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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-03-2017

Ser o no ser: de izquierda, socialista o humanista?

Vctor lvarez R.
revistasic.gumilla.org


Como bien lo dijo alguien una vez, la vida es un perpetuo desencuentro con uno mismo. En el liceo de mi pueblo, donde me toc estudiar educacin media, no haba biblioteca, ni materiales de laboratorios, ni implementos deportivos. Por eso, desde primer ao de bachillerato vi con tanta simpata a los estudiantes de aos superiores que nos arengaban a marchar y reclamar mejores condiciones de estudio. Los miembros del centro de estudiantes que defendan las reivindicaciones estudiantiles eran considerados gente de izquierda, mientras que los que se cuadraban con la autoridad y trataban de evitar las protestas eran considerados de derecha y gobierneros. Me vincul a los estudiantes rebeldes y, sin darme cuenta, termin metido en las luchas estudiantiles, identificado como gente de izquierda.

En un debate en el liceo me enter que esa identificacin se origin en los tiempos de la Revolucin Francesa, cuando en la Asamblea Constituyente quienes defendan la monarqua y el poder absoluto del Rey se sentaban a la derecha, mientras que los partidarios de la soberana nacional y de la poblacin ms vulnerable se sentaban a la izquierda. Desde entonces me qued sembrada la idea de que un izquierdista es aquel que se identifica con el dbil, que ayuda al que est mal, mientras que un derechista se pone al lado del fuerte, apoya al que est mejor.

En esas lides estudiantiles fui captado por una tendencia poltica que, al terminar el bachillerato, me envi a Cuba a estudiar economa, porque haba que preparar los cuadros que dirigiran la Revolucin Socialista en Venezuela.

Conozco al monstruo porque he vivido en sus entraas

En la Universidad de La Habana estudi Planificacin de la Economa Nacional (PEN), una carrera plagada de matemticas, estadstica, ciberntica econmica, contabilidad de costos, matrices insumo-producto y diseo de modelos cuantitativos que me mantuvieron muy ocupado y estresado los cinco aos de la carrera. Pocas veces fui a Varadero y una sola vez escal la montaa de El Turquino.

Durante los tres primeros aos de la carrera, adems de la pesada carga cuantitativa, el pensum de estudios inclua materias de filosofa marxista y economa poltica, por lo que tambin recib una alta dosis de socialismo cientfico. Estudi los tres tomos de El Capital y las obras ms importantes de los clsicos del marxismo-leninismo, cuyo objetivo acadmico y poltico era comprender la naturaleza explotadora, opresora y depredadora de la economa y sociedad capitalistas, en funcin de agudizar sus contradicciones hasta lograr su transformacin revolucionaria. Estudi los conflictos entre capital y trabajo y la lucha de clases como la fuerza motriz que dara al traste con el sistema capitalista para dar origen al socialismo como una sociedad, libre de explotacin, opresin y discriminacin.

Lo ms importante no lo aprend en las aulas de la Universidad de La Habana sino en las calles, en los hogares que pude visitar, en la residencia estudiantil donde viv cinco aos junto a decenas de jvenes idealistas, procedentes de otros pases de Amrica Latina, frica, Asia y Europa. ramos jvenes decididos a consagrar nuestra vida a la construccin de un mundo libre de pobreza y exclusin social, donde el pensamiento crtico pudiera volar con libertad y todas las personas pudieran desplegar plenamente su potencial para alcanzar el desarrollo humano integral.

Pero el contraste de nuestro sueo con la realidad saltaba a la vista. Llegu a Cuba en los aos del xodo de Mariel, 125 mil cubanos huyeron de la isla y los que no pudieron terminaron execrados. Recuerdo que el estudiante ms destacado de la residencia donde viva fue expulsado de la Universidad porque se descubri que era catlico, un dirigente estudiantil fue destituido y botado cuando reconoci que era homosexual y otro fue juzgado por diversionismo ideolgico cuando lo encontraron leyendo un libro de Len Trotsky. Y los que manifestaban su voluntad de irse de la isla eran humillados en denigrantes actos de repudio: pim, pom, fuera: abajo la gusanera! era la consigna que an resuena en mi memoria.

