parte de tu patrn y una rebanada de pan sucio, humillndote como un perro, pensando que aquel mundo no ha de acabar nunca, dando implcitamente la razn a quienes te oprimen [30].

Sin embargo, la metfora tena una debilidad interna: dentro de muchos campos de exterminio se crearon organizaciones clandestinas que aguantaron todas las brutalidades y hasta prepararon fugas e insurrecciones. Del mismo modo, la ciencia de la tortura nazi no arras la resistencia de los pueblos ocupados. Tampoco lo consigui la inhumanidad japonesa, que usaba a los prisioneros como blancos de tiro, carne viva para aprender a manejar la espada y la bayoneta, a cientos de miles de mujeres como esclavas sexuales, como chivos expiatorios de las frustraciones y agresividades de las tropas [31]: se trataba de maximizar su explotacin hasta la muerte para ahorrar en todos los sentidos.

En su sentido bsico, la tortura pas de su fase emprica y artesanal a su fase cientfica durante la Segunda Guerra Mundial y, a partir de aqu, el largo imperialismo no ha hecho sino enriquecerla. Un ejemplo lo tenemos en la mejora en el sentido instrumental e inhumano en el empleo de los electrodos, las descargas elctricas, el electroshock, etc. El imperialismo francs los utiliz masivamente en las atrocidades que cometa contra las naciones que luchaban por reconquistar su libertad en Indochina y Argelia, Xabier Makazaga lo ha explicado con rigor, sobre todo entre 1945 y 1962:

Los franceses convirtieron la tortura en su principal arma durante sus guerras coloniales, no solo para arrancar informacin a los detenidos sino tambin para controlar a toda la poblacin. Su doble discurso provocaba que, mientras que sus soldados torturaban impunemente a los colonizados, las autoridades de la Repblica negaban a sus ciudadanos el empleo de estas tcnicas [32].

La cita con la que encabezamos esta ponencia est extrada de una de las aportaciones de 2010 al librito La question de 1957, rpidamente prohibido y retirado de las libreras francesas. Su autor, Henri Alleg, era militante comunista francs en Argelia torturado por los paracas de su pas. Describe as el efecto de las descargas: la mordedura salvaje de una bestia que me arrancaba la piel a tiras [33]. Uno de los tcnicos en electroshock fue hasta 1945 torturador nazi, protegido y reciclado desde entonces por el ejrcito francs, lo mismo que otra torturadora nazi que trabajaba para Estados Unidos y Alemania Federal [34].

Pero los nazis no eran los nicos en desarrollar la ciencia del electroshock, Estados Unidos tambin experiment con los electrodos durante ese perodo aparentemente con fines curativos: La psiquiatra yanqui aprendi mucho durante la Segunda Guerra Mundial al tratar a los heridos psquicos, a los desmoralizados y con los nervios agotados. Los psiquiatras trabajaban intensamente porque en la medida de lo posible, los enfermos mentales deban regresar a la tienda, a la fbrica o al frente [35]. Adems de este objetivo econmico y militar, tambin se desarrollara al poco tiempo el especficamente represivo: los electrodos no solo como tortura sino como manipulacin de la personalidad a distancia.

Dentro de su programa MK-Ultra de 1953, los mtodos de la CIA para que el lavado de cerebro fuera efectivo exigan de una presin psicolgica cuidadosamente calculada. Esto inclua el uso de la repeticin, el hostigamiento y la humillacin [36], y tambin se probaron los efectos de drogas LSD, mescalina, cocana e incluso nicotina [37] no solo en las investigaciones en Estados Unidos sino tambin en Gran Bretaa y Alemania Federal. Precisamente en Berln, la CIA contaba con varios prostbulos para obtener informacin de los clientes [38].

Para esta poca el Estado francs instrua sobre torturas a regmenes latinoamericanos y a Estados Unidos. Al menos desde finales de la dcada de 1950, y manifiestamente desde 1959, expertos franceses enseaban mtodos de tormento comprobados en Argelia e Indochina, pero que hundan sus races en la larga experiencias colonialista recordemos la denuncia de Ho Chi Minh a las torturas francesas [39] en 1925 y en las lecciones nazis, de modo que desde 1961 los yanquis aprendan de torturadores franceses [40] dentro de un plan que llegaba hasta Argentina pas en el que todava en 1980 actuaban los expertos galos.

La ayuda francesa fue decisiva para que en 1963 la CIA dispusiera del primer manual de tormento denominado Kubark [41]. Lo necesitaba para reprimir ms efectivamente las crecientes luchas antiimperialistas que recorran el mundo. El colonialismo francs saba desde comienzos del siglo XIX, por la experiencia represiva del general Bugeaud [42], que con la mera violencia torturadora era imposible sojuzgar a un pueblo y que era necesario complementarla con acciones culturales, de cooptacin y de alianzas con sectores sociales enriquecidos. En la inmensa mayora de los casos, las torturas y otras violencias han sido el palo que refuerza la eficacia de la zanahoria. Pero cuando la segunda falla, las torturas y otras violencias se descubren como los nicos mtodos para aterrar a la poblacin [] Los medios silencian la violencia o caracterizan como terrorismo las acciones de los opositores [43].

Para entonces la CIA experimentaba con cientos de lobotomas [44], y en esas fechas comenz una estrategia de terror contra Vietnam con el objetivo de asesinar a cuantos ms guerrilleros mejor, pero tambin con el de matar a quienes los socorran. El plan buscaba exterminar a un mnimo de mil guerrilleros al mes y capturar a dos mil para someterlos a interrogatorios [45]. Los civilizados torturadores yanquis anestesiaban al prisionero antes de trepanarle el crneo e instalar electrodos en el cerebro bajo una luz insuficiente que tuvo que ser reforzada con ms lmparas. Rpidamente se llenaron todas las camas destinadas a las trepanaciones, electrodos y lobotomas realizadas sobre prisioneras y prisioneros anestesiados. Gottlieb, cientfico y alto responsable de la CIA, trabajaba segn el mtodo Taylor-fordista:

Trasladaban a los hombres a una sala vaca contigua y all los dejaban en el suelo para que fueran recuperndose. A media noche el suelo estaba lleno de prisioneros en diverso estado de recuperacin. Gottlieb circul entre los hombres y coloc una bayoneta junto a cada uno de ellos. Despus se dirigi a una habitacin contigua y empez a manipular los interruptores de una caja negra para transmitir seales a los electrodos implantados [] quera que los electrodos estimularan la violencia en los hombres hasta el punto que utilizaran las bayonetas para atacarse entre s. Gottlieb dijo que, si lo lograba, habra creado asesinos por encargo [] la caja negra poda mejorarse hasta tener un alcance de un kilmetro y medio. A esa distancia sera posible infiltrar un asesino en la zona de un blanco desprevenido y ordenarle que matara. [] Los prisioneros se limitaron a sentarse, tocndose las heridas de la cabeza, sin dar muestras de violencia. El cientfico orden a los vigilantes que se los llevaran. Despus les pegaron un tiro y quemaron sus cadveres [46].

Ms tarde, el director de la CIA en 1977, el almirante Turner, declar que la agencia haba realizado 149 estudios sobre el control de la mente entre los aos 50 y 60, con la participacin 200 cientficos de 44 universidades, 3 prisiones, 12 hospitales, 12 fundaciones y otros institutos, con unos gastos de 25 millones de dlares [47]. Durante la invasin de Vietnam y ms tarde en la guerra sucia de 1984 en Beirut, el doctor Gottlieb explicaba que para matar a una persona el accidente fortuito es la tcnica ms eficaz. Cuando se ejecuta bien, causa poco revuelo y se investiga superficialmente [48]. Adems, la CIA aconsej al presidente Reagan que hiciera una campaa de propaganda internacional diciendo que todos los pases enemigos de Estados Unidos Cuba, URSS, Irn, etc. torturaban a su disidencia [49].

