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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2017

Caminos hacia la salud de nuestros pueblos

Orlando Nez Pea
Prensa Rural


En el marco de la implementacin de los acuerdos de paz y ante el incumplimiento de los consensos generados entre el gobierno nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejrcito del Pueblo (FARC-EP), se gener un espacio de solidaridad desde los distintos movimientos sociales en apoyo a la grave situacin en la que se encuentran las distintas zonas veredales donde se realiza el proceso de reincorporacin a la vida civil de guerrilleros y guerrilleras. Ante este escenario nace este relato que hoy escribo y comparto con ustedes. Quiero poder, si me lo permiten, transportarlos a la realidad que all se vive. S, en una zona veredal, ese espacio que se suma a la Colombia olvidada, pero un territorio en el que da a da se renace con la fuerza avasallante de hombres y mujeres que cuidan y engalanan la hermosa flor de la paz.

El comienzo: Bogot, 3 am, iniciamos el recorrido

Poco a poco, a nuestras espaldas, va desapareciendo esa gran mole de asfalto y cemento por la que deambulamos a diario. Ese espacio fsico atiborrado y trajinado que dejamos atrs por un tiempo. Cuarenta ciudadanos convencidos en la transformacin de nuestras realidades, viajamos en un bus ya viejo y achacado por tanto camino que hoy suma un recorrido ms a su historia. Sentimiento comn: la alegra; anhelo comn: seguir sumando kilmetros en esta construccin de paz en la que nos embarcamos.

Tras una hora de recorrido, el anterior escenario es ahora reemplazado por un gran tapete verde. Aqu ya no hay asfalto, no hay grandes edificaciones que logren resguardarnos de este sol que se muestra tan imponente. Entrado el amanecer cambian los sonidos. Los pitos de los carros y la algaraba de vendedores ambulantes son reemplazados por el agite de nuestra respiracin tras varias horas ya de camino. En esta tierra maravillosa que nos da la bienvenida, nos acoge el sonido del viento y el canto de algn ave que pasa sobre nuestras cabezas; es melodiosa esta combinacin durante nuestro trayecto. Llegamos al cruce del Ro Ariari. Inmenso y sereno se presenta ante nosotros como presagio de paz, la paz con la que habramos de encontrarnos ms adelante. A medida que avanzamos se haca tosco y abrupto nuestro andar, nos adentrbamos en el corazn de la serrana.

Primera parada

Siete horas de camino y llegamos a Vista Hermosa, imagnenlo s, as es, hace honor a su nombre. En medio de su esplendoroso terreno fue plantado un casco urbano tranquilo y alegre. No hay mejor bienvenida que su exquisito men, una escultura culinaria, de las ms increbles manos campesinas, acompaado de la exquisita calidez humana de sus habitantes. Lo sentamos en cada saludo a estos extraos que se posaban sobre su tierra. Una pausa, y vea en retrospectiva los rostros emocionados de cada uno de los participantes de esta aventura por la paz. Cada uno muy distinto en su ser, con intereses variados, particularidades, pero transversal a todos, el espritu y anhelo por una Colombia mejor.

Se desgasta la llanura y su inmensidad, el terreno boscoso se incrusta al borde de la carretera. En la distancia se observan hogares campesinos- olvidados, abandonados-, veo rostros sobre la ventana que han sobrevivido gracias al empuje de estos colombianos guerreros. Los nios se postran sobre el camino y con sus pequeas manos nos saludan alegremente. Es imposible no conmoverse con su alegra, sern ellos los que construirn esta patria digna, la que hemos soado siempre, la patria que so Bolvar.

Segunda parada: Pialito

Dos horas ms delante de nuestra ltima parada encontramos un silencio desgarrador. Paredes llenas de historias, rastros evidentes de la guerra, relatos oscuros de vidas que se fueron quiz por el simple hecho de amar a su tierra, su familia y su ideal. Por cada paso que doy, reinvento cada una de esas historias que necesitan de una verdad, se necesitan responsables y su debida reparacin.

