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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-03-2017

La marcha a contracorriente del pensamiento crtico: comentarios desde Cuba

Zuleica Romay
La Tiza


[Ponencia presentada en el Coloquio a propsito de los cincuenta aos de la revista Pensamiento Crtico]

Todo espectador es un cobarde o un traidor

Franz Fanon


Como muchos de los que nacimos o comenzamos a ir a la escuela en los aos 60, he buscado con arqueolgica pasin cuanto testimonio o reflexin se ha publicado en Cuba sobre los conflictos y debates de nuestra segunda Dcada Crtica, que lo fue tambin para buena parte del mundo. Encuentro siempre inspiracin en las polmicas que sustentaron las ofensivas y repliegues de esa dcada, cuyo lmite histrico muchos fijan en 1968 y otros, desde Cuba, identificamos ms con el mtico fervor de 1970 y sus imposibles diez millones. Fueron aos de ascenso revolucionario, en que la accin poltica de los pueblos representados en sus obreros, estudiantes, mujeres, jvenes y grupos sociales marginados muchas veces rebas las posibilidades de la izquierda organizada para encabezar y radicalizar esos procesos.

Haba una crisis de liderazgo y hasta cierto punto de credibilidad de los partidos de la izquierda tradicional, incluidas las formaciones comunistas de Europa del Este; crisis que el socialismo real evidenciaba en la creciente burocratizacin del trabajo poltico y el progresivo aburguesamiento mental de sus clases industriosas que tanto preocuparon al Che. Se pag un alto precio por un ejercicio de convivencia poltica y coexistencia pacfica, que

[] de tanto respetar las estructuras del sistema econmicas, sociales, culturales y polticas se haba convertido en un mecanismo ms de ste, e incluso, en medida nada despreciable, en una de sus ms importantes vlvulas de seguridad.[1]

La sincrona de las transformaciones radicales desatadas por la Revolucin Cubana; el proceso de descolonizacin de frica; las primeras denuncias sobre la subversin cultural llevada a cabo por las elites de poder en EE.UU. y otras potencias neocoloniales, a travs de fundaciones, publicaciones peridicas, instituciones culturales y acadmicas; la escalada imperialista contra el pueblo vietnamita; y la creciente visibilidad de nuevas propuestas tericas anti capitalistas ya fuese el marxismo europeo occidental o la trasatlntica cooperacin intelectual del panafricanismo, dot de inditas dimensiones y texturas al debate que tena lugar en el seno de las fuerzas revolucionarias.

Como ha significado Graziella Pogolotti, Cuba se convirti en espacio propicio para todas las controversias que movilizaban a los partidos comunistas y los dirigentes de los movimientos de liberacin nacional [2]. Porque en ella la realidad social continuaba forzando los diques de las ciencias parceladas y las lecturas encartonadas del marxismo. La Filosofa, la Historia, la Economa, la Sociologa y la Ciencia Poltica tuvieron que ampliar sus cauces y desembocar en una amplia gama de saberes, que eran patrimonio cultural del campesino, ahora dueo de la tierra; de las mujeres, amnistiadas tras una milenaria condena patriarcal; de los estudiantes insurrectos contra el autoritarismo y de los obreros que se comportaban como dueos. Coincido con Fernando Martnez Heredia en que la marcha unida del espritu libertario y el poder revolucionario durante poco ms de una dcada, produjo efectos muy significativos en la cultura poltica de dos generaciones de cubanos [3].

Decenas de miles de brigadistas Conrado Bentez desfilaron por la antigua Plaza Cvica, en representacin de 300 mil alfabetizadores y activistas, para informar a Fidel el cumplimiento de la tarea asignada. La derrota de los mercenarios en Girn ampli la grieta de la hegemona imperial en Amrica Latina. Las tres maratnicas sesiones de la Biblioteca Nacional construyeron, sobre los sueos y las angustias de una poca, el consenso necesario para que la Revolucin lo trascendiera todo. El Che alentaba las bsquedas de un modelo de gestin empresarial libre de trampas capitalistas. Y el otro Guevara, desde el ICAIC, develaba las mltiples capas que puede tener la ideologa. El ejercicio de la poltica se expandi en cuanto espacio social poda albergar una asamblea; la gente se reuna sin otro propsito que leer, comentar o discutir; fundaba revistas y suplementos culturales; demandaba libros; sintonizaba la radio y, los que podan, la televisin para recibir las orientaciones de Fidel en vivo y en directo.

La revolucin es una prctica poltica trascendente de la teora que la precede y est obligada para ejercer la hegemona en el campo de las ideas y no solo de la accin poltica a construir su propia teora. El nacimiento de Pensamiento Crtico deba contribuir a la satisfaccin de esa necesidad. Una exigencia cuyas inslitas dimensiones fueron esbozadas, en lenguaje potico, por un combatiente revolucionario que ejerca con singular modestia la presidencia de la Repblica. Segn Osvaldo Dortics, aquellos jvenes deban incendiar el ocano [4], aunque no supieran todava cmo ni con qu.

