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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2017

Ser o no ser, esa no es la cuestin

Carlitos
A mano y sin permiso (blog)


No es lo mismo ser contrarrevolucionario que no revolucionario.

El apoyo masivo a la Revolucin es una circunstancia asociada al entusiasmo inicial por un proyecto que transform radicalmente una sociedad torcida y corrupta. A ello se sum la capacidad movilizadora de liderazgos irrepetibles como los de Fidel y el Che.

Sin embargo, ya no son esos tiempos. Despus de aos de desgaste producto del enfrentamiento a agresiones externas y los errores propios, muchos cubanos viven su vida sin una conexin directa con el proyecto social. Otros quieren lo mejor para Cuba y, sin embargo, no comparten completamente el rumbo seguido o por seguir.

Siempre he reclamado el derecho a ser revolucionario, porque a veces pareciera que "no se usa" serlo, pero siento el deber de respetar a los que no lo son, no solo por derecho (somos parte del mismo pas), sino porque no se puede negar su capacidad de aportar.

Por qu debemos negar la posibilidad de participar a quienes no tienen una actitud militante? O, por qu debemos negar la participacin a quienes militan o debaten desde posiciones diferentes? Unos y otros pueden ser no revolucionarios, pero no tienen por qu ser contrarios al proyecto. Los lmites son claros, para aquellos que niegan la posibilidad de la Revolucin a existir en contubernio con intereses anexionistas.

No es acaso la tarea primera de los revolucionarios enamorar, sumar y hacer parte al resto? No es eso los que nos ensearon nuestra historia y nuestros conos? Ninguna idea ser suficientemente revolucionaria si se defiende negando el derecho de otras ideas a existir. Lo revolucionario implica tambin humildad y capacidad para dudar sobre lo propio en que se cree.

Sera ingenuo suponer que muchas formas de pensamiento alternativas son espontneas. Est suficientemente documentada la labor del gobierno norteamericano y otros occidentales por subvertir el Socialismo en Cuba construyendo plataformas artificiales de pensamiento.

Pero sera irresponsable suponer que toda idea que no comparta las medidas o rumbos que toma el gobierno cubano tiene un proyecto de subversin atrs. No todo es capitalismo camuflado de tercera va; hay ideas diferentes que pueden ser autnticas. En definitiva, nadie tiene la verdad sobre un Socialismo que est por construir.

Tampoco es serio suponer que todo dinero extranjero tiene fines anexionistas. Pregntese, por ejemplo, de donde sale el financiamiento de muchos de los proyectos acadmicos de nuestras universidades, incluso en el campo de las ciencias sociales. Les llamaremos tambin contrarrevolucionarios o pro-imperialistas?

La principal conquista de la Revolucin no es la educacin y la salud, no son nuestros mdicos internacionalistas, no son los bailarines, escritores, pintores o cineastas de fama mundial, no son las medallas olmpicas. Esas son conquistas importantes, trascendentales, pero reversibles. La principal conquista y fuerza capaz de reproducir la Revolucin es un pueblo que sabe pensar por cabeza propia y con un sentido distinto de la tica.

No podemos seguir discutiendo en las redes como si la gente necesitara manuales para saber dnde est lo bueno y lo malo. La lucha ideolgica no es algo tan simple. Los cubanos saben lo que deben saber. No lo sabe cada uno por separado, lo sabe esa construccin invisible (ms invisible y poderosa que la mano invisible del mercado) que es la conciencia social.

Y si daino es asumir como contrarrevolucionaria toda actitud o idea no revolucionaria, daino es que se pretenda asumir como revolucionaria aquella actitud que no admite crtica alguna, que solo ve la Revolucin como una cuestin a defender del malecn hacia afuera.

Es un deber de los revolucionarios defender al proyecto de las agresiones externas y la burda, incisiva y poderosa tergiversacin meditica, pero no es el nico deber. Cuando se hace eso y a la vez se niegan o solapan los errores propios, se est militando a favor de los que no quieren que Cuba avance (aunque no sea la intencin).

La mejor y ms militante manera de ayudar al gobierno que representa el proyecto de la Revolucin no es justificando cada medida, sino alertando y debatiendo, especialmente sobre lo fallido o lo que queda por hacer. A los ojos de los jvenes que se asoman a sus primeras motivaciones polticas sern verdaderamente crebles los revolucionarios que, como el Che, son tan duros con el imperialismo como con las insuficiencias propias.

Precisamente, en la estratgica tarea de movilizar a los no revolucionarios a favor del Socialismo, uno de los grandes retos es mostrar que la excesiva centralizacin, la aversin al pensamiento diferente, la acrtica justificacin de todo lo que se hace, la creencia de que la rebelda internacional da derecho a incomprender la rebelda interna, son expresiones de una manera de interpretar el Socialismo y el ser revolucionario que niega sus esencias. El Socialismo es otra cosa, con la que es posible y necesario poner a soar a los jvenes. Nuestra historia es testigo.

La gente por la que vale la pena una Revolucin, los humildes, los hombres y mujeres que viven muy modestamente o muy por debajo de lo que merecen, los que lo hacen sin renunciar al proyecto revolucionario, los que perdieron o disminuyeron su fe pero siguen trabajando honradamente, los que edifican familias y valores, los que no tienen tiempo para estos debates, merecen un dilogo no excluyente, una visin ms aterrizada y menos modlica del presente y del futuro.

Ms que dialogo, esa gente merece avanzar. Merece que no se olvide lo que cost llegar aqu y el valor histrico y simblico del istmo de 1959, pero merece tambin que el proyecto social se parezca a los jvenes que lo habitan y hacen posible; que comulgue con el proyecto individual de cada cual; que sea de avanzada y transgresor en la ideologa, la democracia, la ciencia, la tecnologa, la comunicacin, el arte; que entienda la urgencia de hacer para ayer los cambios que todos aprobamos (y ms); que pida compromiso (ms que nada con el pueblo y la verdad); que no deje de ser hereje y, por tanto, de valorar la hereja.

Y ese avance, ese proyecto social que necesitamos, ser muy difcil de alcanzar si esperamos que sea obra nicamente de los no revolucionarios, de los revolucionarios del tipo A o de los revolucionarios del tipo B o del C. Debe ser una construccin de todos.

Ser o no ser, definitivamente, no es la cuestin.

Fuente: http://amanoysinpermio.blogspot.com.tr/2017/03/ser-o-no-ser-esa-no-es-la-cuestion.html



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