Portada :: Venezuela
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2017

Polticas de trmino errneo o el fugaz triunfo de la conservacin

Juan Zerpa Oviedor
sustraccion.wordpress.com


Una torpeza tenazmente repetida sirve con extrema habilidad a intenciones inconfesadas.

Sigmund Freud.

En poltica, qu es un error? Cmo se determina que una u otra decisin, de un lder o una direccin colectiva, es errada? La respuesta parece sencilla: es una cuestin de fines. Si un partido se propone hacer una revolucin y sus acciones no contribuyen y hasta perjudican tal causa, entonces uno podra decir que esa organizacin est cometiendo errores polticos; incurriendo en lgicas que quiz mantienen por inercia el control aparente de ciertas instancias de poder, pero que en el mediano y largo plazo minan el propio camino trazado en planes, manifiestos y discursos. El elemento opaco, sustrado a la crtica, en este razonamiento tan familiar para las tradiciones de izquierda, es el contenido mismo del programa revolucionario.

El fracaso de las experiencias revolucionarias pasadas ha encontrado siempre en aquella clsica diferenciacin entre tctica y estrategia una cmoda interpretacin. Pero acaso fueron la colectivizacin forzosa y los procesos de Mosc errores de Stalin? Fue la burocratizacin de la Unin Sovitica una fallida manera de gestionar la situacin institucional y social que provoc el cerco occidental a la Revolucin de Octubre? La respuesta es no. De hecho, tanto el slido control del PCUS como casi cuatro dcadas de estabilidad econmica demuestran exactamente lo contrario. La solucin poco satisfactoria a que se acude a esta altura de la cuestin es que Stalin y la burocracia sovitica traicionaron los fines revolucionarios para perseguir sus propios objetivos, terribles metas que terminaron parecindose ms a la doctrina del imperio zarista que al Manifiesto Comunista de Marx.

Sin duda hay un momento de verdad en todo esto. Se reconoce entonces que Stalin fue ms bien exitoso y creo que lo verdaderamente radical aqu sera decir lo mismo de ciertos sectores dirigentes en procesos actuales como el de Cuba o Venezuela. No es cierto que el fracaso de la revolucin sea el fracaso de estos nuevos tenedores de privilegios y, aunque efmeras, sus victorias son diarias. En ellos no hay tal divorcio ingenuo entre una estrategia y sus tcticas, entre la transformacin social y los movimientos que a su juicio tendran que conducirnos a ella, sino que el acotado marco al que suelen circunscribir sus acciones es su nico marco, del que literalmente viven y en el interior del cual no pueden sino engendrarse identidades reaccionarias. De all que Gianni Vattimo, en una provocadora conferencia dada a mediados de 2016 en Caracas, preguntase sobre el chavismo: estamos del lado de la conservacin o de la transformacin; de lo fijo o del devenir-ser?.

Pensemos en una leccin leninista de otro filsofo, Alain Badiou: La esencia de la desviacin est en argumentar sobre la base de alguna circunstancia tctica para negar los principios; en tomar como punto de partida una contradiccin secundaria para hacer una afirmacin revisionista sobre la concepcin principal de la poltica[1]. Desde 2008, con el proyecto fallido de reforma constitucional en Venezuela, han sido mltiples las renegaciones polticas de este tipo. Pero el resentimiento de unos cuantos mandarines universitarios no es la nica baja pasin que cedi ante el peso de aquella coyuntura. El pragmatismo y corporativizacin han arrojado al chavismo hacia una situacin de sobrevivencia y automutilacin con graves consecuencias en el resultado de sus polticas pblicas. Badiou explica que un terico es alguien que considera una cuestin desde el interior de un momento determinado. En el caso de la Revolucin Bolivariana, lo que antes poda ser considerado contradicciones secundarias hoy acta como funcionamiento y horizonte nicos, idnticos a sus actores. ste es el lugar donde nos encontramos e ignorarlo slo tributa contra la bsqueda de futuros posibles para la poltica revolucionaria en el pas.

Pero lo crucial aqu es cmo esta precariedad institucional, esta desventura de la direccin poltica, propicia que un fin colectivo devenga su contrario. El contraste entre una sociedad venezolana efervescente, en cuyo seno surgieron inslitas experiencias de gestin alternativa de la vida, y un estado de cosas marcado por el desafecto y el conjunto de comportamientos que asociamos al fenmeno del llamado bachaquerismo, es una muestra escalofriante de ello.

No parece riguroso achacar este giro cultural de 180 grados slo al aburguesamiento de una clase dirigente. Recordemos que los integrantes de sta, en el caso de la Revolucin Bolivariana, nunca dejaron de pertenecer a la pequeaburguesa nacional, y que fue el movimiento popular la condicin de posibilidad para la radicalizacin de esos sectores. No se podra decir que el apaciguamiento de aqul fue del mismo modo condicin de posibilidad para el proceso inverso experimentado luego por los dirigentes? Ciertamente, sera muy esclarecedora una sociologa sobre las redes de clientelizacin y cooptacin social puestas en marcha durante los ltimos aos. Pero no es preciso plantear este devenir en trminos unilaterales. Tampoco se trata de cristianizar el debate con un reparto ms o menos proporcional de culpas, verdadero comodn existencial que funciona como tecnologa del fracaso.

