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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2017

Resea de "Patria" (Tusquets, 2016) de Fernando Aramburu
La literatura de la Patria o la patria de la literatura

Jabo H. Pizarroso
Estado Crtico


Por qu tratan las novelas del siglo XX de lo que tratan? Mi respuesta es que la verosimilitud ha sido secuestrada por los dueos del discurso dominante. Y demasiadas veces hemos cado en su trampa. Hemos credo que para construir nuestra visin bastaba con leer y escribir historias que no repitiesen lo que dicen ellos, pero que fueran crebles segn un parmetro, la verosimilitud, que imaginbamos hasta cierto punto imparcial u objetivo. As es como la experiencia se ha ido ausentando de la novela, no por inexistente, sino por increble. (Beln Gopegui, Un disparo en medio de un concierto)

Cuando siento, no escribo, deca Gustavo Adolfo Bcquer. Cuando sufrimos, no escribimos, podramos apuntar. El sentimiento masacrado anula la capacidad estructuradora de la razn para crear un relato verosmil, un cuadro, un poema, un escenario cronotpico de multiplicacin de afectos e incertidumbres frtiles: un libro. Cada atentado de ETA, cada asesinato del terrorismo de Estado, cada tortura, cada sobresalto violento con armazones polticas abra un socavn de tiempo de silencio grande, y tambin amputaba hasta lmites delirantes la capacidad humana de comprensin, de conocimiento, amn de las consecuencias humanas terribles que generaban aquellos hechos.

Ahora que acab una parte, no todas las consecuencias de tantos aos de enfrentamiento, llega el incesante manantial de los relatos. Llega, en palabras de igo Domnguez, La batalla de los relatos. Es curioso que en las sociedades neocapitalistas, la palabra escrita, la literatura, no ostente ningn poder salvo cuando la hegemona ideolgica dicta y decide que se debe servir de la literatura para llevar a cabo su imposicin narrativa, su diktat diegtico, Esto es la batalla de los planetas!, snif, Mutacin! Slvese quien pueda!

Desde el cese de la lucha armada han surgido multitud de voces cercanas a las instancias hegemnicas que han trazado una lnea gruesa de exigencia narrativa inexcusable: hay que construir el relato, ganado est el pan, hgase el verso (como dira Jos Mart), ganada est la batalla, hgase la crnica. No est de ms recordar el caramelo chupado de esa frase tan trada para ocasiones como esta: la historia la escriben los vencedores, axioma que por otro lado lo rompe siempre la memoria cultural, la literatura, la pequea, la minscula, la que no entiende el hecho literario como un campo de batalla abierto a las ideologas dominantes y controlado por ellas.

Esta novela tiene todas las trazas de convertirse en la elegida, en la novela que mejor hable del relato ejemplar sobre lo que pas en Euzkadi-Pas Vasco-Euskal Herria durante el tiempo del conflicto. As lo demuestra todo el aparataje meditico que la precede, que la sucede, que la postcede. No hablo de ms cuando digo que est tan llamada a ser Premio Nacional de Narrativa como lo estuvo Bilbao-New York-Bilbao, de Kirmen Uribe. Por eso resulta tan difcil advertir contra ella, desmontar su discurso, criticarla de manera dialctica, porque cualquier cosa en contra de una vaca sagrada son palabras mayores. Y no se trata de estar en contra o a favor de esta novela, perdn, sino de desmontar de manera crtica y enunciativa el discurso que la sustenta, abrir sus engranajes de sentido a los lectores, algo, la necesidad de abrir el reloj narrativo, que en este caso es tan evidente y obligatorio debido a la sincrona de su representacin ficcional con lo real que la sustenta. La diacrona crtica, la intertextualidad, y la sucesin de nuevos relatos harn mierda estas palabras que ahora escribo o conseguirn que lleguen a ser un matiz crtico interesante, una mirilla de claridad a travs de una novela, Patria, sobre una poca llena de complejidades.

No me lo esperaba, lo reconozco. En su momento aval Los peces de la amargura del mismo autor, pero ahora siento tener que decir que este libro no ha cumplido mis expectativas como de seguro ha cumplido y cumple las expectativas de todos aquellos que necesitan y buscan un relato unvoco de todo lo relacionado con el conflicto vasco.