En aquellos aos de fragua tambin pude disfrutar de esas pequeas cosas que van esculpiendo da a da la grandeza humana, autnticas manifestaciones de desprendimiento, bondad, compaerismo y rectitud que me aportaron valores del espritu y fortaleza de carcter para asumir con claridad mi misin en esta vida. As, en medio de la crnica escasez y racionamiento de alimentos que afectaba a los hogares en Cuba, y que en nuestra ingenuidad juvenil atribuamos solo al bloqueo econmico de los Estados Unidos, conoc la generosidad a travs de compaeros de estudio que me invitaron a sus casas a conocer sus familias y prcticamente se quitaban el bocado de la boca para agasajar al compaero visitante. Entre argentinos, chilenos y uruguayos desterrados por las dictaduras fascistas de aquellos aos, entre nicaragenses y salvadoreos mutilados que venan de empuar las armas contra las tiranas que desangraban a sus pueblos, al lado de etopes, angolanos y mozambicanos que recin salan del colonialismo depredador, y junto a aquellos vietnamitas pequeitos que se agigantaban orgullosos al relatar cmo haban derrotado a la potencia militar mas grande del mundo, comprend que la solidaridad entre los pueblos y seres humanos es hacer muy mo el problema del otro. Sent crecer en mi espritu la fuerza moral que brota al ser intransigente contra lo mal hecho, al saber cumplir con la palabra empeada, con el compromiso asumido. Entend lo importante de tener claras convicciones y slidos principios y valores para no vivir una vida simulada y ser sincero con uno mismo.

Mientras en el aula de clase estudibamos las tesis de Marx sobre la importancia de organizar la sociedad de tal forma que cada uno de sus miembros pudiese desarrollar y utilizar todo su potencial y facultades en completa libertad, sin desnaturalizar la esencia bsica de la sociedad, al salir del aula e ir al encuentro con la realidad no lograba descifrar por qu entonces haba tanto emprendimiento reprimido, tanto potencial desaprovechado, si la Revolucin haba triunfado justamente para liberar los poderes creadores de la gente, para hacer posible una asociacin en la que el libre desarrollo de cada uno sea la condicin del libre desarrollo de todos y as llegar a satisfacer plenamente las necesidades materiales, intelectuales y espirituales de la sociedad. Por qu, entonces, la mayora de la gente viva sumida en semejante escasez y precariedad?

Po eso, en aquellos aos tambin vi con confusin y desencanto muchas realidades que se alejaban de nuestra utopa: el absolutismo de la propiedad estatal, la persecucin del espritu emprendedor y de la iniciativa privada, la imposicin de un modelo poltico basado en la hegemona del partido gobernante y la ilegalizacin de los opositores, el centralismo paralizante, el frreo control de los medios de comunicacin, la criminalizacin de la crtica como delito contra la seguridad del Estado, el culto a la personalidad del caudillo autoritario, la incondicionalidad a la lnea del partido, la funcionarizacin y sometimiento de la fuerza de trabajo y una crnica escasez y racionamiento de los productos y servicios esenciales para llevar con dignidad y alegra la vida cotidiana.

No hay mal que dure cien aos ni cuerpo que lo resista

En 2017 se cumplen cien aos de la Revolucin Rusa, la primera revolucin de obreros y campesinos de toda la historia. Despus de un siglo de ensayo y error, ninguna de las revoluciones socialistas -ni la sovitica, ni la china, ni la cubana, ni la coreana, ni la vietnamita, ni la nicaragense, ni la bolivariana- cumplieron su promesa de liberar a los pueblos de la explotacin econmica, la opresin poltica y la discriminacin por razones ideolgicas, religiosas, raciales, de gnero u orientacin sexual. El tipo de socialismo que se ensay a lo largo de esos cien aos no funcion ni funcionar debido a razones econmicas, polticas, sociales y de otra ndole:

En lo econmico, las revoluciones socialistas conocidas, tras su promesa de erradicar la explotacin del hombre por el hombre, expropian los medios de produccin que pasan al Estado como supuesto representante de los intereses generales de la sociedad. Pero como la asociacin de productores independientes que planteaba Marx los hace libres y autnomos, entonces la nomenklatura poltica y burocrtica, para aferrarse al poder, impuso su control y dominacin sobre la sociedad al criminalizar el emprendimiento y la iniciativa privada y tipificarla como una amenaza de restauracin del viejo orden capitalista. Paradjicamente, esas lites gobernantes operan como una casta explotadora que maneja las empresas pblicas como si fueran de su propiedad y logran apoderarse de buena parte del plusvalor social a travs de los privilegios que se otorgan, y de la corrupcin y saqueo de los recursos pblicos. Incluso, en pases donde los socialistas han tomado el poder por la va electoral, se intenta controlar los niveles de ganancias a partir de rgidos controles que dejan congelados los precios por debajo de los costos, generando crecientes prdidas que desestimulan la produccin y causan una creciente escasez de los bienes ms esenciales para la sobrevivencia humana. En lugar de controlar las ganancias a travs de la promocin de inversiones y de la competencia entre miles de empresas que ofrezcan una abundante oferta de productos con menor precio y mayor calidad, el socialismo dogmtico inhibe el espritu emprendedor y aleja la inversin, provocando la crnica escasez que ha signado a los ensayos socialistas. Por si fuera poco, el socialismo electoral del siglo XXI, para poder reelegirse indefinidamente en el poder, intenta mantener su popularidad con ddivas y prebendas que lo obligan a gastar ms de los impuestos que pueden recaudar, y as termina financiando su dficit con emisiones de dinero sin respaldo en la produccin, lo cual propaga la inflacin, disuelve la capacidad de compra de los salarios y empobrece a la poblacin que esa pseudo izquierda en el poder dice proteger y defender.

