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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2017

El proceso de Paz, desde los campamentos de las FARC
Colombia, la paz atascada en el barro

Jairo Vargas
Pblico

Dos meses despus de que los miembros de las FARC abandonaran la selva para empezar su transicin a la vida civil y poltica, el Gobierno no est cumpliendo lo pactado. Cientos de guerrilleros viven en cabaas improvisadas sin agua corriente, expuestos al barro y la lluvia y desconfan de que las infraestructuras prometidas lleguen algn da. El retraso en la aplicacin de los acuerdos de La Habana, denuncian, es generalizado.


Aunque es temprano y hace fro en la cordillera central colombiana, Grima Maheche se afana en su higiene. Un piln de agua turbia le sirve para afeitarse cabeza y barba y para cepillarse los dientes. Lleva hacindolo as 22 aos, desde que tena 15. Toda una vida con el rifle a cuestas, aunque ahora puede colgarlo. Es uno de los 7.000 guerrilleros de las FARC que ha salido de la selva para concentrarse en una de las 26 zonas veredales donde los insurgentes esperan a ser considerados ciudadanos de pleno derecho.

Grima deja la guerra sin ningn miedo y sin cansancio, porque, cuando uno hace las cosas por amor, no se cansa. Hay que dejar las armas porque para eso hemos luchado tanto tiempo, para utilizar la palabra, apunta. Su vida civil se la imagina similar a la actual, trabajando desde la poltica y junto a las comunidades abandonadas por el Estado para mejorar la calidad de vida de los suyos, explica. Le acompaa Hctor Estiven, su hijo de 12 aos, al que haca cuatro que no vea. En la vereda de La Fila, en la regin de Tolima, centro del pas, no hay bombardeos ni disparos ni explosiones de minas. Todo eso qued atrs el 26 de septiembre del pasado ao, cuando las FARC y el Gobierno colombiano pusieron fin a una guerra que ha durado 52 aos, la ms larga de Amrica Latina. Hctor Estiven puede visitar a su padre sin temor, aunque le toque ducharse con agua fra en medio de la montaa. Parece contento, aunque se queje cada vez que Grima le vierte una cacerola helada encima. Son las alegras que trae la paz, pero todas las partes insisten en que sta no se firma, se construye. Y en esas estn, aunque el proceso es mucho ms lento que el jurado del Premio Nobel, que ya ha otorgado el galardn al presidente Juan Manuel Santos.

Basta con subir un kilmetro desde la feliz escena del bao para comprobar que el Gobierno no est cumpliendo lo pactado. All no hay nada salvo un inmenso claro entre rboles que, cuando llueve, se convierte en una cinaga; y la lluvia es frecuente en las montaas de Tolima. Gracias a ella pueden cocinar, lavar la ropa y los platos, porque an no tienen agua corriente, ni duchas. Ni siquiera un retrete. Cada paso sin resbalar ya es una victoria, ms an si se carga con varios kilos de arroz o con tu propio hijo de pocos meses. No era lo que esperaban cuando hace dos meses avanzaban en columnas desde la jungla a los puntos de transicin para no volver a pegar un tiro.

Estamos empeados en la paz, aunque ahora intenten desmoralizarnos. No nos vencieron, no hemos perdido la guerra, tuvieron que sentarse a negociar, recuerda Carlos Alberto, al mando de la tropa desmovilizada en La Fila. El tono que emplea es algo ms duro que el de algunos de sus colegas que dirigen las otras 25 zonas transitorias en las que los guerrilleros pasan su particular cuarentena de 180 das. A este paso, puede que sea ms tiempo. Quizs hable as porque su vereda es una de las peor acondicionadas por parte del Gobierno. Quizs lo diga porque esa situacin ─rodeados de barro y en chozas improvisadas expuestos a todo─ s parece una derrota ante los ojos de cualquiera.

All, a una hora en coche desde Icononzo, la poblacin ms cercana, no hay nada ms que barro y pequeas chozas de plstico y bamb que han levantado los propios guerrilleros. La mayora son para para dormir, algunas ms amplias hacen las veces de peluquera, otra es una enfermera y otras sirven para apilar sus fusiles de asalto. Ah viven como pueden alrededor de 350 personas que no paran de reparar lo que el clima va destruyendo. Tienen 38 enfermos, siete guerrilleras estn embarazadas y hay una decena de bebs, enumera el comandante. El baby boom posterior a los acuerdos se ha hecho notar. La mayora de los guerrilleros entraron a filas a edades tempranas, siendo nios y nias que, en muchos casos, han encontrado en su compaero de armas a su compaero de vida. Hoy son jvenes que, con la tranquilidad del cese al fuego, han decidido formar una familia. Los hijos de la paz, les llaman ellos.