En febrero de 1967, cuando sale a la calle el primer nmero, el promedio de edad del equipo fundador de Pensamiento Crtico era de 26 aos y medio. La joven Thala, con 32 aos, era la ms veterana y los 19 de Rostgaard le convertan en el ms bisoo del grupo. Pero no poda decirse que fueran primerizos pues los currculos de la mayora exhiban ya honrosos galardones: alfabetizadores, milicianos, macheteros, y graduados del curso emergente de profesores de Filosofa. Pero pertenecan, en primer lugar y sobre todas las cosas, a esa casta de trabajadores polticos que denominamos idelogos.

Ninguno de ellos tena algo que perder ni lamentaba demasiado haber carecido de edad u oportunidad para escalar la Sierra. Estaban persuadidos Fidel los convenci de que aquella era su trinchera desde que junto a l fundaran Ediciones Revolucionarias, la noche del 7 de diciembre de 1965. No haban olvidado que [] la revolucin puede hacerse si se interpreta correctamente la realidad histrica y se utilizan correctamente las fuerzas que intervienen en ella [],[5] por lo que estaban dispuestos, como propuso el Che, a construir una teora revolucionaria sobre la base de algunos conocimientos tericos y el conocimiento de la realidad [6].

Siendo tan jvenes, ya haban tenido algunos problemas ideolgicos, segn el inflexible parecer de compaeros responsables pero poco dialcticos. En enero de 1964 renunciaron a ensear con HISMAT y DIAMAT, los manuales cuya codificacin hoy nos recuerda ciertos jarabes difciles de tragar. En el periodo lectivo 19641965 ensayaron un curso experimental con textos de Marx, Engels, Fidel, el Che, Ho Chi Min, Gramsci y Jos Carlos Maritegui, el mismo a quien la Internacional Comunista haba tildado de revisionista en 1934. Entre marzo y abril de 1965, reprodujeron con un mimegrafo el discurso del Che en el Seminario Econmico de Solidaridad Afroasitica, celebrado en Argel y lo distribuyeron en la universidad, accin que les hizo merecer el calificativo de revisionistas de izquierda [7]. Para colmo, en 1966 uno de ellos particip en la fundacin de El Caimn Barbudo y otro se enzarz en una polmica con Lionel Soto, Flix de la Uz y Humberto Prez sobre la utilidad de emplear o no manuales en la enseanza del marxismo. Con tales antecedentes, resulta lgico que el artculo El ejercicio de pensar, escrito por Fernando Martnez Heredia en diciembre de 1966 y publicado en febrero del ao siguiente, en el nmero 11 de El Caimn Barbudo, fuera traducido por los soviticos para uso de sus altos funcionarios [9].

Desde la trinchera de la revista, se acrecentaron las posibilidades de cumplir el encargo de Fidel, quien los alienta con su presencia, su juicio crtico e implicacin personal en los proyectos ms importantes. Genera mucho compromiso el empleo que Fidel hace del Departamento de Filosofa, Ediciones Revolucionarias y Pensamiento Crtico como engranajes de una misma maquinaria que ha de aportar lo suyo a la construccin y difusin de la Ideologa de la Revolucin Cubana que el Che reclamara en 1960.

La sustitucin del curso de Filosofa Marxista por el de Historia del Pensamiento Marxista, no fue un pedante ajuste semntico, sino muestra de la voluntad de los miembros del Departamento de repensar y difundir una ciencia social que, partiendo de la Historia, empleara como brjula la prctica revolucionaria. La decisin estaba en sintona con la revista, en la cual Fidel y el Che fueron los autores ms publicados, mientras Carlos Fonseca Amador y Roque Dalton eran, adems de asiduos lectores, entusiastas colaboradores.

Estudios especficos merecen las sinergias e interinfluencias que establecieron la labor profesoral en el Departamento de Filosofa, la gestin editorial emprendida desde Ediciones R y el trabajo ideolgico a gran escala, empleando como instrumento una publicacin mensual que tuvo como promedio 218 pginas y, tras comenzar con una tirada de 4000 ejemplares, alcanz en pocos meses la cifra de 15 000. Hoy, en que los hbitos lectores de la poblacin cubana aconsejan tiradas mucho ms modestas, es ms fcil aquilatar el potencial subversivo de 15 000 ejemplares de radicales y heterodoxas ideas circulando entre la gente durante casi cinco aos.

