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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2017

Una historia muy triste
Los ltimos 100 das de Guantnamo

Karen Greenberg
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Los eternos prisioneros de Guantnamo

Introduccin de Tom Engelhardt

He aqu una breve noticia de nuestra poca: el contralmirante Peter Clark es el 16 comandante del tristemente clebre complejo penitenciario de Estados Unidos en la baha de Guantnamo, Cuba, inaugurado en enero de 2002; todo parece indicar que no ser el ltimo en comandarlo. Tal como inform recientemente New York Times, la administracin Trump ya tiene listo el borrador de una orden ejecutiva que ordenara al Pentgono que utilice esa prisin para encarcelar a sospechosos de pertenecer a al-Qaeda, al Taliban u organizaciones asociadas, incluyendo a personas y redes relacionadas con el Estado Islmico (en adelante, Daesh). Se supone que uno de esos sospechosos de terrorismo, Abu Khaybar, mantenido preso en Yemen por otro pas desde el final de la era Bush y asociado desde hace tiempo con al-Qaeda est entre los primeros posibles nuevos detenidos de Guantnamo.

 

Veamos todo esto como la garanta de que la prisin de peor fama del mundo tendr sin duda el 17, el 18, el 19 comandante... gracias a la administracin creadora de empleo de Donald J. Trump quien, durante la campaa electoral de 2016, jur que mantendra abierta la prisin y la llenara con algunos tipos malos. Adems, en lugar de gastar en ella segn sostena 40 millones de dlares por mes para mantenerla cuidada, l garantizaba que lo hara por una miseria. Despus de las elecciones, segn nada menos que Sean Spicer, secretario de prensa de la Casa Blanca, el presidente cree an que Guantnamo no tiene un cometido del todo saludable en la seguridad nacional. Por supuesto, el Daesh estara de acuerdo tanto con el presidente como con Spicer en que es verdaderamente saludable; para el Daesh, desde luego, que ya ha filmado horribles vdeos de tortura y asesinato, mientras viste sarcsticamente a sus prisioneros con los monos anaranjados que hicieron (tristemente) famosa la prisin de Guantnamo.

 

Todo lo que puedo hacer es agradecer a dios el hecho de que, a pesar de que en su primer da en el cargo prometiera que en un ao cerrara Guantnamo, el presidente Obama en su ltimo mes de gobierno no emitiera una orden ejecutiva para hacerlo (como ciertamente podra haber hecho). Habra proporcionado al presidente Trump un terrible precedente de uso abusivo* de las rdenes ejecutivas y marcado as el camino, a pesar de las interminables quejas de los republicanos acerca de esos excesos durante la poca de Obama, para recurrir l mismo a las rdenes ejecutivas. (Qu pena!) Entonces, en relacin con el futuro de la alegalidad guantanamera y de esa joya de la corona de lo que una vez fue un Tringulo de las Bermudas de la injusticia fuera de fronteras, todo parece sumamente dbil, incluso aunque todava no sepamos si acaso la administracin Trump enviar all a ciudadanos de Estados Unidos. Desgraciadamente, no todos las personas de este pas han experimentado por igual los beneficios de la prisin de Guantnamo. Caren Greenberg, colaboradora habitual de TomDispatch, directora del Centro de Seguridad Nacional de la Facultad de Derecho de la Universidad Fordham y experta en Guantnamo, que ha escrito sobre esta cuestin para este portal durante ms de una dcada, ciertamente es una de ellas. Hoy nos cuenta su triste historia.

--ooOoo--

La historia que nunca fue

En la primavera (del Hemisferio Norte) de 2017 le ped a un estudiante que me hiciera un favor y calculara cul sera el da nmero 100 antes de que Brack Obama terminara su presidencia. Me respondi que ese da sera el 12 de octubre; despus, me hizo la pregunta obvia: Por qu diablos quera saberlo?

La respuesta era simple. Unos aos antes, yo haba escrito un libro sobre los primeros 100 das de Guantnamo y ya estaba pensando en escribir otro sobre los ltimos 100 das de ese campo de detencin. Ya llevaba casi ocho aos esperando ese momento, desde que en su primer da en el cargo, el presidente Obama firm una orden ejecutiva para que en un plazo de un ao se cerrara esa tristemente famosa prisin fuera de nuestras fronteras.

