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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2017

Realidad y ficcin
Doblando la apuesta en distopa

John Feffer
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Prxima parada: zona de deconstruccin

Introduccin de Tom Engelhardt

Hace ms de 25 aos, mientras estaba sentado en el techo de nuestra casa observando los muebles del vecino llevados por el agua calle abajo, pens que ya nada poda ir peor. Todas mis cosas estaban bajo el agua, la capital de mi pas estaba en ruinas. Esto era exactamente la venganza de la Madre Tierra dirigida a sus habitantes ms arrogantes. No obstante, tal como vimos despus, las cosas llegaron a ser mucho peores. 

Estoy seguro, como todos los dems, de que usted tampoco ha olvidado ese desastroso acontecimiento, ese momento en 2022 cuando el huracn Donald destroz la ciudad de Washington dejndola en ruinas, y la capital de nuestra nacin fue trasladada a Kansas. Al mismo tiempo que nadie poda haber previsto semejante acontecimiento en todos sus detalles hubo algunos pocos observadores de primera mano de aquella arrasadora tormenta que hubiesen presentido el mundo fragmentado y degradado en el que vivimos en este momento con ms claridad que Julian West (el observador citado ms arriba) cuyo xito editorial de 2020 Splinterland presagi inslitamente este nuestro mundo hecho pedazos. 

Muy bien, muy bien; lo admito: es cierto que el geopaleontlogo Julian West (un homnimo del hroe de la novela utpica de Edward Bellamy Looking Backward*) no es ms que una fantasa de John Feffer, autor de la verdadera novela distpica** Splinterlands. Y si eso no es bastante complicado para usted, tenga en cuenta que Feffer llam como llam a su huracn fue porque en 2016, mientras estaba escribiendo, Donald Trump preparaba su campaa electoral; entonces al estilo de Julian West, tuvo una corazonada de lo que se vena. Ahora, por supuesto, el huracn Donald ha alcanzado Washington; una tormenta cargada de tweets, caos y energa distpica. Entonces, Feffer vuelca su atencin en qu hacer con ese huracn humano en un momento en el que los estadounidenses estn sealando sus temores distpicos haciendo que novelas como 1984 trepen a los primeros puestos de las listas de xitos de ventas, y no solo en los bastiones del anti-trumpismo. Por lo tanto, ajuste las correas de su retropropulsor personal en la espalda y despegue junto con Feffer hacia un presente que muchos de nosotros percibimos como demasiado parecido a un futuro distpico.

--ooOoo

Impedir el triunfo de la voluntad de Trump

Las distopas han alcanzado una preponderancia muy marcada. Los nios han sido lanzados a ese tipo de historias The Giver, Hunger Games (El generoso, Los juegos del hambre) como los godos al piercing. Los programas de la TV sobre apocalipsis de zombis, pandemias y tecnologas que hacen estragos inspiran al espectador. Y en el cine hemos visto miles de veces el mundo que se viene abajo.

Esta difusin apocalptica ha sido tan intensa que hace unos aos empez a hablarse de un pico distpico. Aun as, la reserva del crtel del da del Juicio Final no ha mostrado seales de decaimiento, incluso contina producindose a toda mquina (una confesin: con mi reciente novela Splinterlands, yo he contribuido a este desborde del mercado distpico). Como apuntaba el novelista Junot Daz el pasado octubre, la distopa se ha convertido en la literatura por defecto de la generacin.

Poco despus de que Daz hiciera ese comentario, cuando Donald Trump empez la interpretacin de El aprendiz de celebridad y entr en el Despacho Oval, la distopa se convirti tambin en la narrativa por defecto de la poltica de Estados Unidos. Con la eleccin de un hiper-narcisista incapaz de separar los hechos de la fantasa, todas las pesadillas distpicas que se haban reunido en el horizonte cual nubes de tormenta guerra nuclear, cambio climtico, choque de civilizaciones se movieron de pronto sobre nuestras cabezas. Y, con ellas, el estruendo de los truenos y el resplandor de los relmpagos.

Las respuestas entre quienes se horrorizaron por los resultados de las ltimas elecciones se ha multiplicado por cuatro.

Primero fue la negacin; desde el pavor existencial que golpe el plexo solar de muchos a medida que las cifras del escrutinio se desgranaban aquel martes por la noche hasta la muy prosaica falta de entusiasmo para dejar la cama en la maana siguiente. Despus fue la fantasa de huir; decenas de miles de estadounidenses miraron su pasaporte para ver si todava estaba vlido y si an haba algn sitio libre en el arca dispuesta a partir para Nueva Zelanda. En tercer lugar fue la resistencia: millones de personas inundaron las calles para manifestarse, llenaron los aeropuertos para dar la bienvenida a los inmigrantes cuya entrada haba sido temporalmente prohibida e interpelaron en enjambre a los congresistas republicanos y demcratas por igual para expresar sus quejas.

