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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-03-2017

Y dirn que ya no hay lucha de clases

Jaime Richart
Rebelin


Como de puntillas respecto al resto de Europa, desde hace tiempo venimos asistiendo en Espaa a una batalla campal entre dos clases sociales en los parlamentos, en la Justicia y dems instituciones, y en el espacio de los medios de comunicacin. Entre la clase de los que predican, mandan y organizan la vida de todo bicho viviente, y la de quienes se resisten u obedecen a regaadientes representados por otros que abanderan el espritu de la dignidad. Una prueba recin salida del noticiero diario abrumador espaol es la decisin del ayuntamiento de una ciudad importante de reponer el nombre de calles de resonancia franquista que estuvieron hasta hace unos aos, contraviniendo as una ley vigente, la de Memoria Histrica. Decisin sta que obliga a imaginar la tremenda mentalidad involucionista del partido del gobierno si con mayora absoluta volviese a gobernar y a legislar...

La lucha de clases, pues, no ha desaparecido, o ha resurgido en Espaa. La lucha de clases se refiere al conflicto entre las dos clases sociales existentes, entre los de arriba y los de abajo, entre los que producen y los que no producen, entre los que sin trabajar se aduean de la produccin y excluyen a los que trabajan, entre explotadores y explotados; histricamente entre amos y esclavos, entre patricios y plebeyos, entre terratenientes y campesinos, entre burgueses y proletarios, entre ricos y pobres, entre depredadores y presa, entre el 1% y el 99%. En la naturaleza las manadas o presas desorganizadas, nunca dominan a sus depredadores. En el gobierno de los amos, un esclavo nunca ser rey y de igual modo en el gobierno de la burguesa, un obrero jams llegar a gobernar a los burgueses.

A lo largo de la historia siempre ha sido as, siempre ha habido clases enfrentadas. Unas practican la opresin y otras luchan por la liberacin. En el esclavismo los amos se apropiaron de la produccin, lo tenan todo y dominaban a los esclavos o productores. En el feudalismo, la minora que se adue de la tierra y la produccin dominaba a la mayora que fue expropiada. En el capitalismo dominan los que se han enriquecido con la tierra que es propiedad de todos, y con la acumulacin originaria (saqueo de riquezas a otros pueblos y al propio pueblo) se aduearon adems de todos los medios de produccin, de la materia prima, del trabajo y del trabajador o esclavo de nuevo tipo a travs de la esclavitud asalariada...

Pero es que en la sociedad del capitalismo avanzado, el capitalismo neoliberal, el proceso de incautacin de toda la riqueza a cargo de la clase dominante se est cronificando y la lucha de clases se ha agudizado. Desde luego en Espaa. De un bando la burguesa, propietaria de los medios de produccin (capital, transportes, medios de comunicacin, etc.) y por otro el bando del trabajador convertido en lumpen que, al disponer nicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderse por un salario que apenas le sirve para su supervivencia.

Han variado en Espaa las condiciones generales de la convivencia entre una clase y la otra u otras, siendo as que la clase media apenas se reduce a la de los pensionistas? Ha desaparecido acaso la lucha entre los que acumulan el dinero y las propiedades y los que carecen de todo? No hay una distancia abismal entre los que hablan y los obligados a escuchar, entre los que disponen de megafona y tribunas y quienes se esfuerzan intil o dbilmente por hacerse or; entre la clase que masivamente piensa con amplias miras, y la minoritaria que, lejos de ser excelente como se imagina, piensa y acta con mezquindad, maquina y crea una realidad a su medida hacindose apoyar de diversas maneras, todas torticeras, por millones de necios?

En Espaa vivimos, en efecto, actualmente una lucha encarnizada entre los de arriba y los de abajo, entre los que han perdido la cabeza en la poltica, en la empresa, en la judicatura y en los medios, y quienes mantenemos la cabeza en su sitio y conservamos intacta la intemporal filosofa humanista y los valores plasmados en la Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789 y en la Declaracin Universal de los Derechos Humanos, de 1948; entre quienes, en fin, se empean en alejarse cada vez ms, como las galaxias entre s, del sentimiento de solidaridad, del sentido comn de la justicia y de la igualdad dentro de las inevitables diferencias naturales, y la inmensa mayora que se esfuerza por ejercerlos, desarrollarlos y divulgarlos... El antiguo, el feudal e incluso el postmoderno no tienen conciencia de la opresin como tal. Es ahora, hace muy poco, cuando irrumpe esa conciencia. Pero hay un grave inconveniente que se alza como barrera casi infranqueable: el consumismo como motor del neoliberalismo y de alienacin, que hace mucho ms tiempo se instal en la sociedad actuando como lo ms antirrevolucionario y al tiempo como trampa saducea. Y lo es, pues anula mecnicamente la reaccin habida cuenta que la nica manera de contestar con eficacia y sin violencia a los abusos del neoliberalismo sera a travs de la voluntad del "no consumo"; decisin sta que en sentido estricto no es posible activar masivamente, como no es posible activar la bondad o la solidaridad, slo posibles de uno en uno...

Pese a todo, o precisamente por la alienacin de que va acompaado el consumismo, nadie quiere violencia, ni material ni moral. Pero los poderes actuales, esos que detentan la fuerza, esos que estn en todas las instancias y en todos los estamentos, esos que configuran el establishment, el sistema, estn forzando las cosas lo bastante como para provocar ese odio creciente que acab siempre siendo germen de violencia.

Es ms, creo que la sociedad bien nacida espaola no desea ni enfrentamientos sangrientos ni la mera sustitucin de unos propietarios por otros nuevos. Pienso que, a caballo del consumismo y de su dignidad como hija del milenio en que le ha tocado vivir, la sociedad espaola se conforma con que gobernantes, grandes empresarios, tribunales, curas y periodistas -la clase dominante- reaccionen y se percaten de que necesitan ejercitarse en la cordura que tuvieron, ahora tan resquebrajada por el peso muerto de una extrema estupidez...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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