Saba exactamente qu escribira. Detalle a detalle, la obra narrara el desmantelamiento de esa instalacin carcelaria, igual que una pelcula proyectada al revs. Yo tendra la posibilidad de describir la forma en que los ltimos detenidos se marcharan en aviones (aunque no como cuando haban llegado, amarrados al piso, llenos de llagas y llevando gafas de privacin sensorial). Contara el cierre de la cocina, el vaciamiento de la guarnicin y la interrupcin de todas las actividades.

Quince aos despus de su puesta en marcha por la administracin Bush como un sitio importantsimo en su Guerra Global Contra el Terror, yo tendra que conocer los pensamientos de despedida, tanto los de los ltimos militares estadounidenses destacados all como los de los ltimos presos, tal como una vez haba registrado las impresiones de los primeros detenidos y sus captores cuando la prisin de Guantnamo fue inaugurada en enero de 2002. Podra dramatizar los inevitables dilogos entre agencias relacionadas con la seguridad y el control de los detenidos una vez cerrada la prisin y sobre la preparacin de algunos de ellos para la vida en una crcel de Estados Unidos. A pesar de que para m haca mucho tiempo que se trataba de un sueo distante, yo imaginaba con particular deleite cuando estuviese escribiendo sobre el cierre de las puertas de ese smbolo de la injusticia fuera de fronteras erigido por la administracin Bush y sobre la reapertura de los tribunales federales para los reclusos de Guantnamo, entre ellos algunos de los implicados en la preparacin de los ataques del 11-S.

Yo estaba impaciente por describir el alivio sentido por quienes haban luchado contra la existencia de esa prisin y cmo haba sido, ao tras ao, continuar con lo que para muchos de ellos haba sido una batalla perdida. Casi poda prever el alivio pintado en las caras cansadas de los abogados defensores y los psiclogos que haban llegado a conocer de primera mano el suplicio vivido por los prisioneros de Guantnamo adolescentes, algunos de ellos que haban sido destinados a ese limbo eterno, muchos de ellos torturados psicolgicamente y alguna veces fsicamente. Tambin imaginaba y podis tenerme por la ms soadora de los optimistas recopilando declaraciones de arrepentimiento de miembros del gobierno y las fuerzas armadas que en algn momento haban compartido responsabilidades en el emprendimiento Guantnamo.

A diferencia de m, la mayor parte de los crticos y activistas que se oponen a ese establecimiento carcelario hace mucho tiempo que haba abandonado toda esperanza de que Obama cumpliera con lo dispuesto en su temprana orden ejecutiva. Con el paso de los aos, las razones para ese abandono fueron varias. Algunos se volvieron pesimistas en la primavera de 2009, cuando cinco meses antes de jurar su cargo, el presidente manifest que la detencin indefinida mantener entre rejas a personas sin cargos ni intenciones de llevarlas a juicio ni liberarlas continuara siendo un criterio clave de la futura poltica de Washington. Un grito colectivo de indignacin fue lanzado por la ACLU, el Centro por los Derechos Constitucionales y otras organizaciones que se ocupaban desde haca tiempo del agujero negro legal, moral y poltico de Guantnamo. Desde entonces, pareci darse un interminable deslizamiento hacia la idea de que incluso si se cerrara Guantnamo las detenciones indefinidas no acabaran (en otras palabras: sencillamente, el corazn y el alma de esta unidad carcelaria seran trasplantados en prisiones de Estados Unidos).

Con los aos, algunos otros perdieron toda esperanza a medida que el proceso de cuestionar la detencin de los prisioneros de Guantnamo conocido como pedido de habeas corpus result ser cada vez ms un callejn sin salida. Despus de un par de aos en los que tribunales inferiores concedieron la libertad a los detenidos aproximadamente en el 75 por ciento de los casos, empezaron a predominar las revocaciones y denegaciones, lo que ocasion un virtual parn del habeas corpus; Brian Foster, destacado abogado de Cavington & Burling LLP, experto en ese tipo de recurso, lo plante con toda claridad: Es una situacin lamentable.

Entonces, en la ley de Autorizacin de la Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en ingls) el Congreso prohibi el traslado de cualquier preso en Guantnamo a Estados Unidos, fuera cual fuese el propsito juicio, prolongacin de detencin o puesta en libertad. Si los tribunales federales no podan ocuparse de ellos y las prisiones federales no podan alojarlos, cmo diablos poda cerrarse alguna vez Guantnamo?

