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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2017

Entre la lealtad y la legitimidad
Liderazgos en la Revolucin cubana

Daniel Salas Gonzlez
Temas


Buena parte de los estudios histricos y polticos acerca de la Cuba revolucionaria tienden a asumir la figura de Fidel Castro como la piedra angular de los acontecimientos nacionales desde la madrugada del 26 de julio de 1953 hasta, prcticamente, la actualidad. Una amplia bibliografa internacional ha intentado una hermenutica del Comandante, considerando que sus ideas e intenciones son la clave para comprender la racionalidad de todo el proyecto revolucionario. Pero es posible que una desmedida atencin a la figura de Fidel por fascinante que sea en s misma haya llegado a nublar la comprensin del caso cubano, al exagerar su papel de conductor en la vida nacional.

Dicho corpus bibliogrfico incluye los relatos de Carlos Franqui (1985) sobre los primeros aos de la Revolucin, que nos ofrecen la narrativa de un movimiento popular y democrtico traicionado por un Fidel cada vez ms dictatorial. Recurriendo al periodismo de investigacin, Andrs Oppenheimer (1992), Lee Lockwood (1990), Manuel Vzquez Montalbn (1998) y Ann Louise Bardach (2002) reforzaron la tesis centrada en Castro. Su papel como centro fue subrayado por los crticos ms acrrimos, como Carlos Alberto Montaner (1983). Ensayos biogrficos ms matizados como los de Maurice Halperin (1974), Peter Bourne (1986), Tad Szulc (1986) y Brian Latell (2005), entre otros, abordan la psicologa del Comandante y trazan la relacin existente entre el hombre y el Estado. A los enfoques analticos de la cultura poltica cubana, como los realizados por Jorge I. Domnguez (1978) y Richard Fagen (1969) tambin les result difcil tomar distancia del enfoque centrado en Fidel. Por su parte, influyentes estudios de poltica e historia explicaron la naturaleza de su gobierno, recurriendo a conceptos de carisma, megalomana y caudillismo (Theodore Draper, 1969; Irving Louis Horowitz, 1971; 2008; Thomas Hugh, 1971). Como aduca Horowitz, fusionar al lder con el sistema en su conjunto nos daba la presunta ventaja de permitirnos prestar atencin a lo que el lder dice e identificarlo con lo que todo el pas aparentemente cree. Ya no hay problemas de pluralizacin (1971: 128).

En su ttulo ms reciente, Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story, el historiador britnico Antoni Kapcia intenta precisamente desmarcarse de esa tendencia fidelcntrica, la lectura totalitaria de lo que cada vez ms se denominaba como fidelismo se convirti en expresin manida durante los siguientes cincuenta aos (Kapcia, 2014: 4). En su lugar, nos presenta una concisa y perspicaz sociologa del poder y la lealtad durante la Revolucin que, de arrancada, se propone deconstruir la extendida nocin del Estado monoltico erigido alrededor de la autoridad del mximo lder.

El libro muestra un sistema poltico cubano complejo, abierto a diferentes incidencias del contexto, que evoluciona de acuerdo con factores que desbordan el papel y la voluntad de Fidel. Inicialmente, segn Kapcia, ello es resultado de la estructura del ncleo ejecutivo original formado por el propio Fidel Castro, Ral Castro y Ernesto Guevara, en el que cada cual ejerci el liderazgo sobre esferas de accin parcialmente autnomas. Por supuesto que en el centro mismo de la estructura de poder se encontraba el primero. Su responsabilidad directiva se complementaba con los plenos poderes de Ral en el mbito de la defensa, sus vnculos militares con la Unin Sovitica y, a la larga, en materia de reformas primero, al abogar por la apertura a principios del decenio de los 90 y, ms recientemente, al dirigir la Actualizacin del modelo, ya como Jefe de Estado. Por su parte, a Guevara se le dio carta blanca en la formulacin de la poltica econmica, la poltica exterior y la definicin ideolgica en los primeros aos de la Revolucin (40).

Pero lo ms interesante es que Kapcia va ms all de estas tres figuras para prestar atencin a una amplia serie de actores y grupos sin los cuales no se pudiera entender los subsiguientes acomodos de fuerzas. En ese sentido, presta atencin a las dinmicas y tensiones entre el grupo de veteranos histricos de los principales eventos militares de la lucha insurreccional, de militantes del ala urbana del Movimiento 26 de Julio. Alrededor de ese ncleo, el autor sita una periferia integrada por luchadores antibatistianos y activistas del llano (rama urbana del movimiento revolucionario encabezado por Fidel), el Directorio Revolucionario, el Partido Socialista Popular, as como algunos radicales independientes. Todos ellos conformaron un grupo que, durante la convulsa dcada de los 60, sufrieron transformaciones radicales.