En lo social, la escasez de alimentos, medicinas, productos de higiene personal, artefactos electrodomsticos, repuestos automotrices, etc., como consecuencia inevitable de un modelo estatista basado en ruinosas expropiaciones y en la hostilidad a la empresa privada, es caldo de cultivo para que se multipliquen las perversas prcticas del acaparamiento, especulacin e inflacin que aniquilan la capacidad adquisitiva de los hogares y causan el empobrecimiento generalizado de una poblacin que no logra satisfacer sus necesidades bsicas y esenciales. En los casos del socialismo electoral, la poltica asistencialista y compensatoria lejos de ofrecer una solucin estructural a la problemtica del desempleo, la pobreza y la exclusin social, desemboca en una manipulacin clientelar de las compensaciones que destruye la dignidad de los pueblos y los acostumbra a vivir indefinidamente de ddivas y prebendas que no son fruto del trabajo. Las asignaciones a travs de las cuales se manipula a la gente se presentan como la gestin del gobierno revolucionario y socialista para hacer valer los derechos inalienables del pueblo, cuando en realidad son un instrumento de dominacin y opresin. En una verdadera poltica social habilitadora y emancipadora, la compensacin tiene que desaparecer a medida que el aumento del nivel educativo, la capacitacin tcnica y el financiamiento a proyectos productivos faciliten la inclusin social en el sistema econmico, de tal forma que los favorecidos dejen de depender de la poltica asistencialista y puedan satisfacer sus necesidades a partir de su propio esfuerzo y de su insercin en la construccin de un nuevo modelo productivo liberador. Pero como se ha visto, la prolongacin en el tiempo de estas ayudas sociales las degenera y las convierte en un instrumento de dominacin y opresin.

En lo poltico, se va imponiendo un modelo de dominacin basado en la hegemona de un solo partido, con liderazgos autoritarios que se aferran al poder a travs del culto a la personalidad y reelecciones indefinidas, donde los candidatos del oficialismo se miden con ventaja al hacer un uso indebido de los recursos pblicos en cada campaa electoral, incluyendo la movilizacin forzada de funcionarios a sus actos proselitistas. Esto crea un ambiente de opresin poltica, toda vez que a los trabajadores se les violan sus derechos y son despedidos por manifestar una preferencia poltica distinta al continuismo oficialista. El sistema poltico basado en la hegemona de un solo partido degenera hacia la burocratizacin y el autoritarismo poltico. La historia del Partido nico es la historia de la burocracia, el burocratismo y la burocratizacin. La libre organizacin poltica es obstaculizada, criminalizada y perseguida, llegndose a considerar como un delito contra la seguridad del Estado. Este mecanismo de dominacin se manifiesta en la entronizacin de elites burocrticas y la nomenklatura partidista que usurpan la soberana popular y conculcan la institucin del voto, concentran el poder de decisin en pocas manos e imponen el fetichismo jurdico expresado en el culto al plan gubernamental y a la norma amaada, sin importar su pertinencia y grado de legitimidad. En nombre de la mayora, la nomenklatura niega el acceso democrtico a los derechos polticos del pueblo, los cuales pasan a ser exclusivo privilegio de las lites dirigentes y gobernantes, dando origen a grupos de poder que, en la prctica, se constituyen en clases o castas sociales al secuestrar y usufructuar -para su propio inters- el sistema socioeconmico y materializar sus intereses particulares desde las posiciones de poder.

