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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2017

Instituciones y funcionarios, arpas del rgimen de terror

Manuel Humberto Restrepo Domnguez
Rebelin


Todas las instituciones colombianas estuvieron comprometidas con cincuenta aos de guerra. Todas las polticas, programas, planes, proyectos, manuales y directivas emitidas por el estado, llevaban la sustancia de la guerra, se organizaban para agenciarla y convertir a los funcionarios en agentes polticos del sistema de poder. De esta manera, no es para menos, que sea posible sealar sin lugar a equivocacin, que cientos de funcionarios con consciencia o sin ella hicieron parte del ejercito desarmado que humill la dignidad de un pueblo, desde sus posiciones de ejecutivos, gobernantes, altos directivos, gerentes, ministros, secretarios, magistrados y legisladores. El todos resulta abstracto y extendido, pero la memoria no podr dejarlos afuera, a la hora de buscar la verdad para emprender el nuevo relato colectivo del pas en paz y de la sociedad con derechos libre del temor y la maldad.

Notarios que legalizaron tierras y bienes despojados y dieron fe a falsedades; jueces que dilataron o desviaron juicios y procesos; gerentes de salud que pusieron el dinero de la vida al servicio de la muerte; directivas universitarias que prepararon listas de estudiantes y profesores para ser desaparecidos, encarcelados o asesinados; alcaldes que enviaron recursos a los victimarios y sostuvieron sistemas de corrupcin con contratistas y clientelas; gobernadores que acogieron y ofrecieron proteccin a paramilitares; directores de la inteligencia del estado que ejercieron de polica poltica del terror; protectores de los nios que ofertaron hurfanos como mercancas; encargados del control que hicieron fraudes o se negaron a investigar; ministros que alinearon recursos pblicos y emprstitos para la guerra; congresistas elegidos con violencias y sobornos; protectores de la riqueza natural que dieron licencias para robrsela; carceleros aliados con encarcelados para descuartizar contradictores; rectores de colegios que vendieron a sus estudiantes para ser violadas. Militares que cazaron nios para obtener medallas unos y das de permiso otros; personeros que ignoraron a las victimas; directivas que obligaron a sus subalternos a callar; encargados de justicia que extraviaron expedientes; magistrados que le pusieron precio a sus fallos; liquidadores de las empresas del estado exaltados por empresarios; jefes organizadores de carruseles de cargos y puertas giratorias; tramitadores de impunidad y negociadores de impedimentos en tribunales. Jefes de oficinas que destruyeron pruebas y maquillaron informes; secretarios y asesores que elaboraron actas y falsearon datos; gobernantes que abominaron la inteligencia y fomentaron la fuerza; directivos astutos que reptando se atornillaron en los cargos e; impostores de la buena fe abrigados por iglesias. Gobernantes todos que usaron sus cargos para atropellar la dignidad humana de un pueblo, de un pas.

Las responsabilidades son calificables, se pueden medir por escalas de mayor a menor, unas por accin directa, otras por omisin y las dems en connivencia. La sociedad entera, constituida por 48.654.000 personas (populationpiramyd.net/2016), ha sido gobernada histricamente por no mas de 500 familias ascendientes de los herederos de tierras, negocios y cargos de la colonia y adscritas a los partidos hegemnicos tradicionales liberal y conservador con orientacin ideolgica mayoritaria de derecha (ramificados en Cambio Radical, Partido de la U, Centro Democrtico, Opcin Ciudadana, otros). Ellos son los principales responsables de este holocausto y del desajuste en la democracia real, por haberse traspasado por herencia el control del estado en medio de complicidades y de ocultar la verdad de cincuenta aos de guerra, en que adelantaron para su beneficio y el de sus escasos asociados polticos y econmicos, el mayor despojo regional, la mayor consolidacin de fortunas y en traicin a su pueblo entregaron la soberana e independencia nacional.

Toda actuacin de guerra anunciada por el estado cont con funcionarios, comenz y finaliz en un escritorio, en un despacho, en una ventanilla del poder poltico y extendi un imaginario de desprecio y discriminacin hacia ese otro, critico, empobrecido, excluido, que recibi el trato de enemigo, de ajeno, de inmigrante en su propio territorio. Fueron cincuenta aos de guerra en los que nadie vio nada y ahora trata de negarse a entender que al finalizar la guerra todo deber cambiar: instituciones, gobernantes, familias en el poder, imaginarios -porque ya no hay enemigo si no adversario-, leyes, reglas de convivencia, practicas electorales, ejercicios democrticos y sobretodo la manera de reconocer que se requiere con urgencia una idea y unos modos distintos de ser humanos.

