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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2017

Entrevista con el investigador Franck Gaudichaud
Amrica Latina entre reflujo de los progresismos y experiencias alternativas

Michle Kiintz
Cerises / Rebelion

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


El regreso revanchista de los neoliberales a los gobiernos de algunos pases de Amrica Latina pone en entredicho las experiencias liberadoras de los ltimos aos? La realidad es ms compleja, nos dice Franck Gaudichaud.

En qu se han convertido en realidad los intentos de alternativas liberadoras locales o nacionales en marcha que evocas en una entrevista en este mismo medio? (1)

Ms que un final de ciclo en Amrica Latina, tema de numerosos debates actuales, asistimos al regreso de una coyuntura sociopoltica. Y ms exactamente al reflujo de fuerzas progresistas o nacionales-populares en varios pases claves, especialmente en Venezuela donde la oposicin ya domina el Parlamento y donde hay una enorme crisis econmica y poltica. Y en Brasil, con el golpe parlamentario que permiti la destitucin de Dilma Roussef, pas donde existe un autntico descontento de las clases populares y medias frente al balance del Partido de los Trabajadores (PT) y todava ms frente al corrupto Gobierno conservador actual. Otro smbolo de esos reflujos en curso es Argentina con la llegada del neoliberal Mauricio Macri, el hombre de la patronal y las multinacionales, tras el fracaso electoral de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. Podramos seguir as pero en una medida mucho menor- con la derrota de Evo Morales en Bolivia en el ltimo referndum, aunque Morales todava es popular, est muy arriba en los sondeos y aparentemente en condiciones de volver a presentarse a pesar de todo. Finalmente hay numerosas tensiones y conflictos abiertos entre los movimientos sociales-medioambientales, sindicalistas o indgenas y el Gobierno de Correa en Ecuador.

Esos reflujos polticos y electorales relativos, de lo que en dos palabras se podra denominar progresismos gubernamentales, y de las nuevas fuerzas polticas hegemnicas en una decena de pases sudamericanos desde 2002-2005 vienen acompaados de un balance crtico de la cuestin del extractivismo y la utilizacin de los recursos naturales, de las formas de desarrollo y produccin, de las nuevas dependencias y reprimatizacin de las economas, un debate impulsado por ciertos sectores de los movimientos sociales e indgenas, as como por las corriente de la izquierda anticapitalista (que permanece muy minoritaria). Balance que en el plano de los avances sociales y de reconstruccin de un Estado social en esos diferentes pases es claramente positivo comparado con el perodo neoliberal anterior, como lo sealan regularmente el socilogo brasileo Emir Sader y diferentes intelectuales prximos a los ejecutivos progresistas.

Sin embargo, no basta con ver el nivel estatal e institucional, tambin hay que mirar la efervescencia popular que contina por abajo, y abajo a la izquierda, en trminos de autoorganizacin, de creacin de espacios autogestionados, de empresas recuperadas, de comunidades indgenas que recuperan su territorio y se oponen a las multinacionales (como los shuars en Ecuador), de medios comunitarios en los barrios populares urbanos o rurales como Radio Villa Francia o Canal Seal 3 en Santiago de Chile) (2). En esta ebullicin est tambin la construccin zapatista que remonta en Mxico, ya que el avance de la idea de la candidatura de una mujer indgena a las prximas elecciones presidenciales, apoyada por un consejo indgena, es una excelente noticia (despus de aos de retiro en sus tierras de Chiapas). Tambin estn los consejos comunales y las organizaciones cooperativas rurales existentes en el marco del proceso bolivariano, algunos todava activos. La idea de la construccin comunal permanece a pesar de la profunda descomposicin actual. Y a pesar de los ataqueso constantes a las empresas recuperadas en Argentina se puede hablar de conquista a largo plazo en decenas de ellas. En el Cauca, en Colombia o en Cuba se llevan a cabo experiencias innovadoras de agroecologa, etc.

As pues, a pesar de un reflujo real por arriba y la vuelta revanchista de las derechas, a pesar de la violencia neoliberal e imperialista, y tambin militar, paramilitar y el narcotrfico (en Mxico, en Colombia, en Centroamrica), hay un conjunto de experiencias que restablece el debate estratgico sobre cmo transformar el mundo y distribuir el poder, sobre la necesidad de combinar la construccin por abajo sin abandonar la transformacin radical del Estado. Pero los lmites del movimiento progresista de la dcada muestran la dificultad que eso significa.

Hay una traduccin poltica de los movimientos populares en los poderes instituidos, en las estructuras estatales de los diferentes pases?