El cuarto paso, coincidente con todos los dems, fue el ahondar en las distopas del pasado como si en ellas hubiera algn cdigo Da Vinci que ayudara a descifrar nuestro problema actual. Obras clsicas, como Eso no puede pasar aqu, de Sinclir Lewis; 1984, de George Orwell; y El cuento de la criada, de Margaret Atwood, se situaron en lo ms alto de las listas de xitos editoriales.

Podra parecer contra toda intuicin o una perversa forma de escapismo pasar de la distopa real a la distopa ficcional. Aunque, es necesario tener en cuenta que aquellas novelas fueron xitos de venta en su da precisamente porque brindaban un refugio y una narrativa de resistencia a quienes teman (en el orden aqu expuesto) el surgimiento del nazismo, la propagacin del estalinismo o el resurgimiento de la misoginia apoyada por el Estado en los aos de Reagan.

Es posible que en estos das, con los periodistas compitiendo por la cobertura del ltimo atropello de la Casa Blanca, fuera natural que los lectores buscaran refugio en la obra de los escritores cuya mirada se diriga al futuro. Despus de todo, el querer pasar pgina y descubrir qu pasa despus es un impulso comprensible. Y las narrativas distpicas estn ah, en parte, para ayudarnos a prepararnos para lo peor, al tiempo que se identifican posibles salidas de la descendente espiral hacia el infierno.

Sin embargo, los clsicos de la distopa no son necesariamente los ms adecuados para nuestro momento actual. En general, describen regmenes totalitarios gobernados por un personaje tipo Gran Hermano y una autoridad panptica que lo controla todo desde el centro, un escenario fascista o comunista o directamente norcoreano. Ciertamente, Donald Trump quiere ver su cara en todas partes, poner su nombre en cada cosa, meter el dedo en todos los potes. Pero los peligros de este actual momento distpico no estn en la centralizacin del control. Al menos, todava no.

Hasta ahora, la era Trump se basa en la no ocupacin del centro, un tiempo en el que segn las palabras del poeta Yeats las cosas se vienen abajo. Olvidmonos de Hannah Arendt y sus Orgenes del totalitarismo otro xito de ventas en Amazon y centrmonos ms en la teora del caos. La imprevisible, la incompetencia y la demolicin son las distpicas consignas de este momento, en el que el mundo amenaza hacerse aicos ante nuestros propios ojos.

No se deje engaar por el discurso de Trump sobre el boom de infraestructuras por un billn de dlares. Su equipo tiene en mente un proyecto muy diferente; usted puede enterarse en el poste indicador: Prxima parada: Zona de Deconstruccin (en ingls) .

La eleccin zombi

En febrero de 2016, cuando Donald Trump gan en New Hampshire su primera eleccin para la nominacin republicana, el New York Dayly News titul Amanecer de la muerte cerebral y compar a los seguidores de Trump con descerebrados zombis. Para no ser menos, ese conspiranoico proveedor de noticias falsas que es Alex Jones describi rutinariamente como zombis a los seguidores de Hilary Clinton en su sitio web filo-Trunp Infowars.

La alusin a los zombis se diriga a las mentalidades apocalpticas de ambos lados. Deliberadamente, Donald Trump toc la nocin de los ltimos das de los cristianos evanglicos, los anti-globalizacin, y los entusiastas por el poder blanco, que ven un muerto viviente en quien no haya bebido su Kool-Aid***. Mientras tanto, quienes teman que el milmillonario fanfarrn pudiera ganar las elecciones empezaron a difundir el meme Trumpapocalipsis advirtiendo de que vendra ms cambio climtico, el derrumbe de la economa mundial y el estallido de guerras reciales. Aparte de quienes decidieron mantenerse apartados de las elecciones, prcticamente no haba un espacio de entendimiento entre ambos grupos. La mutua repugnancia con la que cada lado vea al otro dio alas justamente a la deshumanizacin subyacente en la rotulacin zombi.

Por otra razn, los zombis tambin se convirtieron en una metfora poltica. Lo que asusta de los devoradores de carne viva es su personificacin normal es que no constituyen un ejrcito formal. Los lderes zombis no existen, tampoco los planes de batalla zombis. Caminan por ah arrastrando los pies en tropel buscando presas. Nuestra fascinacin con los zombis es en parte un transpuesto temor al inmigrante, escrib yo en 2013, a que China desplace a Estados Unidos de lo ms alto de la economa mundial, a los virus aduendose de nuestro ordenador, a los mercados financieros que pueden derretirse en una maana.

