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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-03-2017

La corrupcin en Espaa

Joaqun Rodrguez Burgos
Rebelin


La corrupcin en Espaa es como decir la corrupcin en el sistema capitalista, aunque muchos de mis compatriotas (utilizo esta palabra un tanto incomodado, porque significa ms o menos, segn la Real Academia Espaola, persona de la misma patria que otra, y yo nunca he sabido definir con exactitud el concepto patria, ms all de lo que alguien dijo alguna vez: un pas, o una tierra, con justicia, pero dnde lees se encuentra eso?), piensan que es algo caracterstico y consustancial con el ser espaol. Bueno, no hace falta irse muy lejos (a Francia o a Marruecos) para comprobar que muchos franceses y marroques podran pensar exactamente lo mismo de sus respectivas esencias nacionales.

Yo prefiero pensar que los espaoles compartimos este gusto por la corrupcin con el resto de la Humanidad y que, de hecho, es un fenmeno que se ha dado desde que el mundo es mundo, o mejor dicho desde que el hombre es hombre, o quiz mejor desde que el homo sapiens existe y constituy eso que se llama moral o tica. Es ms, la corrupcin es consustancial a la tica, puesto que cmo puede existir aqulla sin ser tipificada por sta? Por tanto, podemos decir que la corrupcin es un acto tico en cierto sentido, en el sentido en que ambos fenmenos (y consideremos la tica como un fenmeno ideolgico) son inseparables. Insisto, cmo se puede sealar a un corrupto sino desde la moral?, quin si no una persona o una institucin presuntamente libre de tacha puede denunciar a otra manchada por el soborno, el cohecho, el trfico de influencias o la financiacin ilegal? Profundizando un poco ms en el asunto, se debera admitir, sin embargo, que el conjunto de prcticas corruptas slo es posible, teniendo en cuenta que deben darse en el seno de unas instituciones que suponen la gestin de riquezas ajenos, a partir del momento histrico en que surge el excedente y una parte de la sociedad se apropia de la gestin del mismo. Es decir, cuando surge el Estado o al menos un Estado embrionario; as podemos distinguir el simple robo, el hurto, o la apropiacin indebida de lo que es en s la corrupcin poltico-econmica.

En cualquiera de los casos, y dejando de lado la teora para centrarnos en el objeto de esta nota, se ha de decir que desde hace algunos aos los sufridos espaolitos nos levantamos todos los das con un nuevo caso de corrupcin poltica: presidentes regionales, ex directores generales del Fondo Monetario Internacional, ex ministros y no tan ex, gerentes de cajas de ahorro (que en Espaa hasta hace pocos aos eran de titularidad pblica), diputados, concejales, alcaldes, tesoreros de partidos polticos hasta algn miembro de la familia real, que han metido mano a la caja pblica, que han recibido comisiones a cambio de contratos, que han dado subvenciones de forma fraudulenta, que han financiados sus formaciones polticas de manera ilegal En fin, que desde que la crisis estall las preocupaciones y las conversaciones de los espaoles no pueden evitar este tema.

Pero lo que aqu me gustara sealar son los siguientes aspectos. En primer lugar, que los hechos presuntamente delictivos protagonizados por estos seores (y alguna seora) corruptos fueron protagonizados hace muchos aos, en los aos anteriores a la crisis, en aquellos aos que se pueden identificar como del beau crdit, en el que el dinero flua a espuertas gracias al generoso crdito de las instituciones financieras, en el que la sociedad en general, y la clase trabajadora en su seno, embaucada por el mensaje de que el crdito era ilimitado y de que la expansin econmica tambin lo era, rechazaba cualquier advertencia sobre la falsedad de este credo y los peligros de la expansin del crdito tanto interno como externo, tanto privado como pblico, tachndola de alarmista en el mejor de los casos; en aquellos aos, por tanto, en que la actividad econmica, el empleo y el consumo, gracias a esa expansin crediticia, iban viento en popa a toda vela (que dira el poeta), y en los que todo el mundo, salvo a los aguafiestas de siempre, se callaba aceptando el sistema capitalista no ya como el menos malo de todos los sistemas, sino como el nico que poda funcionar razonablemente bien, ya que era capaz de satisfacer las necesidades materiales de la inmensa mayora de la poblacin. Bien; pues en aquellos aos anteriores a la crisis, en aquellos tiempos del beau crdit, esos hechos corruptos a muy poca gente pareca importarles, o al menos no lo suficiente como para abrir portadas en la prensa y en los telediarios, sumarios en los juzgados o investigaciones en las comisaras; tampoco la sociedad se rasgaba las vestiduras, sumergida como estaba en un mar de apuntes contables. Slo voces solitarias clamaban en el desierto, animadas por diferentes intereses. Recordemos cuando Pascual Maragall en 2005, a la sazn Presidente del Gobierno regional de Catalua, denunci en el Parlamento cataln las mordidas sistemticas de sus antecesores en el poder. Nadie en aquel pas de fbula le dio mayor importancia al asunto, ms all de que muchos pensaran que Maragall se haba pasado un poco de rosca, y a pesar de que en Catalua era vox populi entre los empresarios (y perdn por lo de populi), que haba que pagar el porcentaje correspondiente al recaudador correspondiente. Qu hizo entonces el poder judicial, la fiscala, los jueces, la prensa, el resto de partidos polticos? Nada. O casi nada. Aunque todos saban que haba algo. Claro que para algunos como Julio Anguita, secretario general del Partido Comunista y coordinador de Izquierda Unida a la sazn, el poder judicial espaol estaba corrompido de arriba abajo, afirmacin que constituy un escndalo mayor que las acusaciones de Maragall y que tuvieron que ser matizadas ante la presin de los miembros ms moderados de Izquierda Unida.