Conviene no olvidar que el marxismo de manual se planteaba la lucha ideolgica solo como enfrentamiento inevitable y decisivo al sistema capitalista y sus formas materiales e ideales de reproduccin, tanto en la esfera internacional como al interior de cada sociedad. Las proyecciones heterodoxas sobre los derroteros del socialismo y las discrepancias con las estrategias sacralizadas en la plataforma programtica del PCUS, eran percibidas como revisionismo y no como estacin, tambin inevitable y necesaria, en el proceso de construccin de ideologas revolucionarias y estrategias de toma o preservacin del poder ajustadas a las acumulaciones, densidades y realidades de cada pas.

Uno de los captulos ms aleccionadores de la historia del socialismo es, precisamente, el de los ltimos aos de Lenin como conductor del naciente y acosado Estado sovitico y las formas en que evalu, negoci y dio respuesta a la apremiante disyuntiva de ahondar la democracia en el partido bolchevique permitiendo las facciones y las tendencias de opinin, o fortalecer la unidad a costa de un desbalance favorecedor del centralismo. La prohibicin de las facciones que a propuesta de Lenin se estableci como poltica partidaria en 1921 tuvo, como sabemos, una interpretacin represiva que legitim el aplastamiento de las opiniones discordantes y liquid la democracia al interior del partido tras el ascenso de Stalin.

El periodo de mayor radicalizacin de la Revolucin cubana coincide con el ocaso y posterior deposicin de Nikita Jrushchov. La inconsecuente liberalidad de Jrushchov, su sesgado balance de la obra de Stalin y su tendencia a actuar precipitadamente tras una apreciacin superficial de los procesos y fenmenos, justific la puesta en orden del ala ms conservadora del partido que representaba Leonid Brezhnev; recort los lmites de los cuestionamientos tericos que podan hacerse en nombre del marxismo; y legitim la mirada suspicaz hacia las relecturas histricas, filosficas e ideolgicas que proponan intelectuales como los de Pensamiento Crtico.

A diferencia de los soviticos, que se extraviaron en los vericuetos de la coexistencia pacfica, los editores de la revista fustigaban duramente la inaccin que haca concesiones al imperialismo:

Individuos que piensen la revolucin que hacen y hagan la revolucin que piensen son el germen, ya desde el combate, del hombre nuevo. En esa actitud est implcita la ambicin de totalidad cientfica del verdadero marxismo. A partir de ella no tena sentido la mala conciencia que en Europa haba generado la guerra de Vietnam, la Revolucin cubana, o el movimiento revolucionario latinoamericano, realizaciones de la prctica revolucionaria y, hoy lo sabemos, precisamente por ello notables realizaciones tericas [9].

El Consejo de Redaccin tambin critica el dogmatismo de la izquierda latinoamericana, a la que califica como integrada por su connivencia con el poder burgus, empleando en ocasiones el humor sarcstico de la juventud:

[] si las izquierdas tradicionales se han convertido en estatuas de sal mirando alucinadas a un pasado que no son capaces de entender en la medida en que no entienden el presente; las fuerzas nuevas de la Revolucin bien pueden morir amarradas al castao bblico de Macondo mientras pretenden, otra vez, descubrir el hielo [10].

He escuchado opiniones que simplifican, quizs con propsitos didcticos, las circunstancias en que Pensamiento Crtico se desenvolvi, identificando como causa del cierre su lnea editorial antisovitica, una afirmacin que considero necesario contextualizar porque en esa poca tal calificativo poda generar interpretaciones polares. Cierto es que la revista estableci premeditada lejana de la plataforma ideolgica del PCUS; no public a ningn filsofo ni dirigente sovitico posterior a Lenin y, en ocasiones, ejerci una crtica radical, casi rspida, si estaban en juego cuestiones de principios.

Por ejemplo, pocos das despus de que medio milln de personas marcharan en Nueva York y San Francisco para denunciar la agresin imperialista a Vietnam y que activistas estadounidenses irrumpieran en la bolsa arrojando puados de dlares verdaderos y falsos para protestar contra la guerra y la opresin capitalista, un editorial de la revista denunciaba:

All, la aviacin de EE. UU. bombardea salvajemente a un pas socialista sin que se produzca una crisis mundial entre imperialistas y socialistas. Sntesis del herosmo, la barbarie y las miserias de nuestro tiempo, en Vietnam se libra un encuentro trascendental entre la reaccin y la Revolucin [11].

El distanciamiento de las posturas soviticas es muy evidente en los textos que critican insolidaridades amparadas en intereses de poltica exterior; valoran las consecuencias de la falta de realismo y audacia en la labor ideolgica; enjuician los estilos paternalistas y autoritarios en el trabajo con las masas; o argumentan la contribucin que a las batallas anticapitalistas realizan movimientos ajenos al marxismo catequizante, como las guerrillas latinoamericanas, los Panteras Negras y las insurrecciones estudiantiles. Pero los editores de Pensamiento Crtico secundaban la hereja de un pas, la absoluta independencia de un pueblo cuyo partido comunista, en un editorial dedicado al cincuenta aniversario de la Revolucin de Octubre, afirm en su rgano oficial: [] hoy los bolcheviques de Lenin son los guerrilleros de Amrica Latina que estn peleando en Venezuela [12].