Hay que saber que como siempre en la historia de los imperialismos, la tortura sexual era una parte esencial de la estrategia terrorista:

En Vietnam, la violacin se usaba comnmente como un arma de guerra. En su trabajo brillante y completo Mata lo que se mueva: la verdadera guerra estadounidense en Vietnam, Nick Terse nos recuerda el legado brutal de violencia sexual en el sudeste asitico dejado por los Estados Unidos. Soldados estadounidenses violaron a miles de nios; algunos fueron asesinados, sus cadveres mutilados. Mujeres vietnamitas eran comnmente sometidas a violaciones en grupo, tortura sexual y asesinato. En algunas ocasiones, las tropas estadounidenses atacaron sexualmente a mujeres vietnamitas mientras obligaban a sus hijos a mirar, para eventualmente asesinar a ambos [50].

4. Torturas en Euskal Herria

Los mtodos de tortura del Estado espaol han sido muy bien estudiados aunque sus conclusiones demoledoras son poco conocidas entre otras razones por la estricta poltica de silencio informativo. Xabier Makazaga fecha en 1988 el inicio de una estrategia de ocultacin de las torturas porque las movilizaciones populares y la existencia de organismos de denuncia y esclarecimiento estaban superando la censura y el silencio meditico. Para ocultar las torturas, el Estado empez a trasladar a las prisioneras y prisioneros a Madrid. Los medios de prensa tambin ayudaban en la ocultacin: en 1992 el TAT hizo un estudio de la poltica informativa de los grandes medios sobre la tortura llegando a la conclusin que los diarios El Pas, el Correo Espaol y Deia, este ltimo el vocero del PNV, silenciaban la realidad de las torturas [51].

El mismo estudio fue realizado una dcada ms tarde, en 2002, pero con una variante, se compar el espacio dedicado en la prensa diaria a la denuncia de las torturas espeluznantes sufridas por Unai Romano, conocidas por la difusin de unas fotografas que mostraban su cuerpo, con la tala de dos de los pinos del bosque de Oma en Bizkaia, rboles pintados por Agustn Ibarrola. Los resultados del estudio mostraban que quedaba muy claro que el caso del bosque de Oma tuvo muchsima ms importancia en la prensa de mayor difusin que el caso Romano, aunque en el primero fueran unos pinos los que sufrieron la agresin y en el segundo una persona de carne y hueso [52].

A la efectividad del muro de plomo que oculta las torturas, malos tratos, vejaciones, etctera, hay que sumarle la eficacia de la resistencia psicolgica y emocional de franjas sociales a aceptar las innegables evidencias de la tortura, ya que de inmediato surgen preguntas: llegar a golpearnos la tortura? Son los nuestros los que torturan? Es justificable la tortura frente a los terroristas y separatistas, y en qu grado? Veremos que uno de los objetivos de la tortura es producir miedo, pasividad atemorizada. Gabriel Kessler ha investigado sobre los sentimientos de temor e inseguridad en la Argentina todava impactada por la dictadura ante el aumento de los delitos: las fuerzas conservadoras piden la vuelta del autoritarismo estatal sin lmite alguno [53]. Lo bsico de su estudio sirve para todo el capitalismo: la violencia institucional refuerza la inseguridad paralizante, efecto que slo puede ser superado por el avance de los derechos democrticos [54].

Pues bien, esta inseguridad emocional y poltica, este miedo a la verdad, ms la ideologa conservadora hace que sectores sociales se nieguen a aceptar las torturas realizadas por la Ertzaintza, polica autonmica prestada por el Estado espaol al Gobierno Vasco. Frente a esto, la conclusin de G. Kessler de avanzar en los derechos se vuelve una necesidad urgente. Para esclarecer la realidad y acelerar el avance democrtico, Xabier Makazaga ha detallado las torturas fsicas y psicolgicas infringidas a un prisionero por este cuerpo represivo en 1996 [55]. En su Informe sobre la tortura en 2001, Tortutaren Aurkako Taldea (TAT) constataba sobre la Ertzaintza que habra que destacar que se decanta por la utilizacin de la tortura psicolgica [] de todos modos casi en la mitad de los casos combinan mtodos fsicos y psicolgicos [56]. Ms adelante describa los efectos psicolgicos de la tortura:

1) Reexperimentacin del trauma. El sujeto revive el trauma, es decir, no lo recuerda, sino que vuelve a experimentarlo.

2) Evitacin con dos tipos de sntomas: a) Los sntomas de la evitacin propiamente dichos: se evitan las personas, los lugares, etc., que recuerdan el hecho. b) Los de carcter disociativo: a travs de ellos se consigue un embotamiento psquico. Seran los siguientes: incapacidad de recordar algo relacionado con el hecho traumtico, prdida de inters en actividades que antes eran significativas, sensacin de despego con respecto a los dems, incapacidad de experimentar sentimientos positivos/afectivos y sensacin de futuro desolador y desesperanza.

3) Hiperactivacin. La hiperactivacin consistira en estar siempre en guardia para evitar la repeticin del hecho traumtico. El sujeto nunca se siente seguro. Los sntomas incluyen trastornos del sueo, dificultades de concentracin, irritabilidad, hipervigilancia y reacciones exageradas.

El Informe sigue explicando que los efectos de la tortura apenas se guardan en la memoria explcita o narrativa, que puede verbalizarlos, sino en la memoria implcita o emocional que no recuerda sino que revive en silencio, sin poder expresarlo. El Informe concluye as: Por eso al trauma se le llama tambin terror sin palabras [57].

De la misma forma en que hablamos de terror sin palabras al definir a la tortura psicolgica tambin podemos llamarla herida sin sangre [58], e igualmente puede decirse que la tortura es lo que queda dentro [59]. Prcticamente la generalidad de los estudios sobre las torturas coinciden en las consecuencias negativas que tiene en el nimo y en la conciencia del pueblo el terror sin palabras, las heridas sin sangre, lo que se lleva dentro sin poderlo verbalizar y comunicar al entorno. Lo que busca la tortures es, como dice Teresa Cceres, imponer y extender el miedo a la palabra y la imposibilidad de nombrar [60] , de decir la verdad, de explicar lo que sucede.

Hemos dicho al comienzo, al hablar del 11-S de 2011, que la medicina en general aporta sus conocimientos al sistema represivo. G. Thomas explica detalladamente cmo los psiquiatras de la CIA discuten con los psicoanalistas de la misma organizacin sobre la efectividad de sus correspondientes teoras para aumentar los resultados de la tortura [61]. Las investigadoras Lurdes Moraza y Mertxe Basterra, muestran cmo son las batas blancas las que mejoran las tcnicas de tortura que aplican los funcionarios del Estado, las responsables de que se inventen:

[...] tcnicas de tortura que parecen no-tortura [] el dolor es una estructura compleja, subjetivamente percibida y psicolgicamente condicionada [] Pero la sofisticacin o cientifizacin, no solo se refiere a las tcnicas de tortura dirigidas a infligir intencionadamente dolor fsico, sino tambin y aqu entramos en lo ms temido, en el terror, pues es desconocido para la inmensa mayora y causa un poco de miedo adentrarse en estas profundidades dolor psquico infligido intencionadamente por medio de mtodos estudiados y comprobados cientficamente sin utilizar tcnicas de tortura fsica, es decir, mtodos psicolgicos de tortura [62].

La imposibilidad de comunicar el terror sufrido que nos ha extirpado las palabras, esta no tortura, este silenciamiento total corta de raz la continuidad y la actualizacin de la memoria popular. Susana G. Kaufman explica cmo es la dinmica que avanza de la angustia para llegar al terror pasando por el miedo y cmo ese desarrollo determina la subjetividad social [63]. En su estudio sobre los efectos del trauma causado por la tortura sobre la memoria, Mara I. Mudrovcic sostiene que:

El stress post-traumtico es fundamentalmente un desorden de la memoria. Debido a las fuertes emociones de terror y sorpresa por ciertos eventos, la mente se disocia: es incapaz de registrar la herida de la psique porque los mecanismos ordinarios de conciencia y cognicin estn destruidos, por lo que dichos acontecimientos no son incorporados al espacio de experiencia del individuo [] El duelo social se realiza cuando el grupo logra integrar el evento traumtico en una narracin compartida, en definitiva, cuando puede narrar el miedo [64].