Odio y Venganza distribuidos por las instituciones

El pas entero fue consumido por el odio y la venganza distribuidas por las instituciones, al amparo de una guerra popular y prolongada, librada entre un estado con sesgo de derecha, tomado por pocas familias usufructuarias del poder y una parte de la sociedad alzada en armas. La guerra se extendi, se alarg, se deform, se distorsion, cruz todos los limites permitidos. Cambiaron las generaciones de jvenes herederos de esos odios y de venganzas sin tregua sobre los mas dbiles. El poder poltico se degrad a sus mximos niveles, se meti en la sociedad para corromperla, la compr, la coopt, la violent, destruy la solidaridad, incrust la competencia y organiz a los paramilitares de ayer y de hoy para sostener el poder poltico, la propiedad privada y el control sobre la vida y conductas de la poblacin con crueldad y barbarie. Las instituciones impidieron ver que los asesinos y los asesinados eran sacados de adentro de una misma clase social y llevados a batirse hasta regar su sangre como gladiadores para diversin de un pueblo enajenado y de una pequea minora triunfante. Tampoco dejaron ver que de las aulas universitarias, de las calles, los campos y los sindicatos eran extrados los desaparecidos que superan por miles a las cifras de terror de la operacin cndor que prepar en las tcnicas del horror y la crueldad a los generales y oficiales mas destacados del sur y centro amrica para reproducir el horror de dictaduras made in USA, sin que nadie viera. Tampoco han dejado ver las mas de cinco mil fosas comunes que superan al numero de cementerios oficiales sumados de a uno por cada municipio; no dejan ver a los mas de 15000 lisiados vivos con cuerpos incompletos, sin piernas, sin brazos, sin manos, sin orejas, sin nariz. Tampoco a los millones de hurfanos y viudas, deambulando a expensas de un bocado de compasin y de memoria que impida olvidarlos.

La tierra madre qued humillada en esta guerra, despojada de sus hijos campesinos, de sus cuidanderos indgenas, de sus sagrados habitantes afro, queda contaminada, podrida con los desechos que le deja el capital y adormecida con el aliento de mas de 200.000 muertos, todos victimas inocentes en un pas gobernado por el odio criminal de sus elites, que por su ansiedad y obsesin de poder colonizador no vieron que por cada combatiente cado en la guerra hubo cinco muertos civiles indefensos y doblegados por el hambre, la miseria, la pobreza provocada y la desigualdad en sntesis.

En los despachos pblicos nadie vio nada. Cientos de funcionarios actuaron como arpas desde los despachos, cada uno usando sus pequeas herramientas de poder burocrtico a su alcance, para hacer cumplir el castigo de humillacin, crueldad, indolencia, sealamiento u olvido, impuesto por las elites a sus estigmatizadas victimas. Cada uno hizo su parte y cree que actu en defensa legitima de de algo, no le preocupan las consecuencias y podr justificar que no tenia salida o que se sustrajo del sistema de odio y horror o que estuvo desconectado de todo para evitar la culpa y auto compadecerse sealando que nunca vio nada, que solo cumpli encargos de otro superior como archivar, guardar, firmar, enviar, hablar, calificar, elaborar listas, preparar informes, citar reuniones, decidir.

Los combatientes del rgimen, unos en armas, otros en los despachos, se alinearon, siguieron ordenes, se sacrificaron segn ellos por el bien comn y tomaron partido, dispararon indolencia, indiferencia y recibieron a cambio su parte de sobrepago a la escondida o de frente, daba igual, saban que la impunidad esta de parte de quien este en las listas de sus jefes. Armados y desarmados que nunca vieron nada, porque alegan haber cumplido con eficiencia su tarea laboral, desarrollaron nervios de acero para no sentir el dolor ajeno y si haba que sufrir lo haran en silencio, uno a uno, guardando el honor de hombres y mujeres que conducidos ideolgicamente llegaron a renunciar incluso al control sobre sus cuerpos, sus conductas y sus modos de asumir un sentido de humanidad, sin compasin por el otro, al que haba que ver como enemigo para no dudar, para no caer en vacilacin. Abandonaron todo compromiso tico, renunciaron a la verdad y la justicia se la dejaron de encargo a la ley. Actuaron en favor del estado, guardaron lealtades no a la constitucin si no a sus jefes y los jefes actuaron para su propio provecho, convertidos en guas y lideres de una pequea clase social privilegiada que se hace reconocer como destinada a seguir gobernando sea en paz o sea en guerra, el estado es su gran shopping de negocios y la tribuna para dar explicaciones democrticas sin democracia, ni respeto.