En un libro an indito de Rebeca Chvez, que combina con efectividad el discurso historiogrfico y la prosa testimonial, Aurelio Alonso rememora con dolor: [] los dirigentes aceptaron el marxismo que defenda el PSP y no el que defendamos (nosotros) los jvenes, a pesar de que nos haban impulsado a pensar con cabeza propia [] [13].

Lo cierto es que el repliegue, quizs pensado como tctica, en 1971 se haba convertido en retroceso que comenzaba a afectar la ideologa y la prctica poltica. Para esa fecha, la estrategia para fundar la autonoma econmica ha fracasado; no se logra el acompaamiento poltico de proyectos revolucionarios nacidos de la insurreccin armada, el Che ya no est y Amrica Latina, asolada por dictaduras que se prolongaran por ms de dos dcadas, se resiente su ausencia. La soledad de Cuba la obliga a repensar el ejercicio del poder revolucionario, valorizar alianzas, definir los cauces por los que ha de transitar la ideologa y proveer nuevas texturas al discurso poltico. Una poderosa seal del cambio es el Congreso Nacional de Educacin y Cultura, ejemplarmente democrtico en su gestacin desde las bases y notoriamente verticalista en su resolucin final.

Revisitar Pensamiento Crtico, cincuenta aos despus, permite justipreciar la capacidad emancipadora de la historia cuando es bien aprendida, bien enseada y bien difundida; y ayuda a combatir lo que parece ser una malformacin congnita de los socialismos del siglo XX: la tendencia a represar los conocimientos sobre un pasado tormentoso o trgico, en la creencia de que puede resultar desalentador para la construccin del futuro; a manejar la historia como un secreto de Estado, al decir del historiador polaco Mosh Lewin [14].

La memoria histrica est en la base del patriotismo pues nadie puede amar o sentirse orgulloso de lo que no conoce. Conocer las pequeeces, cobardas y miserias que hubo que vencer; las traiciones que hubo que enfrentar; los enormes obstculos que hubo que salvar, confiere a la unidad su valor mximo. Y ensea, sobre todo, que la unidad es una construccin en la que fraguan amores, compromisos y renuncias.

Repensar las circunstancias que hicieron nacer y desaparecer esta revista, releer sus textos, que no han perdido la densidad ni la pasin de esos das a su manera, tambin luminosos y tristes, ayuda a sopesar nuestras opciones ante una tarea que an no hemos cumplido cabalmente, y que me permito sintetizar acudiendo a otro editorial de Pensamiento Crtico: En un pas verdaderamente liberado se exige, entre muchas cosas, liberar tambin la historia [15].

21 de febrero de 2017.

Notas:

[1] Editorial de Pensamiento Crtico, nm. 2526, febrero-marzo de 1969.

[2] Graziella Pogolotti: Otra dcada crtica. La gaceta de Cuba nm. 1, 2013, p. 4.

[3] Testimonio recogido en el libro Habitaciones oscuras, de Rebeca Chvez (Indito).

[4] Rebeca Chvez: Ob. Cit.

[5] Ernesto Che Guevara: Notas para el estudio de la Ideologa de la Revolucin cubana. Obras escogidas 19571967. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007, p.83.

[6] Ibdem.

[7] Es esta la alocucin en la que el Che afirma: [] el desarrollo de los pases que empiezan ahora el camino de la liberacin debe costar a los pases socialistas [] No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una actitud fraternal frente a la humanidad tanto de ndole mundial en relacin a todos los pueblos a que sufren opresin imperialista [] Si establecemos este tipo de relacin [comercial, de beneficio mutuo] entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los pases socialistas son, en cierta medida, cmplices de la explotacin imperial [] Los pases socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tctica con los pases explotadores de occidente. Ver: Ernesto Che Guevara: Ob. Cit., pp. 544545.

[8] Rebeca Chvez: Ob. Cit.

[9] Editorial de Pensamiento Crtico nm. 2526, febrero-marzo de 1969, p. 5.

[10] Ibdem.

[11] Editorial de Pensamiento Crtico, nm.4, mayo de 1967, p. 3.

[12] Granma, 7 de noviembre de 1967, p.1.

[13] Ibdem.

[14] Ver Mosh Lewin: La ltima lucha de Lenin. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013.

[15] Editorial de Pensamiento Crtico nm. 39, abril de 1970, p. 8.

Fuente: http://medium.com/la-tiza/la-marcha-a-contracorriente-del-pensamiento-cr%C3%ADtico-comentarios-desde-cuba-d3f35cd0818c#.ojg5d15ea



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