Todava hubo otros que perdieron la esperanza; en los aos de Obama, se constituyeron unas novedosas comisiones militares que pretendan convertir a los prisioneros de Guantnamo en un grupo de intiles. Desde 2002, murieron ms prisioneros (nueve) que los que fueron juzgados con xito (ocho) por esas comisiones militares. Y de las ocho condenas que consiguieron, dos mediante juicio y seis mediante negociaciones entre el fiscal y la defensa, cuatro ya haban sido rechazados totalmente o en parte.

En otras palabras, esas comisiones, supuestamente la respuesta de la administracin Obama a la detencin sin juicio, nunca funcionaron. Se espera que en los casos an pendientes las vistas previas al juicio, en curso durante aos, continen en el dcimosexto ao despus de que se realizaran los ataques por los cuales los acusados son procesados. El fiscal jefe de los cinco demandados por los hechos del 11-S, que fueron llevados a Guantnamo en 2006 y acusados en 2012, ha propuesto recientemente sin la menor seal de irona o remordimiento que los juicios comiencen en marzo de 2018. Si se tienen en cuenta las apelaciones, esos procesos podran acabar en la tercera dcada de este siglo.

Los 100 ltimos das que no fueron

Si sumamos todo lo anterior, tenemos una aplanadora de hechos que van ms all de lo ominoso y sugieren que jams se cerrar Guantnamo. A medida que se aproximaban los ltimos das de la presidencia Obama, pareca que yo era la nica persona que tena alguna fe de que nuestro presidente nmero 44 mantendra la promesa hecha en su primer da en el cargo. Algunas veces, me pareca que mi optimismo era preocupante pero yo no poda renunciar a l y, para ser justa conmigo misma, no solo estaba rechazando porfiadamente sumarme al negativismo que me rodeaba. Haba razones para mi optimismo, por ms eterna optimista que pudiera haber sido.

Despus de todo, era evidente que la prisin de Guantnamo era completamente merecedora de ser clausurada. Despus de un siglo de abordar cuestiones relacionadas con la seguridad nacional, los tribunales federales estaban ms que preparados para ocuparse de lo que estuviera involucrado en este tipo de casos (a pesar de los reclamos de los congresistas republicanos). No haba excusa alguna para la existencia de Guantnamo. Hacia el final del periodo Obama ya haba habido cerca de 500 acciones judiciales contra personas acusadas de terrorismo, entre ellas tanto autores de ataques con resultado de muertes como personas que se haban adiestrado con los jefes de al-Qaeda, y al revs de los sucedido en Guantnamo, los tribunales haban legal y eficazmente puesto entre rejas a los culpables.

Las pruebas confidenciales se haban manejado como para que no se revelara informacin sensible y aun as permitieran la realizacin de procesos pblicos. Los jurados se haban reunido repetidamente sin que su integridad corriera riesgo alguno; al mismo tiempo se haban adoptado medidas de seguridad perfectamente razonables para proteger las sedes judiciales y a sus funcionaros. Es verdad, mayormente los tribunales federales haban preferido no ocuparse del extendido maltrato y la tortura a los prisioneros de la guerra contra el terror, pero en el nico caso en que un preso de Guantnamo, torturado en un sitio clandestino de la CIA, haba llegado a un tribunal federal, un juez haba dictaminado que las prueba obtenidas mediante tortura no eran vlidas y de todas maneras el proceso sigui su curso sin interrupciones hasta su conclusin.

Adems, a pesar de que los recursos de habeas corpus haban resultado en cada vez menos liberaciones de presos en Guantnamo, el ritmo de las sesiones para determinar qu prisioneros podan quedar libres de sospecha y ser puestos en libertad sin pasar por un tribunal se aceler radicalmente. En 2011. el presidente Obama puso en marcha comisiones de revisin peridicas con la intencin de identificar a detenidos cuya liberacin ya no representaba peligro alguno (en algunos casos, nunca lo haba representado).