En otras palabras, los zombis son el reflejo de la angustia por la prdida de control asociada a la globalizacin. En este contexto, el levantamiento del resto evoca imgenes de una masa indiferenciada de consumidores de recursos unos seres hambrientos que son poco ms que boca y piernas invadiendo las ciudades fortificadas de Occidente.

Durante la campaa electoral, el equipo de Trump recurri a esos mismos miedos anunciando en la popular serie televisiva The Walking Deads (Los muertos vivientes), que interpretaba deliberadamente las preocupaciones contra la inmigracin. Una vez en la Presidencia, Trump puso en marcha las promesas de campaa: el muro en la frontera de Mxico, la prohibicin de entrada a los musulmanes y el repliegue dentro de la Fortaleza Estados Unidos. Dedic un bro especial al refuerzo de la nocin de que el mundo exterior es un lugar profundamente aterrador incluso Pars, incluso Suecia!, como si The Walking Deads fuera una pelcula documental y la amenaza zombi algo muy real.

Ciertamente, la concentracin de poder en la parte ejecutiva y la evidente disposicin de Trump a ejercer ese poder resuenan en los distpicos miedos al totalitarismo estilo 1984. Ah estn las extraordinarias mentiras, las invectivas contra los medios (enemigos del pueblo) y la seleccin de adversarios interiores y exteriores de todo tipo. Sin embargo, no es este un momento totalitario. Trump no est interesado en la construccin de un super-Estado como Oceania, ni siquiera una dictadura provincial como Airstrip One, tan convincentemente descritas ambas por Orwell en su novela.

En lugar de eso, la nueva administracin est enfocada en lo que el estratega jefe de Trump y nacionalista blanco Stephen Bannon prometi hacer hace varios aos: hacer que todo se venga abajo estrepitosamente.

La distopa Bannon

Los distopistas de derechas tienen su propia versin de 1984. Durante mucho tiempo han estado advirtiendo de que los liberales quieren crear un Estado todopoderoso que restrinja la tenencia de armas de fuego, que prohba la venta de gaseosas de gran tamao y que obligue a los incautos a aceptar los mticos paneles de la muerte. Estos Casandras de derechas estn preocupados no tanto por el Gran Hermano como por la Gran Niera, aunque los ms extremistas entre ellos tambin sostienen que los progresistas son fascistas encubiertos, comunistas en el armario o incluso agentes del Califato.

Sin embargo, es bastante extrao constatar que esos mismos distopistas de rececha la ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin y sus (inexistentes) paneles de la muerte, el senador Tom Cotton (Arkansas) acerca del control de las armas de fuego, la experta de derecha Ann Caulter en relacin con la prohibicin de las gaseosas y otras persecuciones banales nunca se han opuesto a la enorme acumulacin de poder gubernamental en reas mucho ms importantes, concretamente: las fuerzas armadas y los organismos de inteligencia. Ciertamente, en este momento cuando ellos estn en la cresta de la ola, los nuevos y trumpanizados conservadores estn muy felices expandiendo el poder del Estado mediante la asignacin de an ms dinero al Pentgono y ampliando an ms el mbito potencial de la CIA en sus futuros interrogatorios a sospechosos de terrorismo. A pesar del descenso de los ndices de asesinatos un minsculo incremento en 2015 impide ver el hecho de que esos ndices siguen estando en una baja histrica, Trump quiere fortalecer la polica para resolver la carnicera estadounidense.

Hasta ahora, estamos en 1984. Pero el aspecto completamente novedoso en la agenda de la administracin no tiene nada que ver con la construccin de un Estado todopoderoso. En lugar de eso, en la Conferencia de Accin Poltica Conservadora de este ao, Bannon habl de lo que para l es lo verdaderamente crucial (y presumiblemente para el presidente): la deconstruccin del Estado administrativo. En este sentido, Bannon estuvo hablando especficamente de quitar toda limitacin a Wall Street, a las industrias contaminantes, al comercio de las armas de fuego y, al mismo tiempo, liberar de regulaciones de cualquier tipo a una amplia gama de actores econmicos. No obstante, los nombramientos ministeriales y las primeras seales del aspecto que podra tener un presupuesto trumpista sugieren una agenda mucho ms amplia, que apuntara al debilitamiento del sector no militar del Estado mediante la marginacin de organismos enteros y el vaciamiento de los entes encargados de hacer cumplir las regulaciones. Adis, EPA (Agencia de Proteccin Ambiental). Buenos noches, Departamento de Educacin. Encantado de haberle conocido, HUD (Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano). Les echaremos de menos, Big Bird (la cadena nacional de televisin pblica) y ayuda a terceros pases.