Una de las formas ms eficaces que tiene el sistema torturador, sea estatal, para estatal o extra estatal, para impedir o minimizar que el pueblo sistemticamente torturado pueda narrar el miedo, hablar y superar la paralizacin poltica y tica que impone el trauma en sectores sociales, es la de no castigar a los torturadores, e incluso recompensarlos con el tiempo [65]. La impunidad de los torturadores, sus muy livianas condenas o, peor, cuando la tortura es legitimada y protegida [66] directa o indirectamente, entonces sus vctimas siguen padeciendo el terror sin palabras, y la sociedad torturada sigue padeciendo el miedo a hablar por el terror a que vuelvan los torturadores. Se trata, en suma, de seguir produciendo miedo:

La produccin de miedo oficial era y es la clave de la eficiencia del poder. El poder terrenal no vena no viene al rescate de los seres humanos presos del miedo, pero haca hace por convencer a sus sbditos que s lo hace. Para que el poder se congraciase y se ganase su lealtad al ser duro con lo que aqullos teman, primero deba producir el capital del miedo. Para que el poder dure, hay que hacer a los seres humanos vulnerables, inseguros y temerosos, y mantenerlos en dicha situacin [] Volver a la gente insegura y sumisa fue la tarea que ms ocupados tuvo a la CIA y al FBI tras los atentados del 2001 [67].

El miedo que produce la tortura se suma a otros miedos generados por los diversos sistemas de intimidacin que tiene el capitalismo, sin olvidarnos de su poder alienador. Tiene tambin razn P. Brckner cuando no duda en decir que la prohibicin colectiva de buscar o preguntar fuera del campo de los problemas abiertos (los que estn permitidos por los estilos educativos autoritarios) provoca miedo en el que se atreve a hacerlo, si es que ha llegado ya a proyectar sobre s mismo aquellas exigencias de prohibicin; incluso las desviaciones de un mtodo establecido, llegan a producirle intranquilidad. Aqu es donde termina la formacin y comienza la obediencia social [68].

El miedo a la palabra, el terror sin sangre en realidad es pnico a la razn, al pensamiento libre y crtico. El irracional miedo a la libertad destroza el sentido racional de la revolucin y fortalece la patologa de la obediencia. Segn Terri Eagletton: Las revoluciones tienden a estallar en el momento en que casi cualquier alternativa parece preferible al estado presente. En esa situacin, no rebelarse es irracional [69]. Pero ocurre, como hemos visto, que el trauma de la tortura crea una sumisin pasiva tal que logra mutar la obediencia irracional en racional aceptacin de la obediencia: la revolucin se volvera as impensable, ilgica e imposible, ella sera lo irracional en s.

Es innegable que un sector social cree que la lucha revolucionaria es pura irracionalidad y otro sector cree que siendo racional es imposible o que exige un sacrificio tan alto que no merece la pena realizarlo. Pero existe otra parte que no piensa as, que sabe que la lucha revolucionaria no solo es racional sino que a la vez y por ello mismo es necesaria; y en los momentos de crisis estructural este grupo llega a ser mayoritario a pesar de las torturas y represiones que ha sufrido. Por qu han fallado entonces las torturas? Despus responderemos con ms detalle, ahora debemos decir que la razn del fallo ltimo de las torturas es que al ser irracionales en s mismas chocan frontalmente con todos los sentimientos y valores humanos.

Las personas torturadas por defender derechos polticos y democrticos tienen por lo general conciencia del riesgo que asumen, por lo general no se callan sino que en la medida de sus posibilidades dicen lo que han padecido y hasta lo denuncian. Ms temprano que tarde, la sociedad, el pueblo se entera de las torturas que padecen quienes luchan contra la tirana. Aunque exista una dictadura o un rgimen aparentemente democrtico que en realidad oculta una dictadura de facto contra los derechos bsicos, o una impunidad represiva avalada por la democracia, si en estos contextos se ha creado un movimiento popular de denuncia de la tortura, es probable que la verdad supere el miedo, aislamiento y silencio, y es probable que sus denuncias e informes lleguen al exterior. Semejante paso no garantiza la victoria de la verdad y el fin de las torturas, pero es un avance sentido por los torturadores como una amenaza muy grave para ellos.

Las personas con conciencia revolucionaria que sufren tormento tienen, por lo general, la cultura poltica suficiente para, adems de resistir las torturas en la medida de sus fuerzas, tambin saber que el conocimiento pblico de sus sufrimientos es una de las garantas imprescindibles para que otras compaeras y compaeros no sean torturados en el futuro. En realidad, se trata de la lucha de la racionalidad de la persona y de la sociedad torturada contra la irracionalidad del sistema torturador.

El Informe 2002 del TAT denuncia y detalla: golpes, extenuacin fsica, bolsa, baera, electrodos, impedimento de visin, amenazas, gritos, humillaciones, agresin sexual, simulacro de ejecucin, polica bueno versus polica malo, constantes interrogatorios y la obligacin de or los gritos de otras personas que estn tambin detenidas y/o familiares o amigos. Ahora, por su incuestionable importancia, veamos qu es la agresin sexual:

Este ao hemos comprobado por los diferentes relatos que nos han hecho llegar las personas detenidas, que las agresiones y vejaciones sexuales han aumentado considerablemente tanto en los casos de las mujeres como de los hombres. Es norma habitual que a la persona detenida se le obligue a desnudarse parcial o totalmente y, en ocasiones, a mantener posturas vejatorias, y es entonces cuando se suceden las amenazas y las vejaciones o humillaciones sexuales, de tipo oral (amenazas, vejaciones, insultos, amenazas de violacin), mediante la violencia contra los rganos sexuales (golpes o la colocacin de electrodos), la desnudez obligatoria, tocamientos, movimientos obscenos contra sus cuerpos, llegando este ao a la violacin en comisara mediante la introduccin de un palo en el ano en el caso de diferentes hombres, e introduccin lo que una detenida cree que era un pene de uno de sus torturadores en su boca [70].

Los efectos de las torturas sexuales nunca sern suficientemente denunciados en su infinita complejidad y larga duracin si por sexualidad entendemos la libido y el principio del placer, o eros. Desde esta perspectiva, la correcta, toda tortura tiene un elemento sexual porque ella misma es el tanatos o principio de muerte. Como veremos, la tortura posibilita satisfacer deseos sexuales, fantasas sadomasoquistas o exhibicionistas, u obtener sobreganancias narcisistas. En su forma masculina, la tortura de violacin anal es un ejemplo [71].

Pero fundamentalmente contras las mujeres, en las formas suaves de torturas y violencias patriarcales cotidianas la violencia oculta que agrede a un tercio de las mujeres en el Estado espaol [72] es donde ms se aprecia su poder destructor al cabo del tiempo: el acoso y explotacin sexual en el trabajo aumenta un 40% en los dos ltimos aos [73]. A una escala ms amplia, la tortura sexual como expresin de la cultura de la violacin [74] est dentro de los crecientes feminicidios y raptos de mujeres, nias y nios dentro de la trata [75] esclavista moderna.

El Informe sobre la tortura 2002 del TAT dedica un espacio al anlisis de las torturas realizadas por la Ertzaintza, polica de la CAV inserta en las fuerzas represivas espaolas, indicando el salto cualitativo realizado al pasar de las torturas psicolgicas a las fsicas, combinando ambas. Lo ms significativo es que esta polica espaola en Vascongadas, que tambin aplica la agresin sexual, desarrolla mtodos que no aparecen en el listado anterior como cambios de temperatura y: Les daban algo para beber que no era agua, en algunos casos les produca una especie de mareo, llegando ms de uno a sufrir alucinaciones: ver humo que sala de las paredes, imgenes que salan de las paredes como ventanas [76].