Kapcia tambin presta atencin al desarrollo de una variada y no monoltica burocracia que inclua organizaciones de masa, el Partido Comunista y dependencias del gobierno; el sistema cuenta con estructuras que abarcan todo el pas, desde las comunidades y puestos de trabajo hasta la cspide jerrquica. El auge de esta maquinaria nos habla del surgimiento de una articulacin hegemnica de la sociedad civil y la sociedad poltica en sentido gramsciano. Kapcia subraya que las organizaciones polticas y de masas surgieron en la base antes de la consolidacin del Estado. De hecho, asumieron las funciones de este, no solo aprobando muchas de las reformas, sino tambin movilizando a centenares de miles de personas en la Revolucin (12) y ampliando estratos de representacin, responsabilidad y autoridad (15). Al hacer hincapi en la canalizacin de la participacin y el debate, Kapcia no solo resta validez a la tesis del Estado totalitario cubano sino, ms importante an, confirma uno de los criterios tericos de su libro que, al igual que en muchos otros pases poscoloniales, el sistema cubano puede considerarse una suerte de corporativismo poltico basado en una singular cultura de inclusin y, por ende, de exclusin (183). Ms adelante volver sobre este asunto.

A fin de presentar su narrativa, Kapcia divide la historia de la Revolucin de acuerdo a la amplitud o falta de fluidez de las estructuras del gobierno y del Estado (64). El perodo transcurrido entre 1953 y 1958 vio la formacin de la vanguardia revolucionaria en medio de la guerra contra la dictadura de Batista. Luego de la victoria, hasta 1962, surgieron tiranteces a partir de la incorporacin en una organizacin unificada de los diferentes grupos que haban contribuido a la Revolucin. Sin soluciones definitivas de estos conflictos y sumergidos en azarosos contextos, entre 1963 y 1975 los dirigentes impulsaron la construccin de una esfera poltica que se asemejaba cada vez ms a la arquitectura del bloque socialista. La asimilacin ms profunda de Cuba como miembro de este, alrededor de 1972, dio paso a un perodo de estabilidad institucional entre 1975 y 1986. De hecho, este momento de sistemas, instituciones y burcratas (132), como lo describe Kapcia, fue el nico perodo en que el sistema cubano mostr un cariz fuerte, organizado y potencialmente monoltico (14).

A partir de 1986 se ha producido un regreso a la fluidez (153). Al observar la tendencia general existente en esos aos, Kapcia apunta al debilitamiento del poder ejercido por los envejecidos miembros histricos del crculo de allegados, cuyos remplazos por activistas de las nuevas generaciones provocaron una crisis poltica, el incremento de las ambiciones personales y algunas grietas de envergadura en la antigua solidaridad (180). Adems, la decisin adoptada por Fidel de abogar por un idealista rejuvenecimiento de la Revolucin en el segundo milenio la Batalla de ideas choc con su debilitamiento fsico y mental, e incluso cubanos leales comenzaron a temer por la estabilidad y flexibilidad del gobierno (181). En ese sentido, Kapcia observa que la actitud de Ral, favorable al cambio, probablemente propici la aparicin de cuadros inclinados a la reforma, a partir del decenio de los 90, y result fundamental a la hora de persuadir a los dems dirigentes de que una liberalizacin discreta era la nica forma de salvar parte del proyecto revolucionario original (163-4).

Al seguir la trayectoria de importantes actores polticos en los ltimos veinticinco aos, Kapcia va despiezando las categoras existentes en el crculo de allegados al poder y analiza las funciones de especialistas, tecncratas, partidarios de mediana edad y polticos ms jvenes. As vemos que la aparicin de reformadores ms jvenes qued equilibrada por la mayor importancia dada a antiguos participantes de la lucha guerrillera, reconocidos como incondicionales, de los que caba esperar que frenaran reformas excesivas [...] o garantizaran a los partidarios de base que las reformas no tiraran tambin el sof (164).

Los dos ltimos captulos pretenden encajar ambas posiciones de la historia cubana dentro de los abarcadores horizontes de las experiencias poscoloniales encaminadas a la construccin de la nacin. Kapcia subraya que la cohesin de los dirigentes se ha cimentado en sentidos y expectativas de lealtad al grupo que, de respetarse, les permitan alejarse, preguntar, dudar y errar (pero jams oponerse en forma activa) y, sin embargo, ser perdonados y considerados parte del grupo (182). Por lo general, la lealtad pasaba por encima de criterios de eficacia, conformidad y desacuerdo poltico, siempre y cuando errar o estar en desacuerdo no se considerara o creyera que iba en contra del nuevo sistema y, en buena medida, quedaba en casa (183). Adems, para Kapcia, la fascinacin con la lealtad refleja y se refiere a la creacin histrica de la cultura de inclusin y exclusin (183), que ha signado los esfuerzos cubanos encaminados a la construccin de la nacin a lo largo de dos siglos.

