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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2017

Miedo ante los esbirros de Trump

Mikel Arizaleta
Rebelin


Un da te descubren un cncer avanzado y te dan meses de vida, otro da hay unas elecciones y tu vida cambia por completo. Es lo que me ha llamado la atencin leyendo el reportaje en Der Spiegel del 14 de marzo del 2017 de Veit Medick und Marc Pitzke desde Los ngeles:

Llora un hombre al colocarle dos funcionarios las esposas. Vuelve la mirada por ltima vez, indefenso, hacia la cmara del mvil en marcha. Un ltimo empujn y se lo llevan en coche. El mejicano Rmulo Avelica Gonzlez, un refugiado indocumentado, vive desde hace 25 aos en Los ngeles sin ser molestado hasta el da de hoy. Pero hoy, cuando este padre de cuatro hijos, llevaba a sus dos hijas a la escuela los agentes de la autoridad de fronteras, Immigration and Customs Enforcement (ICE), le han detenido en presencia de su familia.

Ftima, su hija de 13 aos, graba la escena desde el asiento de atrs del coche a travs del cristal del parabrisas, en donde cuelga un rosario. No llores, le dice su madre en espaol, tenemos que mostrarnos fuertes.

Es algo que est ocurriendo a diario en Los ngeles. Alrededor de un milln de migrantes de Sur y Centroamrica viven por aqu sin papeles, ms que en cualquier otra metrpolis de USA. Y hasta ahora se han sentido relativamente seguros.

Pero ahora Donald Trump, mediante decreto, ha otorgado ms poder a la autoridad de fronteras, y no quiere reparo ni titubeo alguno a la hora de hacer cumplir las leyes: donde antes se haca la vista gorda ahora se deporta. Se estn resquebrajando muchas familias latinoamericanas. Si bien en teora las medidas debieran afectar slo a criminales inveterados, la realidad es que en sus redes caen muchos como Avelica Gonzlez, que es expulsado por un delito de trfico de hace 10 aos.

Y sobre todo queda en el aire el destino de unos 900.000 soadores (Dreamers), que llegaron con sus padres a USA siendo menores de edad y bajo Obama disfrutaron de proteccin especial. Desde la victoria de Trump florece la angustia entre los migrantes. Muchos se esconden, no se atreven a salir a la calle, ni al supermercado ni, tampoco, a ir al trabajo.

A Karen Zapien la encontramos sentada en un caf del Huntington Park en el sur de Los Angeles. Tras hablar durante una hora larga nos muestra una tarjeta blanca, en cuyo borde superior hay una banda roja, tarjeta que siempre lleva consigo. Se trata del permiso de trabajo extendido por los Estados Unidos de Amrica. Zapien observa con nostalgia esta tarjeta plastificada, que durante tiempo ha representado su seguro de vida en USA. Pero ahora cul es su valor?, se pregunta cada da. Esta soadora tiene 24 aos, con un ao sus padres la empaquetaron desde Mjico con amigos a USA. Desde entonces vive en Los ngeles, en su familia nadie tiene pasaporte, pero Zapien es una americana de los pies a la cabeza. Hihghschool, Disneyland, cargos honorficos y msica pop. Una pronunciacin perfecta y desde hace tres aos estudia en la Universidad economa de la empresa, suea con una carrera como interventora, pero de momento vive una pesadilla, el terreno que pisa es inseguro.

Todos sentimos miedo. Hace tan slo dos das el to de su mejor amiga fue detenido y espera su deportacin, en los alrededores todos los das hay razzias. Aqu tres de cada cuatros habitantes son latinoamericanos. Cualquier destello de luz azul produce pnico. Antes participaba alegre y contenta en grandes manifestaciones y pequeas protestas, en partys y eventos. Hoy tengo miedo de que me sealen.