En mayor o menor medida, los intentos por construir el socialismo, tanto en el siglo XX como en el XX, reeditaron y exacerbaron los peores flagelos de la vieja sociedad que pretendieron superar. Y en nombre de la defensa del bloque socialista internacional, llegaron al extremo de justificar las aberraciones colonialistas e imperialistas con sus invasiones de tanques que ahogaron en sangre la soberana nacional y el derecho a la autodeterminacin en Hungra, Checoeslovaquia, Afganistn, etc. Ninguna de las experiencias conocidas honr los valores que enarbola la utopa socialista. Por eso, cuando derribaron el Muro de Berln, disolvieron la URSS y uno a uno fueron cayendo los socialismos estatistas y autoritarios de Europa oriental, nadie echo un tiro en su defensa.

La Revolucin Bolivariana: un intento fallido para renovar el ideal socialista

La Revolucin Bolivariana triunf con la promesa de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, redactar una nueva Constitucin para refundar la Repblica y erradicar las causas estructurales de la pobreza y la exclusin. Ilusionado con esta idea, apoy y me compromet con el gobierno del presidente Chvez, del cual llegu a ser uno de sus ministros.

Con el objetivo de impulsar el desarrollo endgeno en boga para esos aos (2004-2006), me toc la tarea de crear el nuevo Ministerio de Industrias Bsicas y Minera (MIBAN). Con ese fin, arm un equipo en el que combin el mpetu y ganas de trabajar por Venezuela de jvenes profesionales acadmicamente muy bien formados, junto a viejos dirigentes de la izquierda venezolana. A la hora de escoger a los jvenes, no revis la Lista de Tascn ni investigu sobre su simpata poltica. Me bastaba con verificar que estaban bien formados, eran competentes y queran trabajar por Venezuela.

El objetivo que nos planteamos en el MIBAN fue impulsar una nueva poltica industrial y tecnolgica para sustituir el modelo de industrias bsicas limitado a la explotacin de ventajas comparativas derivadas de la dotacin de materias primas, energa y fuerza de trabajo barata para exportar insumos bsicos hacia los centros industrializados, por un nuevo modelo de industrializacin sustentado en la creacin de ventajas competitivas derivadas de la investigacin cientfica y tecnolgica, a fin de producir bienes de mayor grado de transformacin industrial.

Para tal fin nos propusimos reinventar la Corporacin Venezolana de Guayana, pero rpidamente nos dimos cuenta que, ante la pesada carga burocrtica y lentitud de la CVG, era necesario crear un instrumento ms transparente y eficiente. Naci as la Corporacin de Industrias Bsicas (CONIBA) como promotora de una nueva generacin de empresas que se ocuparan de transformar el mineral de hierro, el acero primario, los lingotes de aluminio, el oro, los diamantes, dems minerales y la madera en productos de mayor valor agregado para sustituir importaciones, ahorrar divisas, diversificar las exportaciones con productos de mayor valor agregado y generar nuevas fuentes de ingresos externos que contribuyeran a reducir la larga dependencia de la renta petrolera.

Desde la CONIBA se aceler la planta depuradora de mineral de hierro y se empez a trabajar en los proyectos de la nueva siderrgica de acero inoxidable, la planta de estructuras metlicas y rieles para las obras de infraestructura y el sistema ferroviario nacional; la planta de tubos sin costura para la industria petrolera y gasfera: la planta laminadora de aluminio para la industria de alimentos y farmacutica; la empresa minera nacional para el aprovechamiento del oro, diamantes, caoln y coltn; el aserradero industrial para aprovechar los bosques de pino de Chaguaramas y Uverito; la desmotadora de algodn para la industria textil; y, la empresa nacional recuperadora de millones de toneladas de la mal llamada chatarra con el fin de reutilizarlas y prolongar as las reservas de minerales.

En el Plan de Industrializacin estaba contemplado la creacin de una red de nuevos centros tecnolgicos para apoyar la innovacin de productos y procesos, fortalecer las capacidades tecnolgicas e innovativas y crear ventajas competitivas sustentadas en un uso intensivo e inteligente de la informacin y los conocimientos cientficos y tecnolgicos. Con ese fin en el Directorio de la CVG aprobamos un aumento de la contribucin de las empresas bsicas al Fondo LOCTI (Ley orgnica de Ciencia tecnologa e Innovacin) y se impuls la creacin del primer Centro de Innovacin Tecnolgica del Aluminio (CINTAL).

