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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2017

Europa, ms mercado que proteccin

Joan Subirats
Espacio pblico


La integracin europea generó, como sabemos, una notable asimetra entre las polticas que promovan la eficiencia del mercado (que siempre fueron el motor del proceso integrador) y las polticas que queran promover proteccin y equidad. A medida que el proceso de integracin econmica se aceler y se quiso acompaar esa dinmica con mayores cuotas de integracin social y poltica, surgieron graves inconvenientes. Por un lado, los estados de bienestar de cada estado miembro fueron sufriendo los efectos de los procesos de liberalizacin y de aumento de la competitividad, mientras que los esfuerzos para generalizar las polticas sociales chocaban con la diversidad de modelos y de prcticas, y con los temores de quines vean en esa potencial integracin e igualacin amenazas a las prestaciones conseguidas.

La cosa vena de antiguo. En efecto, en 1956, el entonces ministro socialista Guy Mollet propuso la armonizacin previa de las legislaciones sociales y fiscales como condicin anterior a la integracin en los mercados. Un informe, elaborado por un grupo de economistas dirigido por Bertil Ohlin, defendi la tesis contraria: la igualacin de las polticas sociales no era necesaria, ya que el mercado nico provocara tal aumento de la productividad, que revertira automticamente en una elevacin progresiva e igualitaria del nivel de vida. As lo recogi el Comit Spaak y se fund la CEE en 1957. Tenemos ahora mercado nico, moneda comn, pero una creciente desigualdad a espuertas, y cada vez hay ms empresas que eluden o evitan el pagar sus impuestos. En estos ltimos aos, la capacidad de proteccin por parte de la Unin Europea ha perdido mucho fuelle, mientras no ha dejado de profundizarse en la lgica de mercado nico y de defensa de la competencia.

Por tanto, la pregunta que surge en momentos como los actuales, es si desde la Unin Europea, si desde las lgicas imperantes en cada pas europeo, se ser capaz de mantener los mimbres bsicos de lo que de manera ms o menos compartida se ha venido denominando como la Europa Social. En muchos pases la respuesta que se est dando es que solo reforzando la perspectiva nacional-estatal podrn atenderse las necesidades de la poblacin propia, aunque ello comporte restricciones significativas en la movilidad de personas y en los derechos de los inmigrantes.

Lo que se conoce como Europa Social es un esquema de prestaciones sociales y de derechos que han caracterizado a Europa desde el final de la segunda gran guerra, y que, con los matices y diferencias que cada nacin ha ido impulsando y preservando, mantenan notables puntos en comn. De hecho, en la no tan lejana cumbre de Lisboa en el ao 2000, se consagró la idea o la pretensin de luchar por la mayor competitividad econmica posible, mientras y al mismo tiempo, se postulaba el mantenimiento del mximo de cohesin social. Los balances apuntan a que si bien los resultados no han sido los esperados en cuanto a los aspectos de competitividad, desde el punto de vista de la cohesin social, las cosas han ido definitivamente a peor.

La situacin presenta a inicios del siglo XXI y en pleno cambio de poca, algunos grandes vectores de transformacin en el escenario de las polticas sociales: a) el paso de unas trayectorias individuales relativamente previsibles y seguras, a un escenario en el que las perspectivas y recorridos vitales de las personas vienen dominados por las incertidumbres y a sensacin de riesgo; b) vamos pasando de una sociedad que poda ser explicada a partir de ejes de desigualdad esencialmente verticales (arriba-abajo) y materiales, a una sociedad en la que, sin desaparecer los mencionados ejes, los vnculos sociales se hacen ms frgiles o se rompen (dentro-fuera); c) vamos pues pasando de una sociedad de clases a una sociedad atravesada por mltiples ejes de desigualdad y de diversificacin social, generando por tanto una mucha mayor complejidad en el diagnstico y en la bsqueda de soluciones.

Las polticas pblicas, en sus diversos componentes y a partir de los principios propios de los diversos estados del bienestar, tendieron a configurarse de manera universalista, y se caracterizaron por pensarse y producirse de manera poco diversificada o personalizada, ya que se parta del supuesto de que era necesario responder a necesidades-demandas tendencialmente homogneas. Por otra parte, el diseo de estas polticas se hizo de manera acumulativa: a cada nueva demanda, a cada nuevo derecho reconocido, le fueron correspondiendo nuevas responsabilidades polticas diferenciadas, nuevos servicios, nuevos negociados administrativos, nuevas especializaciones profesionales. Todo ello no gener excesivos problemas, mientras se mantuvieron en pie los fuertes lazos sociales, las dinmicas sociales comunitarias o los grandes agregados sociales, ya que eran estos colectivos los que acababan integrando unas prestaciones y servicios fuertemente especializados. Hoy, a la desintegracin social y a las renovadas dinmicas individualizadoras, le siguen correspondiendo respuestas especializadas y segmentadas, compartimentos profesionales estancos y responsabilidades polticas no compartidas. La cosa ya no funciona tan bien como antes. Se pierde eficacia y legitimidad. Y se expande la sensacin que las instituciones no son capaces de ofrecer la seguridad que prometan antes. Los sectores con ms recursos, las clases medias, recrudecen su desasosiego con polticas universales que entienden que no atienden suficientemente sus preocupaciones y temores.