La narracin de Patria nos acerca a unos personajes que han sufrido el dolor de perder a seres queridos de una manera injusta y totalmente incomprensible. Tambin nos acerca a familiares de otros personajes que asesinaron a otras personas para conseguir objetivos polticos que entendieron no se podan conseguir de otra manera, y que en un momento fueron sujetos y responsables de una dinmica de violencia imparable. La novela Patria es un tren que se mueve encima de estos rales paralelos, sujeto por ellos: a un lado las vctimas; y al otro lado los victimarios, los asesinos, los perpetradores como escribe Edurne Portela en El eco de los disparos. Uno y otro lado se encuentran en el mismo espacio. Uno y otro lado se contaminan, se necesitan, se repelen. Es la espiral terrorista-vctima-terrorista. Uno y otro forman parte de las intrincadas redes afectivas que construyen nuestra sociedad, la vasca, como apunta Portela. Pero existe, cito de nuevo a Edurne Portela, una capacidad de reconocer a la vctima como ser individual sufriente, as como una verdadera capacidad imaginativa para representar al perpetrador fuera del monstruo ininteligible, en la novela Patria? Existe en esta nueva novela de Aramburu un lenguaje imaginativo que plantee la complejidad de los afectos que nos guan, que explore nuestra indiferencia, que nos haga situarnos dentro del conflicto, no fuera de l como jueces absolutos ante la supuesta maldad de los dems?

Quiero encastrar la publicacin de esta novela dentro del cuadro contextual en el que se produce. Este cuadro referencial tiene a mi entender dos polos, dos vigas maestras de pensamiento dominante: por una parte se est pergeando un olvido parecido al que los franquistas ejercieron con la guerra civil espaola y sus genocidios, (izquierda abertzale), y por otra parte se est intentando conseguir apuntalar un relato sobre el conflicto vasco que sea unvoco y en el que se distinga claramente la bipolaridad, que certifique que hay vencedores y que hay vencidos derrotados, que hay buenos buensimos y malos malsimos, y que hay tambin vencedores malsimos y derrotados buensimos. Salir de este maniquesmo, de esta camisa de fuerza ideolgico-social imperante es lo complicado. Ah est el reto. En este caldo social, entra con su mascarn de proa Patria.

Cosas que ocurren en Patria: Bittori necesita saber qu es lo que pasa en la casa de Joxe Mari, el padre del chaval que mat a su marido. Joxe Mari necesita saber si Bittori ha vuelto al pueblo, necesita saber si hay alguien en esa casa que lleva tantos aos cerrada como aos lleva en Polloe Txato enterrado, o escondido, como dice su hijo, Xabier. Y sabe que hay alguien, porque ve las persianas subidas y ve encendidas algunas luces de la casa. Fernando Aramburu ha explicado en uno de los promos del libro que Patria se le ocurri a partir de una de las muchas notas que recoge y que son el semillero de sus novelas. La nota hablaba de la viuda de un asesinado por ETA. La nota se centraba en el deseo de esa mujer de que le pidieran perdn. La bsqueda incesante de ese perdn es la que dinamiza a este personaje, es su conflicto de alta intensidad que se escribe como si lo fuera de baja intensidad. Bittori es la mujer de un empresario de xito, un hombre sencillo metido a gerente de una pequea empresa de transportes al que en un momento dado ETA le enva una carta pidindole el impuesto revolucionario. Bittori es una mujer sencilla, poco ilustrada, muy religiosa y en muchos casos beata, simple. Miren, la mujer de Joxe Mari, es la madre del etarra, del miembro de ETA que participa en el asesinato del Txato. Tambin, como Bittori, es una mujer extremadamente religiosa, folclricamente religiosa. Las dos mantienen un paralelismo espiritual en el sentido de que ambas hablan con sus fantasmas interiores de manera muy directa. Bittori con su marido muerto. Miren con Ignacio de Loyola. Hay muchas escenas en las que Bittori se dirige a fotografas de Txato, habla con la tumba de su marido, y habla constantemente de manera interna con l, casi como un trasunto intertextual que nos remite a Cinco horas con Mario, de Delibes. Al otro lado, Miren hace lo mismo pero en este caso con Ignacio de Loyola, su espiritualidad protectora y consejera, el magma pater que le ayuda y que le gua. Las dos se parecen muchsimo en su estructura mental y las dos estn bien delineadas por su manera de hablar y por su manera de moverse en la novela. En cuanto a los maridos de ambas, por un lado nos encontramos con Txato, un self-made man, un empresario con una plantilla de veinte trabajadores, un macho alfa cuya ideologa patriarcal y conservadora es evidente a la luz de los descubrimientos que nos otorga de l la novela, mediante, sobre todo, las charlas que tiene con l Bittori. Por otro lado, Joxe Mari es un lumpen, un pobre borrachn sin autoridad en casa, sujeto al matriarcado de su mujer y de alguna forma culpable indirecto por su inactividad varonil de las derivas nacional-abertzales violentas de su hijo: el asesino, el etarra.