En el Informe del TAT correspondiente a 2003, despus de recordarnos qu es la tortura segn la Convencin contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, definicin con la que comenzbamos este escrito, pasa a enumerar los objetivos fundamentales de la tortura que aplica el Estado espaol:

1. Forzar una autoinculpacin o inculpacin de terceras personas [] No importa que la prueba sea verdica.

2. Castigar a la persona torturada por un acto que no ha cometido o se sospecha que ha cometido, pero tambin como represin de una forma determinada de actuacin poltica o social.

3. La tortura va dirigida especialmente a la destruccin de la personalidad, a la negacin de la dignidad humana, persigue su desintegracin psicolgica, doblegar su identidad, humillarla, degradarla.

4. Intimidar y atemorizar a la persona torturada, y por extensin paralizar a toda la sociedad, generar una situacin de terror tanto a la vctima como a su entorno, acrecentar una situacin de inseguridad y difundir el terror [77].

Despus de enumerar muy sucintamente los mtodos fsicos de tortura, el Informe 2003 del TAT expone con ms detalle sus mtodos psicolgicos: 1) Impedimento de visin. 2) Restriccin o supresin de las necesidades bsicas. 3) Amenazas. 4) Humillaciones, insultos, descalificaciones. 5) Juego de polica bueno-polica malo. 6) Obligatoriedad de elegir entre los distintos mtodos de tortura, departir sobre la tortura. 7) Tortura sexual. 8) Apelacin a la imaginacin. 9) Crear sentimientos de culpabilidad. 10) Simulacin de tortura. 11) Exponer a la persona detenida a los gritos/ver otras personas detenidas que estn sufriendo torturas. 12) Cambios bruscos de temperatura. 13) Utilizacin de drogas. 14) Agresiones sonoras. 15) Agresiones de luz [78].

Ya hemos hablado arriba sobre el punto 6: mostrarle a la persona los instrumentos de tortura; explicarle su funcionamiento y sus efectos, obligarle a que escoja cual quiere que se le aplique, etc. Galileo sufri esta tortura psicolgica, tan frecuente en la China Antigua. La persona que va a ser torturada se imagina el dolor que va a padecer y lo multiplica en sus miedos pudiendo caer en el pnico. Pero lo peor es que ese desplome puede hacer que se entregue mentalmente al polica bueno para evitar que el malo le torture. La efectividad de esta tortura psicolgica aumenta cuando la persona est aislada, incomunicada, sin poder contar a nadie lo que sucede. El aislamiento penitenciario [79] es una forma de tortura blanca, ya que, en realidad, la pena de crcel es una forma de tortura [80].

Xabier Makazaga nos recuerda que el Informe 2003 del TAT se haca eco de un problema muy grave por su papel en las torturas: los informes de los mdicos forenses. El autor hace un poco de historia explicando cmo el Comit para la Prevencin de la Tortura del Consejo de Europa (CPT) haba instado repetidas veces a las autoridades espaolas a que garantizase el derecho de las personas detenidas a ser visitadas por un mdico de su eleccin y cmo se recomend esto en 1999. Amnista Internacional y otros organismos internacionales tambin han cuestionado a los forenses oficiales que en 2007 se negaron a que un mdico externo avalara el informe oficial con la excusa de que ese informe externo les pona en cuestin:

Estas palabras demuestran que su labor consiste en avalar el buen estado de salud de los detenidos y no en acreditar su estado de salud, sea este bueno o malo y, en el caso de que sea malo, describirlo (lesiones, dolencias) e indicar sus causas. Al rechazar y denunciar la ayuda de otros mdicos dejaron claro que la funcin que interiorizan estos mdicos forenses es la de encubrir posibles violaciones de los derechos humanos que puedan realizarse bajo su jurisdiccin [81].

5. El oficio de torturador

Aunque las torturas facilitan el exterminio de organizaciones enteras, o su debilitamiento prctico en grado sumo, y tambin producen miedo colectivo e impiden de alguna manera la renovacin de la memoria popular, a pesar de estas y otras consecuencias positivas para el poder explotador, no es el instrumento definitivo para mantener el poder indefinidamente. El debate sobre la eficacia de la tortura se ha reabierto en Norteamrica tras las declaraciones de Tramp a favor de reinstaurarla: se analizan sus costos polticos a medio y largo plazo, la deslegitimacin que debilita al Estado torturador, la calidad de la informacin que se arranca mediante el tormento, etctera [82]. Este debate vena dndose desde que el Senado norteamericano reconociese que las brutales torturas de la CIA no haban sido eficaces [83] para evitar atentados inminentes. Aun as, segn las necesidades represivas, se seguir recurriendo a ella: Un juez brasileo autoriz la tortura para forzar el desalojo de una escuela ocupada por estudiante [84].

La efectividad de las torturas est sujeta, o si se quiere es parte subordinada a la efectividad superior del sistema y doctrina de contrainsurgencia en la que se encuadra. Sin duda, las brutales torturas y desapariciones del Plan Cndor [85] con 80.000 personas muertas y desaparecidas, 400.000 detenidas, y miles de exiliadas, condicionaron mucho el desarrollo posterior de las luchas de liberacin en Nuestramrica, pero no las abort. Las derrotas de los procesos revolucionarios responden a una interaccin de complejas causas que no podemos exponer aqu. Una de ellas es que las izquierdas no valoran correctamente el significado de la represin en la lucha sociopoltica por la destruccin del Estado burgus y la socializacin de la propiedad privada de las fuerzas productivas, no tomando las medidas organizativas suficientes de acuerdo con la coyuntura y contexto revolucionario.

La burguesa s conoce la gran importancia que puede llegar a tener la tortura, y por eso presta mucha atencin al entrenamiento de sus torturadores. Se ha escrito mucho y se debatir siempre sobre la personalidad de los torturadores, si son sdicos y perversos o normales. Basndose en el libro de M. Rosencof y E. Fernndez Huidobro en el que entre otras cosas debaten sobre si el torturador nace o se hace [86], Carlos Tupac escribe que:

En un momento intercambian sus opiniones sobre si los torturadores eran normales o anormales, sdicos y psicpatas o buenos padres de familia, amigos y compaeros, as como oficiales responsables que cuidan a sus soldados. No coinciden en todo y tienen sus diferencias, pero les une la insistencia en que la ideologizacin contrarrevolucionaria, anticomunista y fascista era permanente y masiva en el ejrcito argentino, tanto que haba creado un clima interno en el que la tortura y los malos tratos a los presos eran tan normales como la amistad y camaradera entre soldados y oficiales. Y sealan una cosa significativa: que el ejrcito buscaba con esa estrategia de participacin colectiva en las torturas el que ningn soldado u oficial pudiera echarse para atrs, negarse, resistirse a torturar a un semejante, y sobre todo buscaba crear una responsabilidad colectiva que impidiera que alguien denunciase y/o hiciese pblico tanto horror inhumano, imponiendo as el silencio cmplice y egosta [87].

Intereses reaccionarios muy precisos han querido zanjar este debate defendiendo la justificacin de que por instinto, por programacin gentica los seres humanos somos asesinos y torturadores en potencia. Por ejemplo, se ha querido encontrar una tendencia gentica a la depresin en mujeres que han sido violadas, echadas del trabajo, sufrido traumas, etc., de modo que se extienda la creencia de que las violaciones, el desempleo y otras formas de violencia y tortura pueden tener algn remoto origen gentico [88], con lo que desaparecera o disminuira sobremanera la responsabilidad criminal del sistema patriarco-burgus. Tambin se ha buscado en los primates el origen de los asesinatos, sosteniendo que Can est en nuestras races [89], sin tener en cuenta otras muchas demostraciones de la solidaridad y ayuda mutua entre ellos [90]; y sobre todo las mejoras introducidas a los descubrimientos de Kropotkin sobre la ayuda mutua [91].