  "Peor que en la selva"

Pero denuncian que la asistencia sanitaria que les prometi Santos, al menos en su campamento, brilla por su ausencia. Las condiciones, dicen varios guerrilleros, son peores que cuando estaban en la selva, donde la vegetacin les protega del viento y la lluvia. No estn acostumbrados a la fra humedad que dejan las nubes atascadas en la montaa, mucho menos cuando contaban con un techo, aunque fuera bsico. Sigue operando su medicina de guerra que, aunque no es mala, ahora adolece de escasez de medicamentos. Las veredas no son un buen lugar para dar a luz, y el hospital ms cercano est a varias horas de los campamentos, en un viaje lleno de baches y peligros.

No hemos peleado 52 aos para que ahora nos tiren en cartones, como animales, se queja el comandante insurgente ante el abandono del Gobierno. Pero ya no hay vuelta atrs. La guerrilla est decidida a dejar las armas y convertirse en partido poltico. Medio siglo de guerra cansa a cualquiera, y ms an si los avances en tecnologa militar decantaban la balanza del lado del Estado. En mayo tendr lugar la conferencia poltica de la que saldr su propuesta para las elecciones de 2018. Aquel abrazo en La Habana entre Juan Manuel Santos y Timochenko, lder de las FARC, marcaba una senda sin retorno. El camino hacia la paz es ya definitivo, aunque por momentos se atasque en el barro, como los guerrilleros de La Fila.

An queda mucho por hacer, como el desarme total o la amnista e indultos para muchos guerrilleros presos, que son dos de los aspectos que ms preocupan a los medios de comunicacin, a los polticos y la poblacin colombiana, sobre todo a la urbana, donde el no al acuerdo arras en el plebiscito. Cumpliremos con la dejacin de armas, aseguraba a El Tiempo en una entrevista reciente Ivn Mrquez, uno de los mximos lderes de las FARC. Ningn guerrillero lo duda, pero lo que est en el aire son los plazos.

Walter Mendoza, comandante del bloque occidental Alfonso Cano de las FARC, afirma que entregarn las ltimas armas cuando el Gobierno cumpla su parte del trato. Cuando se construyan las instalaciones, cuando se aplique la ley de amnista y de justicia especial para la paz, cuando el ltimo guerrillero preso por delitos polticos salga de la crcel y, sobre todo, cuando haya garantas polticas y de seguridad para nosotros, enumera. Mendoza, que luce gorra del Che Guevara y una camiseta con un lema por la paz, dirige a los desmovilizados en la vereda de La Elvira, en el departamento de Cauca, 700 kilmetros al suroeste del barrizal de Tolima. Ni siquiera se han colocado an los contenedores para depositar las armas que debe verificar la ONU, aunque ya se ha anunciado oficialmente el inicio del desarme.

Fuentes de Naciones Unidas que supervisan el proceso aseguran que los retrasos en los acuerdos existen. Los sufrimos todos, tanto las FARC como el Gobierno y la ONU. Nos cuesta mucho avanzar y tenemos problemas, pero lo que s es cierto es que la predisposicin a resolver diferencias es total por ambas partes. Discutimos, consensuamos y avanzamos, as se resume el da a da, explica uno de los observadores de la ONU, que achaca a un excesivo centralismo poltico la descoordinacin en los territorios. Es comprensible, no es una tarea fcil poner fin a medio siglo de guerra. Algunos campamentos que s estn en buenas condiciones, apunta.