A un lado unos, el nosotros, y al otro lado, esos, los otros. Sobre estas dos orillas se mueve el paquebote Patria. Alrededor de estas dos parejas detonadoras de la narracin van y vienen otros personajes que actan como actantes que lijan y ordean los sentidos simblicos de la historia.

Arantza es la hermana del etarra. Est en silla de ruedas y es la nica a la que le molesta y le ofende todo lo que les han hecho a Txato y a su familia, y as lo dice pblicamente. Xabier, el hijo de Txato, es mdico. Xabier es de polipropileno extruido, es un pan sin sal perfecto, es la ciencia, la objetividad, es la no sentimentalidad y es el hijo querido de Bittori, frente a Nerea, su otra hija que sufre desde Zaragoza el asesinato de su padre, que se niega a ir al funeral de Txato, y lo sufrir siempre desde una vida, a los ojos de Bittori, echada a perder. Bittori no entiende las formas y modos de Nerea y as se lo explica y se lo hace ver cada vez que estn juntas.

En el otro lado del espejo, simtrico a Nerea, se encuentra Joxi, el etarra, del que se van sabiendo cosas a medida que crece la novela en nuestras manos y en nuestra cabeza. Por momentos este libro parece decimonnico. El costumbrismo excelso que lo sustenta y sobre el que se corre de gusto este libro cumple una funcin a mi entender ambivalente. Por un lado enuncia de manera magistral tcnicamente hablando a los personajes, y por otro lado de tan bien que estn, nos los hace un tanto inverosmiles. Los personajes dan el pego la primera vez, luego se deshacen. Parecen personajes marionetas, Mazinger Zetas. De tan bien delineados que estn, de tan excesivamente silueteados, parece que no son de carne y hueso. Pareciera que tuvieran un muequito dentro que guiara sus pasos ms all de su libertad como personajes. Esta construccin de personajes est trabajada con un objetivo: servir a la tesis que insiste en crear un discurso, un relato unvoco que sea masticable, simple, popular, que pueda ser verdad histrica, que se convierta en el relato autntico de lo que pas, que comprima los acontecimientos en una digesis dicotmica en un yin yan de buenos y malos, vctimas ganadoras y asesinos perdedores.

Cuando sali el libro de cuentos Los peces de la amargura, lo le con intensidad. Dentro de aquellos aos de plomo en los que muchos ya veamos un final, recordemos las palabras de Arnaldo Otegui en el ao 2004 en el veldromo Anoeta, el hecho de que el foco de la literatura se posara con sus pequeas manos de papel en una historia que herva la sangre a todo el mundo, era algo en primer lugar digno de sealar y en segundo lugar vigoroso, valiente, si no fuera porque esa palabra est hueca de tanto mal-utilizarla y porque la valenta, o al menos el uso de esta palabra en muchos casos es un trasunto de cobardes. La poltica como tema literario en el estado espaol y sobre todo con respecto a ETA -La Cosa, como la llama Iban Zaldua no ha tenido an grandes libros con grandes o pequeas preguntas mnimamente respondidas desde el hecho literario. Si la ficcin se adentra en la historia de un asesino que siembra de cadveres una ciudad blanca nadie se rasgar las vestiduras, aunque en cada lnea nos metamos de lleno en los cerebelos de ese asesino reprobable. Pero si la ficcin se mete de lleno en las cuevas cerebrales de un miembro de ETA, que ni se arrepinti, ni se ha arrepentido de lo que ha hecho, se produce una grieta en el lector y seguramente una culpabilizacin con consecuencias cuasi penales en el escritor o escritora autores de ese acto terrorista. Recordemos la rueda de prensa de Jaime Rosales en el Festival de San Sebastin tras el pase de Tiro en la cabeza.