Ni el departamento de Estado se salvara de la demolicin. Desterrados los diplomticos de carrera, Pennsylvania Avenue y no Foggy Bottom ser el centro de control de las relaciones internacionales. El secretario de Estado Rex Tillerson ser reducido a poco ms que un ornamento a medida que el nuevo triunvirato Trump, Bannon y el yerno de Trump, Jared Kushner se haga cargo de la poltica exterior (aunque el vicepresidente Pence este cernindose en el fondo como una acompaante en el baile). Mientras tanto, con un aumento propuesto de 54.000 millones de dlares en su asignacin presupuestaria, el Pentgono de Trump no ser tocado por la bola de demolicin, y el nuevo mandatario preside un devastador encogimiento del Estado al que le tiene mana y una metstasis de lo que a l le encanta (piense en algunos gigantescos y relucientes portaaviones!).

De momento, la administracin Trump se ha desempeado con mucha y muy publicitada incompetencia: personajes que se contradicen unos a otros, rdenes ejecutivas que obvian la maquinaria estatal, tweets rebotando desaforadamente en el universo de Internet y funciones fundamentales como las conferencias de prensa manejadas con gran aplomo por primates no humanos. Los nombrados por Trump, entre ellos Bannon, han dado la impresin de ser cualquier cosa menos cualificados expertos en demoliciones. Ciertamente, no era este el estilo de la perestroyka de Gorbachev, que finalmente condujo al desmoronamiento de la Unin Sovitica. Nada parecido a los programas de terapia de shock que al principio echaron abajo y ms tarde reconstruyeron los pases de la Europa Oriental despus de 1989.

Sin embargo, dado que deconstruir es mucho ms fcil que construir y Bannon se precia de su persistencia de tejn melero, el proyecto de la administracin confuso como parece ser hasta ahora es posible que resulte capaz de hacer autntico dao. De hecho, si usted desea una interpretacin ms inquietante del primer mes de Donald Trump en el cargo, piense en esto: todo este caos, es una consecuencia no deseada de la administracin de un novato o quizs una verdadera estrategia?

Despus de todo, la polvareda que se ha levantado es la consecuencia de los primeros pasos en un enorme proyecto de demolicin que podra estar ocultando el hecho de que Trump est tratando de que los estadounidenses aprueben algo que va esencialmente en contra de Estados Unidos y es potencialmente un programa absolutamente elitista. Tal como Bannon prometi, el objetivo de Trump es destruir el statu quo y reemplazarlo por un nuevo orden mundial definido por la sigla CCB: Conservador, Cristiano y Blanco. Los medios pueden decir lo que ms les guste y los crticos rer todas sus ligerezas. Mientras tanto, los hombres del presidente estn tratando de imponer se voluntad en un pas y un mundo obstinados.

El triunfo de la voluntad

Cuando estaba en la facultad, hice un curso sobre el surgimiento del nazismo en Alemania. En cierto momento, el profesor nos hizo ver El triunfo de la voluntad, el famoso documental que Leni Riefenstahl present en 1935. El film haba sido rodado en el congreso del Partido Nacionalsocialista del ao anterior y mostraba largos pasajes del discurso que Adolf Hitler dirigi a sus fieles.El profesor nos asegur que El triunfo de la voluntad haba sido un xito de taquilla. Difundi el nombre de Hitler en todo el mundo y dej sentada la reputacin de realizadora de Riefenstahl. La pelcula se hizo tan popular en Alemania que fue proyectada durante meses en salas itinerantes; la gente volva a verla una y otra vez. Nuestro profesor nos jur que la encontraramos fascinante.

El triunfo de la voluntad no era fascinante. Hasta para los estudiantes absortos por los detalles del surgimiento del nazismo, las cerca de dos horas del documental resultaban tremendamente aburridas. Cuando hubo acabado la pelcula, bombardeamos al profesor con preguntas y quejas. Cmo haba podido imaginar l que nosotros encontraramos fascinante el documental?

l sonrea. Esto es lo fascinante, nos dijo. Esta fue una pelcula extraordinariamente popular; hoy sera casi imposible tener sentado a un estadounidense para verla toda completa. l quera que nosotros entendiramos que la gente en la Alemania nazi tena una mentalidad totalmente distinta, que ellos estaban participando en una especie de frenes colectivo. No les pareca que el nazismo fuese algo horrendo. No pensaban que estaban viviendo en una distopa. Eran unos autnticos creyentes.