La tesis de Stanley Milgram [92] se basaba en supuestos mtodos cientficos que demostrara que cualquier persona es torturadora en potencia, que todas y todos llevamos dormido en nuestra psique al monstruo torturador dispuesto a despertarse en cualquier momento. Investigaciones cientfico-crticas han demostrado que no es cierta la tesis de Milgram, que su mtodo cientfico es tramposo, que los sujetos utilizados en la investigacin desarrollaban formas sutiles de resistencia y rechazo al experimento de tortura sobre terceras personas [93].

Muchas experiencias demuestran que surgen negativas, resistencias y crticas a cumplir rdenes criminales en estructuras altamente jerarquizadas y disciplinadas. Sin ir ms lejos, en el caso del ejrcito nazi J. Bogatsvo en un captulo brillante sobre la personalidad psicoptica y socioptica de Heydrich entre la bestia y el ngel [94] narra protestas de mandos, oficiales y soldados del ejrcito alemn al comienzo de la Segunda Guerra Mundial por las brutalidades que les obligaban a realizar. Ms tarde y a pesar de que el nazismo endureci la disciplina hasta niveles extremos, el malestar lata en sectores de tropa de origen obrero y popular y en sectores de la suboficialidad y oficialidad de origen pequeoburgus, pero: las continuas sanciones hicieron que los soldados ni siquiera pudiesen airear su rabia ante las calamidades de la guerra [95].

Lo que da valor demostrativo a estas prcticas internas a una parte del ejrcito alemn que niegan con antelacin la tesis de Migram publicada en 1963, es que se hiciesen dentro de una mquina de terror como el ejrcito nazi, que a su vez era parte de una sociedad en la que dominaba el llamado terror aleatorio, el que golpea a cualquiera en cualquier momento inesperado, sin razn alguna y en la total indefensin. Pero el terror aleatorio se ceb fundamentalmente en las izquierdas, contra los sindicatos y contra las clases explotadas, lo que no impidi que resurgieran resistencias en las fbricas [96] y que desde 1944 aparecieran grupos armados antinazis formados en buena medida por jvenes [97]. El Estado burgus es una mquina de obediencia [98], pero su plasmacin en la Alemania nazi no pudo acabar con las resistencias a pesar del terror y de las torturas.

Contra la evidencia histrica, la tesis de Milgram legitim las torturas en Amrica Latina y en todos los pueblos sometidos al imperialismo y a la explotacin de sus burguesas respectivas, porque s e basaba en el supuesto falso de una imaginaria predisposicin a la obediencia al mal que pudo llegar a ser utilizada para justificar en las organizaciones de carcter represivo, con frreos sistemas de horizontalidad (policas, fuerzas armadas, etc.,) que los subordinados, por lo general, se permitieran ejecutar actos aberrantes y crmenes de lesa humanidad, amparados en las rdenes recibidas de sus superiores [99]. La excusa de la obediencia debida en la que se basan quienes perdonan a los torturadores, se niegan a que sean juzgados y condenados por sus crmenes de lesa humanidad, y los igualan de hecho a sus vctimas torturadas, etctera, se remiten en ltimo anlisis a la tesis falsa de Migram.

J. M. Biurrun ha resumido los cinco puntos del entrenamiento para la tortura analizados por Prez Arza: 1) deshumanizacin del enemigo; 2) habituacin a la crueldad; 3) obediencia automtica; 4) oferta de impunidad, y 5) oferta de poder. Y a estos puntos, Biurrun aade otros como el pensamiento maniqueo, el narcisismo instrumental, la experiencia del dolor, la humillacin y el miedo, el sadomasoquismo, ideas megalomanacas o paranoides [100].

Muchos o bastantes de estos puntos estn presentes de algn modo en el funcionamiento de las dinmicas de control, vigilancia y represin caractersticos de las disciplinas laborales, cotidianas, etc., es decir, en los procesos de explotacin bsicos en toda sociedad basada en la propiedad privada de las fuerzas productivas. Capataces, jefes y jefecillos, controladores, novios, maridos, padres y hermanos mayores, suboficiales y mandos, sacerdotes y en general todos aquellos sujetos que aseguran la continuidad de la explotacin social en todas sus formas, asumen y practican en su cotidianeidad algunas de estas caractersticas.

J. M. Biurrun divide las condiciones laborales del trabajo del torturador en cinco aspectos:

1) la exposicin a la prdida de los privilegios del torturador si, arrepentido, abandona su trabajo, y a la inversa, la garanta de que los mantendr si contina torturando;

2) el resentimiento social y de vindicaciones del torturador contra la sociedad, lo que le permite sentirse alguien ms importante sobre todo cuando la persona que tortura est ms valorada socialmente, y este resentimiento es tambin genrico e imaginario;

3) la implicacin en el crimen de la tortura, lo que le lleva a involucrarse ms y ms en su prctica y en la defensa de las estructuras que la practican;

4) la inculcacin de un dispositivo circular autoconfirmador por el cual siempre se encuentran argumentos que demuestran que el torturado es el mal y el torturador el bien, que el mal debe ser torturado por el bien torturador;

5) la satisfaccin de necesidades no confesadas. La tortura proporciona la posibilidad de legalizar y satisfacer deseos sexuales, fantasas sadomasoquistas o exhibicionistas, u obtener sobreganancias narcisistas [101].

Las aportaciones de Biurrun muestran el rigor metdico con el que la burguesa cuida la fidelidad de sus fuerzas represivas, de terror y de tortura. Sin embargo, y como venimos insistiendo, no garantizan su total e incondicional apoyo a la clase explotadora. Vicente Romano ha escrito que:

Por lo dems, solo los esclavos son aptos para la represin. Como se sabe, los atenienses solo empleaban esclavos en la polica. Quien practica la represin como oficio tiene que ser l mismo un reprimido ejemplar. Esta es la causa profunda de que la obediencia ciega y los ejercicios absurdos de instruccin desempeen un papel tan importante en el ejrcito y en la polica. Quien se ha acostumbrado a hacer preguntas es un mal represor y, por lo tanto, un mal vigilante. Cmo va a golpear, clavar la espada y la bayoneta o disparar a trabajadores y manifestantes, como exigen las leyes de emergencia en ciertos casos, alguien que reflexione sobre la validez de las reglas de juego existentes? En la instruccin actual de la polica y del ejrcito se repite el adiestramiento de los esclavos que traicionaban a sus compaeros. Entre los vigilantes ms fieles y seguros de los campos de concentracin nazis estaban los propios prisioneros. La democratizacin del ejrcito no redujo nunca su fuerza de combate en caso de defensa nacional, contra el enemigo exterior; pero s lo hizo en caso de ataque a otro pueblo. La democratizacin del ejrcito reduce la fuerza de combate sobre todo cuando se emplea contra el propio pueblo [102].

Aqu tenemos el secreto de la lucha victoriosa contra las torturas: la democracia en su radical y pleno sentido socialista.

5. Vencer a las torturas

No hay que hacerse ilusiones. Las torturas no desaparecern mientras exista la propiedad privada en cualquiera de sus formas: la mujer como propiedad del hombre, el pueblo ocupado como propiedad del Estado ocupante y la clase trabajadora como propiedad del capital; en sntesis: mientras exista la propiedad privada de las fuerzas productivas, teniendo en cuenta que la mujer y luego el hombre son la fundamental fuerza productiva.

No desaparecern porque en los tres casos, y en otros menores, el recurso a las violencias va en aumento como, por la parte contraria, aumentan la emancipacin de la mujer, de los pueblos y de las clases explotadas, es decir, la emancipacin del trabajo. En la creciente lucha de contrarios, las violencias del explotador van encrespndose, las torturas tienden a intensificarse aunque no se vean, estn ocultas en la soledad del domicilio, en el silencio de la opresin nacional y en la invisibilidad meditica del terrorismo empresarial en todas sus formas.

Bajo las presiones populares, las democracias burguesas pueden permitirse el lujo de prohibir oficialmente las torturas y malos tratos en comisaras y cuarteles, incluso pueden condenar por poco tiempo a algunos torturadores; pueden hacer leyes contra los malos tratos, violaciones y torturas sexuales machistas, pueden conceder algunas reformas y derechos a los pueblos y a las clases explotadas, pero no pueden ni en realidad quieren acabar con los otros malos tratos, con las pequeas o grandes violencias de todo tipo que se practican a diario, y no dudarn a emplear las cloacas del Estado, el Estado profundo o mafias y empresas de seguridad para ejecutar trabajos sucios.

