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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2017

De cmo la invasin de Iraq regres a casa
El presidente del rebote

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Si usted quiere saber de dnde viene el presidente Donald Trump, si quiere rastrear el largo y sinuoso camino (o escalamiento) que le llev al Despacho Oval, no mire la realidad que nos muestra la televisin ni la de Tweeter, ni siquiera el surgimiento de la nueva derecha estadounidense. Mire hacia el lugar ms improbable: Iraq.

Es posible que Donald Trump haya nacido en la ciudad de Nueva York. Es posible que se haya hecho adulto en medio de sus luchas en el mbito de los bienes inmobiliarios. Es posible que no haya viajado ms all de Atlantic City, New Jersey, para convertir el mundo en un casino y crear esas mgicas letras doradas que se convertiran en lo esencial de su marca. Es posible que haya hecho un salto aun ms asombroso a la televisin sin haber salido de casa, transformando el Esta usted despedido! en una frase de uso domstico. Aun as, su presidencia es una cuestin completamente distinta. Es algo ajeno a l. Proviene, totalmente radicalizada con su repeinado cardado y su eterno bronceado, de Iraq.

A pesar de que l negara haber estado a favor de la invasin de este pas en 2003, Donald Trump es un presidente hecho por la guerra. Su ascensin al cargo ms alto de Estados Unidos es inconcebible sin esa invasin, que se inici con gloria y acab (si alguna vez lo hizo) en infamia. l es el presidente de un territorio rehecho por la guerra en una forma que su pueblo an no ha asimilado. Hay que reconocer que en toda su vida personal l esquiv el verse involucrado en una guerra. Al final de cuentas, l no estuvo en Vietnam. Aun as, l es el presidente que la guerra trajo a casa. No piense en l como el Presidente Fanfarrn sino como el Presidente del Rebote.

Id en masa. Arrasadlo todo

Para captar esto, se necesita bajar un poco por el sendero de la memoria; hasta el 11-S, esto es, el da ms nefasto de nuestra historia reciente. No hay otra forma de recordar lo gloriosamente que empez todo en medio de los escombros. Si usted quisiera, podra elegir el momento, tres das despus del derrumbe de las torres del World Trade Center, en el que megfono en mano el presidente George W. Bush escal el montn de cascotes en el centro de Manhattan, pas su brazo sobre el hombro de un bombero y grit en su bocina Puedo oros! Todo el mundo os oye!... Quienes echaron estos edificios sabrn pronto de nosotros.

Sin embargo, si tuviera que marcar el origen de la presidencia de Donald Trump escogera un momento algo anterior; en un Pentgono parcialmente en ruinas gracias al secuestro del avin del vuelo 77 de American Airlines. All, apenas cinco horas despus del ataque, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld consciente ya de que la destruccin alrededor de l era probablemente responsabilidad de Osama bin Laden, orden a sus ayudantes (segn las notas tomadas por uno de ellos) que empezaran a planificar un ataque en represalia contra... s, el Iraq de Saddam Hussein. Sus palabras fueron exactamente: Id en masa. Arrasadlo todo. Est relacionado con esto o no. As, cumpliendo lo ordenado, casi inmediatamente empez a llenarse el gigantesco cubo de basura en que se convirti la Guerra Global Contra el Terror (o GWOT, por sus siglas en ingls); algo para nada vinculado con el 11-S (la administracin Bush jams admiti esto). No obstante, estaba ntimamente relacionado con los sueos ms recnditos de los hombres (y una mujer, Condoleezza Rice) que supervisaban la poltica exterior estadounidense en los aos de Bush: la eliminacin del autcrata gobernante de Iraq, Saddam Hussein.

S, era con bin Laden y tambin con el Taliban y Afganistn con quienes haba que vrselas pero un pequeo cambio, casi inmediatamente, al mismo tiempo que se alistaba alguna fuerza area, la CIA envo dlares a los seores de la guerra afganos y un modesto contingente de militares estadounidenses. En cuestin de meses, Afganistn fue liberado, bin Laden haba abandonado el pas, el Taliban haba dejado las armas y eso fue todo (quin habra imaginado entonces en Washington que 15 aos ms tarde una nueva administracin tuviera que resolver un pedido del 12 comandante militar de Estados Unidos en ese pas para que le enviaran ms saldados para sostener una guerra fracasada?).

En otras palabras, en cuestin de meses, todo estaba dispuesto para que esos hombres se dedicaran a lo que George W. Bush, Dick Cheney y Ca. vean como su propio destino, como la clave del glorioso futuro imperial de Estados Unidos: el derrocamiento del dictador iraqu. Esto, tal como Rumsfeld ordenara en el Pentgono el 11-S, estuvo siempre donde de verdad estaba enfocado. Era con lo que algunos de ellos haban soado desde el momento, durante la Guerra de Golfo de 1990-1991, cuando el presidente G.W. Bush mand detener el avance de las tropas hacia Bagdad y dej en el poder a Hussein, que despus de haber sido aliado de Estados Unidos sera ms tarde comparado con Hitler.