Con miras a comprender este proceso hegemnico de inventar y hacer valer los lmites de un nosotros colectivo, Kapcia se remite a la mxima expresada por Fidel en 1961: Dentro de la Revolucin, todo; contra la Revolucin, nada (Castro Ruz, 1980: 14). De esta asimetra binaria, dentro/contra, se desprende que solo aquellos que actuaron en contra, de manera abierta e inconfundible no pudieran tener cabida dentro de la Revolucin (190). Para Kapcia, esta es la lgica fundamental de inclusin/exclusin reflejada en la dinmica de los dirigentes en todo el proceso constructivo de la nacin.

Luego de analizar la preeminencia de los valores de inclusin, tanto entre los dirigentes como en todo el esfuerzo general encaminado a la construccin de la nacin, Kapcia llega a la conclusin de que la Cuba posterior a 1959 no debe entenderse como un ejemplo de gobierno comunista, totalitario o personalista, sino como algo vinculado a un paradigma ms abarcador de corporativismo poscolonial. En ese sentido, cita la definicin de corporativismo de Phillippe Schmitter:

Un sistema de representacin de intereses en el que las unidades constitutivas se organizan en una serie de categoras singulares, obligatorias, no competitivas, ordenadas jerrquicamente y diferenciadas desde el punto de vista funcional, reconocidas o autorizadas (si no han sido creadas) por el estado y concesionarias de un monopolio de representacin en el seno de las categoras interesadas a cambio de ejercer ciertos controles en la seleccin de los lderes y la articulacin de demandas y apoyos. (Schmitter, 1979: 13)

Desde esta posicin estratgica, la experiencia cubana permite una interesante comparacin con otros pases del Tercer mundo que tambin se consideran paradigmas de corporativismo entre ellos, India, Mxico, Tanzania y muchos otros en los que surgieron sistemas unipartidistas o casi unipartidistas, en respuesta a los desafos de la Revolucin y la construccin de la nacin luego del perodo colonial. Si bien algunos lectores interesados, en particular, en los asuntos cubanos pudieran considerar esta teora como una especie de apndice, tambin ofrece un interesante marco de referencia para meditar sobre el papel desempeado por la cohesin poltica en el sistema cubano. Si el sello distintivo del corporativismo es el impulso dirigido a la inclusin, la capacidad del orden poltico cubano de adaptarse para sobrevivir depende ms de salvaguardar la unidad a partir del nacionalismo y la independencia que de mantener un compromiso ideolgico distintivo. No obstante, a la luz de la creciente pluralidad que se observa en la sociedad cubana y considerando el anquilosamiento de los canales de participacin ms oficiales, no queda claro hasta qu punto un Estado corporativista cubano pueda responder a la pluralizacin de identidades colectivas en la sociedad.

Al articular la narrativa general, la obra de Kapcia resulta minuciosa y esclarecedora. El autor utiliza algunas de las fuentes secundarias ms pertinentes, y complementa la informacin con las entrevistas que realizara, aunque los detalles de estas ltimas no siempre aparezcan en el libro. Por ejemplo, a pesar de la matizada interpretacin de los cambios ocurridos en los crculos de poder a partir de 1986, el autor no presta suficiente atencin a la creciente escasez de lderes en esta etapa. Su anlisis de las vicisitudes experimentadas por los integrantes de los crculos de poder permite una comprensin parcial de esta cuestin, pero no aborda por qu la cosecha de nuevos lderes con una base de apoyo real entre la gente, se vuelve tan escasa. En ese sentido, sera menester tomar en consideracin factores tales como el cansancio de las organizaciones polticas y de masa, la apata poltica, la aridez de los medios de comunicacin oficiales, el flujo de fondos del extranjero dirigidos a captar a la oposicin organizada, as como la suspicacia ante todo lo que huela a disidencia.

Por otra parte, la decisin de apoyarse en criterios referidos a la renovacin de las estructuras produce algunos resultados inesperados, como por ejemplo comprender la Batalla de ideas como parte de la misma fluidez, que prosigue con el mandato de Ral a partir de 2006. Estos son perodos articulados alrededor de cambios sustanciales en el ncleo de dirigentes y las esferas ms perifricas del poder, marcados por diferentes estilos de direccin y promocin de cuadros que merecen ser atendidos por separado.