Hoy en da, muchos estadounidenses estn experimentado su momento El triunfo de la voluntad. Ven una y otra vez a Donald Trump sin sentirse aburridos o asqueados. Creen que la historia ha ungido un nuevo lder para dar nueva vida al pas y devolverlo a su legtimo lugar en el mundo. Han sido convencidos de que los ltimos ocho aos eran una distopa progre y que lo que est aconteciendo en este momento es, si no la utopa, al menos los primeros pasos en esa direccin.

Es imposible que el ncleo duro de los embelezados por Trump pueda ser convencido de otra cosa. Desprecian a las elites progresistas. No creen en la CNN ni en el New York Times. Muchos de ellos adhieren a teoras descabelladas sobre el islam y los inmigrantes, y las continuas maquinaciones encubiertas del ms famoso de los inmigrantes islmicos, Barack Obama. Para este ncleo duro de los seguidores de Trump, Estados Unidos poda empezar a desmoronarse, la economa a caer en picado, la comunidad internacional a mirar con desdn el liderazgo de Washington; entonces, continuar creyendo en Trump y el trumpismo. El presidente podra incluso tirotear a algunas personas y sus seguidores ms fanticos no diran ms que Buen disparo, seor presidente! Recordar: despus de que la Alemania nazi se viniera abajo tras la derrota de 1945, un nmero significativo de alemanes continuaron subyugados por el nacionalsocialismo. En 1947, ms de la mitad de aquellos que todava estaban vivos an crea que el nazismo era una buena idea que haba sido mal realizada.

Pero muchos de los seguidores de Trump o bien demcratas desafectos, o bien independientes que aborrecen a Hillary Clinton o encallecidos conservadores no encajan con semejante definicin. Algunos ya se han desilusionado profundamente con las payasadas de Donald J. y la carrera por la demolicin que sus asesores estn planeando desencadenar en el interior del gobierno de Estados Unidos que pueden, a la larga, golpearles duramente. Estos pueden ser recuperados. Este momento es potencialmente el ms importante para comenzar una resistencia lo ms amplia posible reunida detrs de un patriotismo que denuncie a Trump y Bannon por actividades contra Estados Unidos.

Es aqu, en particular, donde tantas novelas distpicas proporcionan el tipo equivocado de orientacin. El final de Trump no vendr de las manos de una Katniss Everdeen****. En primer lugar, creer que vendr un salvador que desafiar exitosamente al sistema totalitario nos coloca en el interior de la crisis en la que Donald Trump se vendi a s mismo como el solitario cruzado dispuesto a combatir contra un Estado profundo controlado por taimados progresistas y conservadores cobardes, todos ellos con la complicidad de los medios hegemnicos. A los estadounidenses tampoco les ayudar hacer realidad el sueo de sacar su estado de la Unin (ests escuchando, California?) o el de algunas personas de refugiarse en la pureza de la poltica tradicional. Dado que la visin distpica de la administracin est basada en el caos y la fragmentacin, la respuesta debera ser la unin de quienes se oponen incluso de quienes puedan oponerse a lo que en este momento hace Washington.

En tanto lectores, tenemos la libertad de interpretar la ficcin distpica. En tanto ciudadanos, podemos hacer algo mucho ms subversivo. Podemos reescribir nuestra distpica realidad. Podemos, nosotros mismos, cambiar ese lbrego futuro. Sin embargo, para hacer eso, necesitaremos crear un relato mejor, incorporar algunos caracteres ms interesantes y de colores ms vivos y, antes de que sea demasiado tarde, escribir un final mejor, uno que no se despida de nosotros con explosiones, gritos y un fundido a negro.

Notas:

* Traducida al castellano con el nombre de Mirando atrs, editorial Akal, Madrid. (N. del T.)

** Distopa es un lugar imaginario en el que todo lo malo puede ocurrir (vase https://es.wikipedia.org/wiki/Distop%C3%ADa). (N. del T.)

*** Kool-Aid es la marca de una mezcla en polvo saborizada para preparar bebidas, fabricada por Kraft Foods. (N. del T.)

**** Katniss Everdeen es el personaje principal de la triloga de libros juveniles Los juegos del hambre de la escritora Suzanne Collins. (N. del T.)

John Feffer es autor de la novela distpica Splinterlands (publicada recientemente por Dispatch Books y Haymarket Books); Publishers Weekly dice de ella: se trata de una advertencia escalofriante, seria e intuitiva. Es director de Poltica Exterior en el Instituto de Estudios Polticos y colaborador habitual de TomDispatch.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176253/tomgram%3A_john_feffer%2C_next_stop%3A_the_deconstruction_zone/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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