Entonces, cuando en el otoo de 2015, Obama nombr enviado especial para el cierre de Guantnamo a Lee Wolosky, mis esperanzas se reanimaron. Yo conoca a Wolosky, un abogado muy sensato que se haba desempeado en el consejo de seguridad nacional tanto con Bill Clinton como con George W. Bush; l pareca ese tipo de hombre capaz de llegar a diplomticamente a delicados acuerdos para conseguir que el trabajo se realizara. De hecho, gracias a su trabajo se consigui que 75 prisioneros de los cuales cerca del 40 por ciento perteneca a la poblacin de Guantnamo heredada por Obama fueran puestos en libertad para ser recibidos por terceros pases de buena voluntad. Cuando Obama dej su cargo y lo asumi Trump, la poblacin de la prisin haba disminuido a 41 reclusos: cinco de ellos con la libertad concedida an permanecan all cuando Wolosky dej su empleo; 10 casos estaban en manos de comisiones militares y 26 detenidos eran los prisioneros eternos, como los llam acertadamente la periodista del Miami Herald Carol Rosemberg (se refera a quienes deban permanecer presos indefinidamente porque eran considerados demasiado peligrosos como para quedar en libertad aunque no haba pruebas suficientes para llevarles a juicio).

Haba otro aspecto que pareca hablar en favor de la lgica del cierre de la prisin: la pieza econmica del rompecabezas. A medida que se producan traslados de prisioneros, el costo de cada uno de los quedaban en una prisin que no se cerraba iba aumentando. Cuando Obama lleg a la presidencia, con 174 detenidos en custodia, el gasto anual por cada uno de ellos ascenda a cuatro millones de dlares. Cuando solo quedaban 41 recluso, el costo por cada uno de ellos se dispar a cerca de 11 millones de dlares por ao. Potencialmente, este pareca ser el argumento ms convincente de todos; sin embargo, el Congreso no se inmut por este extraordinario gasto. No importaba en absoluto que el traslado de esos prisioneros a, digamos, la prisin de mxima seguridad de Florence, Colorado, donde normalmente estn presos los ms conspicuos condenados por terrorismo, habra reducido ese costo a unos 78.000 dlares por ao.

Despus hubo aquellos rumores de que Obama podra sortear por completo el Congreso y simplemente cerrar la prisin mediante una orden ejecutiva. De hecho, en febrero de 2016, el Congreso rechaz un proyecto de clausura presentado por el Pentgono y, en julio, la administracin Obama decidi no recurrir a una orden ejecutiva para cerrar Guantnamo.

Por encima de todo, ya saba una cosa: en realidad, si acaso Obama tomaba alguna vez esa decisin, teniendo en cuenta sobre todo que el presidente electo Donald Trump tena la intencin de mantener abierto ese lugar, quiz lo hiciera muy rpidamente. Tal como descubr en los primeros das de mi investigacin para escribir el libro sobre Guantnamo, la unidad militar encargada de poner en marcha las instalaciones de detencin en la baha de Guantnamo en enero de 2002 recibi la orden de que en apenas 96 horas deba tener lista la primera infraestructura, consistente en alambradas al aire libre, barracas para interrogatorios, letrinas, duchas y dependencias para los guardias, lo mismo que un servicio de cocina, el equipo y un sistema de comunicaciones; la mayor parte de esto provendra de Estados Unidos. No haba razn para que, del mismo nodo, la prisin no pudiese ser desmantelada en pocos das, sobre todo cuando en principio la clausura solo implicara el traslado de prisioneros y guardias, sin que desmontaran las instalaciones.

Era bastante fcil imaginar los pasos para la clausura de Guantnamo: acelerar el proceso de revisin; convencer al Congreso de que 11 millones anuales por prisionero era una inaceptable carga econmica; y, s, de momento incluso tragarse tal vez la idea de la detencin indefinida en Estados Unidos. Desgraciadamente, yo no era la presidenta.

Una utpica pgina de opinin sobre el cierre de Guantnamo

Por supuesto, tal como se dieron las cosas, los pesimistas no pudieron estar ms acertados. Cuando lleg el da de la toma de posesin del presidente de Estados Unidos, la prisin de Guantnamo continuaba funcionando y esperando a un nuevo gobernante que pareca decidido a volver a poblarla por completo, dando as la seguridad al resto del mundo y particularmente, al mundo islmico de que Estados Unidos ser asociado eternamente con un pas en cuyo ADN estn grabadas la violencia, la tortura y la injusticia. La guerra contra el terror, la guerra eterna, ahora tendr tambin sus prisioneros eternos.

