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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2017

Transicin sin manual de procedimientos

Lenier Gonzlez Mederos
Cuba Posible


Las cosas no han sido como deban ser. O, al menos, como los expertos pronosticaron que iban a ser. La mayora de los narradores de la transicin en Cuba concibieron el inicio de tal proceso a partir de la muerte de Fidel Castro. Casi siempre el deceso del Comandante guerrillero vena asociado a un proceso de fractura dentro de la lite de poder cubana. La transicin deba partir de X y arribar a Y; para ser legtima deba incluir a un grupo muy claro de actores sociales y polticos; deba hacer avanzar al pas hacia una economa de mercado y un sistema multipartidista; el arribo al escenario anterior dara por consumada la reconciliacin nacional y, entonces, Estados Unidos podra levantar el dispositivo de sanciones contra la Isla. La ms pintoresca de todas estas novelas de la transicin fue aquella que, a inicios de los aos 2000, tras una hipottica muerte de Fidel, pona al general Ramn Espinosa Martn (en aquel entonces al frente del Ejrcito Oriental) dialogando en secreto y pactando con Estados Unidos un ajuste poltico en la Isla y poniendo a los tanques orientales camino a la capital de la Repblica.

No han faltado tampoco, dentro y fuera de la Isla, quienes imaginaron el cambio como un calco de lo ocurrido en Chile o en Espaa. De hecho, han sido esos los dos procesos transicionales ms estudiados y vinculados a un anlisis comparado con el caso cubano. A tal punto llegaron las comparaciones que el propio ex-presidente Fidel Castro, en una cena ofrecida en el Palacio de la Revolucin en honor de Abel Matutes (en aquel entonces ministro de Relaciones Exteriores de Jos Mara Aznar, presente en La Habana junto a una delegacin de alto nivel de empresarios y polticos espaoles) lleg a decir a todos los presentes, casi al final del convite, que seguramente en esa misma sala estaba cenando junto a ellos el Adolfo Surez cubano. Me cuenta uno de los presentes que el chiste de Fidel caus risas atronadoras por parte de los espaoles, y un silencio sepulcral por parte de los cubanos.

Uno de los esfuerzos ms importantes pro-transicin (hacia el capitalismo) de finales de los aos 90 e inicio de los 2000 trat de vincular dicho proceso con una agenda de reconciliacin nacional. Precisamente en esa dcada ven la luz importantes reflexiones intelectuales (dentro y fuera de la Isla) que intentan narrar, desde perspectivas polarizadas, el conflicto armado acaecido en la Isla entre los aos 1960 y 1965. Desde el bando de los vencidos (sectores polticos del exilio cubanoamericano y de la Iglesia Catlica), provino la construccin de un relato de reconciliacin nacional que implic realizar lecturas del pasado y del presente cubano, para desde all poder mirar al futuro. Un acercamiento al fenmeno, desde toda su complejidad, requiere reconocer, al menos, dos elementos centrales: a) por un lado, la disposicin sincera y legtima de personas concretas de asumir la va del dilogo, el encuentro y el consenso como un camino para reconstruir sus relaciones personales y polticas con su Patria (con el Gobierno cubano incluido) y, por otro, 2) asumir que la narrativa de la reconciliacin nacional fue tambin, en la prctica, parte orgnica de un proyecto mayor: la aspiracin de sectores del exilio cubanoamericano y de algunos poderes atlnticos de una re-construccin post-comunista y post-castrista de la Repblica de Cuba, desde las coordenadas del neoliberalismo en boga de los 90.