Vuelve el debate (intenso desde finales de los aos 90) sobre cambiar el mundo sin tomar el poder (de Estado) o, al contrario, tener como objetivo la conquista del Gobierno y del Estado a travs de las urnas para forjar una contrahegemona frente al neoliberalismo en conjunto con los movimientos sociales. Globalmente se trata de una falsa dicotoma. En todo caso los trminos del debate de momento- ya no son como en los aos 70, va armada contra transicin institucional. Vemos que la mayora de los nuevos movimientos polticos de izquierda, y antiguos como el PT, tomaron nota, a veces antes incluso de la cada del Muro, del peso de las instituciones y de los momentos electorales para intentar construir un espacio poltico propio. Pero eso no impide que el dilema siga ah: Si se consigue el Gobierno se consigue realmente el poder? El poder econmico, militar, meditico, de clase, finalmente, est en gran parte en otro lado. El Estado profundo es mucho ms amplio que solamente el Gobierno, e incluso que el Parlamento, las instituciones representativas. El poder real a menudo es difcil de conquistar y mucho ms difcil de transformar. De ah la importancia de insistir en la autoorganizacin, la capacidad de construir a nivel local, regional, nacional, de las formas de poder popular constituyente, que puede transformarse finalmente en poder popular constituido. Sin embargo el control de los Estados por parte de la izquierda ha permitido los avances sociales ms importantes de la dcada en pases como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y aunque la cuestin de la relacin entre la institucin y lo instituido, entre movimientos y partidos, permanece esencial, aprender las lecciones de los grandes procesos revolucionarios latinoamericanos del siglo XX en Mxico, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, etc., es igual de importante. La ruptura en un momento dado con las viejas formas estatales de organizacin en las fuerzas armadas? Esa es toda la dificultad de la transformacin social que est en curso, por ejemplo en Bolivia. Esto tambin ha sido objeto de las discusiones de izquierda durante la reciente campaa presidencial en Ecuador entre Alianza Pas y otros sectores que sealan un balance muy crtico de la gestin de tecnocrtica de Correa con respecto a la frontera minera, la deforestacin, la extraccin masiva de los recursos en beneficio de las multinacionales. Ah tenemos una verdadera cuestin directamente vinculada a los modos de produccin, de acumulacin y de explotacin de la naturaleza que continan.

Cmo han evolucionado las relaciones entre los pases latinoamericanos y los esfuerzos de consolidacin de asociacin regional?

Las integraciones regionales, en efecto, tambin son esenciales. No se puede hacer un balance de los diferentes gobiernos progresistas sin tener en cuenta sus mrgenes de maniobra reales a nivel continental y frente a las potencias imperiales (empezando por Estados Unidos). Un pequeo pas, un pas empobrecido por el saqueo neocolonial, como Bolivia, difcilmente puede salir solo del intercambio injusto, de la dominacin oligrquica interna y de las desigualdades. Para crear alternativas hacen falta socios, las asociaciones interestatales y tambin un internacionalismo activo entre movimientos populares. La experiencia cubana recuerda que el aislamiento (y el bloqueo) aceleran las involuciones internas.

El sueo de Bolvar que Hugo Chvez puso en medio del escenario, es decir, una perspectiva de integracin bolivariana antiimperialista, es una apuesta de acuciante actualidad. Y el reflujo de los progresismos est tambin vinculado a su ausencia. Sin embargo la evolucin regional ha conocido avances muy considerables. Por ejemplo el proyecto de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra Amrica (ALBA) era totalmente original cuando fue impulsado por Chvez, es decir, la posibilidad del trueque entre pases, de complementariedad asimtrica: por ejemplo, recibir el petrleo de Venezuela en contra de algunos productos agrcolas cuando se es una pequea isla como La Dominica o incluso Cuba (que aport una gran riqueza a Venezuela: sus mdicos). El proyecto es interesante, pero enseguida entr en crisis al mismo tiempo que la crisis del proceso bolivariano y adems se enfrenta a otros obstculos (entre ellos los intereses contradictorios de la potencia brasilea).

Tambin hay que sealar avances polticos y diplomticos muy notables, como la construccin a partir de 2009 de UNASUR, Unin de las Naciones del Sur. Por primera vez los 22 pases sudamericanos se agrupan en una entidad diplomtica, y tambin de gestin y de arreglo de los conflictos, sin la OEA (Organizacin de Estados Americanos) y por lo tanto sin Estados Unidos. Despus, en 2010, llega la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeos, que plantea una Amrica Latina sin los gigantes del Norte, un progreso que ha permitido la reintegracin de Cuba en el concierto latinoamericano. Antes incluso del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Cul es la naturaleza de las fuerzas de oposicin en los gobiernos progresistas todava vigentes o de las que derrocaron a Dilma en Brasil?