Los guerrilleros temen que el dinero para la paz se pierda en tramas de corrupcin

La situacin es algo mejor en esta regin, los insurgentes han podido aprovechar los cobertizos que dej en el lugar una empresa maderera y el campamento, tambin precario y levantado por los guerrilleros, se extiende alrededor de una cancha de ftbol sala cubierta. Es de las pocas cosas que ha construido el Estado recientemente para las comunidades de la zona. Algunas excavadoras aplanan el suelo y varios obreros de una empresa contratista esparcen los cimientos de alguna de las futuras casas de los guerrilleros. Falta mucho trabajo, teniendo en cuenta que son casi 300 personas y que ya han pasado dos meses desde que los milicianos de las FARC empezaron a llegar a las zonas de transicin. Las infraestructuras deberan haber estado listas etonces, pero no fue as. Temen que nunca acaben las obras y, lo que es ms grave, que parte del dinero de la paz se pierda en los cajones de la corrupcin, otro mal endmico del pas. "Si nos dieran a nosotros los materiales no nos falta disposicin ni conocimientos para construirlo todo nosotros mismos", explica Mendoza.

Hasta La Elvira no se llega por casualidad. Hay que subir durante horas por estrechas pistas forestales, rozar precipicios de miles de metros de altura, bordear alguna plantacin de coca y tener la suerte de que el batalln del Ejrcito que protege el campamento fariano te deje pasar. Tras dos horas de retencin y la bronca pertinente entre un cabo veinteaero y el comandante de la guerrilla Francisco Gonzlez, alias Pacho Chino, que participa en el Mecanismo Tripartito de Monitoreo y Verificacin del proceso de paz, el viaje contina una hora ms esquivando motocicletas con hasta cinco personas encima. Un gran cartel con los retratos de los guerrilleros legendarios da la bienvenida al campamento. Alrededor del rostro del fundador de las FARC, Manuel Marulanda, alias Tirofijo, se extienden las de Guillermo Len Senz, alias Alfonso Cano; Vctor Julio Surez, alias Mono Jojoy, y la de Luis dgar Devia Silva, alias Ral Reyes, cuyo ordenador sirvi al Gobierno colombiano para tratar de vincular a las FARC con el narcotrfico y, en Espaa, con ETA.

La confianza en que est todo listo en algn momento empieza a decaer, aunque la tropa lo asume con la disciplina militar que les caracteriza. Es el caso de Adn, de 33 aos. Entr en la guerrilla a los 14, en la regin del Meta, al sur de la capital. Estaba pelao, haba necesidad y no haba muchas oportunidades de prosperar en mi aldea, explica. La decisin no fue fcil y lleg muy forzada por la pobreza y por el miedo. Era la poca de los falsos positivos, un eufemismo macabro bajo el que se esconde el asesinato de civiles inocentes que el Ejrcito haca pasar en sus informes por guerrilleros abatidos en combate. Poda tocarle a cualquiera que se cruzara con un batalln, porque haba compensacin econmica por estas muertes.

Hasta 2015, la Fiscala ha investigado ms de 3.000 de estos casos, pero la impunidad es el denominador comn de la inmensa mayora. Para morir y pasar por guerrillero sin serlo, prefer serlo directamente, recuerda. Mi pap estuvo de acuerdo, mi mam llor mucho, pero fue mi decisin y la respetaron, recuerda el joven. No sostuvo un arma hasta pasados los aos. Al principio tuvo que instruirse en lo militar y en lo poltico. Lo primero fue aprender a leer. Era como trabajar en una finca, detalla.

Pero creci y pas a ser insurgente en el otro extremo del pas. Hubo una poca muy dura, de combates diarios, rememora. Tenamos hasta cuatro frentes abiertos contra nosotros. Los paramilitares por un lado, el Ejrcito por otro y tambin los elenos, que no son griegos, sino guerrilleros del Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN), la otra guerrilla que hoy sigue activa en Colombia y se encuentra en dilogos de paz con el Gobierno. Pero ese tiempo qued atrs y, hoy, Adn puede sentarse a charlar con sus compaeros o recoger los huevos del gallinero del campamento sin miedo a que un avin le tire encima un racimo de bombas. Confa en el proceso de paz, pero sobre todo porque confa sus superiores. Le guste o no, har lo que le manden, como siempre ha hecho. No cuestiona ninguna accin de la guerrilla, ni admite errores. Pero entre la tranquilidad del campamento, Adn no baja la guardia, recuerda el engao del Gobierno a la guerrilla del M-19, que pas de las armas a la poltica en 1990, y vive con cierto temor porque est aumentando el nmero de asesinatos a lderes campesinos, sindicales, ambientalistas y de movimientos sociales. Ellos, los guerrilleros desmovilizados, podran ser los siguientes.