Ni que decir tiene que este tipo de corruptelas, como ms arriba deca, siempre han existido y que, de vez en cuando, han salido a la luz. Pero no siempre y desde luego nunca con tanta intensidad como ahora. Porque quin decide hacerlo pblico, cmo, cundo y en qu grado? En este terreno no hay otro actor que la inmaculada prensa; prensa que, no olvidemos, est en manos de la burguesa, y por tanto controlada por ella. Curiosamente, los casos de corrupcin poltica denunciados por la prensa (en Espaa, para ella no existe otro tipo de corrupcin, por supuesto) salen en tropel, de golpe, o en una sucesin incesante que ha puesto al pas en vilo y que le ha llevado a pensar que los problemas econmicos de la sociedad tienen unos culpables muy definidos, cara, nombre, apellidos y carn de identidad: Rodrigo Rato, Urdangarn, Correa, Blesa Las frases ms populares de estos aos en oficinas, cafeteras y cenas familiares han sido del tipo si devolvieran todo lo robado, se acabara la crisis o si no se lo hubieran llevado, no habra tanto paro. Resumiendo, que la idea que se ha inculcado a la sociedad es la siguiente: la crisis ha sido provocada por un atajo de ladrones y sinvergenzas, por un puado de politicuchos y banqueros (de la banca pblica, faltara ms, no de la privada, es decir de polticos al fin y al cabo) que han provocado prcticamente todos los males econmicos de Espaa: el paro, la pobreza, los desahucios y hasta los suicidios.

No est de ms recordar en este momento que en mayo de 2011, es decir, cuatro aos despus del estallido de la crisis, con un paro que suba sin cesar, con desahucios a gog y con una pobreza rampante, surge en las calles de Espaa un movimiento de contestacin popular ms o menos espontneo que recoge el profundo malestar de buena parte de la sociedad espaola ante los efectos de la crisis. El sistema reacciona con inteligencia: nada de represin por parte del gobierno, comprensin y hasta simpata de la mayora de los grandes medios de comunicacin y va libre a un movimiento poltico reformista y retricamente exaltado que recoge ese malestar pero que no cuestiona el sistema capitalista y da por bueno, va reforma poltica, la institucionalidad que emana del mismo.

Una muestra ms de la inteligencia del sistema ha sido darle a la sociedad los culpables que necesitaba (el propio sistema), a la manera de holocausto. As como en las sociedades primitivas el sacrificio a los dioses de algunas personas (o animales) los aplacaba, garantizando as la salvacin de toda la comunidad, el sistema capitalista, cuyo nico dios a temer y a aplacar es el pueblo enfurecido y organizado, le sacrifica unos cuantos chivos expiatorios para apaciguarlo y para dirigir sus iras hacia stos. As se entiende que la burguesa, a travs de los medios de control social que gobierna (los medios de comunicacin y la industria cultural), y del poder judicial que controla (va partidos polticos), se haya dedicado da s y da tambin, a sealar a los culpables de la crisis, los polticos corruptos, eludiendo as comprometedores debates pblicos sobre el funcionamiento del sistema financiero, escamoteando exposiciones ms o menos complejas sobre la estructura productiva de nuestro pas y su incapacidad para autofinanciarse, disimulando la inmensa transferencia de riqueza desde la clase trabajadora a la burguesa que ha supuesto la financiacin de la deuda de la banca y de la empresa privada a travs de diferentes mecanismos, evitando que la burguesa financiera, que en un pas como Espaa controla la mayor parte de su actividad econmica, y con ella el sistema capitalista y la democracia burguesa cayera en el ms profundo de los desprestigios y ocultando, en definitiva, que las crisis econmicas peridicas son inevitables en el sistema capitalista.

Ni que decir tiene, que el sistema no se suicida y que tampoco puede echar a la hoguera sacrificial a un nmero ilimitado de sus miembros, y por supuesto que prefiere no chamuscar sumos sacerdotes, por diversas razones que seran fciles de comprender. As se entiende, por ejemplo, que la hermana del rey sea absuelta, que su seor marido, al igual que el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional y el banquero-poltico Blesa no pisen crcel, a pesar de estar condenados (si bien no en sentencia firme), y que el seor presidente del gobierno espaol, seor Rajoy, haya sido apartado, al menos desde un momento determinado, de esta ofrenda ritual.

Evidente es que todo holocausto genera asimismo un desgarro en el cuerpo social, y este desfile de polticos sobre la alfombra roja de los juzgados est pasando factura al sistema poltico, a pesar de los esfuerzos exitosos por remozarlo; pero se entiende que el mal producido es menor que el evitado, al menos de momento; y el mal mayor era el cuestionamiento del sistema de dominacin burgus (es decir, el capitalismo). En todo caso, a mayor crisis, ms corderos hay que llevar al ara sacrificial. Iremos contando ovejitas, tanto las que quedan como las que vamos matando y cuando veamos que el ritmo de la ofrenda disminuye, podremos pensar que la crisis se ha acabado (la crisis del sistema capitalista en Espaa, se entiende, no la de la clase trabajadora espaola).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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