Al gesto obsesivo por una vuelta imposible al confort y la seguridad, es momento de oponer un violento acto de reflexin sobre la propia formulacin del proyecto poltico bolivariano. Para decirlo en la jerga de cierto liberalismo populista, creo que el discurso que articul la lucha nacional-popular en Venezuela desde finales de los 90 agot irremediablemente su eficacia simblica en trminos hegemnicos. Los movimientos fallidos que condujeron a ese agotamiento no pueden ser vistos ya al margen del propio discurso, de las ambigedades y coordenadas mismas que estableci para efectos de la direccin poltica.

En su obra Psicopatologa de la vida cotidiana, Sigmund Freud propuso dividir las equivocaciones en dos grupos. Aquel cuyo efecto fallido obedece al extravo de la intencin, que llam actos de trmino errneo; y otro referido a las acciones inadecuadas a su fin, que denomin actos sintomticos y casuales. Freud reconoce que la frontera entre ambos grupos de errores es casi inexistente y concluye que, en cualquier caso, se trata de manifestaciones motoras motivadas por razones ajenas a la conciencia. El autor asegura que esas motivaciones se encuentran en un nivel inconsciente de la persona que yerra y las asocia con deseos reprimidos. Parece hablarnos entonces de un divorcio entre intenciones racionales y el deseo del que las ejecuta: el sujeto termina saboteando su propio acto. Pero esto no es del todo acertado. En cierto sentido, lo que nos dice Freud es que el deseo inconsciente est-ya en los trminos de la intencin, pues perturba su formulacin desde el principio y determina la propensin al error. Lo mismo podramos decir de los planes de desarrollo econmico socialista y discursos revolucionarios aludidos al principio.

El fallo primordial de grupos como Marea Socialista es la sospechosa creencia de que los resultados de aquellos planes y las costuras de esos discursos tienen que ver sobre todo con el proceder de ciertos dirigentes, no tanto con su contenido original, cuando de lo que se trata aqu es de problemas en el interior de la propia teleologa, en el caso del chavismo cargada desde el principio por una pltora de corrientes ideolgicas que determinaron sus profundas contradicciones, as como el cruce de las pequeas estrategias. Si estos nichos de poder dieron su propio contenido a cuestiones cruciales como las alianzas econmicas internacionales, el tema cambiario o los aparatos de inteligencia, es porque el proyecto bolivariano nunca contempl una planificacin real para coordinar esas reas.

Freud seala que los actos fallidos se hayan ntimamente enlazados al pasado del sujeto, apareciendo al mismo tiempo en estrecha conexin con su situacin presente[1]. La agresiva reiteracin de las prcticas institucionales asociadas con el partido Accin Democrtica revela la derrota cultural de la Revolucin Bolivariana en materia de construccin de nuevos horizontes programticos. La organizacin jerrquica de signo militar que mantiene cautiva a la poltica pblica y el retorno al socialcristianismo en el plano retrico son tambin sntomas en esa direccin. Del mismo modo que el zarismo sovitico fue en s mismo el triunfo de la repeticin sobre las energas sociales desatadas en Rusia a principios del siglo XX.

En sus consideraciones sobre los errores motores Freud tambin seala que la significacin de stos no es fija. Se ofrecen como medios de representaciones[2], llega a decir, dotndolos as de cierta plasticidad simblica a partir del momento en que comienza la cura analtica. Desde esa perspectiva, Jacques-Alain Miller se atrevi a decir durante una conferencia de 1979 en Caracas que las invenciones significantes son la nica cosa capaz de curar[3], en referencia a las nuevas formas del decir, a los nuevos trminos que nos permitiran dar otro sentido a nuestra propia experiencia. La disputa por el significado de los ltimos 17 aos en Venezuela ha comenzado y rescatar cuanto hubo en ellos de emancipador pasa por una recuperacin de este tipo, por abrir las bvedas de este tiempo histrico y surcar nuevamente lo real de 500 aos de opresin. En momentos de crisis sistmica como el que actualmente vive el capitalismo, la conservacin es siempre precaria, propensa a ceder espacios para ese deseo llamado revolucin.


Notas

[1] El Uno se divide en Dos, en Lenn Reactivado. Hacia una poltica de la verdad, p. 12, 2010, Ediciones AKAL, Madrid.

[1] Psicopatologa de la vida cotidiana, Obras completas, p. 711, Editorial Biblioteca Nueva Madrid.

[2] Ibdem, p. 712.

[3] Recorrido de Lacan. Ocho conferencias, p. 32, 2011, Ediciones Manantial, Buenos Aires.

Fuente: https://sustraccion.wordpress.com/2017/03/06/politicas-de-termino-erroneo-o-el-fugaz-triunfo-de-la-conservacion-por-juan-manuel-zerpa/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter