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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-03-2017

Viajan los tres nuestros!

Carlos Meneses Reyes
Rebelin


La anunciada visita de los representantes populares en el Congreso Nacional: Alirio Uribe M (Cmara de Representantes), Jess Alberto Castilla Salazar e Ivn Cepeda C. (Senado de la Repblica), a Tib y El Catatumbo, ocurre en momentos de gran significado histrico para el pas. El torticero camino legalista por el que atraviesan los Acuerdos de La Habana entre el gobierno nacional y las farc-ep, en una primera fase de implementacin; asoma la vspera de un maana incierto en la segunda fase de ese lgido aspecto de la culminacin y ejecucin de lo Acordado. La visita de estos tres representantes y actores populares, de todos conocidos en el pas nacional, no solo ha de abarcar su presencia en la zona de concentracin y desmovilizacin del 33 Frente de las Farc-ep en la Vereda de Cao Indio, para auscultar el nivel de cumplimiento gubernamental y del ejercicio de concentracin del sector insurgente; sino tambin extendido a una agenda temtica en relacin con la presencia paramilitar en la regin, la sustitucin de cultivos ilcitos, el tema de la reforma agraria integral, la participacin de la izquierda revolucionaria en la poltica regional y/o electoral, la participacin social y comunitaria en las Conversaciones del Gobierno, con el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN); como temas acuciantes.

DEL PARAMILITARISMO ACTIVO

Cuando, en el pasado mes de febrero, el movimiento campesino organizado con sus guardias campesinas, impidieron el paso de la caravana gloriosa de las farc-ep, hacia el sitio de la zona de concentracin, en Cao Indio; tal hecho poltico signific la continuacin y permanencia de la movilizacin popular que se inici en el Norte de Santander con el Paro del ao 2013. Las correas de transmisin del trabajo popular alertaron de la presencia y despliegue de hombres armados de negro en los territorios en que las farc-ep, iban dejando su presencia. El cacareado monopolio de las fuerzas armadas estatales, cedi- cmo siempre- por accin o por omisin, ante un fenmeno institucional contrainsurgente, an vigente en Colombia. A la veda del camino, la flota de traslado de los optimistas combatientes, an armados; entrelazo fraternalmente con las desarmadas Guardias Campesinas y el grueso de manifestantes. Hasta all lleg un alto oficial del ejrcito para alentar que continuar la marcha y los voceros de la dirigencia campesina le hicieron saber que no crean en ese ejrcito que en el ao de 1999 haba permitido que los camiones con los paramilitares que venan desde el Urab antioqueo, pasaran frente a la poderosa base militar del Batalln Santander en Ocaa, se internaran con su paso de muerte y desolacin y asentaran en La Gabarra donde cometieron crueles masacres. Estamos ante el agravante de la permanencia de la guerra en el Catatumbo. En tanto que un valioso y valeroso sector de la Insurgencia colombiana, se concentra para la terminacin del conflicto armado, la sufrida poblacin del campesinado huye, en xodo, hacia la Repblica Bolivariana de Venezuela, como el legtimo gobierno bolivariano lo ha hecho saber y los representantes de las Naciones Unidas, lo han ratificado. Que desventura padecer la amarga realidad de un pueblo hurfano dejado a la indefensin! Las estructuras paramilitares que campean, amenazan, asesinan selectivamente, obedece a la an vigente doctrina militar en Colombia y a la perenne aplicacin de la doctrina penal del enemigo interno. Es craso el no cumplimento de garantas y observacin de respeto a los derechos humanos, no solo en el Catatumbo, sino en Colombia. Lo del paramilitarismo es un debate nacional al que las castas oligrquicas y militaristas en el poder no le desean dar termino en Colombia.

LA SUSTITUCION DE CULTIVOS ILICITOS Y LA REFORAMA AGRARIA RURAL INTEGRAL

Estos dos temas van de la mano. La tozudez del gobierno santista, en el desarrollo de las Conversaciones y Acuerdos con las farc-ep, en medio del conflicto armado, impidi el que la sustitucin de cultivos ilcitos se hubiera dado en Colombia, o al menos en lo concerniente a la regin del Catatumbo. Era sabido del control militar territorial de las fuerzas farianas en las zonas de cultivos cocaleros. Un cese al fuego bilateral implicaba adems la orden a las comunidades campesinas para enrumbar hacia la sustitucin de cultivos, por el lgico compromiso insurgente en la erradicacin de ese flagelo. Hoy, con unas far-ep, desmovilizadas, concentradas y en proceso de entrega de armas, no precisan del mismo espectro poltico para la eficaz sustitucin de cultivos cocaleros en el Catatumbo. Queda s el mandato popular de las organizaciones populares y de masas en ese empeo.

Por ende, si el marco de tenencia de la tierra no se modifica radicalmente en el Catatumbo con la implementacin de una Reforma Agraria Integral; el dominio paramilitar y de las bandas narcotraficantes y contrabandistas, no cesar en esa vasta regin; no solo fronteriza sino de influencia nacional. As sea la izquierda revolucionaria en Colombia, no se habla de una reforma agraria revolucionaria, ni socilaista. Se aboga por el logro de una agenda o programas polticos de reclamos en el ejercicio del campesinado, cuando se le ha negado el derecho a la productividad de la tierra; cuando se le ha negado el ejercicio de una propiedad privada participativa y comunitaria y en ejercicio con la implementacin de las Zonas de Reserva Campesina (ZRC). Cuando no se firma o garantiza, un Acuerdo de sustitucin de los ingresos derivados de los cultivos de coca. Pura habladura y en esencia se niega el financiamiento (eso s con garanta popular de no corrupcin) a encausar un Plan de Desarrollo Sostenible de los campesinos del Catatumbo, que abarcara 350 mil hectreas, conforme a la proyeccin de estudiosos del tema.