Entre ms nos adentramos en el casero se hace inevitable conmoverse por los relatos que all se dieron. Es en ese lugar donde el paramilitarismo acribill la humanidad de esta poblacin, apag las sonrisas y entra un miedo profundo en cada uno de sus habitantes. Guardo por siempre la esperanza de que estas voces aqu silenciadas algn da recuperen sus cualidades y relaten, porque est prohibido olvidar aquellos sucesos que anhelamos no vuelvan a ocurrir.

Al cruzar el puente dejo atrs la melancola y consigo poner en mis pasos ms nimo, pues nos espera, sin duda alguna, un futuro distinto. Transitamos en su totalidad el abandono del Estado, paso a paso, metro por metro, me surgen entonces ms y ms preguntas; la ms importante: hasta cundo el olvido por nuestra gente ser poltica gubernamental?... hasta cundo?

ltima parada: La Cooperativa

Luego de 2 horas ms desde Pialito, despierto dentro de nuestro desgastado bus. Termin este trayecto, se dibujan entonces los rostros esperanzados de los luchadores que se enrutaron conmigo. Al aterrizar mis pies sobre la tierra gredosa, diviso al fondo una gran multitud, militares y policas. Tambin veo habitantes de este casero que con determinacin han decidido acompaar esta travesa. Inicia una marcha que rodea calurosamente la anhelada paz, el peso de cada paso acorta cada metro hacia nuestro destino. La voz de cada ciudadano que acompaa la maravilla de la paz retumba sobre las piedras del camino. Hemos llegado al encuentro con quienes siempre nos han querido acompaar, lo logramos. Veinte minutos ms tarde (an con la carga a las espaldas), las banderas ondean con honor al fondo del paisaje. Los rostros se entrecruzan con expectativa, las palabras no se hacen esperar y en medio de la lluvia poderosa se refresca nuestra llegada. Veo hombres y mujeres libres, valientes, orgullosos de su lucha, veo el pueblo digno acompaando este trnsito hacia el nuevo tiempo, hacia una nueva era.

Llegamos

Cruzando un camino enlodado, atravesando los surcos de lo que habr de ser un sembrado, encontramos una rancha con madera vieja. Es el lugar de recibimiento de las delegaciones que vienen al servicio. Est adecuado con esfuerzo y dedicacin, hay un pequeo almacenamiento, una improvisada cocina acompaada por un tanque de agua (las condiciones de higiene ms pauprrimas que podran existir), en la parte posterior un espacio acondicionado para los actos culturales. En medio de tanta humildad vemos la ingeniosa decoracin folclrica, bombas y serpentinas presagiaban un acalorado encuentro entre los forneos y la guerrillerada. Luego del recibimiento y la instalacin, nos encontramos para afrontar la realidad, un choque de frente. La comunidad y la guerrillerada se acercan a nuestro improvisado puesto de atencin -madera de la zona, plstico negro, cerramiento de telas blancas-, estilo simple y poco acabado, pero atestado de amor y dedicacin por lo que all adentro habra de suceder. Ubicamos las escasas mesas y sillas que all se encontraban. Organizamos nuestro espacio de manera tal que brindara un poco de dignidad a los que all habran de ingresar.

Entre ingresos y salidas se acumulan los relatos de palabras y heridas que marcaron la vieja historia. Las cicatrices evidentes y no evidentes, nos transportan a tiempos de antao donde la tranquilidad no era una opcin (agradezco cada segundo que vivimos en nuestro pas lejos de la guerra). Asistimos lo posible, lo que estaba en manos nuestras resolver. A medida que pas el tiempo surgieron ms y ms carencias frente a nuestro limitado accionar. La frustracin apareca al no poder resolver de fondo lo que la salud debera solucionar desde todos sus componentes. Fue ah en donde ms flaqueaba nuestro espritu, pero apareca esa sonrisa hermosa y clida de cada uno de estos seres humanos que al igual que usted y yo, o las grandes mayoras, padecen el ms terrible de los males existentes: el olvido, la desidia y la opresin.