Beln Gopegui, en su libro Un pistoletazo en medio de un concierto, ya habl detenidamente de las relaciones entre literatura y poltica. Pareciera que los libros, las novelas, no deben hablar de poltica. Cuando es sabido por todos que absolutamente todos los libros son de una o de otra manera poltica. El discurso hegemnico dicta qu libros hablan de poltica y cules no, cuando todos los libros son profundamente polticos. Pero la poltica es lo que no es la poltica naturalizada. Los libros y las novelas de poltica son aquellos libros o novelas que desnudan la poltica naturalizada desde otra visin poltica que no est autorizada por el convencionalismo hegemnico que detenta el poder poltico.

Gopegui incida en un asunto fundamental: el aspecto de la verosimilitud. Milan Kundera, en El arte de la novela, deca entre otras cosas, que una novela es un territorio donde se suspende el juicio moral. Y yo apunto algo ms, uno de los sntomas de la salud lectora de una sociedad, una comarca o un territorio gobernado desde unas premisas polticas tales, no es otro que el ejercicio limpio de la libertad de expresin desde cualquiera de sus parapetos, lase literatura, periodismo, artes. En los pases capitalistas la palabra escrita no es peligrosa. Porque en los pases capitalistas se da por hecho y por descontado que la palabra escrita, que las ficciones, todas las fbulas, deben obedecer y de hecho obedecen al mercado y al discurso hegemnico que las convierte en diegticas, digeribles? Hay digesis que no son digeribles? S, sta. La digesis sobre la que se fundamenta Patria, sobre la que Patria descansa, no es digerible. Por increble. En muchos casos los personajes son inverosmiles, son moralizantes y estn moralizados. Los personajes de esta novela, Bittori, Joxian, Joxe Mari, Arantxa, Nerea, estn llenos de lugares comunes, hablan como hablan los titulares de los peridicos en los aos del plomo de la violencia terrorista y armada. Hablan como esperamos que hablen y no cmo desconocemos que hablan.

Pienso que, desde un plano estrictamente literario, debemos ser capaces de discernir y de desligar el concepto de justificar del propio concepto originario de comprender y/o conocer. El comprender un hecho en toda su dimensin no encadena nuestra comprensin a la justificacin sin paliativos del hecho comprendido. Comprender, discernir, conocer, ampliar el conocimiento de los afectos, impulsar una imaginacin tica como dira Edurne Portela, no tiene nada que ver con justificar. En trminos de guerra cualquier duda es alimento para las tesis del enemigo. As lo entendi por mucho tiempo el MLNV y la izquierda abertzale. As lo entendi durante mucho tiempo el Estado espaol, su razn de estado y su posicionamiento en una guerra latente, una guerra invisible que se sald con ms de ochocientos muertos por parte de un bando, unos doscientos por parte del otro, y cientos de vctimas colaterales, heridos, y torturados y maltratados en crceles (el ltimo informe del gobierno vasco baraja la cifra de 4.500). Tras esta tragedia invisible y que ha sido constante, conviene repasar lo que ocurri y sobre todo comprenderlo. Yo soy capaz de comprender las razones que llevaron a Francisco Franco a dar el golpe de estado de 1936. Eso no quiere decir que justifique ese acto de la voluntad de Franco, eso no quiere decir que justifique ese hecho. Yo puedo comprender por qu mataron a Miguel ngel Blanco. Eso no justifica en absoluto que yo est de acuerdo con ese acto de la voluntad humana, ese hecho tan miserable. Pero debo comprenderlo. Las vctimas de ETA hablan por ellas mismas y cada una tiene su historia de dolor y de resignacin, de sufrimiento, de resiliencia y de olvido y memoria. Pero llegados a este punto y en este punto: dnde est la literatura?, dnde se sita el narrador, el escritor?