Sin embargo, la llegada de Ral Castro al poder, con su agenda reformista en materia econmica y a favor de normalizar las relaciones con Estados Unidos, modific la hoja de ruta reconciliadora. En la prctica, la lucha por la consolidacin del restablecimiento de relaciones entre la Isla y Estados Unidos, se convirti (ms all de la voluntad explcita del Gobierno cubano) en una meta concreta reconciliadora y aglutinante para actores sociales y polticos ideolgicamente diversos y dispuestos al dilogo, el encuentro y el consenso; en Cuba y en el exilio. Aunque la reconciliacin entre cubanos nunca estuvo en la agenda del gobierno de la Isla mientras duraron las negociaciones entre ambos pases, la vida impulso dinmicas relacionales entre personas de ambas orillas, que facilit sinergias de entendimiento y cooperacin desde las diferencias.

Transicin en el socialismo, lo han llamado recientemente los intelectuales criollos desde las pginas de la revista Temas (las propuestas ms slidas de transicin en el socialismo las hicieron los intelectuales aglutinados en el Centro de Estudios de Amrica CEA); transicin a la democracia afirman los adversarios polticos de La Habana; actualizacin del modelo social cubano, dice el Gobierno insular. A la altura del mes de marzo del ao 2017, tras el fallecimiento del ex-presidente y Comandante Fidel Castro, y del casi seguro retiro (dentro de un ao) de su hermano Ral Castro, el pas est abocado a acometer sustanciales transformaciones, a institucionalizar un verdadero cambio de poca. La vida lo impone.

Qu sabemos de las intenciones del Gobierno cubano de cara al 2018? Pues sabemos que en el futuro tendr lugar en el pas una reforma constitucional (pero no tenemos idea de cmo ser dicho proceso, ni cmo podr participar (o no) la sociedad civil). Sabemos que el Gobierno avanza hacia algo parecido a una reforma poltica, donde la dinmica parlamentaria ser transformada en varios sentidos: a) tendremos menos diputados (actualmente son 612 y el hemiciclo de la Cmara de Representantes, donde sesionar la nueva Asamblea, en el Capitolio nacional, tiene menos de 200 escaos), b) se aspira a un parlamento ms plural (aqu no sabra decir qu podra entender el Gobierno cubano por ms plural) y c) se aspira a una profesionalizacin del quehacer de los diputados. Se ha dicho pblicamente que tendremos una nueva Ley Electoral, de la cual solo conocemos que los mandatos, en todos los niveles del Estado, han sido limitados a dos perodos de cinco aos cada uno. Tambin tenemos noticias de que se quiere avanzar, en todo el territorio nacional, hacia una descentralizacin efectiva de la dinmica sociopoltica y econmica de los municipios cubanos (esto ltimo constituye un viejo sueo de la Segunda Repblica, consagrado incluso en la Constitucin del 40; y, adems, existe un experimento al respecto en las provincias de Artemisa y Mayabeque). Sabemos que el presidente Ral Castro quiere retirarse el 24 de febrero de 2018 (algunos opinan que se quedar como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba), y que Miguel Daz-Canel Bermdez es la persona designada para sustituirlo al frente de los Consejos de Estado y de Ministros. Estas cosas que sabemos, funcionan al modo de pequeas luces que parpadean envueltas de una densa niebla; que solo nos permite un conocimiento fragmentario de la orientacin y la profundidad de las intenciones del Gobierno cubano.

Sabemos que el contexto donde deben ocurrir dichos cambios trascendentales es el peor de los ltimos 15 aos: a) la crisis venezolana, asociada a los bajos precios del petrleo, ha puesto en jaque el crecimiento del PIB cubano, b) Cuba ha perdido a sus principales aliados polticos en Amrica Latina, producto de la ofensiva de las derechas en el hemisferio, c) en medio de la crisis econmica, y producto de la renegociacin de la deuda externa con el Club de Pars, Mxico, Japn, etc., hemos tenido que comenzar a pagar cuantiosas sumas de divisas a nuestros acreedores internacionales, d) el triunfo electoral de Donald Trump ha estremecido al mundo e impactar, inexorablemente, sobre el proceso de normalizacin de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, e) el dispositivo del embargo/bloqueo volver a ser utilizado como cabeza de lanza por sectores polticos cubanoamericanos en su afn de aplastar al rgimen cubano, f) los sectores anti-embargo (en Miami y Washington) parecen aturdidos y dispersos ante la nueva coyuntura y g) el cansancio parece ser el signo distintivo en sectores importantes de la ciudadana en la Isla (sobre todo entre los ms jvenes).