Estos personajes no tenan duda alguna; la invasin de marzo de 2003 sera un momento inolvidable en la historia de Estados Unidos como potencia mundial (como ciertamente result ser, aunque no en la forma que ellos imaginaban). Las fuerzas armadas de EEUU, a las que George W. Bush llamara la ms maravillosa fuerza para la liberacin humana que el mundo ha conocido recibieron la orden de liberar Iraq mediante una milagrosa campaa de alta tecnologa llamada conmocin y espanto que el mundo jams olvidar. Esa vez, al revs que en 1991, los soldados entraran en una Bagdad envuelta en llamas, Saddam sera apresado y todo sucedera sin la ayuda de las fuerzas armadas de los otros 28 pases.

Es decir, se trat de una accin de soledad imperial que beneficiaba a la ltima superpotencia del planeta Tierra. Por supuesto, los iraques nos saludaran como liberadores y nosotros instalaramos una prolongada ocupacin en el centro del territorio petrolero del Oriente Medio. De hecho, en el momento de que se lanzara la invasin, el Pentgono ya tena los planos para la construccin de cuatro enormes bases militares permanentes para las tropas estadounidenses (inicialmente, recibieron un nombre que nada deca: campos de supervivencia) en Iraq; estos campos estaban fortificados y pensados para albergar en ellos a miles de soldados estadounidenses durante una eternidad. En el apogeo de la ocupacin lleg a haber ms de 500 bases, que iban desde pequesimos puestos de combate de avanzada hasta verdaderas ciudades estadounidenses; despus de 2011, muchas de ellas se transformaron en ciudades fantasma de un sueo enloquecido hasta que algunas fueron reocupadas recientemente por soldados de Estados Unidos en la lucha contra el Daesh.

Naturalmente, en la estela de la amistosa ocupacin del ahora democrtico (y agradecido) Iraq, la hostil Siria de la familia Assad estara entre el martillo y el yunque (el Iraq-cuartel estadounidense e Israel), mientras el rgimen fundamentalista iran despus de dos dcadas de implacable hostilidad anti-EEUU estara acabado. La ocurrencia neocon de ese momento era: Todo el mundo quiere ir a Bagdad. Los hombres de verdad quieren ir a Tehern. Bastante pronto era inevitable Washington dominara el Gran Oriente Medio desde Pakistn hasta el norte de frica como ninguna gran potencia lo haba hecho. Sera el comienzo de la Pax Americana en el planeta Tierra que se extendera a las generaciones siguientes.

Ese era el sueo. Por supuesto, usted recuerda la realidad, la que llev a una capital saqueada; unos militares del ejrcito de Saddam dados de baja y en la calle que se unan a los alzamientos que estaban por producirse; un conjunto de enconadas insurgencias (sunnes y shies); guerra civil (y limpiezas tnicas locales); un programa de reconstruccin que abarcaba a toda la sociedad supervisado por corporaciones guerreras vinculadas al Pentgono que acabaron en enormes proyectos solo aptos para el despilfarro, los magros logros y ninguna reconstruccin; los aos perdidos, el Daesh y la ltima versin de la guerra estadounidense, librndose ahora tanto en Siria como en Iraq y planificada para incrementarse en los primeros tiempos de la era Trump.

Mientras tanto, como nuestro nuevo presidente nos recordaba recientemente en un discurso al Congreso, billones de dlares que podan haber sido gastados en la verdadera seguridad (en el sentido ms amplio) de Estados Unidos fueron dilapidados en un programa para unas fracasadas fuerzas armadas que dejaron en estado de caos la infraestructura de este pas. En conjunto, todo un rcord. En cierto modo, a cambio de la destruccin de una parte del Pentgono y un sector del centro de Manhattan convertido en escombros, Estados Unidos desencadenara una serie de guerras, conflictos, insurgencias y dara lugar a un pujante conjunto de organizaciones terroristas que transformaran importantes regiones del Gran Oriente Medio en pases fallidos o a punto de serlo y una pasmosa cantidad de sus ciudades y pueblos en ruinas.

Haba una vez todo esto les parece tan distante a los estadounidenses una Guerra Global Contra el Terror en la que el presidente Bush anim a los estadounidenses que mostraran sin demora su patriotismo, no mediante el sacrificio o la movilizacin o incluso alistndose en las fuerzas armadas, sino visitando Disney World y recuperando las pautas de consumo anteriores al 11-S, como si nada hubiese pasado (Acercaos a Disney World en Florida. Levad a vuestra familia y disfrutad de la vida del modo que nosotros queremos que sea disfrutada.). Ciertamente, el consumo personal subi significativamente aquel octubre de 2001. La otra cara de la gloria en aquellos aos de notable paz en Estados Unidos sera la pasividad de una poblacin desmovilizada que salvo peridicos agradecimientos a las fuerzas armadas tendra muy poco que ver con las guerras distantes, algo de lo que se ocupaban los profesionales, aunque lucharan por la victoria en nombre de esa poblacin.