Temor a los paramilitares

Como no ha llovido, los insurgentes deambulan por la cancha y alrededores, donde varios de ellos representan una obra de teatro con tintes de educacin en igualdad de gnero. No hay mucho que hacer all ms que pasar las horas, charlar en corrillos y esperar al almuerzo. Armas se ven pocas y todos visten de civil. Slo en la parte norte del campamento, en el final de la zona, tres guerrilleros armados con fusiles de asalto montan guardia. No se fan de la proteccin del Gobierno y aseguran que las reas abandonadas por la guerrilla estn siendo copadas por los paramilitares, grupos armados de extrema derecha que extorsionan, matan y se lucran con las plantaciones de coca, marihuana y amapola, pero que para el Gobierno son agua pasada. En Bogot, la capital, los ministros prefieren hablar de bandas criminales (Badcrim), pero los campesinos y los propios guerrilleros no ven ninguna diferencia entre stas y las extintas Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que firmaron su propio proceso de paz en tiempos de lvaro Uribe, hace una dcada.

Entre la tropa y el alto mando sobrevuela el fantasma de la Unin Patritica (UP), el partido poltico que en los aos 80 conformaron sectores de varios grupos guerrilleros, entre ellos las FARC, y que fueron literalmente exterminados por el paramilitarismo. Alrededor de 5.000 personas, entre cargos electos y militantes de la UP, fueron asesinadas por las AUC en connivencia con sectores del Ejrcito y la Polica, segn varias condenas. Un exterminio ideolgico que, si el Estado no lo evita, podra repetirse con el partido de las FARC y sus aliados en la perseguida izquierda colombiana.

La transicin hacia la paz no tiene sentido si no garantizamos la seguridad de los desmovilizados, sobre todo de los que se van a dedicar a la vida pblica, reconoce el viceministro de Defensa, Anbal Fernndez de Soto. Afirma que es una prioridad del Gobierno y pide confianza en un Ejecutivo que ha conseguido lo que ningn otro ha logrado hasta el momento. Fernndez, al igual que el ministro, niega la mayor en cuanto al paramilitarismo. Son bandas de crimen organizado, la pgina del paramilitarismo ya est pasada en este pas, insiste. No quiere una guerra de trminos lingsticos porque es cierto que este crimen organizado busca ocupar el territorio dejado por las FARC cometiendo crmenes, con la extraccin minera y con los cultivos ilegales, expone. Es una gran preocupacin para el Gobierno, pero afirma que se estn redoblando los esfuerzos para combatirlos. El paramilitarismo del que se habla hoy no es contrainsurgencia, slo tiene afn de lucro, no de exterminio poltico y, lo que es fundamental, no hay permisividad del Ejrcito con sus acciones. Hoy se les combate y se investiga a los militares al ms mnimo indicio de relacin con las bandas criminales, arguye reconociendo, de paso, la oscura y atroz poca del uribismo en el pas.

Respecto al estado de los acuerdos, Fernndez de Soto lamenta los retrasos, pero los achaca a la falta de recursos y al esquema de prioridades del Gobierno. Hay que establecer prioridades porque unas zonas son ms urgentes que otras, dice refirindose a regiones que han padecido ms violencia, donde el nico Estado real era la propia guerrilla y en las que hay insurgentes de las FARC disidentes del proceso de paz que se niegan a entregar las armas. Son un 5% de la guerrilla, estima el viceministro. No obstante, insiste en que el proceso est mostrando sus frutos.

No lo ve as Andrs Pars, otro comandante de las FARC que recibe a Pblico a en un edificio cercano al del despacho del viceministro, en Bogot. La paz tambin es eso, compartir espacios. Pars, cuyo nombre real es Jess Emilio Carvajalino, particip en las conversaciones de La Habana y se encarga de supervisar el estado de las zonas de transicin, sobre todo en cuanto a la atencin sanitaria. Cree que la esta actitud dilatoria por parte del Gobierno responde a una estrategia clara: Que el partido poltico que resulte en mayo y sus posibles alianzas en la izquierda nazca sin fuerzas, sin posibilidad de impactar". Si los acuerdos ms bsicos como la logstica no se cumplen, qu podemos esperar de los fundamentales como la amnista para los presos o la reorganizacin agraria que hemos pactado para las reas rurales e incomunicadas del pas, se pregunta retricamente. La paz est firmada. Slo falta construirla.


Fuente original: http://www.publico.es/internacional/proceso-paz-campamentos-farc-colombia.html



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