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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2017

Una marca de clase

Revista Insurreccin


La oscura noche del paramilitarismo y el narcotrfico que se hicieron evidentes como prcticas constantes de polticos, empresarios y comerciantes, cuya mxima expresin llego a la cspide durante los 8 aos de gobierno de lvaro Uribe Vlez, le demostraron a la Colombia de las mayoras, que la clase en el poder recurre de manera histrica a la ms rampante ilegalidad con tal de mantenerse en el poder como lo hizo cuando asesin a Gaitn e impuso luego el mal llamado Frente Nacional que declar ilegal a la oposicin poltica cuando comenzaba la dcada de los aos 60s del siglo pasado.

Cuando tal ilegalidad baaba de sangre a la Colombia humilde en los campos y barrios pobres de las ciudades, muchos dirigentes y defensores de Derechos Humanos tomaron partido a favor de quienes moran por millares a manos de los agentes estatales y paraestatales, pero tambin pagaron con su vida, con la crcel, la desaparicin o el exilio.

El teln de fondo de todo este accionar criminal, estaba justificado en acabar con la rebelda insurgente, que ha contado con el respaldo popular y por ello destruir ese respaldo justificaba el bao de sangre y dems violencia.

Cuando la situacin del pas no aguantaba ms y la presin internacional exiga salir de tal situacin, apareci la mano bondadosa del presidente Uribe, que al igual que sus antecesores en los aos 50, legaliz a ms de 30 mil paramilitares extendiendo as un manto de impunidad para los autores intelectuales y materiales de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas, polticos, empresarios, comerciantes y de l mismo y buena parte de sus familiares.

Pero todo ello no era suficiente, la oligarqua buscaba alejarse ms de esta conducta criminal de su propia clase, y plantea desmovilizar a las guerrillas que considera debilitadas luego de la gigantesca ofensiva de los 10 aos anteriores. Aparece entonces el Liderazgo de Juan Manuel Santos, exministro de defensa del gobierno Uribe quien paradjicamente compitiendo con el candidato del uribismo scar Ivn Zuluaga se hace, por segunda vez, a la presidencia de Colombia en 2014.

Santos asume la presidencia en 2008 anuncindole al pas y a la insurgencia, que tiene en su bolsillo la llave de la paz.

En efecto el gobierno Santos inicia dilogos con las FARC primero y con el ELN despus de finalizando su primer mandato, logrando hacer acuerdos con las FARC que estn llevando hoy a su legalizacin para convertirse en partido poltico, aunque aparecen graves dificultades para implementarlos y los coloca en vilo. Esto es particularmente grave para las FARC si se tiene en cuenta que ya estn en las llamadas Zonas Veredales Transitorias de Normalizacin e iniciando la dejacin de armas.

Tanto en el revs del plebiscito como en el momento en que el Congreso no aprueba tales acuerdos, ni lo hace la Corte Constitucional, influye bastante la extrema derecha encabezada por Uribe que se ha opuesto a ellos, sumada a la improvisacin del gobierno en la implementacin de tales acuerdos.

Cuando el pas asiste a esta compleja realidad en el proceso de paz con las FARC y cuando recin se abre la fase pblica del proceso de paz Gobierno - ELN, una nueva tormenta sacude la clase poltica colombiana debido a los altsimos niveles de corrupcin y descomposicin de sus instituciones; evidentes en la existencia de un gigantesco carrusel de sobornos en la contratacin de obras pblicas y la amaada contienda electoral ya que gran parte de la financiacin de las campaas para la presidencia del Uribismo, como las del actual presidente Santos se hicieron con dineros ilegales entregados por la empresa brasilea Odebrecht.

Ante esta difcil realidad que enfrenta la gobernabilidad de Colombia, cuando la marca del paramilitarismo, el narcotrfico y la corrupcin son hoy inseparables de la clase gobernante, nos preocupa la falta de garantas para la marcha exitosa de los procesos de paz. En ese sentido hacemos un llamado a la sociedad colombiana a rodear el proceso, participar activamente y convertirse en la ms alta garanta para el cumplimiento de lo acordado.

Fuente original: Revista Insurreccin




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