La tragedia fue legal y ocurri en la comedia democrtica

Nadie vio nada aunque todo ocurri en democracia. Aunque todo no ocurri a la luz del da, sin dobles intereses, sin temores, sin exclusiones ni cartas tapadas como lo exige la democracia. No hubo asalto al poder, no se implant una dictadura y mediante elecciones ratificaron lo que previamente haban determinado. No hubo gobiernos absolutos, ni siquiera autoritarios, lo que es mas agrave aun, porque entonces el problema se extiende de lo poltico y lo econmico a lo clnico, como un asunto tambin radicalmente mental, en los que guerra o paz no se diferencian. Nadie vio que las victorias no se cantaron por el numero de nacimientos si no por el nmero de inocentes dados de baja, de asesinados legalmente como se asesina a una langosta o a una araa, previamente sealadas de enemigas. Se asesino en nombre de la patria, -no la de Bolvar, Mart o Farabundo, si no la del pacto de ralito para refundarla, la de Mancusos, Uribes, Gerleins, Mosqueras, Ordoez, Vivianes, Escobares, Pastranas, Carranzas, Lafouries, Valencias, Turbay, es decir, los de siempre-. Tambin se cantaron victorias en nombre de instituciones donde no impera la ley si no la trampa, al equilibrio de poderes lo (co)rompe la obediencia al capital y la independencia poltica es derrotada por la clientela de cargos y contratos.

Colombia ha tenido una reproduccin humana selectiva, en la que viven como humanos completos solo cinco de cada cien; la mitad vive al filo de la lnea delgada entre estar bien y caer en el vaco y; el resto sobrevive entre la opresin, la carencia, la necesidad y la sinsalida. Lo nico comn a todos es el voto que ratifica lo ya decidido en escritorios y el acceso a la informacin que desinforma y enaltece el odio. La consecuencia es la tragedia colectiva y la causa es la comedia preparada por pocos poderosos, que impiden ver que detrs de las bambalinas con obras publicas y recursos de la nacin se pagan los votos colectivos, de pueblos, veredas, juntas comunales, sectores sociales y en dinero efectivo o con esperanzas de futuro se pagan los votos individuales, quedando en todo caso la sensacin de que eso es la democracia y as debe seguir funcionando. La desinformacin exalta la pureza del rgimen, vende el imaginario de que una urna trasparente es seal de trasparencia y de que un elegido es un demcrata. Los funcionarios hacen silencio, a toda costa luchan consigo mismos para no caer en la ruleta de los que inevitablemente tendrn que caer para salvar al sistema. Saben que si caen, es decir, si llegan a ver o dejar que otros vean, sern humillados por sus jefes y acusados de algn desorden de la gentica poltica (corrupcin, narcotrfico, cohecho, etc.) y luego marcados como manzanas podridas y obligados a flagelarse para limpiar con su dolor las impurezas del poder.

Nadie vio nada. Pero la paz tendr que ser real, es un asunto colectivo, un derecho ya conquistado que debe ser protegido y derribados sus obstculos. Es hora de empezar a ver, a mirar, a hacer memoria, aunque los unos aleguen que jams dieron ordenes concretas y los otros que apenas realizaban sus tareas sin preguntar para qu y se empecinen en decir que obediencia es obediencia. Todos miraban hacia adelante, nadie hacia atrs, aprendieron que el enemigo no era el opresor, si no el rebelde (el que para mirar lo que ocurra de verdad deba entrar en lucha frontal contra el sistema y exponerse a ser eliminado). Al funcionario se le ense que el enemigo no era el asesino, ni era el despojador, ni era el farsante, ni era el corrupto, le ensearon a interiorizar que el enemigo era el ateo, el negro, el indio, el campesino, el estudiante, el homosexual, el pobre, el critico, el independiente, el desobediente y le ensearon a actuar en consecuencia, a asumir que de sus actuaciones dependa la patria, las instituciones, la democracia y la victoria medida con las cifras del horror y la crueldad. No importa que nadie haya visto, es hora de empezar a ver lo que ocurri y a predecir lo que vendr.

 

P.D. Nadie vio que la campaa presidencial del vicepresidente ha gastados 60 billones de pesos, en contratos a lo largo del pas del miedo, ni vio que la guajira gobernada por agentes polticos de su partido, -hoy en la crcel, prfugos y destituidos- es un territorio de victimas, donde a los nios y a los viejos el hambre y el olvido los mata como a moscas, los trata como a enemigos y los culpabiliza de su dolor y de su olvido, pero votaran por l. Otra vez nadie vera nada?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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