La alternativa no parece que pueda ser volver atrs, es decir a una situacin de equilibrio mercado-sociedad-estado que garantice seguridad en un mundo globalizado y en plena crisis del trabajo en su concepcin fordista, que era precisamente la puerta de entrada a las prestaciones sociales. As, surge la alternativa de ver el bienestar social, menos como una reivindicacin global, para convertirse cada vez ms en una demanda personal y comunitaria, articulada alrededor de la vida cotidiana, capaz de reconocer los valores de autonoma y de diversidad junto a la permanente exigencia de igualdad. Los problemas y las expectativas vividas a travs de las organizaciones sociales primarias requieren soluciones concretas, pero sobre todo soluciones de proximidad. De ser entendido el bienestar como una seguridad en el mantenimiento de los derechos sociales para toda la poblacin (universalismo-homogeneidad- redistribucin), va siendo cada vez ms visto como una nueva forma de entender las relaciones sociales de manera integradora y solidaria (especificidad-reconocimiento-participacin). Pero esa visin cosmopolita, local y protectora al mismo tiempo, choca con las prevenciones que sectores significativos de la poblacin, depauperados y con pocas expectativas de mejorar su situacin, tienen en relacin a la globalizacin y a la misma Unin Europa. Deca hace poco Theresa May, primera ministra britnica, que si ested cree que es un ciudadano del mundo, usted es un ciudadano de ningn lugar. Como comentaba Dani Rodrik, los ciudadanos son representados a escala local y nacional, pero no tienen presencia efectiva en espacios transnacionales (si excluimos el Parlamento Europeo y su limitado rol institucional). No existe un espacio de ciudadana global en el que se definan dinmicas representativas y de rendicin de cuentas. Esas dinmicas son nacionales y, por consiguiente, ante la sensacin de desproteccin creciente de muchos sectores sociales frente al cambio tecnolgico y la globalizacin financiera, las personas buscan en la esfera nacional el sentido de pertenencia y de refugio. Y ello empuja a percibir como contradictorios los intereses de los de casa en relacin a los de fuera.

Qu futuro le espera a la Europa Social y a su modelo de polticas de bienestar? Partimos de un escenario que hace muy difcil el seguir avanzando en la profundizacin de la Europa Social. Como deca Bourdieu: El desempleo nos divide y hace surgir todo lo que hay de malsano en nosotros, el individualismo, los celos, la envidia; el trabajo nos une y genera fraternidad, solidaridad.... En momentos de crisis como los actuales, las diferencias polticas de base son altamente significativas, ya que corresponden a filosofas sociales muy distintas: liberales, democristianas y social-democrticas. Un estudioso de las polticas europeas, Fritz Scharpf afirm ya hace tiempo: los votantes britnicos nunca aceptarn los altos niveles impositivos del generoso estado de bienestar sueco; las familias suecas no pueden aceptar los bajos niveles de los servicios sociales y educativos alemanes; y los mdicos y pacientes alemanes reaccionaran inmediatamente ante cualquier intento de converger hacia un sistema parecido al National Health Service de Gran Bretaa .

Cualquier intento de uniformizacin parece estar condenado al fracaso. Para preservar el modelo social europeo se debera avanzar en convergencias significativas, y en bases impositivas comunes, pero la financiarizacin econmica y las diferencias actuales entre sistemas de bienestar lo hacen casi imposible. Mientras, la crisis econmica y las incertidumbres en alza encierran a los pases en sus lgicas nacionales. Y en ese escenario, el mtodo abierto de cooperacin, que hace un tiempo pareci que podra servir para ir avanzando de manera progresiva y sin forzar las cosas, en la difcil situacin actual, muestra todos sus lmites. Slo funciona para tratar de ajustar la eficiencia de los sistemas de proteccin en relacin a los problemas del mercado laboral y las restricciones financieras. No parece muy prometedor. La nica forma de avanzar sera imponer normativamente desde las instancias europeas ciertos ajustes y normas comunes que se impusieran a las lgicas nacionales, como de hecho se ha ido haciendo en relacin a los temas ambientales. Pero, las lgicas de las polticas ambientales y las polticas sociales, y los actores y tradiciones que las rodean, no son evidentemente las mismas.

Lo que queda claro es que los cambios en los problemas que afectan a las personas son enormes, y justifican el calificativo de cambio de poca. Las polticas pblicas, queda claro tambin, que no pueden responder como antes a la nueva realidad. Todo ello sigue conducindonos a las preguntas originales. Cmo cambiar la poltica y las polticas para poder enfrentarnos mejor a los nuevos retos? Cmo hacerlo en Europa sin avanzar en la profundizacin de la Unin y la progresiva unificacin de sus polticas? La respuesta a estas preguntas no parece que puedan surgir de unas instituciones europeas enormemente bloqueadas. Acaba de publicarse el llamado Libro Blanco sobre el futuro de la UE (1 de marzo 2017). La gran mayora de los escenarios que apunta la Comisin son alicortos y muy conservadores, probablemente conscientes de la gran dificultad que tendra hoy cualquier plan ambicioso de mayor armonizacin fiscal, social y financiera, con un reforzamiento paralelo de la legitimidad poltica.

No creo que avancemos mucho ms de donde estamos si no se altera la correlacin de fuerzas polticas en las instituciones. El peso de los partidos tradicionales conservadores y liberales sigue siendo hegemnico, mientras aumentan las tensiones en el ncleo socialdemcrata. Probablemente deberemos esperar a que se refuercen las lgicas municipalistas de cambio desde abajo, y que ello encuentre eco en las instituciones europeas, avanzando en polticas que recuperen capacidad de proteccin desde un mayor protagonismo ciudadano, reforzando las lgicas emancipatorias y solidarias.

Joan Subirats. Catedrtico UAB y Coordinador de Doctorado en el Institut de Govern i Poltiques Pbliques (IGOB-UAB)

Fuente: http://www.espacio-publico.com/se-abre-o-se-cierran-oportunidades-para-el-cambio-en-europa#comment-5833



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