El panorama es muy sombro en ese terreno con el regreso de las derechas neoliberales y conservadoras y la emergencia de nuevas derechas que presentan un aspecto un poco diferente al de las viejas oligarquas. Es el caso, por ejemplo, de Macri en Argentina y su movimiento Compromiso para el Cambio, que ha usado y abusado del marketing poltico para darse un aspecto moderno. Pero esas derechas, nuevas o viejas, siguen siendo socialmente violentas, marcadas por el punto de vista de la clase social y defienden el proyecto de la burguesa globalizada, con una visin ultraconservadora y represiva de los movimientos sociales en el plano social.

En Brasil el impeachment contra Dilma Roussef es una victoria de los sectores ms reaccionarios, el de las 4 B (balas, biblias, bueyes y bancos), es decir, el sector del armamento y la seguridad, los evangelistas, los terratenientes y el sector financiero Tambin son los ms corruptos, empezando por Temer, el presidente ilegtimo actual, ya que aunque incluso la direccin del PT tambin est muy impregnada de la cultura de la corrupcin clientelista no llega al nivel de los que estn actualmente a la cabeza del Estado brasileo. Recordemos que la situacin actual es tambin el producto de alianzas contra natura entre el PT y esos sectores y que en la actualidad son los antiguos aliados del PT los que han cambiado de chaqueta y se han aliado con la derecha ms reaccionaria.

En Venezuela, la mayora de la Asamblea Nacional est en manos de la oposicin, la MUD (Mesa de la Unidad Democrtica), coalicin heterognea, ms que un ncleo duro abiertamente neoliberal, con dos tendencias: un sector insurreccional (los que apoyaron el golpe de Estado de abril de 2002 y las guarimbas (3) de 2014, es decir, la violencia en la calle, con Leopoldo Lpez como lder, actualmente encarcelado y calificado de preso poltico por la oposicin), y otro grupo de partidos que busca ms la va institucional, estimando que despus de ganar el Parlamento, la exigencia de referndum revocatorio en curso desde hace ms de un ao podra desembocar en la destitucin de Maduro por las urnas. Lo que por otra parte es muy probable, visto el estado ruinoso del pas, la amplitud de la crisis econmica y la actitud de los reaccionarios autoritarios del Gobierno que han hecho de todo para impedir, hasta ahora, que se celebre el referndum.

En general, nos encontramos frente a esas derechas duras, apoyadas por Washington, cuya remontada permite una realineacin de los astros en el sentido de Estados Unidos y los dos grandes pases aliados, a saber, Mxico y Colombia. Y ahora tambin Argentina y Brasil, que presionan sobre los gobiernos no alineados como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Se puede hablar de un regreso hacia el neoliberalismo? Y quedan todava potenciales poderes populares para contrarrestarla?

A finales de los aos 90 hubo un perodo de grandes luchas populares contra la larga noche neoliberal y esos movimientos sociales excepcionales, en conjunto con la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales, desembocaron en que una decena de pases sudamericanos pasaran a la izquierda con una cierta diversidad centro izquierda, izquierda nacional popular, social-liberal o antiimperialista- Se podran aadir a esa lista Nicaragua, especialmente, y Honduras antes del golpe de Estado. En muchos casos los partidos tradicionales de los burgueses fueron marginados (ya fueran socialdemcratas, demcratas cristianos o conservadores) y se abri una ventana de oportunidades a los movimientos sociales para reforzar a las fuerzas polticas que parecan ms abiertas a los cambios, por ejemplo el PT en Brasil, e incluso para crear nuevas fuerzas, como Alianza Pas (Ecuador), el MAS boliviano (Movimiento al Socialismo) o el Movimiento V Repblica en Venezuela alrededor de Hugo Chvez, etc.