Qu elementos (de sentido comn) deben estar siendo valorados internamente por el Gobierno cubano (y que no aparecen explicitados en su discurso pblico)? Sea quien sea el que asuma el liderazgo poltico de Cuba despus de Ral Castro, y desee afianzarse efectivamente en el silln de la hegemona (como dira mi buen amigo Vctor Fowler), deber afrontar cuestiones ineludibles de cara al futuro. En manos de esa persona (incluso dando por hecho que podramos tener un liderazgo ms colegiado), quedar el desafo de destrabar el nudo gordiano de la reforma econmica cubana: la dualidad monetaria, con sus implicaciones en materia de estabilidad econmica y social. Tendr que decidir cmo redimensionar la gran empresa estatal socialista, y deber esbozar los marcos de una nueva estrategia de insercin internacional para Cuba (tanto para el sector pblico como para el privado). Deber lograr cifras de inversin extranjera directa (IED) por encima de 2,000 o 2,500 millones de dlares anuales para garantizar un crecimiento del PIB del 5 al 7 por ciento cada ao. Y deber hacer lo anterior a la vez que guarde el equilibrio poltico necesario para no ceder en demasa cuotas de soberana nacional, ni ceder un milmetro ante los potenciales reclamos de desmantelar los servicios de cobertura universal conquistados por la nacin cubana. Deber edificar un complejsimo liderazgo sobre las Fuerzas Armadas Revolucionarias, los rganos de la Seguridad del Estado, el PCC y sobre una sociedad cada vez ms transnacionalizada y plural. A la vez que reconstruya el consenso poltico en el pas, tendr que lidiar con la incapacidad del PCC para, sobre la base de un nacionalismo de matriz abierta, convertirse en una fuerza centrpeta que aglutine bajo su armadura institucional un sistema de tendencias polticas comprometidas con la soberana nacional, el desarrollo econmico, la justicia social y una democratizacin poltica a la cubana. Deber lidiar con los poderes norteamericanos (con los poderes blandos y con los poderes duros). Deber abrir vas de dilogo y cooperacin con las disporas cubanas, sobre todo las afincadas en Estados Unidos; y lidiar con el ADN poltico diferenciado de las lites empresariales de la dispora floridana. No menos trascendente ser el acomodamiento que deber tener lugar con relacin a los actores sociales y polticos cubanos, su acceso a la esfera pblica, y su interaccin con el sistema poltico (la trada Ley de Asociaciones-Ley de Prensa-Ley Electoral, esenciales para destrabar (o no) el rompecabezas social cubano).

Todo lo anterior habla, a fin de cuentas, de la necesidad de articular unos marcos de libertad adecuados para que los cubanos construyan el pas que deseen habitar en el siglo XXI. Los escenarios que estamos por vivir sern el resultado de los dinamismos presentes en la sociedad cubana, de la correlacin de fuerzas en la arena internacional y su incidencia sobre la Isla, y de la visin estratgica por parte de nuestro gobierno. Tiene el liderazgo cubano un plan que integre estas tres dimensiones (la social, la internacional y la gobernativa) de cara a las dinmicas transicionales que viviremos irremediablemente? Seguramente s. Lo que resulta muy probable es que el presidente Ral Castro, como viejo jesuita conspirador, haya compartimentado y fragmentado su plan al modo de un rompecabezas. Puede que el resultado del mismo sea para unos un cambio real, y para otros, no lo sea. Ojal que la vida nos sorprenda.

Fuente: http://cubaposible.com/transicion-sin-manual-procedimientos/



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