Cada una de estas nuevas empresas sera el motor econmico y productivo en torno a los cuales se consolidaran nuevas ciudades ms amigables y humanas. La Ciudad del Acero en Ciudad Piar, la Ciudad del Aluminio en Caicara del Orinoco, la Ciudad del Diamante en Guaniamo, la Ciudad de la Madera en Uverito seran los ncleos de desarrollo endgeno en los que, adems de la inversin en las nuevas empresas bsicas, se concentrara la inversin social de las misiones Vivienda, Alimentacin, Barrio Adentro, Ribas, Sucre, Cultura, Ciencia, etc. a fin de contribuir a la desconcentracin poblacional al ofrecer mejores condiciones de vivienda, alimentacin, salud, educacin y recreacin en un nuevo hbitat donde los trabajadores pudieran vivir dignamente con sus familias.

El logro de los objetivos y metas del MIBAN y la CONIBA tropezaron desde un primer momento con los poderosos intereses de los traficantes de la poltica y de grupos econmicos importadores que teman ser desplazados por la produccin nacional que se iniciara en esta nueva generacin de empresas bsicas. Iguales obstculos confront la tarea de rescindir y recuperar para el inters de la Repblica las concesiones mineras inactivas que se haban entregado haca ms de una dcada a grupos de inters que se dedicaban a especular con estas concesiones en las bolsas de valores, sin que hubieran iniciado las actividades de exploracin y aprovechamiento racional de esos yacimientos. La recuperacin de los terrenos urbanos que la CVG haba cedido a particulares para la construccin de viviendas, sin que a la fecha se hubiese hecho nada, tambin gener una frrea resistencia. Incluso, el programa de suministro de materias primas en condiciones preferenciales para la industria nacional golpe con fuerza a las mafias que especulaban con los cupos en las empresas bsicas y dejaban sin insumos bsicos a la industria nacional. Muchos fueron los intereses afectados y las intrigas no tardaron en aparecer. En plena lucha contra los tmpanos de poder enquistados en las industrias bsicas, comenzaron a llegar informes a Miraflores sobre la designacin en cargos de confianza de personas que haban firmado en contra del presidente Chvez en el Referendo Revocatorio de 2004.

Como dije antes, no revis la Lista de Tascn, aunque en otros casos estaba plenamente consciente de que esas personas haban firmado a favor de la revocatoria del mandato presidencial. Un sbado a medioda, apenas al aterrizar en el aeropuerto de La Carlota, recib una llamada del presidente Chvez quien me daba instrucciones para asistir esa misma tarde a una reunin con el Ministro de Interior y Justicia y el comisario poltico del partido para tratar un asunto muy delicado. Al llegar me mostraron las planillas del Referendo Revocatorio del 2004 que haban sido suministradas por la autoridad electoral donde altos cargos del MIBAN, la CVG y la CONIBA aparecan firmando a favor del revocatorio del mandato presidencial: estas personas no pueden continuar desempeando cargos de confianza en el gobierno y van a ser destituidas, me espetaron.

Al salir de la reunin llam al presidente Chvez para explicarle que se trataba de jvenes profesionales graduados con honores y estudios de especializacin, maestra y doctorado en universidades de gran prestigio acadmico, quienes merecan una oportunidad. Incluso, haba contratados que haban sido despedidos de Pdvsa. Subray que me haba costado un gran esfuerzo armar un equipo con gente competente, comprometidos a impulsar los nuevos proyectos de desarrollo industrial. Pero no fue posible: nadie que se haya sumado al sabotaje de Pdvsa ni haya firmado en mi contra en el referendo revocatorio puede volver a Pdvsa o desempear un cargo en el gobierno, fue la respuesta que recib.

Las intrigas continuaron para crear un clima de sospecha y desconfianza en contra de los nuevos equipos del MIBAN, la CVG y la CONIBA. Tal fue la cizaa sembrada que tuve que cambiar varias veces al Directorio de la CVG, remover presidentes de empresas y, en ltima instancia, preservar en condicin de asesores el talento tcnico y gerencial que ya no poda seguir en cargos de confianza. A todas estas, el Ministerio de Finanzas no bajaba los recursos financieros y el cronograma de los proyectos comenz a retrasarse. Los fondos para las nuevas empresas no llegaron y las metas de crear empleo productivo fueron desplazadas por las crecientes nminas en las misiones sociales y el reparto clientelar de la renta petrolera. Al ver como se abortaba un programa de desarrollo industrial tan importante y necesario para el pas, comenz mi paulatino y sostenido desencanto y alejamiento.

Por un grave problema de salud sal del gobierno en agosto de 2006. Mis sucesores congelaron los proyectos y desmantelaron los equipos. La CONIBA fue disuelta y despus el MIBAN termin liquidado. El sueo de reindustrializar la economa venezolana y ver crecer las nuevas Ciudades del Acero, del Aluminio, del Oro, de los Diamantes y de la Madera haba quedado engavetado. La renta petrolera que tena que ser destinada a la concrecin de grandes proyectos de inters nacional, finalmente se utilizaba como un mecanismo de dominacin para premiar a los seguidores del gobierno, comprar a los vacilantes y castigar a sus adversarios.