Las victorias electorales en cadena de esas izquierdas gubernamentales permitieron en particular la creacin de varios programas sociales condicionados (no universales) en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia e incluso Uruguay. La pobreza retrocedi como nunca en el decenio 2000-2010 al mismo tiempo que avanzaban las conquistas de derechos sociales, los salarios, la educacin, etc. Durante una dcada el elevadsimo precio de las materias primas permiti una redistribucin de las rentas de los recursos naturales satisfaciendo a unos y otros, al capital y al trabajo, combinada en algunos casos con una perceptiva claramente neo-desarrollista (como en Bolivia o Ecuador). Con el barril a ms de 100 dlares se poda, por ejemplo, redistribuir una parte de las rentas petroleras o del gas hacia programas sociales destinados a los ms pobres sin desestabilizar, ni atacar los intereses de las clases dominantes. As, el Estado rentista mgico venezolano funcion a toda mquina, pero esta vez con redistribucin real hacia abajo. De esta forma las desigualdades retrocedieron efectivamente, pero la estructura social de clase se mantuvo. Sin embargo las viejas oligarquas blancas (y racistas), las clases dominantes, vivieron muy mal el surgimiento y la victoria de actores hasta entonces marginales: indgenas, sindicalistas, mujeres o predicadores de la teologa de la liberacin que llegaban al centro de la poltica y, al mismo tiempo, incluan con ellos aunque siempre de manera subordinada- a una parte de las clases subalternas cada vez ms politizadas.

Estamos ahora frente a un regreso a la larga noche neoliberal?

Un regreso tal cual a los aos 90, no Se hicieron cambios profundos que permanecen. Por ejemplo el espacio progresista nacional-popular est todava en numerosos pases, bien en el Gobierno o como principal fuerza de oposicin. Permanece en el Gobierno en Venezuela; en Ecuador con una posible victoria de Lenn Moreno, el sucesor de Correa (4); en Bolivia, donde Evo Morales a pesar del fracaso del referndum tiene un apoyo electoral suficiente para pensar en la reeleccin. En otros pases ese espacio progresista es la principal fuerza de oposicin: el peronismo bien entendido, incluido el kichnerismo, en Argentina; el PT hoy est muy debilitado, marcado por los casos de corrupcin (Petrobras, Odebrecht), criticado por una parte de la izquierda y de la juventud, de la clase obrera, de los movimientos sociales por su balance. Pero permanece una gran parte institucional de oposicin frente a la derecha neoliberal.

Lo que hay que ver en primer lugar es la capacidad de los movimientos populares, de la izquierda anticapitalista (como el FIT en Argentina) o ecosocialista, de sacar balances crticos del momento progresista nacional-popular, as como de construir frentes unitarios para oponerse a las derechas duras, violentas y neoliberales y a la agenda actualizada de Washington, en los prximos aos. Algunos intelectuales crticos, como Massimo Modenesi (Mxico), Raul Zibechi (Uruguay) o Maristella Svampa (Argentina), muestran que el progresismo ha desarmado en parte la autonoma y la capacidad de reaccin de los movimientos sociales, que se hallan apresados en redes clientelistas, a veces incluso en las esferas de integracin en el aparato de Estado (en Argentina, por ejemplo). Otro problema es el papel del caudillismo o del hiperpresidencialismo en estos distintos procesos, cuando si bien el liderazgo carismtico o el populismo de izquierda pueden significar una repolitizacin de sectores subalternos tambin obstruye y dificulta la auto-organizacin y formas de poder popular. Estas gramticas de revolucin pasiva (en clave gramsciana) han limitado las capacidades de resistencia desde abajo, e incluso significado diferentes escenarios de criminalizacin de la protesta popular, feminista e indgena (como en Ecuador o Brasil). Alberto Acosta en Ecuador hablar incluso de restauracin conservadora a propsito del Correismo y Pablo Dvalos de democracias disciplinarias en el momento de calificar las experiencias postneoliberales progresistas latinoamericanas

No obstante, en la nueva coyuntura actual, se anuncian grandes luchas. As, en Argentina, el movimiento sindical de clase se est organizando frente a la mquina de guerra que es el Gobierno de Macri, que ha despedido a ms de 100.000 personas y ataca a los derechos laborales. En Venezuela un fracaso de Maduro marcar el regreso de una derecha clasista y revanchista que quiere desbaratar los logros y las conquistas del chavismo popular en trminos de organizacin, as como de derechos sociales. En Per reina una derecha neoliberal abierta con grandes niveles de represin en especial de las luchas indgenas en torno al proyecto minero Conga. Si miramos lo que pasa en Mxico desde hace aos, con un embrutecimiento permanente de la sociedad y de las luchas populares, el futuro puede aparecer efectivamente sombro. Pero siempre con destellos de esperanza, como lo demuestran las actuales movilizaciones masivas desde hace algunas semanas contra las medidas del Gobierno Federal de pea Nieto.

Tenemos por lo tanto grandes retos en un escenario muy complejo. Si hay arranque y capacidad de resistencia entonces ahora la cuestin es la de las alternativas. Se va a intentar recomponer con el PT o el kichnerismo? O quiz analizar los resultados y reconstruir una izquierda anticapitalista ecosocial, con todos los sectores sociales y polticos independientes que estn dispuestos?