En el discurso de recepcin del premio Nobel, Albert Camus contest de manera transparente a esta pregunta: El escritor debe estar con aquellos que padecen la historia, no con los que la escriben; Edurne Portela, en su ensayo, como ya se ha citado, dice: porque somos incapaces de reconocer a la vctima como ser individual sufriente, as como no podemos imaginar al perpetrador fuera del monstruo ininteligible, quedmonos en la vctima. He dicho en prrafos anteriores que esta novela es una locomotora que avanza pausada por dos rales paralelos: unos captulos se centran en una familia de vctimas de un asesinato de ETA y otros lo hacen en una familia de un miembro de ETA. Llegar a reconocer a Bittori como ser individual sufriente se hace excesivamente complicado, porque tanto Bittori como la mayor parte de sus familiares estn llenos de excesiva bondad, as como est llena de excesiva maldad la familia que componen Miren y los suyos. Ambos grupos de personajes compactan los bandos, ambos grupos se sitan uno frente al otro desde una excesiva autoenunciacin. Por eso me choca tanto este aspecto. Me choca porque me descuadra con lo planteado, porque personajes que saben tanto de s mismos, que no se desvan ni un milmetro de las lneas oficiales polticas, de los relatos que quieren imponer unos y otros, me resultan poco crebles. Son estereotipados. Si extraemos su ideario, sus ideologas, tan evidentes, tan poco desarrolladas, nos encontramos de lleno con la ms pura ortodoxia congeladora que hace de un personaje un simple portador de las ideas, de las tesis de un narrador/autor. Pero quiz esto sea as porque el narrador quiere mostrarnos la incultura social de cada uno de los bloques, la poca comunicacin entre ellos, la psicosis paralizante que los aqueja. No lo s. Puede que sea eso. Pero a m lo que me queda es un recorrido por historias encontradas a lo largo de ochocientas pginas que no acaban de ser orgnicas. A qu obedece esta novela, a qu obedece esta estrategia? Porque esta manera de enfocar los personajes es decisiva: est la casa de esos y nuestra casa. El narrador est contaminado por su tragedia, tan contaminado que nos hace incluso muy difcil penetrar en dicha tragedia.

Patria es un toma y daca entre dos familias que viven muy juntas, que se conocen, que se han ayudado. El hombre de una de las familias ayudado por el otro, el hombre, el macho alfa de una de las familias (el que es asesinable, en palabras de Bittori), y el pobre borrachn falto de autoridad, el padre del asesino, de uno de esos, los de ETA. As contado parece un cuento de porteras. Reconozco que de las primeras impresiones que me produjo la novela, quiz la ms fraudulenta fue la conversacin, el dilogo entre dos vecinas annimas del pueblo contado en un autobs cuando reconocen a Bittori, la mujer de Txato, asesinado por ETA, entre los pasajeros del autobs que va al pueblo, en uno de sus viajes a su casa, cuando Bittori ya haba abandonado el pueblo hace tiempo por miedo a las represalias y para olvidar. Una de ellas, con nimo de explicarse, le dice a la otra: Es el conflicto, Pili, es el conflicto, y yo recuerdo: Es la guerra, idiota, es la guerra, Es la economa, estpido, es la economa. En momentos como ste, y hay muchos de este tipo en el libro, a m personalmente la narracin se me corta, se me desplaza, la ficcin resbala y se le ven las manos manipuladoras al narrador. Cuando los personajes no acaban de tener la densidad de personajes requerida, la complejidad que los hace personajes, es cuando la verosimilitud se eclipsa.

