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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-11-2005

Francia: races de la violencia

Editorial de La Jornada


A 11 das de iniciada en la localidad suburbana Clichy-sous-Bois, contigua a Pars, la oleada de violencia en Francia, sta se ha extendido en forma sostenida y creciente a otras ciudades francesas: Run, Le Havre, Nantes, Orlens, Rennes, Saint-Etienne, Toulouse, Lille, Pau, Cannes, Avignon, Rennes, Dijon, Marsella, Estrasburgo, entre otras. Ha dejado decenas de heridos, centenares de detenidos y enorme destruccin material, y lleg ya a la Plaza de la Repblica, en el centro de la capital, en cuyos alrededores Corbeil-Essones, Evry, Grigny, Evreux, Epinay-sur-Seine, Aulnay-sous-Bois se han generalizado los incendios deliberados de locales y automviles, as como los choques entre marginados y polica. Anoche, en Grigny, los efectivos policiales fueron blanco de disparos realizados con escopetas de caza, que dejaron saldo de 10 uniformados lesionados.

Este brote de violencia en el que se evidencia un extremado descontento social se origin por un suceso trgico: dos jvenes rabes de 15 y 17 aos, Bouna Traore y Zyed Benna, murieron electrocutados en Clichy-sous-Bois en la subestacin elctrica en la que trataron de esconderse cuando escapaban de la polica. El accidente deton un resentimiento larvado durante aos entre jvenes marginados de los barrios pobres de la banlieue parisina, en los que sobreviven varias generaciones de inmigracin discriminada y despojada de futuro.

El incendio social fue alimentado por la casi inconcebible torpeza del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, quien en los primeros momentos de la revuelta profiri insultos y provocaciones contra los jvenes de las barriadas; por la inaccin del primer ministro, Dominique de Villepin, por la evidente rivalidad entre ambos y la tarda intervencin del presidente Jacques Chirac, quien tard 10 das en darse cuenta de que la actual crisis deba ser tratada como un asunto de Estado.

A primera vista puede resultar incomprensible que en una nacin democrtica, prspera y desarrollada, pilar de la Unin Europea (UE), haya podido presentarse una revuelta de marginados de semejante magnitud. Pero, si se revisa la historia de la potencia colonial y la situacin social en el pas contemporneo, resulta un tanto sorprendente que la protesta no haya ocurrido antes. Hay que recordar que los estados de la actual Europa civilizada y moderna fueron, en siglos pasados, verdugos coloniales e implacables en Africa, Asia, Medio Oriente y Amrica, donde escribieron una historia de rapia, saqueo, destruccin y esclavitud. En el caso especfico de Francia, su dominio colonial en Africa dej tras de s circunstancias nacionales miserables y de escasa viabilidad sociopoltica, lo que a su vez origin, no bien terminaron los procesos de descolonizacin de mediados del siglo pasado, un flujo migratorio sostenido desde las ex colonias hacia la antigua metrpoli.

En territorio francs los migrantes magrebes y subsaharianos se han acomodado, durante dcadas, a un estatuto de segunda clase y a una discriminacin que rebasa las prohibiciones formales y contradice el lema de la Repblica ("libertad, igualdad, fraternidad"). Los ndices de desempleo, insalubridad y abuso policial, por citar slo tres factores, son mucho ms elevados en los barrios de la inmigracin que en las reas mayoritariamente pobladas por franceses de origen metropolitano.

A unos kilmetros de la Ciudad Luz, las condiciones de vivienda que sufren los primeros llegados de Africa, adems de sus hijos y nietos, ciudadanos franceses por nacimiento, suelen ser comparables a las de las ciudades perdidas del tercer mundo. Si se agregan las actitudes cada da ms racistas de importantes sectores de la sociedad francesa "europea", la combinacin resulta explosiva. En la seleccin de futbol de Francia hay siete jugadores de origen africano, y el pas se coron campen del mundo gracias a un jugador de origen argelino Zinedine Zidane, pero no hay un solo francs de origen africano en la Asamblea Nacional ni en el Senado, ni entre los presentadores de televisin. En Francia, el desempleo entre los graduados universitarios en general es de 5 por ciento, pero entre los graduados universitarios de origen magreb el desempleo asciende a 26.5 por ciento.

Con estos datos en mente, una segunda sorpresa es que en los violentos disturbios de estos das no participe el grueso de los habitantes de los barrios pobres de la migracin. Pero, como seal en un comunicado la organizacin humanitaria SOS Racisme, los actos de violencia son protagonizados por una minora "siempre bien colocada ante las cmaras", en tanto que la mayora "prefiere hacer valer sus derechos en calma y en dignidad". Para el sensacionalismo de los medios informativos franceses, anota el organismo, es oportuno presentar los hechos como "una guerra civil" o una "intifada de los suburbios", con lo que se ahondan las fobias y los desencuentros.

Los acontecimientos de estos das han hecho evidentes dos cosas: por un lado, el gobierno francs carece de una idea clara de cmo enfrentar la crisis, y por el otro el conjunto del mundo rico y desarrollado el que concibi, gest e impuso este desorden global injusto y polarizado, generador de migraciones est minado por conflictos en potencia como el que ahora sacude a Francia.



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