Hay que tener en cuenta que la clase burguesa tiene diferentes opciones sociopolticas, sexuales, culturales, religiosas y estticas, de manera que la cultura de la violencia, de la tica del todo vale, de la misoginia y del racismo, adquiere muchas formas prcticas e ideolgicas que ocultan sus barbaridades o las legitiman. Y hay que tener en cuenta que, como clase social, funciona en base a la explotacin lo que le lleva a condenar solo de boquilla las violencias de su sistema. Por ltimo, hay que tener en cuenta que la burguesa crea organizaciones, colectivos y medios de prensa para reforzar su poder ideolgico entre las clases explotadas, organizaciones que convencen, manipulan, cooptan y sobornan.

Comprendemos as que en pases capitalistas enriquecidos resurjan en muy poco tiempo, de la noche a la maana, muchas prcticas reaccionarias, de malos tratos y violencias patriarcales y racistas. Resurgen a la superficie porque latan ya en el subsuelo, en el interior de la explotacin cotidiana, y en la conciencia muy lcida de la clase burguesa que espera siempre el momento para recortar los derechos conquistados por las clases y pueblos explotados, por las mujeres Para constatar esta tendencia, veamos tres ejemplos muy recientes que nos remiten a las violencias, torturas y muertes:

Uno, las dificultades de todo tipo que pone el Gobierno Vasco para que se investiguen las torturas de la Ertzaintza y en concreto la muerte de Iigo Cabacas, el significativo caso Cabacas [103]. Otro, la reduccin de las penas casi al mnimo contempladas en las leyes que protegan a las mujeres rusas de la violencia patriarcal [104] . Y, por ltimo, los Estados europeos pueden denegar el visado de asilo a quienes lo piden por correr el riesgo de ser torturados [105] en su pas. La ocultacin de torturas y muertes, las facilidades para la violencia y tortura sexual cotidiana y la denegacin de asilo a quienes pueden ser torturados. La burguesa, sea vasca o rusa, o europea en general de la yanqui no hace falta decir nada aprovecha cualquier situacin para ampliar sus propiedades, ocultar sus violencias y reforzar sus instrumentos represivos.

Nos encontramos en medio de una larga ofensiva capitalista mundial contra los elementales derechos de la humanidad trabajadora, ofensiva que est tejiendo una urdimbre de leyes nuevas que anulan las muy pocas que anteriormente defendan a los pueblos. Esta nueva contrarreforma multiplica las impotencias de la izquierda domesticada. Las dificultades para luchar contra las torturas surgen en parte tambin de la densidad del entrelazamiento de las dinmicas de violencia; pero tambin, por otra parte, de las deficiencias de la izquierda para penetrar en esas selvas; y, por ltimo, de la tarea del reformismo que con su incondicional apuesta por la legalidad a ultranza termina asfixiando casi todas las iniciativas a favor de los derechos concretos.

En el Estado espaol el reformismo y la izquierda domesticada cumplen un nefasto papel en la lucha contra las torturas policiales sobre todo cuando las sufre la militancia independentista de las naciones oprimidas y la emigracin. Pero tambin ha sido y es responsable de la prcticamente inexistente movilizacin de masas por la memoria histrica, por la recuperacin de las decenas de miles de asesinados por el franquismo, por la exigencia de las responsabilidades criminales de la dictadura y de los torturadores de entonces, de la transicin y de ahora, etc. Es imposible erradicar las torturas sin una masiva accin popular y esta es imposible sin memoria y sin perspectiva histrica.

La izquierda revolucionaria, por ltimo, se enfrenta a la ofensiva mundial con un largo y heroico historial de resistencia a las torturas y a todas las formas de violencia. Debe publicitarlo, debe darlo a conocer, el pueblo trabajador y la militancia joven deben saber los sacrificios impresionantes realizados por sus compaeras y compaeros de lucha. Pero la memoria de las represiones no sirve apenas de nada si no se extraen fuerzas para resistir en situaciones idnticas que pueden reaparecer dependiendo de las circunstancias. La experiencia indica que la concienciacin poltica basada en el conocimiento terico y en la tica revolucionaria es la mejor arma para vencer a las torturas, a los malos tratos, a las vejaciones e insultos, a las presiones psicolgicas, a las amenazas de todo tipo, a los chantajes y/o intentos de soborno y colaboracin

Qu significa vencer a las torturas? Antes de responder hay que saber que ellas son partes de un sistema complejo, multifactico e interactivo y en permanente adaptacin y mejora: por esto su derrota, la victoria y el triunfo de la libertad nunca debe ser entendida como definitiva, sino como un paso adelante, un avance ms que puede ser detenido y vencido, hecho retroceder, si caemos en el triunfalismo.

En base a este criterio, para concretar ms qu significa vencer a la tortura debemos antes sintetizar los objetivos que busca: primero, obtener informacin por lo que vencerla supone dar la mnima informacin posible o ninguna, o en el peor de los casos, retrasarla: la persona debe saber que tiene el derecho a no declarar ms que delante de un juez y asistido por un abogado, y eso si quiere hacerlo. Parece mentira, pero conocer estos derechos refuerza mucho la capacidad de resistencia.

Segundo, muchas veces la persona torturada recibe propuestas de colaboracin y el triunfo consiste en rechazarla, en negarse, y en demostrar que no ha sido derrotada como ser humano mediante un simple acto de denunciar delante del juez el trato sufrido, con pelos y seales. Vencer a la tortura significa aqu vencer al miedo que nos han metido a golpes, denuncindola pblicamente.

Tercero, la tortura busca destrozar mental, anmica y polticamente a la persona, y por esto muchas veces sigue aplicndose despus de haberle estrujado, no para sacarle ms informacin o para hundirla en el lodazal de colaborador, sino para terminar de aniquilarla como ser humano dotado de capacidad de pensamiento crtico y accin liberadora. Vencer a la tortura significa seguir en la militancia revolucionaria. Nunca se debe menospreciar esta importante victoria, solo la desprecian quienes no han padecido tormento.

Y cuarto, dado que la tortura busca atemorizar al pueblo mediante la pedagoga del miedo: la victoria sobre ella significa aqu aportar la experiencia propia ayudando a su denuncia masiva, ayudando a los movimientos populares y a los organismos que defienden los derechos humanos y combaten la irracionalidad del tormento. En este sentido, se vence a la tortura en cada acto por la libertad y los derechos por pequeo que sea.

Como se aprecia, vencer a la tortura implica una praxis permanente, una movilizacin continua, tanto ms cuanto que se parte del doble principio de que, uno, las torturas estn en funcin de la propiedad privada, subsistiendo y reapareciendo en la medida de los peligros que sienta la burguesa y, otro, son muchas las formas e intensidades de la tortura, sus conexiones procesuales con los malos tratos y otras violencias, de modo que el combate contra ellas dura lo mismo que su propia existencia.

Desde esta perspectiva podemos decir que el pueblo trabajador est venciendo a la tortura.


Notas

[1] Henti Alleg: La question, Hiru, Hondarribia 2010, p. 84.

[2] Euskal Memoria: Rompamos el silencio: Ya son 5.657 los casos verificados de tortura, 13 de febrero de 2017 (http://www.euskalmemoria.eus/es/Noticias/20170213/Rompamos_el_silencio:__Ya_son_5.657_los_casos_verificados_de_tortura).

[3] Enric Llopis: Organizaciones de derechos humanos documentan 232 casos de tortura en Espaa, 19 de diciembre de 2016 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=220618).

[4] Arturo Puente: Una dcada contra la tortura: 6.621 denuncias y 833 personas muertas bajo custodia, 21 de noviembre de 2014 (http://www.eldiario.es/catalunya/politica/tortura-denuncias-personas-muertas-custodia_0_326517972.html).