Por supuesto, ese era el sueo. La realidad demostr ser totalmente diferente.

La invasin de Estados Unidos

Al final, la guerra permanente y sin victoria en todo el Gran Oriente Medio efectivamente lleg a casa. Fue toda la nueva parafernalia blica la captacin de las comunicaciones de la telefona celular, lo vehculos a prueba de explosivos, los drones y dems que empezaron a emigrar de vuelta a casa. Fue la militarizacin de las policas de Estados Unidos, por no hablar del auge del estado de la seguridad nacional hasta convertirse en un extraoficial cuarto poder del Gobierno. A casa volvieron tambin los miedos de los tiempos posteriores al 11-S, la vaga pero inquietante sensacin de que en algn lugar del mundo haba unos extraos e incomprensibles aliengenas que practicaban una misteriosa religin dispuestos a atacarnos, de que algunos de ellos estaban dotados de algo cercano a los superpoderes y eran inmunes incluso al podero de las fuerzas armadas ms maravillosas del mundo y de que sus posibles actos terroristas eran el principal peligro de Topeka*, Kansas (importaba poco que terrorismo del Daesh real fuera tal vez el menor de los peligros que los estadounidenses enfrentaban en su vida cotidiana).

Todo esto ha alcanzado su punto culminante (al menos hasta ahora) con Donald Trump. Pensemos en el fenmeno Trump en su propia y extraa forma como la culminacin de la invasin de 2003 trada a casa en versin aumentada. Su campaa electoral con aspiraciones de conmocionar y espantar en la que l decapitara uno a uno a sus rivales. El magnate neoyorkino de los bienes races, la hostelera y los casinos, que cuando le fue necesario nad cmodamente en las aguas de la elite progre y prcticamente no tena nada que ver con el Estados Unidos profundo sera tan extranjero con sus habitantes como las fuerzas armadas estadounidenses lo fueron para los iraques invadidos. Y aun as, l lanzara su propia invasin en esas tierras centrales montado en su avin privado dotado de lavabo con accesorios enchapados en oro sin preocuparse por los miedos que haban estado creciendo en este pas desde el 11-S (alimentados para su propio beneficio tanto por los polticos como por el estado de la seguridad nacional). Y esos miedos haran sonar una campana con tanta intensidad en esas tierras centrales que le llevaran a la Casa Blanca. En noviembre de 2016, Donald Trump tomo Bagdad, EEUU, por todo lo alto.

En este contexto, pensemos un momento en la extraa manera en que la invasin de Iraq tomando la forma de una cinta de Moebius se replic en Estados Unidos.

Al igual que los neocons de la administracin Bush, Donald Trump haba soado durante mucho tiempo en su momento de gloria imperial y, como en Afganistn 2001 y de nuevo en Iraq en 2003, cuando el 8 de noviembre de 2016 este momento lleg, no podra haber sido ms glorioso. Sabemos de esos sueos suyos porque por algo habr sido apenas seis das despus de que Mitt Rommey perdiera frente a Barack Obama en la campaa electoral de 2012, Donald hizo el primer intento de registrar como suyo el viejo eslogan inspirado por Reagan Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande.

Al igual que George W. y Dick Cheney, Donald Trump estuvo intentando aduearse de la tierra petrolfera central del planeta que, en 2003, ciertamente haba sido Iraq. Sin embargo, hacia 2015-2016. Estados Unidos haba entrado en el territorio de las apuestas energticas, gracias al fracking y otras tecnologas de avanzada para extraer combustibles fsiles que parecan estar transformando el pas en un Estados Unidos Saud. Agreguemos a esto los planes de Trump de aumentar la extraccin continental de combustibles fsiles y con toda certeza ya tenemos un competidor de Oriente Medio. Si adaptamos lo dicho por l mismo sobre lo que hubiera preferido hacer en Iraq, en cierto sentido, podramos decir que Donald Trump quiere conservar nuestro petrleo.

Al igual que las fuerzas armadas de Estados Unidos en 2003, Donald Trump tambin lleg a la escena con planes para convertir su pas de eleccin en un pas acuartelado. Prcticamente las primeras palabras que salieron de su boca cuando empez la carrera por la presidencia en junio de 2015 implicaban la promesa de proteger a los estadounidenses de lo violadores mexicanos mediante la construccin de un gran muro inexpugnable en la frontera sur del pas. Nunca se apart de esto, ni siquiera cuando en trminos de financiacin se hizo evidente que, cuando llegara a presidente, para construir su gran, espeso, hermoso muro debera recortar la asignacin presupuestaria tanto del Servicio de Guardacostas como la de la seguridad aeroportuaria y la de la Agencia Federal de Gestin de Emergencias (FEMA, por sus siglas en ingls).

