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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2017

Autocrticas feministas y movimientos antisistmicos

Ral Zibechi
La Jornada


La vitalidad  de un movimiento, como la de cualquier ser vivo, se puede palpar en su capacidad para cambiar, modificar el rumbo, ejercer la crtica y la autocrtica, algo tan olvidado por las viejas izquierdas. Una caracterstica de lo avejentado es la repeticin, la inercia y la incapacidad de moverse del lugar elegido.

Este 8 de marzo nos ha deparado enormes movilizaciones, que son la doble consecuencia de la violencia sistmica contra las mujeres y de la persistencia de los movimientos feministas que no se arrugan a la hora de ir contra la corriente, an siendo pocas en cada movilizacin. Ms de 200 mil manifestantes en Montevideo, ciudad que cuenta con poco ms de un milln de habitantes, habla de la extensin notable del movimiento que, para llegar a esa cifra, realiz decenas de actividades y concentraciones pequeas en los ltimos aos.

Uno de los hechos ms notables fue la difusin de un documento titulado Algunas reflexiones sobre metodologas feministas, emitido por un conjunto de referentes y organizaciones que se reivindican del feminismo descolonial. No tengo la menor intencin de inmiscuirme en los asuntos internos del movimiento, slo pretendo destacar lo que los varones antipatriarcales y los movimientos antisistmicos podemos aprender de un texto que, en su subttulo, anuncia: a propsito del llamado a un paro internacional de mujeres para el 8 de marzo (goo.gl/rpqvH8).

El documento destaca que los espacios de mujer estn haciendo un ejercicio de autocrtica al reconocer su raz eurocntrica, las limitaciones de sus agendas y lo problemtico de sus estrategias cuando entran en contacto con esos otros mundos que existen en nuestro continente. En suma, los mundos negros, indios y mestizos.

El eje del texto gira en torno a los mtodos de lucha, destacando que ellos dicen mucho sobre las bases en que se asienta un movimiento social y tienen adems la capacidad de regular los mundos. La crtica/autocrtica gira en torno al llamado a realizar un paro del pasado 8 de marzo. Vale la pena citar largo.

El paro de actividades ha sido una estrategia que surge dentro del contexto particular de la revolucin industrial y la lucha de la clase obrera europea. Un mtodo que logr legitimidad dentro del pacto entre clase obrera y burguesa en los aos del Estado de bienestar europeo. El paro como estrategia hace parte de una genealoga de resistencia dentro del mundo de lo humano, aquel constituido por el pleno desarrollo del sistema capitalista.

El texto nos remite a Frantz Fanon, al destacar la diferencia entre el mundo donde se respeta la humanidad de las personas y el mundo de los stanos, donde la vida humana no vale nada. Entonces, dice, el problema del paro surge cuando se intenta convertirlo en mtodo universal aplicable a cualquier experiencia histrica. Es evidente que las mujeres (y los varones) de ese mundo no pueden hacer paro, por eso cortan rutas, toman edificios, ocupan tierras.

El documento llama a pensar en las compaeras que no pueden parar, las que por necesidad vendern en la marcha, las que el da de huelga convocada estarn sembrando, cultivando o cocinando el alimento que comeremos las que ese da paramos. La lista sigue e incluye las formas de vida autogestionadas (tianguis por ejemplo), las trabajadoras del sexo, aquellas que junto a sus compaeros subalternos sern responsables de que el mundo siga girando y la vida siga siendo posible mientras nosotras paramos. El paro es una estrategia til, se preguntan, para las personas racializadas y subalternas, para las condenadas del mundo, para las lesbianas y trans antirracistas.

El texto es fuerte. Sobre todo cuando pone el dedo en temas delicados. Es interesante cmo determinados pases dentro del sur global, y dentro de Amrica Latina en particular, se convierten en referentes y vanguardias de la lucha feminista. Qu significa que nuestras luchas polticas sean definidas por un pequeo grupo de feministas blancas y blanco-mestizas privilegiadas asentadas en las capitales de los pases hegemnicos de la regin?.

Sin duda se refiere a nuestros pases, Buenos Aires en primer lugar, donde naci el Ni Una Menos, pero tambin Montevideo y otros donde predomina un feminismo radical, pero blanco y de clases medias. Es incmodo. Pero es una incomodidad necesaria, imprescindible para no convertirnos, un siglo despus, en algo similar a los dirigentes de la socialdemocracia alemana que termin traicionando al movimiento obrero.

Debo confesar que el documento me remiti directamente a la comunidad que me recibi cuando la escuelita zapatista, a los espacios de las mujeres negras desplazadas por la guerra en Colombia, a las vivencias de nasas y misak del Cauca, a las comunidades mapuche, a favelas como la Mar, en Ro de Janeiro, y tantos otros espacio-tiempos donde no rige la lgica en la que me eduqu y form polticamente. Es muy incmodo cuando una negra favelada o una indgena te reciben como si fueras un conquistador, un opresor blanco.

Sin embargo, creo que esa vivencia es parte de la formacin antisistmica, y no por algn empeo masoquista, sino porque es necesario sentir en el cuerpo y en el alma (Len Felipe), aunque sea una mnima parte de los dolores humanos que se sufren en el stano. Algo que no se puede siquiera palpar en la comodidad de la zona de lo humano, por volver a Fanon. En este punto, el documento de las feministas descoloniales provoca esa incomodidad imprescindible.

Desde los movimientos y el pensamiento crtico podemos hacer un esfuerzo por mirarnos en el espejo que nos colocan, sobre todo esa consigna final Que ni una sea menos! El texto citado puede rebatirse en cuando a su oportunidad e, incluso, en su contenido. Es parte del debate que procesan las mujeres en sus colectivos, y no nos corresponde a los varones entrar en esa polmica.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/03/17/opinion/020a1pol



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