[5]     Convencin contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes , 10 de diciembre de 1984 (http://www.ohchr.org/SP/ProfessionalInterest/Pages/CAT.aspx).

[6] Alfonso Sastre: Presentacin para hoy, La question, Hiru, Hondarribia 2010, p. 11.

[7] Amy Goodman y Denis Moynihan: Tortura e impunidad en la Asociacin Estadounidense de Psicologa, 18 de julio de 2015 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=201217).

[8] Manuel Ansede: As torturaban los mdicos tras el 11-S, 11 de junio de 2015 (http://elpais.com/elpais/2015/06/11/ciencia/1434004716_675617.html).

[9] Paul Reader: Crceles, verdugos, torturas, Seuba Ediciones, Barcelona 1997, pp. 22-26.

[10] Francisco Jos Presedo: El imperio nuevo egipcio, GHU CIL, Madrid 1986, tomo 3, p. 210.

[11] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2003, Txalaparta, Lizarra 2004, p. 153.

[12] Vincent Emanuele: Tortura Sexual: poltica estadounidense y cultura, 8 de enero de 2015 (http://www.telesurtv.net/opinion/-Tortura-Sexual-politica-estadounidense-y-cultura-20150109-0016.html).

[13] Josep Padr Parcerisa: El Egipto del Imperio Antiguo, Alba Libros, Madrid 2005, pp. 54-60.

[14] D. Bleitrach, V. Dedal y M. Vivas: Estados Unidos o el imperio del mal en peor, Edit. Jos Mart, La Habana, Cuba 2006, p. 120.

[15] Carlos Tupac: Terrorismo y civilizacin, Boltxe Liburuak, Bilbo 2012, p. 421.

[16] AA.VV.: Tcnicas blicas del mundo medieval. 500 a.C-1500 d.C., Libsa, Madrid 2007, p. 160.

[17] John H. Mundy: Europa en la Alta Edad Media 1150-1309, Aguilar, Madrid 1980, p. 518.

[18] Vctor Rutenbug: Movimientos populares en Italia (siglos XIV-XV), Akal, Madrid 1983, pp. 218-232.

[19] Horst Herrmann: 2000 aos de tortura en nombre de Dios, Flor del Viento, Barcelona 1994, p. 191.

[20] Horst Herrmann: 2000 aos de tortura en nombre de Dios, Flor del Viento, Barcelona 1994, p. 178.

[21] Hernn Perriere: Despedazar su cuerpo: el escarmiento que la dominacin espaola impuso a Tpac Amaru, 18 de mayo de 2016 (http://www.laizquierdadiario.com/Despedazar-su-cuerpo-el-escarmiento-que-la-dominacion-espanola-impone-a-Tupac-Amaru).

[22] Nick Turse: La historia oculta de la tortura con agua en EE.UU., 4 de marzo de 2013 (http://www.lahaine.org/mundo.php/la-historia-oculta-de-la-tortura-con-agu).

[23] Manuel P. Villatoro: La degenerada tortura de la Inquisicin espaola que fue mejorada por los espas de la CIA, 19 de abril de 2016 (http://www.abc.es/historia/abci-degenerada-tortura-inquisicion-espanola-mejorada-espias-201604190257_noticia.html).

[24] Carlos Tupac: Terrorismo y civilizacin, Boltxe Liburuak, Bilbo 2012, pp. 430 y ss.

[25] Paul Reader: Crceles, verdugos, torturas, Seuba Ediciones, Barcelona 1997, pp. 125-131.

[26] Karl Marx: El Capital, FCE, Mxico, 1973, vol. I, p. 627.

[27] Ral Izquierdo Canosa: El flagelo de las guerras, Ciencias Sociales, La Habana 2005, p. 67.

[28] D. Bleitrach, V. Dedal y M. Vivas: Estados Unidos o el imperio del mal en peor, Jos Mart, La Habana 2006, p. 220.

[29] Naomi Klein: La doctrina del shock, Paids, Barcelona 2007, pp. 39-41.

[30] J. Bogatsvo: Cmo torturaban las SS, De Vecchi, Barcelona 1979, p. 148.

[31] Paul Reader: Crceles, verdugos, torturas, Seuba Ediciones, Barcelona 1997, pp. 186-193.

[32] Xabier Makazaga: Manual del torturador espaol, Txalaparta, Lizarra 2010, pp. 87 y ss.

[33] Henri Alleg: La question, Hiru, Hondarribia 2010, p. 34.

[34] ANSA Latina: Torturadora nazi trabaj para la CIA y Berln, 9 de septiembre de 2016 (http://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/europa/2016/09/06/torturadora-nazi-trabajo-para-cia-y-berlin_7ed9ddae-5afa-4a59-8c23-1187cc68a9ec.html).  

[35] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, pp. 99-100.

[36] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, p. 43.

[37] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, p. 121.

[38] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, p. 194.

[39] Ho Chi Minh: Proceso a la colonizacin francesa, Escritos Polticos, ICL, La Habana 1973, pp. 42-92.

[40] Xabier Makazaga: Manual del torturador espaol, Txalaparta, Lizarra 2010, pp. 92 y ss.

[41] Xabier Makazaga: Manual del torturador espaol, Txalaparta, Lizarra 2010, pp. 57 y ss.

[42] AA.VV.: Tcnicas blicas de la poca colonial 1775-1914, Libsa, Madrid 2012, pp. 11-13.

[43] Rosa Rojas: La tortura busca aterrar a la poblacin para provocar parlisis social frente al despojo, 5 de febrero de 2016 (http://www.lahaine.org/mundo.php/la-tortura-busca-aterrar-a).

[44] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, pp. 221 y ss.

[45] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, pp. 235-236.

[46] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, p. 238.

[47] M. Alvaro: El Estado polica y la democracia, Hordago, Donostia 1981, p. 132.

[48] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, p. 47.

[49] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, pp. 297-298.

[50] Vincent Emanuele: Tortura Sexual: poltica estadounidense y cultura, 8 de enero de 2015 (http://www.telesurtv.net/opinion/-Tortura-Sexual-politica-estadounidense-y-cultura-20150109-0016.html).

[51] Xabier Makazaga: La Red. El Tormento en la Espaa constitucional, Txalaparta, Lizarra 2008, pp. 85 y ss.

[52] Xabier Makazaga: La Red. El Tormento en la Espaa constitucional, Txalaparta, Lizarra 2008, pp. 191-193.

[53] Gabriel Kessler: El sentimiento de inseguridad, Siglo XXI, Argentina 2009, p. 118.

[54] Gabriel Kessler: El sentimiento de inseguridad, Siglo XXI, Argentina 2009, pp. 259 y ss.

[55] Xabier Makazaga: La Red. El Tormento en la Espaa constitucional, Txalaparta, Lizarra 2008, pp. 145-147.

[56] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2001, Txalaparta, Lizarra 2002, p. 89.

[57] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2001, Txalaparta, Lizarra 2002, pp. 138-140.

[58] Joseba Leizeaga Arriaga: Tortura psicolgica, las heridas sin sangre, 28 de febrero de 2017 (http://www.naiz.eus/fr/iritzia/articulos/tortura-psicologica-las-heridas-sin-sangre).

[59] Ramn Sola: La tortura es lo que queda dentro. Informe sobre la tortura, 4 de julio de 2016 (http://www.sinpermiso.info/textos/la-tortura-es-lo-que-queda-dentro-informe-sobre-la-tortura).

[60] Teresa Cceres: Miedo a la palabra: los legados de la pos dictadura y la imposibilidad de nombra, Miedos y memorias en las sociedades contemporneas, Comuniarte, Crdoba, Argentina 2006, pp. 165-180.

[61] Gordon Thomas: Las torturas mentales de la CIA, Ediciones B, Barcelona 2001, pp. 162 y ss.

[62] Lurdes Moraza y Mertxe Basterra: La columna infame, Txalaparta Argitaletxea, Tafalla 1994, pp. 71-73.