Da la sensacin de que los personajes de Patria obedecen a una tesis prefijada por el autor-narrador, la de que todo debe conducir a condenar el mundo que se ha creado en torno a la violencia y que ha sido cmplice y protagonista de la violencia terrorista. Pero se da una paradoja: mediante esa estrategia puesta en prctica, ocurre no lo contrario, ocurre que el objetivo de la tesis predeterminada no se cumple, ya que los personajes no son crebles. No llegamos ni siquiera a hablar de supremaca moral de unos sobre otros. No se llega ni a eso. Se vuelve a caer en algo comentado anteriormente: se parte de una tesis incuestionable para todos los que pueblan la ficcin de Patria, una tesis que impide la comprensin del mundo que rodea a todos los que pueblan la ficcin de Patria. Y los personajes, cuyo conflicto, porque todo personaje no es ni ms ni menos que un conflicto, nada ms y todo eso, los personajes, digo, son uno de los instrumentos con mayor capacidad dentro de las novelas para comprender e iluminar lo real desde la ficcin, mucho mejor que los seres humanos. Esto es as, porque los personajes de una novela tienen una caracterstica que no tienen los seres humanos: se inician al empezar un libro y se concluyen al acabarlo, dotando a su maquinaria de puros personajes de un sentido, de una interpretacin acerca de los conflictos en los que se mueven que siempre resulta reveladora. Es decir, la literatura, y la novela en concreto, tiene en s una capacidad enorme de comprensin de la realidad siempre y cuando se cumplan una serie de condiciones y una de ellas, inexcusable, es la latencia permanente de la verosimilitud y la inquieta y poderosa fuerza que emana de los conflictos que se desarrollan de manera imprevisible y nunca acotados bajo las premisas ideolgicas del autor.

Y ahora cito una frase del autor recogida de una de las entrevistas que le realiz para El Pas, tras la publicacin de Patria: La derrota literaria de ETA sigue pendiente. A m me resulta difcil de comprender esta frase puesta en boca de un escritor. Un Ministro del Interior s que podra decir esto. Esta frase es inverosmil en boca de un autor y es verosmil en boca de Fernndez Daz, o de un miembro del CESID.

Lo que quiero decir es que si utilizamos la literatura como gasofa de fundamentos polticos hegemnicos, luego no caigamos en contradicciones como sta, tambin de la misma entrevista: Tanto la poltica como el sentimentalismo o el fanatismo conducen directamente a la mala literatura. Para m la literatura est muy por delante de la poltica, muy por delante. Yo no pongo la literatura al servicio de la poltica, porque si lo hiciera solo saldran simplicidades. Me resulta muy extrao conjugar estas dos citas.

Pero quedmonos con la primera: la derrota literaria de ETA sigue pendiente. En esta cita se dan por hecho dos cosas: una, que existe una literatura pro-ETA: y dos, que la literatura debe ser un arma de acabamiento de ETA. Supongamos que el aserto literatura pro-ETA es veraz. Damos por hecho que existe una literatura de ETA, una literatura que justifica el terrorismo, realmente esto es cierto? Porque si existe el realismo etarra, por incorporar un nuevo gnero, una literatura que al estilo del realismo socialista para con la clase obrera o al estilo de la literatura del realismo capitalista con respecto a la clase consumidora, debera ser un gnero o un corpus terico que fundamentara novelas cuyo sentido y objetivo final fuera construir la bondad del etarra y su heroicidad. Pero si de hecho seguimos con la hiptesis que surge de esta cita, podramos decir tambin que existe el realismo victimario, novelas que realzan la bondad de las vctimas y que frente al realismo etarra buscan ensalzar a la vctima como hroe en medio de un paisaje maniqueo de buenos y malos. Y en esas estamos. Debemos construir esos dos frentes literarios? La literatura se escribe para esto?

No me atrevo a dictar bondades o maldades sobre Patria. Creo que es una buena novela para los que conocieron el conflicto vasco desde los altavoces del Ministerio del Interior y desde el bloqueo informativo de los medios de comunicacin. Tambin es una buena novela para los ortodoxos del oldartzismo abertzale, porque justifica sus odios al otro. Pero a la vez creo que no es una buena novela para la literatura, porque en Patria no se comprende a los personajes, se toma partido con unos frente a otros y se justifica el relato que quiere imponerse frente a una historia, la del conflicto vasco, llena de otras muchas historias ms verosmiles, de mayor organicidad, de mayor multiplicacin de afectos, que poco a poco deben salir a la luz. El tiempo dictar sentencias. Y la historia nunca nos absolver.

A qu estamos: a Rolex o a setas? A qu estamos: a construir la literatura de la Patria o a crear la patria de la literatura?


Fuente original: http://www.criticoestado.es/la-literatura-de-la-patria-o-la-patria-de-la-literatura/



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