Los precios del petrleo aceleraron su ascenso entre 2006-2008 y le dieron al gobierno la autonoma financiera para no tener que depender de los impuestos de los contribuyentes ni de las inversiones privadas y extranjeras que para entonces estbamos promoviendo a travs de las Macroruedas de Inversin. Ya fuera del gobierno, lament con mucho dolor como se abandonaba la promesa de transformar el capitalismo rentstico e importador en un nuevo modelo productivo socialista y exportador. Un gobierno eufrico por los impresionantes saltos que daban los precios de los crudos termin embriagado por el caudaloso ingreso petrolero y exacerb como nunca la cultura rentista de su clientela electoral, cuyo leitmotivconsiste en vivir de las transferencias que el gobierno hace de la renta y no del merecido gozo de los frutos del trabajo productivo. La desnaturalizacin y alejamiento del proyecto inicial se haca cada vez ms evidente. Y es que cuando un gobierno demaggicamente siembra la idea de que el pueblo es copropietario de las riquezas del subsuelo y que a cada quien le toca su gota de petrleo, lo que logra es desquiciar la mentalidad rentista de todo aquel que pretende vivir sin tener que trabajar, as como la rapacidad de los corruptos que ansan hacerse millonarios, aunque no tengan nada que invertir.

El neo-rentismo socialista

Los principales voceros del oficialismo siempre se han ufanado de haber destinado el mayor porcentaje de la renta petrolera al financiamiento de la inversin social para reducir los elevados niveles de desempleo, desigualdad, pobreza y exclusin social heredados de la IV Repblica. As, el socialismo venezolano se sustent en el auge sin precedentes que registr en aquellos aos la renta del petrleo. El neo-rentismo socialista que Chvez promovi funcion a la perfeccin mientras los precios del petrleo estuvieron altos y el gobierno pudo disponer de una abundante renta para financiar la inversin social y aliviar temporalmente las precarias condiciones de vida de la poblacin ms vulnerable. Paro al no diversificar la economa y generar empleo productivo y emancipador, con el colapso de los precios del petrleo esa pasajera ilusin de prosperidad se vino abajo y la burbuja revent.

La manera como se despilfarr el ltimo auge de los precios del petrleo me ayud a entender que en un pas donde el gasto pblico no se financia con los impuestos que pagan los contribuyentes sino con la renta, no hay buenos o malos gobiernos sino buenos o malos precios del petrleo. Con precios por encima de 100 $/b cualquier gobernante se luce, encubre sus errores y sostiene su popularidad para ganar todas las elecciones con solo levantar la mano a sus candidatos.

Pero con bajos precios del petrleo, al no contar con el mismo caudal de renta, cualquier presidente rpidamente pierde popularidad al no poder complacer a un electorado clientelar que espera ansioso la aparicin del nuevo mesas. Una vez que se desploman los precios del petrleo se hace imposible sostener los programas sociales de los que depende la satisfaccin de las necesidades bsicas de la poblacin ms pobre. Sin la caudalosa renta, el falso profeta ya no cuenta con la misma capacidad de maniobra y as le resulta imposible prolongar su hegemona.

Con el pretexto de enfrentar la guerra econmica y defender las conquistas del socialismo venezolano, la nomenklatura oficialista ha transformado la escasez y el hambre en las condiciones bsicas para imponer su modelo de dominacin. Con bolsas de comida, ineficientes subsidios y gratuidades indebidas, el neo-rentismo socialista explota la ausencia de una cultura del trabajo para asegurar una clientela electoral que, en vez de sentirse orgullosa de ganarse la vida con el sudor de la frente, medra de las ddivas del gobierno a cambio de su incondicionalidad electoral. Vaya manera de destruir la dignidad y el decoro de un pueblo!

Acaso el socialismo no funciona?

Al cumplirse cien aos de la Revolucin Rusa, son muchos los intentos fallidos y demasiadas las evidencias de que el modelo socialista, tal como se implement, no funciona, incluyendo el neo-rentismo socialista que pretendi implantar la Revolucin Bolivariana. Y ya resulta contradictorio y absurdo obstinarse en justificar y defender un formato estatista, autoritario y opresor de organizacin poltica, econmica y social que es totalmente contrario a los objetivos de igualdad, justicia, libertad, fraternidad y bienestar que la utopa socialista tericamente se propone lograr. Los hechos revelan que sus promotores, una vez que logran controlar el gobierno, tienden a centralizar y concentrar todo el poder. Al degenerar en un rgimen cada vez ms autoritario y represivo, manchan el honor y desprestigian la propuesta del socialismo emancipador y democrtico.