Sin embargo, est claro que su anhelo de crear un pas acantonado va mucho ms all de la construccin de una muralla. Incluye tambin un remozamiento sin precedentes de las fuerzas armadas de Estados Unidos, el reforzamiento de las fuerzas policiales y, por encima de todo, la polica de fronteras. Detrs de esto est el empeo de, del modo que sea, separar a los estadounidenses de sus vecinos. Su poltica de inmigracin, ardorosamente publicitada (en realidad, no tan novedosa como parece) debe ser vista como parte de un proyecto de construir otra gran muralla, una de tipo conceptual cuyo mensaje implcito con destino al mundo es asombroso: No sois bienvenidos ni deseados aqu. No vengis. No nos visitis.

A su vez, todo esto se ha ido fusionando con los muchos miedos irracionales que han estado acumulndose como nubes de tormenta durante tantos aos, unas nubes que Trump (y sus compaeros de la nueva derecha) empujaron hacia las ya saqueadas tierras centrales del pas. Al hacerlo, desencadenaron una ola de odio (tiroteos, quema de mezquitas, amenazas de bomba e incremento de los grupos de odio, sobre todo contra los musulmanes) que, en trminos histricos, no era nada nuevo en Estados Unidos, pero de todas maneras ha sorprendido por su virulencia en este momento nuestro.

En combinacin con las muy publicitadas proscripciones de musulmanes y acciones de odio, el cercamiento de Estados Unidos de Trump pronto golpe en casa. Inmediatamente se hizo evidente una cada de los extranjeros que queran visitar este pas y seales de alarma en el turismo atribuibles a Trump; unos das despus de su asuncin, las empresas del turismo registraron 185 millones de dlares de cada en las reservas y las agencias de viaje presagian que lo peor est por venir.

Incuestionablemente, este es significado real del eslogan Estados Unidos primero: un pas vallado tanto hacia fuera como hacia dentro. Se puede pensar que el camino recorrido entre 2003 y 2017 es el que separa a la nica superpotencia mundial de un potencial superparia. Dicho de otro modo, Donald Trump est dando un nuevo significado patrio al orgulloso aislamiento imperial inherente a la invasin de Iraq.

Y no olvidemos la reconstruccin de Iraq, como fue llamada despus de la invasin. Respecto de Estados Unidos, la estropeada tierra de la que hablamos, a cuya infraestructura se le concedi hace poco tiempo el grado D+ en un informe dado a conocer por la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en ingls), Donald Trump prometi un programa de infraestructuras de un billn de dlares para reconstruir autopistas, tneles, puentes, aeropuertos y otras por el estilo. Si eso sucede de verdad, deber contarse con que el programa ser entregado a algunas de las mismas corporaciones guerreras que reconstruyeron Iraq (y otras entidades corporativas similares a ellas) cuyo funcionamiento garantizar una versin domstica del despilfarro presupuestario que fue Iraq.

En 2017, tal como ocurri durante la invasin de la primavera de 2003, todava estamos en los das (relativamente) luminosos de la era Trump. Pero como en Iraq, aqu 14 aos despus, ya estn apareciendo las primeras grietas, a medida que crece la divisin en este pas (pensemos en los enfrentamientos entre sunnes y shies).

Y algo ms que debe ser tenido en cuenta al pensar en el futuro: las guerras reactivas que han resultado en Donald Trump y el actual pas-cuartel atenazado por el miedo que es Estados Unidos nunca han terminado. De hecho, tal como ha pasado con los presidentes Gueorge W. Bush y Barack Obama, da la impresin de que ahora, con Donald Trump al mando, nunca acabarn. La administracin Trump ya est restableciendo el poder militar estadounidense en Yemen, Siria y posiblemente Afganistn. Entonces, ms all del rebote que puede haber habido, no hemos visto ms que el comienzo. Todo est dado para que dure unos cuantos aos.

Para resumir todo esto, nada podra ser ms adecuado que la frase Mision cumplida!

* La ciudad de Topeka, en el estado de Kansas un lugar donde nunca ocurre nada, es el ltimo lugar de Estados Unidos donde podra producirse un ataque terrorista del yihadismo islmico. (N. del T.)

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project, autor de The United States of Fear y de una historia de la Guerra Fra, The End of Victory Culture. Forma parte del cuerpo docente del Nation Institute y es administrador de TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176255/tomgram%3A_engelhardt%2C_walled_in/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.


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