Una ltima consideracin es que a pesar de usar la categora de liderazgo, Kapcia no presta suficiente atencin a la dimensin de legitimidad. El resultado es que a menudo parece que solo se refiere al ejercicio del poder. En los casos de Fidel y Ral Castro, as como los de algunos otros personajes histricos, hasta cierto punto esa limitacin no compromete la validez del razonamiento. Sin embargo, en la medida en que el cheque en blanco de legitimidad termina con ellos hay que tener en cuenta que futuros anlisis sobre la dirigencia en Cuba deben atender con especial cuidado a las menos evidentes mecnicas del consentimiento que posibilitan el ejercicio de los grandes liderazgos.

As que ahora que Cuba se halla de nuevo en primer plano luego del inicio de las negociaciones con los Estados Unidos y del fallecimiento de Fidel Castro el 25 de noviembre de 2016, los lectores pueden preguntarse qu nos revela este libro sobre los posibles caminos que tenemos por delante. Por tratarse de un historiador serio, Kapcia se muestra cauteloso al analizar los acontecimientos recientes y rehye aventurarse en el campo de la futurologa. No obstante, el libro recurre a la tesis de que, luego de consolidar su gabinete, Ral ha estado dirigiendo con firmeza la modernizacin del modelo. El equipo que este conformara para la reforma ha mantenido una imagen pblica unida alrededor del Presidente, quien, por otra parte, ha rechazado de manera categrica la privatizacin general del pas. Como seala Kapcia, esto sugiere que l nunca ha tratado de que haya una Cuba capitalista (39). Sin embargo, el ciclo de Ral est llegando a su fin, justo cuando la posible normalizacin de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos provocara un cambio epistemolgico en la praxis y comprensin de la poltica cubana. El que los dirigentes cubanos logren establecer un nuevo equilibrio luego del deceso de los lderes histricos sigue siendo una interrogante fundamental. Los estudios acadmicos han prestado escasa atencin a la dinmica de los soldados rasos que pudieran ser la continuidad del orden revolucionario.

Como sea, Leadership in the Cuban Revolution... se suma de manera vigorosa y oportuna a la literatura sobre Cuba, que abre a debate un cmulo de cuestiones y procesos. Los lectores que estn familiarizados con el tema podrn valorar mejor la tesis de Kapcia. Como posible material de lectura docente, el libro resultara provechoso en cursos sobre Historia de Cuba y asuntos contemporneos. Tambin podra resultar til en abordajes comparativos de la poltica poscolonial y la construccin de la nacin en el siglo xx.

Traduccin: Esther Muiz.

Referencias

Bardach, A. L., (2002) Cuba Confidential. Love and Vengeance in Miami and Havana. Nueva York, Random House.

Bourne, P., (1986) Castro: A Biography of Fidel Castro. Londres, Macmillan.

Castro Ruz, F., (1980) Palabras a los intelectuales en Lpez Lemus, V. (ed.), Revolucin, Letras, Arte. La Habana, Letras Cubanas, pp. 7-30.

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Draper, T., (1969) Castroism: Theory and Practice. Nueva York, Praeger Publishers.

Fagen, R., (1969) The Transformation of Political Culture in Cuba. Stanford CA., Stanford University Press.

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Halperin, M., (1972) The Rise and Decline of Fidel Castro. Berkeley, University of California Press.

Horowitz, I. L., (1971) The Political Sociology of Cuban Communism en Mesa-Lago, C. (ed.), Revolutionary Change in Cuba. Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, pp. 127-43.

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Hugh, T., (1971) Cuba, or the Pursuit of Freedom. Londres, Eyre & Spottiswoode.

Kapcia, A., (2014) Leadership in the Cuban Revolution: The Unseen Story. Londres, Zed Books.

Latell, B., (2005) After Fidel. Ral Castro and the Future of Cubas Revolution. Nueva York, Palgrave Macmillan.

Lockwood, L., (1990) Castros Cuba, Cubas Fidel. Boulder, Westview Press.

Montaner, C. A., (1983) Fidel Castro y la Revolucin Cubana. Madrid, Playor.

Oppenheimer, A., (1992) Castros Final Hour. Nueva York, Simon & Shuster.

Schmitter, P., (1979) Still the Century of Corporatism? en Schmitter, P. y G. Lehmbruch (eds.), Trends Toward Corporatist Intermediation. Londres, Sage Publications, pp. 7-52.

Szulc, T., (1986) Fidel: A Critical Portrait. Nueva York, Avon Books.

Vzquez Montalbn, M., (1998) Y Dios entr en La Habana. Madrid, Aguilar.

Fuente: http://temas.cult.cu/node/1290



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