Todas esas pseudo-revoluciones terminaron secuestradas por poderosas nomenklaturas burocrticas y corruptas que impusieron su dominacin y se enquistaron en el poder a nombre del pueblo, de la patria y la soberana, del antiimperialismo, aberracin que me ha hecho repensar con desilusin y dolor mi identificacin como hombre de izquierda, partidario del ideal socialista.

Con esto no quiero negar la utilidad y vigencia de los aportes de Marx y el pensamiento marxista para entender la naturaleza explotadora, opresora y depredadora del capitalismo. A la luz de lo que pude apreciar en mi trnsito por el llamado socialismo real y en tantos intentos fallidos por construir el socialismo, incluyendo el neo-rentismo-socialista venezolano, el problema no estuvo en la concepcin marxista que ayud a interpretar la injusticia estructural inherente a la lgica del sistema capitalista, sino en el dogmatismo y autoritarismo con el que fueron tergiversadas estas ideas por quienes se aferraron al poder en su nombre y enlodaron con su ambicin la herencia de ese pensamiento.

Con base en lo que estudi y viv, creo que los aportes de Marx que en esencia son un mtodo crtico y dialctico para el anlisis del sistema capitalista- no pueden convertirse en las sagradas escrituras para construir la nueva sociedad justa, libre y democrtica. Pero tanto los exgetas como los detractores del marxismo se han encargado de exagerar los alcances y limitaciones de un pensamiento inconcluso y abierto, que finalmente termin truncado y muy desprestigiado por habrsele atribuido la autora intelectual de las experiencias fallidas del socialismo real en el siglo XX e, incluso, del nuevo intento por levantar el socialismo en el siglo XXI.

Ms all de que ninguna de esas experiencias funcion y que la opcin socialista termin tan desprestigiada por las desviaciones y aberraciones de quienes lejos de superar los males que le criticaron al capitalismo, los agravaron a nombre del socialismo, la explicacin de la naturaleza explotadora, opresora y depredadora del capitalismo constituye un aporte innegable del marxismo.

Mi deslinde, entonces, es con el socialismo autoritario y el dogmatismo de izquierda. Me desmarco de quienes a nombre de la utopa socialista, en vez de impulsar una sociedad de productores libres, interdependientes y solidarios, lo que hicieron fue burocratizar, funcionarizar y someter a la fuerza de trabajo y a la sociedad. Dejo claro que mi crtica es a un modelo de socialismo arbitrario y desptico y, por lo tanto, no puede tergiversarse como una claudicacin ante el capitalismo explotador, opresor y depredador. Mi rechazo a la izquierda dogmtica y al pseudo-socialismo que encarna no es una rendicin ni mucho menos un arrepentimiento por todo lo que he dicho, he escrito y he hecho a favor de la utopa socialista, sino un sincero intento por lavarle la cara a ese ideal, tantas veces enlodado por farsantes y charlatanes que hacen grgaras con pueblo, patria y revolucin para medrar a nombre del socialismo y manchar la reputacin y el honor de esa opcin.

A cien aos de la primera revolucin socialista me pregunt, entonces, si reivindicar esa divisin entre gente de izquierda y derecha realmente nos ayuda a ampliar el espacio social de nuestras causas, que hoy no solo es contra la explotacin del hombre por el hombre, sino tambin contra el racismo, contra el patriarcado, contra la homofobia y la xenofobia, contra el neocolonialismo y el neoproteccionismo, contra la contaminacin del ambiente y el calentamiento global. Reducir la inmensa gama de problemas que hoy atormentan a la humanidad a la contradiccin capital-trabajo y a la lucha de clases entre burgueses y proletarios es desconocer otros motores de la historia. Tambin estn las luchas de los pueblos indgenas, de las comunidades campesinas, de las feministas contra la violencia machista, las luchas por los derechos de los nios y adolescentes, las causas de los estudiantes y jvenes, la defensa de los derechos de la naturaleza, el respeto a la dignidad de los animales y otras causas hermosas que estimulan en el ser humano sus mejores valores y sus ms puros sentimientos y emociones.