Zapien es un ejemplo de la gran inseguridad reinante, no se sabe a ciencia cierta hasta dnde est dispuesto Trump. Gente, que siempre ha vivido aqu, de pronto se sienten extraa en su tierra, se siente observada, rechazada. Siempre hubo prejuicios contra los refugiados, comenta Zapien, pero jams eran representantes de la poltica oficial.

No es una nia, entiende que muchos Americanos estn disconformes con las actuales reglas sobre la emigracin, tambin ella considera necesaria una reforma, pero siempre pens que USA era un pas de posibilidades, una sensacin que ya no lo tengo.

Y como ella son muchos los jvenes inmigrantes que padecen un conflicto identitario, que se preguntan qu son, cul es su pas, que sienten angustia ante su futuro, que no saben en quin confiar. Son muchos los que preguntan a sus padres si fue acertado emigrar a USA y qu hubiera pasado de permanecer en su pas de origen.

Zapien confa que Trump proteja y ampare su status de soadora, no est todava del todo claro el programa de actuacin del actual presidente en este campo. Pero sus padres se hallan indefensos, sumergidos en la duda, los dos trabajan, su padre de carpintero, su madre de vendedora de ropa. Nunca tuvieron problemas o conflictos legales, pero si se toma en serio lo dicho por Trump se romper su familia. Y en ese escenario de horror, qu hacer?

Betty vive desde hace 30 aos en Los ngeles con 3 hijos, una hija es americana, otra tiene la Greencard (permiso de residencia y trabajo), y su hijo, como ella, sigue indocumentado como dreamer. Como punto de encuentro elige un gran centro comercial, por los altavoces suena What a Wonderful World de Louis Armstrong. Betty, que anda por los 40 y pico, mira un poco por encima del hombro, no me fo de nadie, comenta. Calla su apellido por miedo. Y aunque lleva aos en USA habla spanglisch, su mundo ha transcurrido muy entre paredes latinas, despreocupada de la gramtica y tambin de las leyes de emigracin. Pero de pronto la cosa ha cambiado. Betty lleg a Amrica buscando una vida mejor y huyendo de la violencia diaria de su pas. Aqu me sent libre, comenta, por primera vez me sent segura. Trump gan y el mundo se vino abajo. Jams haba pensado en papeles: Nadie me dijo que contravena leyes. Trabaj de canguro, de mujer de la limpieza, de ama de llaves, durante la semana en Los ngeles, fines de semana en Las Vegas 4 horas de ida, 4 de vuelta, pagaba impuestos por sus ingresos sin tener que presentar su estatus de migrante. Y slo tras una operacin de cncer Betty fue consciente de su situacin, del de sus hijas y del de su hijo. Se ech en cara no haberse preocupado por legalizar la situacin de su familia, fui muy egosta, y se comprometi por la situacin de los dreamers y por los dems.

La lucha conjunta por los derechos de los migrantes le sac a Betty de su aislamiento, me dio fuerza y coraje el sentirme protegida por mi gente. Particip en manifestaciones, sentadas, una vez incluso fue detenida. En el 2012 Obama concedi a los dreamers proteccin ante la expulsin. Luego lleg la victoria de Trump, y todo cambi. Betty recuerda cmo se derrumb entre lgrimas: Quin es la persona de nuestra casa que corre ms peligro? Yo.

Hace poco los agentes de fronteras en una gran redada en Los ngeles han detenido a 161 refugiados indocumentados. La mayor parte criminales condenados, dicen las autoridades, y a continuacin aadan una lista de delitos, desde brutalidad contra nios, drogas, hasta borracheras conduciendo y daos materiales.

La mayor parte son bobadas, tonteras, dice Betty, que conoce a algunos de los acusados. Desde entonces ella deambula en un mudo que se mueve entre la incertidumbre, el miedo y el despecho. Conduce el coche con sumo cuidado, evita cualquier toque de atencin, en especial las autopistas, en las que a menudo hay controles. No quiere esconderse, pero mucho menos regresar a su pas de origen, porque Amrica es mi pas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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