Continuamos: Si de algo sirve

A pesar de lo extenuante, seguimos con fuerza en nuestra tarea. Se organizaron los grupos, las presentaciones y los actos culturales. Frente a nuestro asentamiento cruzan una y otra vez hombres y mujeres que cambiaron su uniforme camuflado por trajes tpicos de las regiones, esbozando culturas y roles distintos al de la guerra. Cunta alegra me da verlos, vamos por buen camino hacia la paz.

Nos fue imposible asistir a los actos culturales, pues nuestra tarea era inmensa. S era mi mente la que de vez en cuando se transportaba a aquel lugar. Tras el eco del aplauso, saba que haba un gran espectculo digno de cualquier teatro del mundo. Senta envidia de no poder asistir, pero pensaba en que no sera la nica vez que se presenten, estamos viviendo la paz, es real, estoy despierto.

Cae la noche y la guerrillerada se desplaza a su campamento. ste no hace honor a lo pactado, incumplieron, el gobierno brilla por su ausencia. Nos separamos en espacio, pero en el aire flota el espritu rebelde y flameante que nos une, ese espritu por cambiar nuestro pas.

De madrugada reiniciamos la labor. Se aglutinan las personas con sus particularidades, seguimos en el intento por surfear tantas dificultades, procurando apartarnos del precario sistema actual. El trabajo mancomunado nos deriva hacia un hacer ms completo, pero an insuficiente. Luego de ver los rastros de la guerra incrustados en sus cuerpos y mentes, queda un sabor amargo frente a lo que debe ser y lo que en realidad es la salud para nuestros pueblos. Falta tanto por hacer.

Mientras algunos compaeros se dedicaban a realizar la labor asistencial, otros tomamos nuestros elementos de recoleccin de informacin e iniciamos un dilogo de saberes con el objetivo de evaluar la situacin de salud colectiva desde la mirada de los actores principales. Bajo la sombra de un rbol, acompaados por enfermeros y mdicos de las FARC-EP, conversamos durante horas evaluando la situacin. Era notoria la precariedad, sin embargo, en ellos irradiaba los claros deseos por contribuir al bienestar, no solo de sus camaradas, sino de la poblacin en general. Cuan merecida es la oportunidad para cada uno de estos guerreros de la salud. Su vinculacin a la vida civil deber tener en cuenta sus conocimientos y deber procurar porque cada uno de ellos desde su quehacer pueda seguir construyendo la Colombia nueva, esa que sin lugar a dudas, sera imposible concebir sin su ayuda.

Partimos: Al partir

Nos lleg la hora de partir, se nos acab este hermoso tramo. Quedarn en m los recuerdos de tanta gente maravillosa. Las imgenes de tantos actos de cario y aprecio por nuestro trabajo, de tanto amor y entrega por el otro. Dentro de m se despeja cualquier duda sobre la humanidad que cierne a estos hombres y mujeres que luchan por una sociedad distinta. Somos una misma causa y un solo corazn que busca desesperadamente construir una nueva oportunidad para Colombia. Llega el final por esta vez, en este territorio, pero seguimos adelante buscando en cada rincn del pas. Seguimos buscando a estos hroes que sin lugar a duda nos dan una enseanza de lucha y conviccin. Nos dan leccin sobre cmo cambiar el mundo. Nos dan maestra en cmo cambiar nuestra realidad, en cmo transformar la vida para enaltecer la dignidad de este pueblo maravilloso que lo merece.


Orlando Nez Pea, Fonoaudilogo. Universidad Nacional de Colombia. Corporacin para la investigacin y la transformacin social Abran La Puerta

Edicin: Jorge Crdenas y Juan Manuel Rueda (Edicin final: Prensa Rural)

Fuente original: http://prensarural.org/spip/spip.php?article21163




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