Qu mundo y qu geopoltica ahora, en la era Trump, para Amrica Latina?

Creo que este es el problema del momento. Ya hemos visto la relacin violenta, racista y xenfoba de Trump con los chicanos y el conjunto de los latinoamericanos, con los trabajadores sin papeles en Estados Unidos y la amenaza y el inicio de deportaciones masivas. Hay que recordar que Obama tambin deport a cientos de miles de personas sin papeles y tampoco intent acabar con la poltica imperial y belicista de Estados Unidos, muy al contrario! Pero con Trump el peligro es todava mayor. El anuncio de ampliar el muro con Mxico es un smbolo fuerte de su poltica de odio. Trump anuncia su voluntad, incluido cuestionar el restablecimiento de las relaciones diplomticas con Cuba, y podra amenazar el proceso de paz en Colombia.

Vemos en esto efectos contradictorios. Recordemos que si el movimiento zapatista surgi pblicamente a principios de 1994 en Mxico fue tambin para luchar contra el Acuerdo de Libre Comercio de Amrica del Norte (ALENA). Actualmente es Tump quien denuncia ese Acuerdo Es una paradoja de la historia. El populismo reaccionario y proteccionista de Trump se opone tambin a determinados acuerdos multilaterales, incluso bilaterales, neoliberales. As, el multimillonario republicano acaba de volver a cuestionar el gran Tratado Transpacfico (TPP) en el que pases como Chile, Per y Mxico tambin estn implicados. Michle Bachelet anunci finalmente que Chile tambin se retira del Tratado puesto que Estados Unidos ya no participa. Por lo tanto no han sido los movimientos sociales los que han hecho fracasar ese Tratado, sino una fuerza reaccionaria hegemnica del Norte, Estados Unidos. Algunos analistas se alegran de esas consecuencias inesperadas de la eleccin de Trump. Me parece que no hay que confundirse de aliados!, porque si Trump vuelve a cuestionar esos tratados es para defender todava ms los intereses egostas de Estados Unidos, imponer otros acuerdos an ms duros y en ningn caso para abandonar la hegemona de Washington en Amrica Latina (sobre los recursos naturales, el agua dulce, las tierras raras, las tierras de cultivo, el petrleo venezolano, el cobre chileno, etc.), aunque de momento nada hace presagiar que la regin forme parte de sus prioridades inmediatas. Pero si el balance geopoltico de Obama es bastante terrible, el que se anuncia puede serlo todava ms en trminos de caos mundial.

Hay pues grandes luchas que llevar a cabo y tambin la necesidad de reorganizar la solidaridad internacionalista con Amrica Latina y sus movimientos populares. Es lo que nosotros intentamos hacer aqu modestamente- a travs de la asociacin Francia Amrica Latina ( http://www.franceameriquelatine.org/ ) y aprovecho la oportunidad para invitar a los y las lectore/as a apoyarnos y a unirse a nosotros/as.

Notas:

(1) Amriques latines: utopies concrtes et mancipations, Cerises, n 171, 22 de febrero de 2013, https://alencontre.org/ameriques/amelat/ameriques-latines-utopies-concretes-et-emancipations.html .

(2) Esto lo analizamos en un librito colectivo: Amrica Latina. Emancipaciones en construccin , Editorial Amrica en Movimiento y Tiempo robado editoras, Santiago, 2015 : http://americaenmovimiento.cl/america-latina .

(3) Barricadas en las calles y vas rpidas erigidas por los grupos de extrema derecha, una forma de bloqueo de la vida diaria que lleg a actos de violencia, entre ellos asesinatos.

(4) En la primera vuelta de las elecciones del 19 de febrero pasado, Lenn Moreno, que se presenta como sucesor de Correa por Alianza Pas, obtuvo el 39,8 % de los votos. No consigui el 40 % y una distancia del 10 % para salir elegido en dicha primera vuelta. La segunda vuelta est prevista para el 2 de abril (NdlR).


Transcripcin M. Kiintz y Nadia Prison.

 

 

ltimo libro en castellano de Franck Gaudichaud: Chile 1970-1973. Mil das que estremecieron el mundo, Lom, 2016: www.lom.cl/c4c949c5-5cbb-48f5-acf4-318d0086dbbd/Chile-1970-1973-Mil-d%C3%ADas-que-estremecieron-al-mundo.aspx.


http://www.cerisesenligne.fr/article/?id=5559



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