SOBRE LA REFORMA POLITICA Y ELECTORAL

Los insignes representantes populares irn al Catatumbo no solo a auscultar las condiciones para la participacin en la poltica legal y desarmada de las Farc-ep, en el Catatumbo. Se trata de la participacin de la izquierda revolucionaria en la poltica regional y/o electoral. Ha de superarse el paradigma en Colombia, de solo interpretar como participacin y ejercicio en la poltica activa, lo del encausamiento y engranaje electoral en los cargos de eleccin popular. Obvio, se requieren reformas de fondo para ese ejercicio de representacin popular indirecta. Pero la letra muerta de la participacin popular directa, o democracia directa, consagrada en la Constitucin de 1991, no puede continuar siendo un tab. La estela de abstencin electoral consiente dejada por la Insurgencia armada en Colombia, es tema prioritario de atencin. El tema del combatiente armado, del cuadro poltico- militar desarmado, a participar en poltica, es entendible. Pero no lo es igual para abordar el tema de la influencia de la abstencin consiente y combativa en el seno de la masa popular abstencionista en Colombia. No toda esa masa- aunque se aspira sea la mayora- encausar ante el nuevo partido u organizacin poltica emergente del fin del conflicto armado interno. El conflicto social, poltico, econmico, continuar con ahnco en Colombia y no podemos pecar de incautos o imprevisticos, ante el fenmeno de la abstencin. Merece, nuestro pas, creatividad en el abordaje del ejercicio y garanta plena a las fuerzas abstencionistas y de hecho en el ejercicio de la protesta poltica para el logro de reivindicaciones, en todo el sentido de la palabra.

DE LAS CONVERSACIONES CON EL ELN

La terminacin del conflicto interno armado en el Catatumbo, permanecer en el tanto no se resuelva el conflicto con el Ejercito de Liberacin Nacional (ELN) y el reducto del EPL. El que el gobierno decida cmo va a enfrentar al paramilitarismo y a la delincuencia organizada, interesa a toda la comunidad catatumbera. Al proceso con el E. L.N, se le llama el proceso de la gente. Con ello se refiere a la participacin protagnica de las vctimas. Con los millones de personas que viven en las zonas del conflicto. Alude a las grandes barriadas populares de las ciudades, con los desplazados internos y exiliados que lo hacen como producto de la guerra. El E.L.N, impulsa una cultura de paz, basada en la resistencia. Los Tres Ilustres visitantes del Congreso de la Repblica, van a encontrar esa temtica a flor de labios. No podrn ser ajenos a la realidad de la existencia de un factor armado como lo es el reducto del Ejrcito Popular de Liberacin, que opera en todo el Departamento Norte de Santander. Embriagarse con la denominacin de pelusos conforme a la calificacin difundida por la contrainsurgencia militar, y calificarlos de narcotraficantes, implica la actitud del avestruz. En las zonas donde opera el EPL, desde hace ms de 48 aos, quedan reductos y soportes de familias rojas que los sustentan. Hemos analizado en que no los caracterizan como una fuerza insurgente, o beligerante; pero tampoco son ajenas a ello. Voceros de fundaciones, ongs y de la Iglesia, en el Departamento, propugnan por no invisivilizarlos. Politlogos como lvaro Villarraga Sarmiento, considera que histricamente ya se dio una negociacin con el EPL nacionalmente; pero que amerita analizar la situacin del reducto del EPL en Norte de Santander, conforme a la Memoria Histrica del trato dado a grupos insurgentes locales como el Quintin Lame, el PRT, etc, con efectiva desmovilizacin y dejacin de armas. Se escuchan voces de personalidades en el departamento como la del exalcalde de Ocaa y ex secretario de gobierno departamental, Dr. Yebrail Haddad Lineros, quien considera, ante el nuevo escenario poltico: la paz en el Norte de Santander no ser completa en la medida en que no se resuelva el conflcito con el ELN, el alto gobierno decida cmo va a enfrentar a la delincuencia organizada y que tratamiento dar al reducto del EPL. Por su parte el Defensor del Pueblo, Carlos Negret, hace un llamado al EPL, sugiriendo que lleg el momento de trabajar con el reducto del EPL presente en San Calixto, Tib, Teorama y Sardinata, entre otros municipios. Dijo: Creo que se debe intentar cualquier mecanismo que permita negociar con ese reducto y sentarlos en una mesa.

As planteado, corresponde esperanzadora tarea la visita de esos Tres faros de la poltica de la izquierda nacional: fiel reflejo ante los sucesos en el FARO DEL CATATUMBO, fenmeno natural as denominado por el resplandor del relmpago constante, permanente, an sin el sonido del trueno y que ilumina la selva tupida para perderse en la inmensidad del Lago de Maracaibo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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