Hoy en da, el cierre de Guantnamo parece ser algo tan inconcebible como el poner fin a la interminable guerra contra el terror que le dio origen. Parece que nunca tendr la posibilidad de comparar la despedida de los prisioneros con su llegada, jams tendr la posibilidad de ver al revs esa terrible pelcula que es un estigma para nuestro pas. La trayectoria legislativa ya est dispuesta para que Guantnamo sea eternamente nuestra. A mediados de febrero, 11 senadores republicanos escribieron una carta en la que solicitan al presidente Trump que suspenda las comisiones de revisin peridicas y disponga que Guantnamo vuelva a ser una prisin que admita detenidos (el ltimo de ellos fue llevado all en 2008, durante los declinantes das de la presidencia de George W. Bush). En estos momentos, se sabe que la nueva administracin ha identificado al primer posible nuevo detenido en nueve aos.

Es bastante fcil colegir que se trata de una mala idea. La reaccin en el mundo islmico (y no solo all) ser intensa y perdurable. Incluso un nmero de altos funcionarios de la administracin Bush ha llegado a esta conclusin, incluyendo el propio ex presidente Bush, que ha sealado que Guantnamo se ha convertido en un arma propagandstica para nuestros enemigos y en una distraccin para nuestros aliados. El ex director de la CIA, David Petraeus ha indicado que ciertamente, el enemigo ha utilizado contra nosotros la existencia de Guantnamo. El ex jefe de estado mayor conjunto, almirante Mike Mullen, hizo notar que Guantnamo ha sido un simblico bandern de enganche par reclutar a los extremistas y yihadistas que nos combatirn. Poniendo el acento en la pobre reputacin de Estados Unidos, los ex secretarios de Estado republicanos Henry Kissinger, Colin Powell y James Baker coincidieron con sus pares demcratas Warren Christopher y Madeleine Albright en la recomendacin de cerrar la prisin.

Durante 15 aos, quienes se oponan a Guantnamo han insistido en que su existencia podra cambiar la notoriedad y el destino de este pas. Con su rechazo a honrar las leyes internas, militares e internacionales ya ha abierto la puerta a una nueva visin excepcionalista de la ley. Lamentablemente, Guantnamo es hoy un componente de nuestro paisaje, tanto una institucin como un nuevo principio rector para la vigilancia de los ciudadanos estadounidenses; eso significa que ya nunca podr escribir aquella nota sobre los 100 ltimos das a menos que recurra a la ficcin.

Si lo hiciera, tendra que saltearme todos los detalles referentes a las prosaicas negociaciones que sin duda se haran para cerrarla. En lugar de eso, desde mi punto de vista, el tradicional espritu de la justicia y la ley de este pas tendran que surgir orgnicamente desde el cuerpo poltico y formular un nuevo marco en el que Guantnamo fuese el lugar de tristeza y vergenza que ha sido desde sus primeros das.

Lo que hubiese escrito sera demasiado conciso hasta para la ms breve de las novelas utpicas. Pensemos en cambio en una utpica pgina de opinin que ningn diario publicar, una en la que prevalezca el deseo de legitimidad y una profunda creencia de que la decencia y la seguridad van de la mano. En mi utpica fantasa, en el mundo que temo que nunca ver, en el mundo estadounidense cuya ausencia lloro hoy, Guantnamo se cerrar no porque se especule con cuestiones como el costo o la ineficiencia de las comisiones militares o incluso la Realpolitik mundial. Por lo dems, habr otro conjunto de prisioneros eternos. Y no estoy pensando en los futuros sospechosos de terrorismo que Donald Trump enviar all, seguramente para siempre. Es en nosotros en quienes pienso. Ya que mientras la prisin de Guantnamo permanezca abierta, sepmoslo o no, tambin todos somos prisioneros all; este es el modo de vida estadounidense.

* En los pases del Cono Sur americano se ha acuado una frase para definir esta forma de gobernar al margen del Congreso y la Constitucin: gobernar por decreto. En estos pases, el decreto es el equivalente a la orden ejecutiva de Estados Unidos. (N. del T.)

Karen J. Greenberg, colaboradora habitual de TomDispatch, es directora del Centro de Seguridad Nacional de la Facultad de Derecho de la Universidad Fordham y autora de The Least Worst Place: Guantnamos First 100 Days. Su libro ms reciente es Rogue Justice: The Making of the Security State. Ella jams escribir The Least Worst Place: Guantnamos Last 100 Days. Rose Sheela y Elizabeth Hilton han colaborado en la investigacin necesaria para esta nota.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176249/tomgram%3A_karen_greenberg%2C_the_forever_prisoners_of_guantanamo/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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