[63] Susana Griselda Kaufman: Miedo. Perspectivas subjetivas y lazo social, Miedos y memorias en las sociedades contemporneas, Comuniarte, Crdoba, Argentina 2006, pp. 181-188.

[64] Mara Ins Mudrovcic: Trauma, miedo y memoria, Miedos y memorias en las sociedades contemporneas, Comuniarte, Crdoba, Argentina 2006, pp. 207-220.

[65] Mara Antonia Iglesias: Hablan las vctimas de Melitn Manzanas, 28 de enero de 2001 (http://elpais.com/diario/2001/01/28/domingo/980653598_850215.html).

[66] Mikel Arizaleta: Cuando la tortura es un bien protegido, 21 de abril de 2016 (http://eh.lahaine.org/cuando-la-tortura-es-un).

[67] Enrique Gonzlez Duro: Biografa del miedo, Debate, Barcelona 2007, p. 209.

[68] Peter Brckner: Sobre la patologa de la obediencia, Psicologa poltica, Barral, Barcelona 1971, p. 182.

[69] Terry Eagleton: Por qu Marx tena razn, Pennsula, Barcelona 2011, p. 186.

[70] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2002, Txalaparta, Lizarra 2003, p. 157.

[71] Disturbios en Francia tras la violacin de un detenido por un polica, 7 de febrero de 2017 (http://www.huffingtonpost.es/2017/02/07/violacion-detenido-agente_n_14634502.html).

[72] La violencia oculta. Una de cada tres mujeres sufre agresiones, 25 de noviembre de 2016 (http://elpais.com/elpais/2016/11/24/opinion/1480015670_598063.html).

[73] Nadia Celaya: Aumenta la explotacin y el acoso sexual en el trabajo, 19 de diciembre de 2016 (http://www.izquierdadiario.es/Aumenta-el-acoso-sexual-en-el-trabajo?id_rubrique=2653).

[74] Brbara Tardn Recio y Jess Prez Viejo: Cultura de la violacin: complicidad y silencio en torno a la violencia sexual, 24 de noviembre de 2016 (http://www.lamarea.com/2016/11/24/cultura-la-violacion-complicidad-silencio-torno-la-violencia-sexual/).

[75] Marcela Lellimo: La trata de personas: un anlisis desde la perspectiva de gnero y los derechos humanos (http://www.vocesenelfenix.com/content/la-trata-de-personas-un-an%C3%A1lisis-desde-la-perspectiva-de-g%C3%A9nero-y-los-derechos-humanos).

[76] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2002, Txalaparta, Lizarra 2003, p. 165.

[77] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2003, Txalaparta, Lizarra 2004, p. 141.

[78] Torturaren Aurkako Taldea: Tortura en Euskal Herria. Informe 2003, Txalaparta, Lizarra 2004, pp. 148-153.

[79] Todo Por Hacer: [Crceles] La vida en soledad. El aislamiento es tortura, 19 de agosto de 2016 (http://www.todoporhacer.org/2016/06/la-vida-soledad-aislamiento-tortura/).

[80] Csar Manzanos Bilbao: La pena de crcel como tortura institucional, 10 de julio de 2016 (http://www.naiz.eus/fr/hemeroteca/gara/editions/2016-07-10/hemeroteca_articles/la-pena-de-carcel-como-tortura-institucional).

[81] Xabier Makazaga: La Red. El Tormento en la Espaa constitucional, Txalaparta, Lizarra 2008, pp. 203-205.

[82] Jason Burke: Trump quiere recuperar las torturas, pero de verdad funciona?, 29 de enero de 2017 (http://www.eldiario.es/theguardian/Funciona-tortura_0_606139906.html).

[83] Emili J. Blasco: Las torturas brutales de la CIA no han sido eficaces, segn el Senado de EEUU, 9 de diciembre de 2014 (http://www.abc.es/internacional/20141209/abci-torturas-abusos-201412090917.html).

[84] Un juez autoriza mtodos de tortura en el desalojo de las ocupaciones de estudiantes, 2 de noviembre de 2016 (https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201611021064541229-Brasil-policia-militar/).

[85] Cinco preguntas para entender qu fue el Plan Cndor, 12 de diciembre de 2016 (http://www.telesurtv.net/news/Cinco-preguntas-para-entender-que-fue-el-Plan-Condor-20151105-0007.html).

[86] Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernndez Huidobro: Memorias del calabozo, Txalaparta, Tafalla 1993, pp. 101-104.

[87] Carlos Tupac: Terrorismo y civilizacin, Boltxe Liburuak, Bilbo 2012, pp. 409-410.

[88] Ruth Hubbard y Elijah Wald: El mito del gen, Alianza Editorial, Madrid 1999, pp. 33-37.

[89] Judith de Jorge Gama: Can est en nuestras races, 28 de septiembre de 2016 (http://www.abc.es/ciencia/abci-cain-esta-nuestras-raices-201609281900_noticia.html).

[90] Los chimpancs cooperan y castigan a los gorrones, 22 de agosto de 2016 (http://www.vozpopuli.com/next/Animales-Chimpances-Psicologia_animal-Psicologia_0_946705362.html); Javier Salas: Las bonobas defienden su matriarcado luchando juntas, 5 de agosto de 2016 (http://elpais.com/elpais/2016/07/25/ciencia/1469440582_029637.html); Javier Salas: Los chimpancs confan en sus amigos, 14 de enero de 2016 (http://elpais.com/elpais/2016/01/14/ciencia/1452782062_740838.html).

[91] Stephen Jay Gould, Kropotkin no estaba tan chiflado, La ayuda mutua, Monte vila, Caracas 2009, pp. 373-391.

[92] Ana Muoz : La obediencia a la autoridad: los experimentos de Milgrand (http://solidaridad.net/solidaridadnet/noticia/862/la-obediencia-a-la-autoridad-los-experimentos-de-milgram).

[93] James C. Scott: Los dominados y el arte de la resistencia, Txalaparta, Tafalla 2003, pp. 129-131.

[94] J. Bogatsvo: Cmo torturaban las SS, De Vecchi, Barcelona 1979, pp. 87-94.

[95] Gabriel Kolko: El siglo de las guerras. Poltica, conflictos y sociedad desde 1914, Paids, Barcelona 2005, pp. 193-198.

[96] K. H. Roth y Angelika Ebbinghaus: El otro movimiento obrero, Traficantes de sueos, Lizarra 2011, pp. 234-260.

[97] Chris Bambery: Historia marxista de la segunda guerra mundial, Pasado&Presente, Barcelona 2015, pp. 161-162.

[98] Pier Paolo Portinaro: Estado, Edic. Nueva Visin, Buenos Aires 2003, pp. 86-90.

[99] Angel Fiasche: La obediencia al mal, Hacia una psicopatologa de la pobreza, Universidad popular madres de la plaza de Mayo, Buenos Aires, Argentina, 2003, p. 277-281.

[100] Jess M Biurrun Monreal: De crcel y tortura, Txalaparta, Tafalla 1993, p. 64.

[101] Jesus M Biurrun Monreal: De crcel y tortura, Txalaparta, Tafalla 1993, p. 66-67.

[102] Vicente Romano: Las formas de la mentalidad sumisa, Coleccin Analtica, Venezuela, Caracas 2007, pp. 34-35.

[103] Calparsoro reclama a la Fiscala que impulse la investigacin de la muerte de Cabacas, 7 de febrero de 2017 (http://www.naiz.eus/fr/actualidad/noticia/20170207/calparsoro-reclama-a-la-fiscalia-que-impulse-la-investigacion-de-la-muerte-de-cabacas).

[104] Rodrigo Fernndez: 500 euros de multa por pegar a tu esposa por primera vez, 31 de enero de 2017 (http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/13/actualidad/1484312622_788070.html).

[105] La Justicia europea dice que un pas est obligado a dar visado humanitario a quien corre riesgo de tortura , 7 de marzo de 2017 (http://www.expansion.com/agencia/europa_press/2017/02/07/20170207115936.html).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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