En estos tiempos en los que se multiplican los movimientos sociales que interpretan mejor el clamor de la gente, el compromiso social no pasa por militar y actuar segn lo ordena la lnea del Partido, especie de pensamiento nico que criminaliza e inhibe el pensamiento libre. Cada sujeto social tiene una lectura de su propia realidad, tiene sus prioridades, sus anhelos, su propia subjetividad. Solo a partir de un dilogo libre, respetuoso y sincero entre una gama tan amplia de visiones e intereses es que se puede construir la unidad en la diversidad, una base de criterios compartidos que permita la complementacin y coherencia en la accin social transformadora.

El materialismo y economicismo del marxismo se quedaron cortos al no tomar en cuenta las necesidades espirituales e intelectuales de la gente, la historia de los pueblos, sus tradiciones de lucha, sus creencias ancestrales. Construir la nueva sociedad que haga posible el desarrollo humano integral pasa por reconocer que las nociones de izquierda y derecha no solo quedan limitadas al no recoger esa riqueza, sino que tambin han quedado muy desdibujadas, toda vez que a nombre de la izquierda y el socialismo se han cometido tantos crmenes, abusos y excesos propios de la ultra derecha y el fascismo, que en el imaginario popular esa definicin e identidad hoy lucen muy desacreditadas y poco convocan a apoyar y comprometerse con las buenas causas que la humanidad an tiene planteadas.

Cmo reparar semejante dao?Acaso estos no son tiempos para encontrar un nuevo significante expresivo y simblico que nos una, que nos ayude a desmontar los prejuicios mineralizados en esa vieja identificacin de izquierda o socialista que no nos deja reconocernos plenamente en torno a nuestras causas comunes? Acaso tendramos que encontrar un nuevo nombre, una nueva manera de identificarnos para evitar el rechazo a una envoltura que hoy luce tan desacreditada? Acaso antes que una etiqueta lo ms importante no es salvar el contenido de principios y valores que inspiran las causas en las que seguimos creyendo?

Ni de izquierda ni socialista: humanista!

Como dijo alguien, si quieres resultados diferentes no puedes seguir intentndolo de la misma manera. Las desviaciones, errores y barbaridades que a lo largo de un siglo han cometido gobiernos de izquierda a nombre de la utopa socialista me obligan a buscar nuevas formas para seguir siendo consecuente con los valores de solidaridad, igualdad, justicia, libertad y fraternidad que pueden salvar a la humanidad de la barbarie capitalista. Para poder encontrar esos nuevos referentes que nos unan hay que romper la inercia y esto implica una ruptura radical con los dogmas del pensamiento de izquierda y socialista que generan un conflicto existencial entre los seres humanos de buena fe, mujeres y hombres que queremos seguir siendo consecuentes con las mejores causas de la humanidad, sin tener que pagar el estigma de los fracasos histricos que mancharon la utopa socialista.

Por eso no le veo sentido a seguir aferrado a un modelo que despus de cien aos de intentos fallidos no fue capaz de dar respuesta a las expectativas generadas y hoy luce agotado y desacreditado. Ni la izquierda ni los socialistas tienen el monopolio de la verdad en la lucha contra la explotacin, la opresin y cualquier otra forma de discriminacin, ya sea por razones ideolgicas, religiosas, tnicas, de gnero u orientacin sexual. Superar tantas creencias limitantes y excluyentes pasa por saber valorar al ser humano, a la condicin humana. Es reconocerse como un humanista que rompe con rgidos dogmas y busca nuevas formas de pensar, a la vez que es capaz de aceptar que hay otras visiones e ideas que tambin ayudan a comprender y transformar la realidad. Ser humanista es reconocer otras prcticas sociales y modos de vida alternativos, diferentes a los que dicta el economicismo marxista y la interpretacin dogmtica del socialismo. Ser humanista exige reconocer la diversidad de saberes y mtodos para construir una sociedad distinta y mejor, donde las cpulas polticas no secuestren el poder ni conculquen los derechos ciudadanos, donde los movimientos sociales no sean colonizados por los partidos polticos para convertirlos en apndice de sus intereses.

Ms que la tradicional nocin de izquierda o socialista, estoy cada vez ms convencido que esta interpretacin del humanismo expresa mejor mi aspiracin de seguir luchando por la construccin de una nueva sociedad que haga posible el desarrollo humano integral, en la que se respeten y hagan valer los derechos sociales, econmicos, polticos, culturales y todos los derechos humanos que hoy son universales.

Por todas las razones antes expuestas, y por encima de mi tradicin de izquierda y socialista, en adelante me declaro sencillamente: humanista!

Fuente: http://revistasic.gumilla.org/2017/ser-o-no-ser-de-izquierda-socialista-o-humanista/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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